¿Hacia donde va el Peronismo?
Diana Ferraro
Escritora


Derrotado y con la peor imagen histórica posible, esa donde algunos rasgos del peronismo revolucionario inicial volvieron a tomarse como ejemplo de por qué había que rechazarlo, toda vez que el kirchnerismo copiaba los modos fantaseando con una revolución inexistente. Ambos, los críticos y los kirchneristas parecen haber olvidado que el antiguo peronismo tuvo que forzar la mano histórica de modo autoritario para lograr la inserción de grandes mayorías sin derechos ni educación en la clase media y que, una vez logrado esto, y terminada la lucha, el mismo peronismo abjuró de cualquier falta de institucionalidad o de democracia. El daño, hecho está, y como la confusión no provino sólo de los sectores tradicionalmente antiperonistas, sino de los mismo peronistas que consintieron y apañaron al kirchnerismo, es inútil tratar de separar las aguas.

Hay que asumir al kirchnerismo como un error muy grave del peronismo. Un error que tiene su origen en la deficiente comprensión de los años 90, durante los cuales también el peronismo gobernaba, con gran éxito en áreas fundamentales como la economía y las relaciones exteriores, y con grandes deficiencias, particularmente en la creación de un genuino federalismo y en la independencia de la justicia. Si el peronismo hubiera continuado en la senda de su pensamiento más avanzado, profundizando las reformas, mejorando la calidad de sus dirigentes y haciendo un pase gradual y certero de las bases doctrinarias a las necesidades del siglo XXI, otra hubiera sido su historia.

Un Duhalde que hubiera escuchado a Cavallo, en vez de oponérsele cerrilmente (para, años más tarde, terminar confesando después de viajar un poco, “¡Yo no sabía que así era el mundo!”) posiblemente hubiera ganado las elecciones y no de la Rua. Gobernando con el criterio de mejorar los 90, ese Duhalde que no fue hubiera tenido la sensatez de no pesificar y de ir a una devaluación flotante una vez que se hubiera asegurado los créditos necesarios. Ese Duhalde que no fue es lo que es el PRO hoy. El que retoma con sensatez todo lo bueno de los 90 y propone una agenda superadora. En esta historia contrafáctica, los Kirchner no hubieran existido y el PRO, o con más precisión, la línea modernizadora del peronismo, no hubiera tardado doce años en llegar al poder. La Argentina hoy estaría como va a estar dentro de 12 años, una vez que se repare el desastre y se retome el camino de un crecimiento genuino.

De este pequeño resumen de lo que no fue, se pueden extraer dos conclusiones obvias: 1) que el peronismo llegó temprano a su cita con la historia, como corresponde al movimiento de avanzada que siempre fue,  y 2) que después no pudo estar a la altura de su misión, no sólo desertando sino destruyendo lo andado. Hay dirigentes que como Menem, supieron encontrar a Cavallo, y otros dirigentes como Duhalde y los Kirchner, con poco cerebro, menos educación y los ojos en la nuca. El tema de hacia dónde va a peronismo es entonces relativo a sus dirigentes, y no a sus bases, parte de las cuales—y me incluyo—están muy contentas y muy bien representadas en este momento por el PRO. 

El tema del peronismo hoy entonces no sería relevante si no fuera que el peronismo va de todos modos a tener dirigentes. Ergo, estos dirigentes deben ser los mejores posibles y lejos de enfrentar al PRO, con el cual comparten hoy su base más genuina, deben trabajar al unísono. No sólo en el Congreso o en cargos circunstanciales de gobierno o como gobernadores o intendentes que colaboren, sino en algún tipo de proyecto común que los beneficie a ambos, como sería la creación de una escuela de formación para la Administración Pública, de modo que el estado tenga una sólida y prestigiosa administración, independientemente de los partidos políticos y ya no más nutrida por personas de buena voluntad política o ideología afín, pero sin la formación necesaria. Este comienzo de trabajo común podría extenderse a otras áreas, de modo de ir creando un entorno político afín que apuntase a la modernización del país, y que, poco a poco, fuera creando una nueva alianza basada en estas metas de genuino progreso, libertad y modernidad. 

El peronismo fue pionero, el PRO recogió la posta ante la terrible defección duhaldo-kirchnerista, y del mañana, sólo puede esperarse  el surgimiento de personalidades más armónicas, en consonancia con nuestra mejor tradición política, personalidades que sólo podrán provenir del muy amplio partido de la modernidad, más allá de cuales sean sus líneas internas circunstanciales, o de si el peronismo incluye al PRO o el PRO al peronismo.

 Un partido de nombres cambiantes, expresando una misma línea histórica, al servicio de una nación, que a pesar de todo, permanece única y en pie.
 

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