La bomba ya está activada
Gustavo Forgione
Director de "La Hoja Federal".


No resulta extraño que aún no haya detonado la economía argentina, ya que no existe más mercado que autorregule alguna actividad, que no haya sido alcanzada por el dirigismo estatal del régimen reinante. No obstante, toda situación tiene límites, los que no significan un punto de retorno, sino de abandono.
Si consideramos que, históricamente, hasta hace una década existía un mercado de capitales que financiaba la actividad productiva, como ocurre en los países serios, alimentado por eventuales flujos de inversiones externas, por los ahorros previsionales de los aportantes activos, por el mismo flujo de capitales que genera la actividad productiva y por el ahorro logrado por los trabajadores; vemos que hoy, ese mercado no goza del alimento mínimo para sostener la inversión necesaria a niveles económicos razonables.
Esto, que pareciera una cuestión generada por el mismo mercado, resulta todo lo contrario; el signo de gobierno actual, desde que el presidente interino Duhalde, incautara los depósitos bancarios, destruyera la convertibilidad y declarara la cesación de pagos de la deuda, como lo propusiera su esposa en la campaña de 1999, fue el puntapié inicial para destruir el mercado de capitales local.
Luego, su heredero en el cargo, Néstor Kirchner, se encargó de que el estado compitiera con los privados, por lo cual generó empresas estatales con el fin de destruir la inversión privada en empresas de gran envergadura como Aerolíneas Argentinas, YPF y otras de servicios, a las que les inventó la competencia de LAFSA, una línea aérea sin aviones, que usufructuó los rezagos de LAPA y Southern Winds, hasta su cierre por quiebra de una, por narcotráfico la otra y por inoperancia del invento estatal; otro tanto ocurrió con ENARSA, la que tenía por objeto destruir a YPF; y, otro tanto con otras empresas privadas que desarrollaban actividad comercial.
Con la presidente consorte en la herencia del poder, la cuestión fue más allá, expropió los fondos previsionales privados que se encontraban administrados por las AFJP, en una maniobra sin precedentes en la historia delictiva argentina, con el sólo fin de capturar un botín político para comprar voluntades; plan que concluyó exitosamente para este grupo, con el consiguiente beneficio personal y político para el grupo que aún ocupa el Poder Ejecutivo, la mayoría del Poder Legislativo y los miembros que pudo alquilar eventualmente al Poder Judicial.
Luego de aquella expropiación infame, continuó con la mitad de las acciones de YPF, que en ese entonces se encontraban en manos de Repsol, pero no así las que se encuentran aún poder de inversores internacionales y mayoritariamente en manos de amigos de los integrantes del régimen que acompaña a la presidente. Paralelamente ocurrió lo mismo con Aerolíneas Argentinas; maniobras de las que nos hemos ocupado en reiteradas oportunidades en esta publicación.
Como si ello no fuera suficiente, existía un recurso que alimentaba de divisas al mercado local, como es la operación denominada "Contado con Liquidación" que, en pocas palabras es la exportación de activos financieros contra el ingreso de su pago en divisas, algo que también se intentó destruir, pero que resultó demasiado evidente que su objetivo no respondía a ningún argumento que pueda cobijarse en el "bien común", por lo que fue suspendida su ¡Adiós ahorro, capital e inversión!ejecución.
Entre otras calamidades, el régimen kirchnerista ha tenido un objetivo claro en la destrucción del mercado de capitales, y fue solamente su aniquilamiento, sin otro objetivo visible.
Ante semejante panorama, resulta lógico que, cualquier ciudadano que tenga un ahorro, un capital o que se haya encontrado con algún dinero eventualmente, no lo vuelque al mercado de capitales y no lo arriesgue en una inversión, salvo por los que se encuentran obligados a sostener una estructura, tal el caso de quienes cultivan la tierra.
Vemos que la misma industria ya no se vale de partes de manufactura local porque no las hay, debiendo importarlas, lo que implica rogarle al gobierno que le permita girar divisas para su pago, algo que convirtió a las terminales automotrices en meras armadoras de automóviles que no superan el 27% de valor de origen local.
Hoy, nos encontramos con una economía cuyo único recurso es la inversión estatal mediante una emisión monetaria que endeuda al estado cada día más con sus ciudadanos, que no tiene capacidad de pago de ninguna de las obligaciones que contrae, que niega el aumento de una creciente e inédita deuda que algún día habrá que honrar y cuyos plazos son cada vez menores a mayor precio, como puede verse con la creciente tasa de interés.
 
Mercado destruído.
Economía estatal
Ante este panorama de utilización del erario para controlar precios, salarios y comprar la voluntad popular, es claro que este círculo vicioso que se ha dado en llamar "El Modelo", no es más que el capricho del populismo por sostenerse en el poder a cualquier precio. Por estos días, ese precio es la emisión de los bonos llamados BONAC, que le permiten al gobierno sostener lo insostenible, a costas de la quiebra del Banco Central, lo que significa una bomba a punto de explotar, ya que su vencimiento es a mediados de 2016, momento en el cual, el próximo gobierno deberá satisfacer de algún modo su devolución con las arcas absolutamente vacías, una moneda sin valor y obligaciones que ahorcarían a cualquier estado de alguno de los países serios.
Lo único claro de este esquema es que hay que salir, y que cuanto más pronto lo hagamos será mejor para el futuro de todos los argentinos, más aún de los más vulnerables, que creen que generando todos estos problemas se puede lograr a alguna solución positiva.
 
Creencias y estrategias
Las próximas elecciones nacionales nos proponen un sinnúmero de escenarios.
Claramente, son muchos los que piensan que el actual grupo de gobierno necesita que gane una oposición ideológica para que esta bomba que configura un estado inviable, una vez al mando, le explote en las manos, la obligue a realizar un ajuste salvaje que le cueste el gobierno, algo que, con ayuda de la propaganda, superficialmente podría relatarse luego como que "sólo el populismo tiene el potencial para gobernar un país de incapaces", y estos podrían llegar a afirmarlo.
Otros, pensamos que es hora de volver a la racionalidad, abrir los mercados para recuperar la industria, recobrar el prestigio internacional arruinado, establecer un sesgo exportador en todos los rubros que nos permita crecer, reconquistar los mercados perdidos y que, con una moneda sana, la recaudación necesaria para solventar un gasto público equilibrado aumente sólo por productividad y no por depreciación del valor de la moneda.
Aún existe quien cree que este modelo de despilfarro puede continuar rigiendo, aunque el mismo gobierno no esté convencido de ello. Por este motivo, el grupo seguidor de la presidente busca colocar en la fórmula que gobierne por los próximos cuatro años "sólo a su vicepresidente", dejando que esta bomba le explote al nuevo presidente, éste pobre iluso realice forzosamente un ajuste salvaje, y continúe gobernando el vicepresidente elegido por el grupo actual.
Para aplicar esta estrategia, la figura presentada inicialmente de Máximo Kirchner resultó demasiado grotesca para ocupar la vicepresidencia, aún dentro del riñón presidencial y de los jovencitos de "La Cámpora"; pero, eligieron como su representante en la lista "Scioli presidente", a un discípulo maoista como es el caso de Zannini. De confirmarse esta imposición, del nefasto modelo a una fórmula que se presentaba como relativamente moderadora, ya sabremos quién será el futuro presidente fugaz que abdique en favor de un comunista que actúa en las sombras de un régimen tan perverso surgido de un peronismo más descarriado que sus orígenes.
Scioli mira a Zannini
Rotundamente, el modelo populista está agotado, como ocurre periódicamente con estas patrañas ilusorias que, paradójicamente, seducen tanto a quienes más sufren sus estragos. Lo único que queda claro, de estos modelos, es que cuando concluyen, lo hacen con mucho ruido, con el sufrimiento de los más vulnerables y con el sinceramiento tardío de algunos de sus causantes.
 
Cómo salir del populismo
No existe el momento propicio para salir del populismo.
Por estos días se escucha y se lee a intelectuales que indican que habría que esperar a que el modelo populista caiga por su propio peso, que el desastre cunda de una vez y que, ante tal calamidad, los ciudadanos advertirían que íbamos por el mal camino. La historia nos indica que ello no ocurre; los populismos despiertan tal sometimiento por parte de sus seguidores que, aún cuando es evidente que el camino elegido fue el peor, estos seguirán vivando por muchos años al líder que los sometió, los empobreció y los retrasó.
La única forma de salir del populismo es sólo hacerlo. Para ello habrá que regresar a la cultura del trabajo, recuperar la educación de excelencia que supimos instaurar, sostener al débil pero premiar al eficiente, reconquistar mercados que permitan superarnos económicamente y recuperar el prestigio internacional que cedimos desde que comenzó el milenio.
 
El "solo hacerlo" no resultará fácil, pero implica una obligación para todo el que quiera volver a sentirse orgulloso de ser argentino, o resignarse a vivir en un país que ocupe un lugar aún inferior al que nos encontramos.
 
 
 
 
 
 

 

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