México: Reforma petrolera
Sergio Sarmiento
Articulista de Reforma y comentarista de TV Azteca.


En virtualmente todos los países del mundo hay inversión privada en petróleo. Incluso Cuba y Venezuela aceptan la participación de empresas privadas, de hecho extranjeras, en exploración y explotación de sus hidrocarburos.

Una de las razones es la tecnología. Pocas empresas del mundo tienen los conocimientos necesarios para llevar a cabo la explotación de yacimientos en condiciones tan diversas como las que hoy enfrenta la industria petrolera.

Otra es el dinero. Los costos de exploración y explotación en la actualidad son tan grandes que se considera conveniente repartirlos entre varios inversionistas para reducir los riesgos. Por eso casi ninguna empresa se lanza sola ya a explorar extensiones importantes de terreno.

Pemex ha perdido producción desde hace años. La de crudo, que llegó a ser de 3,4 millones de barriles diarios, es hoy de 2,5 millones. Es verdad que en los últimos años se ha detenido la caída, pero para realmente subir la producción se requerirían inversiones enormes que están fuera del alcance y de las tecnologías que maneja Pemex.

En 2012 Pemex tuvo ventas totales de 1,6 billones de pesos (126 mil millones de dólares). El rendimiento antes de impuestos y derechos fue de 905 mil millones de pesos (o 69 mil millones de dólares), pero el gobierno le quitó a la paraestatal 902 mil millones en impuestos y derechos. Al final la utilidad neta, después de varios años de pérdidas, sumó 2.600 millones de pesos o 200 millones de dólares.

Pemex ya invierte una cantidad extraordinaria de recursos. En 2012 dedicó a ese propósito 310 mil millones de pesos (23.900 millones de dólares). Esta inversión solamente ha servido para mantener estable la producción y para lograr una reposición pero no un aumento de las reservas. Las inversiones que habría que hacer para aumentar realmente la producción tendrían que ser mucho mayores, por no hablar de construir más ductos de transporte y aumentar la capacidad de refinación de gasolina o la producción de petroquímicos.

Ayudaría que el gobierno no se quedara con un porcentaje tan alto de los ingresos de Pemex, pero esto sería necesario aplicar un muy impopular y brutal aumento de impuestos. Aun cuando se pudiera y se hiciera, Pemex perdería varios años en el proceso. El costo, por otra parte, sería mayor, ante la necesidad de adquirir tecnologías que Pemex no domina.

Pemex es una empresa sumamente improductiva. Tiene cuando menos tres veces el personal que requiere. Las reglas sindicales obstaculizan la productividad de manera sistemática. Pemex ha encontrado, de hecho, que es más eficiente mantener a los trabajadores internos sin hacer nada y subcontratar el trabajo a empresas externas. Éstas lo realizan con mayor rapidez y eficacia a un costo menor, aun cuando haya que pagar desplazamiento al sindicato.

El congreso mexicano tendrá que tomar decisiones importantes en los próximos meses sobre el futuro de Pemex y la industria petrolera. Si no hace los cambios adecuados, es muy probable que México se convierta en unos años en importador neto de petróleo crudo como lo es ya de gas natural y de gasolina.

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