Un país suspendido y el informe
Ricardo Valenzuela


Hace más de diez años publiqué este artículo que ahora, con algunas modificaciones repito. Lo hago porque al estar revisando mis archivos me he topado con él, y con gran tristeza me doy cuenta que la situación de México continua suspendida en ese limbo de ideas patulecas, confusiones elementales y acciones equivocadas.
 
Era entonces la alborada de la administración de la Esperanza, la de aquel vaquero simpático y agresivo a quien los mexicanos entregamos todas nuestras esperanzas. El encuentro con esta nota de hace años, coincide con la lectura que hace un par de días pude disfrutar en un diario de la ciudad de México, relacionados con el informe, titulados; "Buscar el futuro volviendo al pasado", "Informe. Cambiamos para seguir igual". Llegaba entonces a mi mente las palabras de Francis Bacon: "El que no aplica nuevos remedios debe esperar nuevos demonios." A más de diez años de distancia, en lo fundamental México no cambia y por ello, los demonios nos rondan.
 
Hace unos años fui invitado para dar una plática en el seno de un organismo empresarial, que levantó tremenda polvareda. Lo afirmo debido a los comentarios de uno de los participantes publicados en un diario de mi ciudad natal de Hermosillo. Normalmente no hago lo que ahora me dispongo a realizar; debatir a través de mis escritos. Pero debido a que el material ofrecido por este hombre es tan interesante, me voy a apartar de mi costumbre. Sus afirmaciones solo me confirman algo que hace tiempo descubrí y he plasmado en otro artículo titulado: “Subdesarrollo es un Estado Mental.”
 
El tema era la necesidad de que en México brote la verdadera libertad económica, social y política que nuca han cabalgado en nuestro país. Lo más preocupante es que estas ideas las exponga un miembro distinguido de nuestros grupos empresariales.
 
Primero me extrañaba el que esta persona iniciara su escrito con la cita de uno de los marxistas latinoamericanos más conocidos del mundo. Eduardo  Galeano es un conocido activista y de los principales promotores de la guerrilla del EZLN y gran amigo del subcomandante Marcos. Escribe mi crítico citando a Galeano: “El Oeste ha sacrificado la justicia en el nombre de la libertad en el altar de la productividad. El Este ha sacrificado la libertad en el nombre de la justicia en el mismo altar. El Sur se pregunta si tal dios se merece el sacrificio de nuestras vidas". 
 
Ahora, si mi rival quiere hablar de libertad, hablemos, pero sobre hechos no conceptos filosóficos abstractos estilo el filósofo de Güemes. Esta absurda afirmación es sin embargo interesante. Vamos a interpretarla. En el Noroeste de nuestro planeta se concentra casi el 80% de la riqueza mundial; es decir, en el resto que comprendería el sur y prácticamente todo el este del planeta, no se produce ni el 20% del PIB mundial. Cada año un grupo de instituciones de reputación mundial publican un estudio llamado “Libertad Económica del Mundo.” Con sus datos nos demuestran que los países más libres del mundo son los más prósperos. Los diez países más libres del mundo son: Hong Kong, Nueva Zelanda, Singapur, Chile, Suiza, Estonia, Canadá, Irlanda, Australia, Mauritius.
 
México, como siempre, hundido en su mediocridad, ocupa el lugar #59 entre los cien países estudiados. Entonces a la pregunta de mi crítico ¿Mi mundo libertario haría más libres a los mexicanos? Yo creo que cuando menos ya no serían esclavos, porque libres nunca han sido ¿Sería factor de desarrollo integral? ¿Lo ha sido en los EU? Un país como EU con una economía de más de 19 trillones de dólares, en la cual el 70% de las empresas cotizadas en bolsa son controladas por los fondos de pensiones de sus trabajadores, en la cual el 50% de la población tiene inversiones directas en la Bolsa de Valores, y con ingreso per cápita de $65,000 dólares, si no considera que ese ha sido un desarrollo integral; pues entonces el habla Chino y yo Esperanto. 
 
Su afirmación más patética fue: “La "mano invisible" del libre mercado propuesto por la teoría económica liberal que según ésta conduce a estadios de justicia económica ¿es capaz de conciliarse con la justicia social?  Yo creo que no, porque las ideas libertarias se limitan a considerar sólo la parte conmutativa de la justicia y se olvidan de su componente distributivo, sin el cual la brecha entre quienes cada vez acumulan mayor riqueza y quienes cada ocasión sufren mayor pobreza, tiende a ensancharse dramáticamente.” Cuando la leí por primera vez, pensé que estaba recorriendo un escrito de Hugo Chávez o de algún miembro distinguido de la Teología de la Liberación. Pero luego me dije a mi mismo, no debe de extrañarme, ese es el pensamiento del marxista Galeano.
 
Por cierto. Galeano falleció hace poco no sin antes ver la luz para confesar que siempre estuvo equivocado.
 
Sin duda los habitantes de Venezuela, Somalia, Zaire, Irán, Algeria, Nicaragua, Burundi, Rumania, Uganda, Zambia--que son los países que ocupan los últimos lugares de la lista de libertad, tienen un nivel de vida más “justo” que los de Hong Kong, Singapur o Suiza.
 
Nuestros intelectuales progresistas y compasivos manejan el concepto de justicia social pero sin explicarlo y sin entenderlo. Me parece que tienen la misma confusión que los revolucionarios franceses que perdieron el rumbo cuando no entendieron el concepto de igualdad. “Nunca todos podremos ser iguales.” No todos podemos ser altos, guapos, inteligentes. La igualdad es igualdad ante la ley. Si su “justicia social” es la redistribución de parte de la “visible mano del Estado;” que Dios nos agarre confesados.
 
La actitud paternalista de pensar “¿qué es lo que el gobierno puede hacer por nosotros?” implica el aceptar que el gobierno es el amo y el ciudadano su siervo. Un hombre verdaderamente libre nunca se va a preguntar qué es lo que su país puede hacer por él. Se preguntaría; ¿qué es lo que yo y mis conciudadanos podemos hacer a través para ayudarnos a cumplir con nuestras responsabilidades individuales para lograr nuestros objetivos y propósitos, y especialmente proteger nuestra libertad.? Agregaría otra pregunta ¿De qué manera podremos evitar que el gobierno que hemos creado se convierta en un ogro que devore nuestra libertad?
 
Reformas tan profundas como las que México requiere simplemente no serán posibles ni durables si no las acompaña una reforma de las costumbres, de las ideas, de ese complejo sistema de hábitos, conocimientos, imágenes que llamamos “cultura.” Nuestras instituciones y mentalidades están muy lejos de la verdadera democracia. Siguen siendo populistas, absolutistas, colectivistas, dogmáticas, mechadas de prejuicios sociales, y muy poco tolerantes para con el adversario político, amantes de las verdades absolutas, de una de las peores formas de monopolio, que es el de la verdad. Entonces repito: “Subdesarrollo es un Estado Mental.”
 

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