De los piquetes de la abundancia a los piquetes por falta de banda ancha
Javier Cubillas
Coordinador del Programa de Jóvenes Investigadores y Comunicadores Sociales, Fundación Atlas para una Sociedad Libre.


Una de las frases más trágicas y elocuentes que sirven para explicar la política económica del kirchnerismo fue aquella que lanzó -en el 2008- la presidente Cristina Fernández de Kirchner –estos son piquetes de la abundancia- en ocasión del conflicto desatado con las bases del campo por las excesivas retenciones a la producción agraria.

 
Frase, que terminó por convalidar comunicacionalmente no sólo a un contexto con un cúmulo creciente de desaciertos técnicos -con Martín Lousteau a la cabeza del ministerio de Economía y a Alberto Fernández como jefe de Gabinete- sino que dio inicio a toda una perspectiva macroeconómica justificada e implantada a contrapelo del sentido común y técnico, con vistas a controlar a todas las áreas comerciales y financieras del país.
 

Este modelo macroeconómico, que en la voz de sus principales dirigentes vino a hacernos olvidar los piquetes del 2001, imponía un titular para los diarios y buscaba imponer un relato para las masas, enjuiciando a los productores bajo una analogía potente desde lo simbólico pero vaciada de toda realidad.
 

Ese vaciamiento de realidad, administrado desde el relato nos hizo perder algo más que una década de crecimiento y desarrollo. Nos hizo perder el crecimiento del sector agroindustrial más desarrollado pero también, perdimos de vista que imaginan, discuten y desarrollan las economías más dinámicas del primer mundo y de los países emergentes.
 

En este sentido -discutiendo y perdiendo tiempo bajo las reglas del atraso k- nos alejamos del avance y el protagonismo que ocurre en las sociedades que impulsan el desarrollo de la educación técnica, los servicios y la tecnología aplicada desde y para las sociedades de la información y el conocimiento.
 

Por obra de la manipulación comunicacional o relato, retrocedimos en materia educativa básica y técnica, en infraestructura tecnológica disponible y proyectada y en el impulso al desarrollo de una sociedad civil pujante y dinámica. Todos estos, elementos claves para producir una sinergia que amplíe el sentido común imperante en la argentina.
 

Si todo esto no hubiera ocurrido -si hoy fuéramos un verdadero país de progreso y esperanza- hoy no estaríamos recordando los piquetes del hambre, tampoco estaríamos recordando aquella nefasta frase sobre los piquetes de la abundancia, sino que nos sorprenderían titulares periodísticos que expresen el reclamo de la gente materializados en piquetes ante la falta de cobertura y conectividad de banda ancha, de redes 4G o 5G, e impresoras 3D para estudiar, investigar y producir bienes de vanguardia.
 

Lamentablamente esto último no ocurrió y el relato del retraso k todavía hacer creer a sectores sociales que no tenemos problemas educativos y que los déficits de infraestructura y tecnología se deben a que se cayó el mundo y eso nos afectó alejándonos de la buena senda.
 

Hay que dejar en claro que el campo fue, es y será un motor clave del desarrollo argentino. Sin su aporte laboral, económico y financiero no podríamos plantearnos ningún escenario de futuro inmediato y mediato. Pero desde ya, menos podríamos pensar en prospectiva de largo plazo, si la política –del relato- mira al mundo al revés y lee como ciencia ficción lo que ya es realidad para las economías y sociedades -del conocimiento- de avanzada.

 

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