El peronismo liberal y Macri
Diana Ferraro
Escritora


Al rechazar una alianza con el peronismo disidente encabezado por Sergio Massa el hoy presidente electo Mauricio Macri evitó la contaminación con un peronismo que, en los últimos doce años, vía el duhaldismo y el kirchnerismo del FPV, creó la actual decadencia argentina. Pero, por esa misma decisión, dejó también afuera a la porción minoritaria pero significativa del peronismo liberal heredero de los 90 y fiel seguidora de las políticas liberales de Menem y Cavallo.

Aún cuando se persiste en insistir que ahora se intentará una continuidad de las políticas desarrollistas de Arturo Frondizi, conviene no ser presa de los prejuicios y reconocer que las grandes reformas liberales fueron ya hechas por el peronismo en los años 90, aunque deshechas luego por el alfonsismo y el duhaldismo, por medio del golpe institucional a de la Rua, destrucción luego profundizada por el kirchnerismo.
Cuando el PRO liberal sólo tiene como aliados a los radicales de la UCR y de la Coalición Cívica, socialdemócratas por historia y vocación, merece considerarse con cierta atención a la dispersa y desorganizada fuerza peronista liberal que ahora va a intervenir en la recuperación democrática y republicana del PJ. Esa fuerza, una vez organizada, puede transformarse en el aliado imprescindible del PRO a la hora de las definiciones profundas en la economía y en las relaciones internacionales, a la vez que en el reaseguro para que el peronismo evolucione hacia donde corresponde y no ceda a la tentación de instalarse como nueva oposición retrógrada.

¿Cuál es el rol del peronismo liberal hoy, pasadas las elecciones en las cuales el único dirigente que lo representó, en ausencia de un dirigente propio, fue el mismo Macri que los rechazó? Desde luego, el peronismo liberal continuará apoyando a Macri con toda la energía posible, porque el objetivo es la Argentina y no el predominio de una fuerza u otra. Sin embargo, también ese mismo peronismo liberal tiene ahora que tomar una forma organizada de corriente de opinión primero (del mismo modo que se expresó a favor de Macri en las elecciones y contribuyó a su triunfo) y luego, de definida línea interna dentro del PJ con poder para competir con las líneas internas adversas y aliarse con los partidos externos afines.

El peronismo liberal tiene ante sí la tarea de rescatar a los años 90, haciendo la lista de éxitos y fracasos, señalando las cosas que pudieron o debieron haberse hecho de otra forma, pero subrayando  lo básico: en la era global no hay otra posibilidad que una macroeconomía liberal para asegurar el crecimiento sostenido de la Nación. El peronismo liberal tiene la obligación de recordar a la Nación que ese era el camino correcto y que lo que se precisaba no era recorrer el camino opuesto, sino rectificar el que se venía recorriendo con un enorme éxito y progreso. Es imprescindible que el peronismo en general, que debe sacarse de encima además la pesada y ajena mochila del Frente para la Victoria, vuelva a discutir este período histórico y a hacerlo suyo públicamente de modo de ayudar también al proceso actual. Éste, aún encabezado por Mauricio Macri, enfrentará muchos de los mismos desafíos y resistencias de aquella época.

Hoy existen tres peronismos:
1) el peronismo socialdemócrata republicano de Massa con dirigentes diversos que pueden ser cerrilmente socialdemócratas como Lavagna y otros, como de la Sota, casi liberales aunque todavía vociferen de tanto en tanto acerca del “neoliberalismo” asemejándose a los loros del…
2) Frente para la Victoria, ese segundo peronismo trucho cuyos dirigentes deberán decidir si hacen el partido de izquierda que parecen desear o se avienen a la contienda interna del PJ donde no harán más que perder. Y finalmente, el tercer peronismo…
3) ese peronismo liberal que muchos creían que iba a expresar Daniel Scioli antes de arrodillarse y someterse indignamente ante el kirchnerismo, y que hoy no tiene un líder definido, sino que expresa una muy fuerte corriente de opinión. Esta corriente a veces se mezcla con el PRO y, en especial, con los muchos dirigentes peronistas exiliados en él, y otras veces busca su propio cauce formal y su inclusión en el hasta hoy perdido PJ. Si el peronismo en general debe hacer un gran esfuerzo para reorganizarse, el peronismo liberal tiene una misión particular para ayudar en las actuales circunstancias y, a la hora de la verdad, poder transformarse en el aliado necesario para la continuidad de una causa común.

El peronismo liberal debe hacer un progreso en este sentido de modo de colocarse ya no en la retaguardia de Macri, yendo por detrás de las reformas que éste va a hacer, y mucho menos en una oposición socialdemócrata al estilo Massa- Lavagna (ese rol regresivo ya está ocupado por los radicales adheridos al PRO) sino en la vanguardia liberal, a expresarse tanto en la economía como en las relaciones internacionales. Una vanguardia asociada al PRO, una vanguardia que rescate al PRO si éste se viera sumergido por los socialdemócratas internos, y una vanguardia lista para continuar las reformas si el próximo gobierno fracasase en sus objetivos o tuviera que postergarlos.

Una vez más: el PRO y Mauricio Macri tienen tanta razón en sus planteos que sería indeseable que lo que encontrasen enfrente fuera lo opuesto –un Duhalde redivivo, digamos—y no un dirigente peronista afín con el cual contar para mejorar, continuar, o regresar si la suerte le fuera en algún momento adversa. La corriente de pensamiento liberal atraviesa todos los partidos. Se trata de que, a la larga, muchos de sus contenidos sean patrimonio de todos y garantía de progreso colectivo. Para que esto suceda, el peronismo liberal debe transformarse en una alternativa visible dentro del PJ y contribuir a las alianzas políticas del futuro, que serán así mucho más homogéneas y resistentes que las del presente.

Hoy, las diferencias entre las líneas internas del peronismo pueden parecer irrelevantes para muchos que gozan con hacer del peronismo un bloque homogéneo y masivamente detestable, sin tener en cuenta que el peronismo no pudo desarrollarse orgánicamente porque el PJ fue paralizado por los enemigos internos de la línea liberal de los 90, en complicidad con la justicia.
Hoy, otra vez en el llano y fuera del poder, el peronismo vuelve a estar librado a su habitual movimientismo, ese que le ha llevado a expresar en cada instancia el mejor progreso y la más acabada modernidad.
Hoy, ese peronismo buscará democráticamente su identidad partidaria y la mejor y más funcional de sus líneas terminará por asumir en plenitud toda la tradición, incluyendo con orgullo al peronismo liberal de los 90, y esforzándose en crear los nuevos instrumentos peronistas que aseguren la grandeza de la nación y la felicidad del pueblo. La doctrina es la misma; el instrumental, totalmente diferente. Los trabajadores y sus dirigentes sindicales, esa eterna columna vertebral del peronismo, tienen mucho para decir y aportar en el proceso de insertar con éxito y debida protección a las grandes mayorías en una economía global. El peronismo, como dijimos ya muchas veces y desde hace muchísimos años, será liberal o no será.

Sin líderes visibles, el peronismo liberal los irá encontrando. Por ahora, tiene uno prestado, Mauricio Macri. El futuro dirá el resto.
 

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