¿Está en retirada el kirchnerismo?
Claudio Chiaruttini
Politólogo y destacado periodista.


Fue un golpe para los sueños opositores la diferencia de votos que obtuvo en Salta, Juan Manuel Urtubey contra Juan Carlos Romero; y muchos se sintieron desalentados por una elección primaria local, no definitiva, que representa menos de 3% del padrón nacional.
En paralelo, la oposición votó en forma masiva por la reestatización de los trenes que ya eran estatales (nunca fueron privados, sólo concesionados. Sólo 5 votos en contra y 6 abstenciones en Diputados y 2 en contra en el Senado) con argumentos formales y vacíos de política.
Errores insólitos en un año electoral. Es casi lógico que las encuestas coincidan en que Cristina Fernández recupera imagen positiva, pese a que llevamos 19 meses de terrible estanflación. Y entonces nace una duda: ¿Está en retirada el kirchnerismo o el 'caso Nisman' fue apenas un traspié, no provocado por la oposición, y que está quedando atrás para la sociedad?
Los argumentos a favor de que el Gobierno de Cristina Fernández no sufre hoy el famoso “Síndrome del Pato Rengo” de toda gestión que transita su último año en el poder son muchos, pero donde el kirchnerismo está logrando mayores logros es en el terreno judicial, dado que la causa de la muerte de Alberto Nisman va camino a ser considerada “suicidio”, la denuncia del ex fiscal especial de la Causa AMIA está en proceso de ser archivada y son investigados por presunto lavado de dinero, la familia Nisman, la ex esposa Sandra Arroyo Salgado y el colaborador dilecto Diego Lagomarsino. Un escenario impensable el 18/02, cuando 400.000 personas reclamaron bajo una intensa lluvia por esclarecimiento del caso y condena de los culpables.
Hoy, 4 son los terrenos en los que pelea su futuro el kirchnerismo:
> la Justicia, 
> los medios de comunicación, 
> las corporaciones, y 
> la economía.
Según lo que indican las encuestas, el poder del oficialismo es inmensamente superior a sus oposiciones, que se encuentran envueltas de dudas, falta de liderazgos, internas palaciegas, ausencia de iniciativa y sometimiento a malos dictados del marketing político. Todo esto, olvidando hacer política y aspirar alcanzar el poder.
El paquete de leyes que introdujo el Gobierno en el Congreso, accesorias de la implementación del nuevo Código Procesal Penal, es una nueva reforma encubierta del Poder Judicial. Potencia a la Procuración que conduce Alejandra Gils Carbó, establece un nuevo nivel de control constitucional que debilita la tarea de la Suprema Corte de Justicia, crea fiscalías donde le conviene territorialmente y nombra fiscales y jueces militantes. Toda una arquitectura de justicia adicta que haga “seguro” dejar el poder in tener que vivir paseando los pasillos de los Tribunales.
Siempre se negoció un cierto equilibro la distribución de cargos en el Poder Judicial. Peronista y radicales buscaban colocar piezas claves en el entramado judicial, pero siempre había lugar para aquellas personas con un curriculum-vitae importante, con el conocimiento demostrado y con la capacidad reconocida para ocupar un cargo. No era una “meritocracia”, pero eran cargos que se completaban con “calidad” antes que con “fidelidad”.
Ahora, el proceso es diferente. Tomemos el caso del abogado Roberto Carlés: sus antecedentes no le permitirían acceder al cargo de juez en 1ra. instancia, ni siquiera de un pueblito chiquito y lejano de la capital federal. Sin embargo, se lo trata de designar juez de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Un despropósito que sólo tiene sentido si se busca “fidelidad eterna” de parte de una persona.
Otros “logros” que busca el Gobierno en Tribunales son:
> quitarle la causa Hotesur al juez Claudio Bonadío, 
> dividir la querella por la muerte de Alberto Nisman, 
> mantener fuera de su cargo al CEO del Citi, Gabriel Rabisich; 
> avanzar con la investigación a empresarios por la desaparición de personas en los ´70, 
> lograr que sean llamados a declarar los dueños de Grupo Clarín” y La Nación S.A.; y 
> involucrar a Mauricio Macri en el incendio de Iro Mountain.
Tal como puede apreciarse, la lista es extensa, aunque es incompleta.
¿Qué harán los presidenciables con estas reformas que ha tenido la Justicia en los últimos tres años, con los nombramientos realizados, con las creaciones de fiscalías y nombramiento de fiscales y jueces? ¿Qué ocurrirá con las cientos de causas que quedarán abiertas y que tienen como investigados a funcionarios oficialistas?
Por ahora, ni Daniel Scioli, ni Mauricio Macri, ni Sergio Massa han hablado sobre el futuro del Poder Judicial en sus respectivos gobiernos, en caso de ser electos, pese a que es el terreno de pelea más dura que está enfrentando el kirchnerismo.
La pelea con los medios de comunicación continúa. El Grupo Clarín es el objetivo constante de ataques a Papel Prensa o a Cablevisión, desde la Justicia K y los organismos de control, que acostumbran ser instrumentos en el acoso gubernamental.
Más allá del Grupo Clarín, la mayoría de la prensa opositora se mantiene en medios de comunicación secundarios, el reparto de pautas sigue siendo prenda de negociación, ya no buscando silencio sino “moderación” y “cuidado” con los candidatos kirchnerista; mientras, los medios oficialistas sufren un violento proceso de achicamiento con despidos de personal y cierres y ventas de radios y revistas.
En este escenario, el Gobierno apuesta a las cadenas nacionales por radio y TV de la Presidente de la Nación y al Fútbol para Todos. Luego, se apoyan en decenas de periodistas “militontos” para replicar el mensaje, darle legitimidad y atacar a los periodistas y candidatos opositores.
La pelea contra el Grupo Clarín es parte de la lucha contra las "corporaciones". El Banco Central, la Comisión Nacional de Valores, la Unidad de Investigaciones Financieras y la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (Procelac) se han convertido en instrumentos para someter al sector bancario, financiero y cambiario; potenciar las disputas internas en la Unión Industrial Argentina, y dividir más que nunca al llamado G6.
El gran logro de la lucha contra las corporaciones es que, para tener a grupos sometidos o conversos, les entregan impresionantes negocios, por lo cual, a estas horas, el establishment no coincide en elegir a uno de los presidenciables para futuro Presidente de la Nación, lo que no permite romper el equilibrio que hay entre los tres y aleja la posibilidad de un “movimiento destituyente”, algo que hace temblar a los kirchneristas.
Por su parte, en el terreno económico, el Gobierno juega sobre la “ilusión inflacionaria” que crean las cifras adicionales o aumentos de salarios, celebra la caída de la inflación causada por la recesión y trata de recuperar votantes lanzando subsidios, líneas de créditos para el consumo y planes que mantengan funcionando la economía con anabólicos.
El resto es pelea mediática por los indicadores, por las estadísticas, por la lectura de los datos micro y macroeconómicos. El Gobierno presenta la financiación obtenida en el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo como si fuera dinero por ingresar todo junto y mañana mismo (¿?), critica al campo por no liquidar divisas, pero oculta los adelantos que hicieron las cerealeras; ignora la cifras sobre pobreza o indigencia porque pueden tener un pésimo impacto en las encuestas.
A Cristina no le importa la realidad, sino las percepciones que puedan recibir los votantes.
En el terreno electoral, el Gobierno ha decidió una estrategia clara: lo que no sea triunfo del Frente para la Victoria será fracaso de la oposición o de algunos de los opositores. Por eso, en Salta, atacaron duramente al PRO y a Mauricio Macri por el fiasco en la capital salteña, más moderadamente a Sergio Massa y a Juan Carlos Romero, no tocaron a los radicales e ignoraron la presencia de Daniel Scioli celebrando el triunfo.
Hoy (domingo 19/04), en Mendoza y Santa Fe, la estrategia del Gobierno es mostrar que el Frente para la Victoria no le fue tan mal en la zona cuyana (culparán al gobernador Francisco Pérez por el resultado) y que el socialismo ganó en tierra santafesinas, destacando una supuesta “derrota” de Miguel del Sel, aunque sea el candidato más votado.
Así, la tarea en las PASO será mostrar que el kirchnerismo no sufre el famoso “fin de ciclo”, que será la 1ra. minoría en la Cámara de Diputados del futuro Gobierno y que se encuentra más cerca de volver al poder que de desaparecer.
La confianza del Gobierno en obtener buenos resultados en las elecciones se asienta en los casi $116.000 millones anuales que se distribuyen a través de 60 planes sociales a 18,2 millones de personas, o haber sumado miles de empleados públicos o jubilados, o en los jóvenes a los que les vendieron el “relato” en la enseñanza secundaria o les regalaron una netbook.
Si bien las acciones del Gobierno son exitosas y muestran más decisión y fuerza, serán las urnas las que expresen la realidad. Hoy, el kirchnerismo cuenta con un inmenso capital político pese a los 12 años en el poder, pero el desgaste se siente. La defensa que argumentan es que, pese a todo, todavía tienen un “núcleo duro” de 35% de votantes. ¿Pero es así?
Una encuesta realizada por la consultora Isonomía para un candidato a gobernador del oficialismo preguntó por los espacios políticos que votarían los bonaerenses. La respuesta fue 34,7% al Frente para la Victoria contra 18% del PRO. Pero cuando se le pegunta a los seguidores oficialistas sobre sus preferencias, apareció un dato muy curioso: sobre el 100% del electorado consultado, 17% apoya la continuidad del modelo con o sin retoque; 10% dijo sentirse cercano al kirchnerismo de Cristina Fernández; y sólo 8% se manifestó kirchnerista.
De esta forma, la Presidente de la Nación tiene 18% de electorado “puro” en Provincia de Buenos Aires, donde el peronismo reina y gobierno desde hace casi 30 años.
Con estos números a la vista, el famoso 35% pasa a ser un nuevo mito del kirchnerismo, pero tampoco hay que creer que sólo son 18% del electorado. El llamado “modelo” tiene muchos adeptos por diferentes causas, pero sobre todo, porque “vende” un discurso que es bien recibido por una parte del electorado. Algo que no logran, hasta ahora, los presidenciales, porque no “enamoran”, no seducen, no ilusionan. Por ahora están preocupados por salir “lindos” en las fotos y, con eso, no alcanza.
 

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