La tecnología y el futuro
Armando Ribas
Abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador. Nació en Cuba en 1932, y se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. En 1960 obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Llegó a la Argentina en 1960. Se entusiasmó al encontrar un país de habla hispana que, gracias a la Constitución de 1853, en medio siglo se había convertido en el octavo país del mundo.


Es indiscutible que el avance tecnológico nos ha permitido un nivel de vida, que hace tan poco como algo más de 100 años hubiera parecido inconcebible. Todavía en 1940 se moría de tuberculosis, y padecer de apendicitis asimismo determinaba la muerte. Hoy se nos corta la electricidad en casa y no sabemos qué hacer y el mundo vivió sin electricidad durante toda su existencia. Ni qué decir la disponibilidad de las comunicaciones que hoy tomamos por dada cuando durante milenios no sabíamos lo que ocurría a treinta kilómetros de nuestra casa.
   No obstante esa realidad histórica el mal llamado sistema capitalista, al cual le debemos el mundo en que vivimos, es descalificado ética y políticamente. Y más aun como destructor de la naturaleza y causante del llamado recalentamiento ambiental. Y los supuestos defensores de la naturaleza son los que ignoran que ha sido la naturaleza por siglos la que de las más diferentes formas nos ha llevado a la muerte. Esto sin ignorar los errores de los hombres a través de las guerras que llegaran en su peor efecto a la Segunda Guerra Mundial. 
    Por tales razones voy a insistir en mi posición Protagórica. Fue Protágoras, en Grecia, quien llegara a la siguiente conclusión que considero cada día más vigente: “El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son que son y de las que no son que no son”. Es decir de los aciertos y los errores. Los avances en la historia a los que nos hemos referido, como los desastres políticos que llevaran a la falta de libertad, la pobreza y las guerras. Como bien señala William Bernstein en su “The Birth of Plenty”: “La proporción de la población mundial sujeta al totalitarismo, genocidio, hambre y pestilencia ha estado constantemente decreciendo durante los últimos dos siglos”.
    Ya el terremoto de Lisboa ocurrido en 1775 produjo la discusión al respecto de sus causas entre Rousseau y Montesquieu. Esa discusión presentó ya en aquella oportunidad la disyuntiva presente en la actualidad por “Green Peace” de que es el hombre el que destruye la naturaleza. Así, Montesquieu culpó a la naturaleza del desastre causado por el terremoto que entre otras cosas destruyó la Iglesia de San Roque y murieron numerosos niños que se encontraban en ella. Para Rousseau la culpa había sido del hombre por haber construido la Iglesia.
    En su discurso que ganara el Premio de la Academia de Dijon en 1750, Rousseau escribió: “Nuestras almas han sido corrompidas en proporción al avance hacia la perfección de nuestras ciencias y artes… Hemos visto la virtud volar tanto como la luz cuando las artes y la ciencia suben por encima de nuestro horizonte, y el mismo fenómeno ha sido observado en todos los tiempos”. Es realmente sorprendente que Rousseau haya llegado a esa conclusión en un mundo en el que tal como lo muestra Bernstein apenas había comenzado el crecimiento económico.
   En ese mismo período en su “Contrato Social” propuso la creación de un hombre nuevo y al respecto escribió: “Cualquiera que se atreve a emprender la tarea de instituir una nación debe sentirse capaz de cambiar la naturaleza humana de transformar cada individuo que por sí mismo es un todo completo y solitario, en parte de un todo mayor del cual recibe su vida y su ser”. Perdón por las citas, pero en ésta creó al hombre nuevo y al pueblo. En nombre de ello ya los jacobinos comenzaron la matanza en nombre de la Diosa Razón,  que se aceleró vía Marx en el mundo.
   Lamentablemente podría decir que Rousseau está presente y en ese proceso de crear un hombre nuevo se ha instalado el socialismo en la llamada Civilización Occidental, donde se pretende superar los derechos individuales por los derechos del pueblo. El fracaso del socialismo es un hecho evidente en la Unión Europea y por supuesto en gran parte de América Latina. Pero la izquierda se ha apoderado de la ética en nombre de la supuesta igualdad.
   Pasemos entonces a las recientes noticias referentes a que la tecnología habría de afectar negativamente el comportamiento del hombre en el futuro. Parecería que se oye nuevamente la voz de Rousseau 232 años después de su muerte. Pero al respecto me voy a referir al pensamiento de David Hume quien en la misma época del siglo XVIII llegó a las conclusiones que contribuyeron en gran medida a la creación del sistema ético-político que nos permitiera la libertad, la creación de riqueza y por supuesto el avance tecnológico que disfrutamos hoy. Y dice Hume: “Es imposible cambiar o corregir nada material en nuestra naturaleza, lo más que podemos hacer es cambiar nuestras circunstancias y situación, y rendir la observancia de la ley de justicia nuestro mayor interés y su violación el más remoto”.
   Como podemos ver esta es la antítesis del pensamiento de Rousseau. En esta concepción de la naturaleza humana se basó el sistema que cambió la historia del mundo y que fuera denominado por los Founding Fathers en Estados Unidos “The Rule of Law”. Fue ese sistema el que permitió la libertad y la creación de riqueza por primera vez en la historia. Por supuesto a él se debió el avance tecnológico que se vive hoy. O sea que es la consecuencia y no el paradigma del comportamiento político.
   No obstante esa realidad histórica hoy el pensamiento de Rousseau está vigente, demagogia mediante, en la supuesta búsqueda de la igualdad que resulta en mayor pobreza, y mayor riqueza de los gobiernos que la aplican. Que los autos se manejen solos, que podamos viajar a la luna, o que una computadora hoy podría haber vencido a Capablanca al ajedrez, no altera los principios en que se basa el sistema que permite mejorar las condiciones de vida en el planeta.
    La incógnita es y seguirá siendo el comportamiento de la naturaleza. Por ello no se pudo evitar el tsunami que arrasó parte del Japón, ni los próximos terremotos, ciclones ni erupciones volcánicas que por siglos han afectado la vida en la Tierra. En la actualidad parece que habría problemas con la disponibilidad de agua, pero ya existe la tecnología para la desalinización, gracias a la acción del hombre. 
    Lo que se puede evitar es la destrucción de la vida causada por las guerras que llegaron hasta mediados del siglo XX con el crimen de la Segunda Guerra Mundial. Afortunadamente pareciera ser que las guerras estarían desapareciendo como consecuencia de la llegada de las armas nucleares. O sea la habilidad del hombre en “las cosas que son que son” (Protágoras).
    Volviendo al sistema. ¿Cual fue la causa por la cual fue en Estados Unidos donde se desarrolló fundamentalmente la tecnología, y no en Rusia o en cualquier otro país europeo?  La respuesta es muy simple: es el sistema el que determina los comportamientos. Y ese sistema como he repetido hasta el cansancio no es económico, sino ético, político y jurídico. Donde no se respetan los derechos de propiedad y se descalifican los intereses privados en nombre del pueblo o de la nación, la pobreza es el resultado. A los hechos me remito. 

 

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