Análisis del Perfil Psicológico de Crisitina Fernández de Kirchner: “La Fantasía K”
Magdalena Evans Civit
Nació en Buenos Aires, Argentina, donde se desempeña como Consultora Psicológica con Orientación Psicoanalítica y Escritora. Realizó, entre otros, un Posgrado en Psicoanálisis y una especialización en Psicopatologías graves. 

Ha sido parte del "Programa de Jóvenes Investigadores y Comunicadores Sociales" (edición 2015) de Fundación Atlas para una Sociedad Libre. Actualmente tiene 27 años.




La ex primera mandataria padece un trastorno Narcisístico de Personalidad grave, con componentes megalómanos extremadamente acentuados, con sus correlativos elementos paranoides propios del mismo cuadro patológico. Estas configuraciones y estructuras psíquicas han recibido diferentes nombres: Trastornos narcisistas de la personalidad, patologías de la identidad, personalidades infantiles, síndrome de narcisismo maligno, entre otros.
 
Retrato de Narciso (aspiración narcisista): “Ser único, todopoderoso por el cuerpo y por el espíritu encarnado en su verbo, independiente y autónomo no bien lo desea, pero del que dependen todos los demás sin que él se sienta portador del menor deseo para con ellos […], una figura de lo mismo, de lo inmutable, lo inmortal y lo intemporal”.  (Green, Elmer y col. “Psychophysiological training for creativity”).
 
Las diferentes formas clínicas del trastorno narcisista nos muestran una serie de rasgos en común, a saber:
 
-Investimiento libidinal de la propia imagen.
-Problemática centrada en el sí mismo, preocupación constante por definir su identidad y la estima que esa imagen de sí pueda merecer ante los otros y ante sí mismo.
- Constante angustia centrada en la ubicación de esos resultados interaccionales con los otros, en términos de responder a un Yo Ideal o  al absoluto opuesto, el negativo del Ideal.
- Alteraciones en la percepción y en la configuración de una imagen del propio cuerpo.
- Frecuentes temores hipocondríacos.
-Reiteración en la demanda de modos primarios de vínculos.
- Ansiedades vinculadas con objetos sexuales parciales, pregenitales, a menudo integrados en fantasías perversas (oralidad, anal retentivo, conductas expulsivas evacuativas).
-Pensamiento confusional prevalente, correlativo de las modalidades de vínculo infantil preservadas como predominantes hasta edades adultas.
-Estados depresivos frecuentes. Fondo depresivo constante.
-Dificultad para el registro y la comprensión empática de la conducta y los motivos de los otros, lo cual acarrea perturbaciones en la esfera social.
 
Estas alteraciones posicionan y colocan al Sujeto en un clima de ataques, ya que cada confrontación con el mundo lo pone en tela de juicio, de forma radical.
 
 
Neurosis Narcisista desde el punto de vista del Psicoanálisis
Es de suma importancia  diferenciar el narcisismo normal adulto (regulación normal de la autoestima) de la patología narcisista que, a su vez, es o infantil, o una patología de inversión de la relación objetal dominante, y, por último, la patología de la personalidad narcisista, que es la que padecería CFK.
 
La personalidad Narcisista de CFK
Sería el grado más elevado y grave de patología narcisista, ya que estos síndromes tienden a provocar psicología de masas y fenómenos de grupo. Los Sujetos con esta estructura psíquica no han logrado integrar ese Yo normal (como parte de la definición de narcisismo normal) sino a base de grandes conflictos entre amor y odio, derivados todos de una condensación entre conceptos y vivencias preedípicas y edípicas, con un alto predominio de agresión preedípica. Tampoco ha logrado introyectar representaciones integradas de objetos normales, por lo cual se mantienen estas profundas escisiones, y, como consecuencia y en tanto defensa secundaria: se establece un Yo “Grandioso” Patológico, a base de la condensación de imágenes idealizadas de uno mismo y de objetos externos, lo que provoca efectos devastadores. Es un Yo patológico en constante peligro de chocar con la realidad. Estos Sujetos suelen creerse “Los Reyes del Mundo”, esto en relación con ellos mismos y en las interacciones con el mundo externo.
 
Lo contrario y esperable sería que estos componentes idealizados de sí mismo y del objeto se integren en un Yo o Superyó que conjugue tanto las prohibiciones como las idealizaciones. Pero aquí nos encontramos también con patología de esta última instancia psíquica mencionada, lo cual trae aparejado como efecto la predominancia de estructuras agresivas persecutorias de este Superyó patológico, que a su vez se proyectan, produciendo esto último la pérdida de la función normal de esta instancia de proteger el narcisismo normal (yoico). En resumen la dinámica psíquica sería la siguiente: empobrecimiento de las representaciones de objeto y del mundo interno de los demás, absorción de los aspectos idealizados de los demás y la reproyección de lo indeseado, lo malo y persecutorio a objetos exteriores que a su vez son desvalorizados. Su autoestima fluctúa entre una grandiosidad habitual y quiebres repentinos muy profundos con predominio de sentimientos de inferioridad subyacentes. El Yo patológico, grandioso, investido con libido la cual en gran medida ha sido retirada de los objetos externos, defiende al Sujeto contra la agresión, excepto cuando graves heridas narcisistas producen estados de fuerte rabia. En los casos más graves, debido a un deterioro más extremo del Superyó, se produce una infiltración del yo patológico con agresión. La causa común de estos desarrollos es el predominio cuantitativo mucho mayor de agresión en los conflictos profundos Inconscientes, una envidia muy profunda y destructora, y predominio de la emoción de odio como la estructura caracterológica mas profunda. Como consecuencia de estos predominios, se tolera menos el Superyó prohibitivo (que sería sádico en extremo) y se proyecta en formas de tendencias paranoides. La agresión invade al Yo patológico grandioso y se produce una autoadmiración en cuanto a la agresión, es decir una agresión egosintónica, un sadismo caracterológico, con el consiguiente y correlativo sentimiento de ausencia de temor a la muerte, herida, etc, estando por encima de todos los mortales corrientes.
 
Manifestaciones de Patología del Superyó ( manifestaciones de un Superyó de valores infantiles)
 
-Si se deprimen, caen en una desesperación profunda y primitiva.
- Tendencia a graves alteraciones del estado del ánimo.
-Tendencia a ver su “superioridad” asegurada por la belleza física, lo hermoso y llamativo de sus vestimentas y a través de la posesión de joyas costosas y objetos brillantes, etc, en pos de provocar la admiración de los demás y reasegurarla.
 
El narcisismo patológico está basado en la incapacidad de integración subyacente entre libido y agresión. En esta patología nos encontramos con gravísimos conflictos objetales tempranos, traumatización en la primera infancia, déficits en los vínculos primarios con los primeros otros significativos encargados de la crianza.
 
Según otra Psicoanalista, el de neurosis narcisista es un concepto que por su amplitud (abarca todo lo que tenga que ver con patología en la estructura del Yo) a la vez que por su precisión metapsicológica (que le permite diferenciarse más claramente de las neurosis de transferencia) mantiene su vigencia dentro de la teoría psicoanalítica. Se incluyen aquí aquellos cuadros vinculados a una escisión en el Yo, mecanismo de defensa que altera la estructura del Yo y que sería característico de ciertas conductas asociales así como de ciertas perversiones.
 
En las neurosis narcisistas fracasa el Yo como mediador con el mundo externo y emerge más inmediatamente lo cuantitativo bajo la forma de angustia automática o traumática.
 
Según Freud, narcisismo primario es un momento evolutivo de la sexualidad infantil ubicado entre autoerotismo y la elección narcisística de objeto .En este momento las pulsiones sexuales toman al yo como su objeto, lo “catectizan”. Luego describe al “narcisismo secundario”: las cargas de objeto los abandonan (a los objetos) y vuelven al yo (desinvesimiento de los objetos). Sería un intento (el narcisismo secundario) de explicar la megalomanía: este proceso según Freud es la consecuencia de la inundación libidinosa sufrida por el yo, la libido vuelve a este luego de abandonar a los objetos, y este, frente a semejante inundación libidinal, se infla, se vuelve megalómano, se cree Napoleón.
 
La megalomanía sería un proceso defensivo, mediante el cual el yo intenta encubrir su sentimiento de insignificancia, su devaluación, su falta de amor por sí mismo.
 Pareciera un esfuerzo desesperado por seguir siendo, adoptando una identidad grandiosa frente al peligro de dejar de ser, siendo esto un fenómeno restitutivo. El haber recibido amor de los otros es condición indispensable para quererse a sí mismo. Para sentirse querido es necesario haberse sentido querido por los objetos primordiales. Las personas con patologías narcisísticas, no habiendo recibido reconocimiento ni reaseguro de que no están solas, de que son aceptadas, queribles y valiosos, no han logrado seguridad, ni autonomía, ni podido trascender a los primeros objetos, por lo cual siguen manteniendo situaciones de dependencia infantil que los llevan a la permanente búsqueda de aprobación, aplauso y reconocimiento por parte de los otros.
 
Para que el sujeto acceda a su propia subjetividad, para que logre su autonomía es necesario que la madre permita y auspicie la ruptura de la díada narcisista y reconozca al niño como diferente de ella.
 
 
Definición de Megalomanía desde la Psicología y la Psiquiatría
La megalomanía está asociada al poder. La padecen Sujetos narcisistas con un concepto altamente elevado de sí mismos. Manifiestan comportamientos que rozan los delirios de grandeza y omnipotencia. Esta alteración los lleva a filtrar la realidad y a sesgarla. Presentan inflexibilidad para reconocer otro tipo de realidad. Muestran mucho aplomo y seguridad en sí mismos, pero si uno analiza su personalidad y estructura psíquica, recurrentemente se observa que son individuos con muchas carencias y con un sentimiento de inferioridad o vacío desde los primeros vínculos con los padres. En las personalidades narcisistas se detecta que las relaciones con los padres en tanto primeros vínculos primarios carecieron de afectividad positiva. Los padres en estos casos, no están presentes o no son capaces de interpretar y /o satisfacer las necesidades del niño.
 
La megalomanía también se considera un síntoma o expresión de trastornos de personalidad como el narcisismo, la psicopatía o trastorno histriónico. Este último lleva al individuo a necesitar reconocimiento continuo y ser el centro de atención. Aparece asimismo en el trastorno bipolar. (Estos Sujetos no suelen considerar que tienen un problema). Lo histriónico se aplica a la persona que actúa o habla gesticulando de manera exagerada y marcando excesivamente su expresión. Pero también es una afección de salud mental.
 
Las personas con trastorno de personalidad histriónica suelen demostrar sus emociones de manera exagerada. Suelen ser vanidosas y egocéntricas, y se sienten incómodas cuando no son el centro de atención. Frecuentemente son seductoras en apariencia y comportamiento, ya que les preocupa mucho no serlo. Buscan siempre a alguien que les tranquilice, que apruebe lo que hacen, y pueden irritarse cuando alguien no les atiende o adula. Suelen ser impulsivos y poco tolerantes.
 
A continuación, reproduzco literalmente los criterios diagnósticos de la clasificación DSM-IV-TR sobre el trastorno narcisista de la personalidad:
 
A. Un patrón general de grandiosidad (en la imaginación o en el comportamiento), una necesidad de admiración y una falta de empatía, que empieza al principio de la edad adulta y que se da en diversos contextos, tal como lo indican cinco (o más) de los siguientes ítems:
 
(1)    un sentido grandioso de la propia importancia;
(2)    preocupación por fantasías de éxito, poder, brillo, belleza o amor ideal ilimitados;
(3)    cree que es especial y único y que sólo pueden comprenderle, o sólo debería relacionarse con, otras personas (o instituciones) especiales o de elevado estatus;
(4)    exige una admiración excesiva;
 
(5)    tiene una sensación de “estar en su derecho”, es decir, expectativas poco razonables de recibir un trato de favor especial o la anuencia automática con sus expectativas;
 
(6)    tiende a la explotación interpersonal, es decir, saca provecho de los demás para lograr sus propios objetivos;
 
(7)    carece de empatía, es decir, es incapaz de reconocer o identificarse con los sentimientos y las necesidades de otras personas;
 
(8)    a menudo tiene envidia de los demás o cree que los demás le tienen envidia;
 
(9)    presenta actitudes o conductas arrogantes o soberbias.
 
 

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