Un sueño posible
Enrique G. Avogadro
Abogado.


"Todo parece imposible hasta que se hace". Nelson Mandela

 

Lo que hemos hecho los argentinos con nuestra patria seguramente figura ya en el libro de los records porque -convengamos- haber pasado, en un sólo siglo, de ser una de los primeros, más ricos y más respetados países del mundo a este presente de pobreza, desprestigio e insignificancia no es una tarea para cualquiera; es más, para probar esa afirmación basta con notar que sólo nosotros lo conseguimos. No tuvimos guerras ni pestes, aquí no cayeron bombas atómicas ni nos arrasaron terremotos o tsunamis, nuestros recursos naturales siguen disponibles y, sin embargo, cada vez somos más pobres, menos educados, más egoístas, menos creíbles, más violentos y nuestros chicos, en medio de esta cornucopia inagotable, mueren de desnutrición.

 

Como bien sabemos, esa monstruosa decadencia no empezó hace una década sino que nuestra historia ha sido un tobogán en leve e imperceptible declive que, sin dudas, ambos Kirchner transformaron en un barranco vertical. Pero hoy los planetas se han alineado y, con un poco de inteligencia y generosidad, estamos frente a la posibilidad de invertir ese rumbo que, indefectiblemente, nos lleva a la desaparición como nación independiente.

 

Hace varios años escribí una nota a la cual, pretenciosamente, titulé: "La Argentina que quiero" (http://tinyurl.com/bla4n57). En ella enumeraba las medidas que, a mi entender, debíamos adoptar para cambiar nuestro futuro; no voy a repetirlas aquí ya que, si tiene interés, bastará que utilice ese link para acceder a ella, pero creo que conservan total actualidad.

 

El sueño que creo hoy posible podría llamarse, simplemente, "república". Y estamos, como nunca, cerca de lograrlo. El primer paso ya lo hemos dado porque, con la variedad de opciones que votaremos en los próximos comicios, el próximo Congreso convertirá en imposible cualquier hegemonía, de esas que tantos males han causado; así, quien quiera sea el elegido para ocupar el cargo de Presidente deberá negociar, arduamente, con todos los sectores para obtener las leyes que requiera. Y eso es verdadera democracia. Por demasiados años hemos creído una falsedad inteligentemente vendida: la "gobernabilidad" depende de contar con mayoría en ambas cámaras; basta con observar qué sucede, en este sentido, en los países importantes, por ejemplo los Estados Unidos, donde Barack Obama gobierna con sendas minorías parlamentarias.

 

Pero, claro, cuando hablamos del sillón de Rivadavia, las cosas cambian y a eso me referí cuando pedí generosidad. Tenemos que terminar con el populismo, no con la solidaridad, ya que ha sido la raíz de nuestros males, en materia de pobreza, de educación, de salud, de justicia, de inseguridad. Para lograrlo, ahora debemos expulsar definitivamente a los Kirchner, y a cualquiera de los herederos de este nefasto "modelo", del poder antes que su desmedido afán por el latrocinio termine con la Argentina. Van en camino de lograrlo y, por eso, el remedio debe ser heroico.

 

Es por eso que hablé de un sueño realizable. Si, antes de las PASO, toda la oposición ofreciera una fórmula única, con seguridad ésta triunfaría en la primera vuelta electoral. Así como las elecciones de la Ciudad Autónoma y de Santa Fe dieron un enorme triunfo al PRO, en Mendoza la victoria puede adjudicarse también fundamentalmente a ese partido, pero también al Frente Renovador; éste ha dado un gran paso con el acto de relanzamiento de la campaña el 1° de mayo, más allá de los aparatos de algunos barones del Conurbano y a varios pesos pesados de la CGT. Por eso, ambas fuerzas deben confrontar antes y ofrecer esa propuesta de candidatos unificada, para derrotar a un kirchnerismo que hará lo imposible para perpetuarse; si lo hacen, la sociedad podrá decirles, parafraseando a Winston Churchill, "nunca tantos le debieron tanto a tan pocos".

 

Por lo demás, si ese acuerdo se concretara, tendría un subproducto nada despreciable, ya que Cristina se vería obligada tanto a continuar su permanente golpe de estado contra el Poder Judicial cuanto a olvidar cualquier ensoñación de crear una situación de conflicto de tal gravedad que le permitiera seguir sentada, por sí o por interpósita persona, hasta tanto la situación económica, con inversiones chinas, mejorara e hiciera que el humor de los argentinos cambiase y volviese a preferirla.

 

Si Sergio Massa o Mauricio Macri no aceptaran competir en una gran PASO opositora, como hoy reclama la ciudadanía, es posible -aunque poco probable, pese a las encuestas compradas que abundan en estos días- que el oficialismo resultara triunfador en las elecciones; la sociedad no lo perdonará porque demostrarían que no son estadistas que piensan en las próximas generaciones sino que, aún en medio del naufragio, privilegian apetencias personales y egoístas sobre las necesidades de un país que aúlla por un futuro, que nunca llegará de la mano de los actuales gobernantes.

 

Para Massa, si los verdaderos números lo convencieran antes de junio de la imposibilidad de alcanzar a entrar en el ballotage, la mejor opción sería ir por la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires, donde tiene su bastión y donde ya ha enterrado -acompañado por Macri- los sueños reeleccionistas de la noble viuda, y donde podría demostrar una gestión exitosa superior al pequeño Municipio de Tigre; en cambio, si no hiciera caso de las matemáticas, podría ver reducido su papel a ser un diputado más, un rol en el que no se encuentra muy cómodo, y debería atravesar desde el llano, y sin la lapicera del poder, cuatro años trascendentales.

 

Los nuevos desafíos pasan hoy por la modificación de la ubicación geopolítica de nuestro país en el concierto mundial, por el respeto irrestricto a la Constitución y la consecuente división de poderes, por la regeneración de una Justicia independiente, por la revisión de los códigos recientemente sancionados, por la revalorización de la educación pública, por la lucha frontal contra el narcotráfico. Pero también por la expulsión de la administración pública, en todos sus niveles, de todos aquellos que han ingresado a la misma con el sólo fin de colonizarla y trabar el desempeño de un eventual gobierno de oposición; para lograrlo, y dado que los afectados pretenderán escudarse en la demencial estabilidad del empleo público que la ley garantiza, bastará con obligarlos a rendir examen de competencia y a reunir los requisitos que cada cargo requiere.

 

La lucha contra la corrupción en todas sus formas -incluida la financiación de los partidos políticos- tiene que ser decidida, transformarse en una política de estado, e incluir la reforma del Código Penal para transformar estos delitos en imprescriptibles, algo razonable en un país donde ha alcanzado un nivel tal que ya constituye un verdadero genocidio.

 

Creo que este sueño, impensable hasta hace poco tiempo, hoy puede transformarse en una realidad que nos permita, de una vez por todas, salir del pozo en el que estamos sumidos y ponernos a ascender, todos, como una nación integrada, seria y responsable de sus actos.
 

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