La guerra santas de los gobiernos
Ricardo Valenzuela


Navegando hacia el final de la segunda década del siglo, el mundo entero nos presenta un panorama  político muy particular e interesante. Kirchner sale en Argentina, la oposición toma control del parlamento venezolano, se le niega la reelección a Evo Morales en Bolivia, Dilma en Brasil a punto de ser expulsada por corrupción, Bachelet continúa su paso destructivo en Chile, Peña Nieto en México reporta el nivel más bajo de aprobación en los últimos 25 años. En EEUU se disputan la candidatura a la presidencia, comunistas, socialistas, mercantilistas.
 
Si analizamos las estrategias de todos estos políticos para entrar o salir de los palacios del poder, nos daremos cuenta que siempre han ofrecido como el plato fuerte de su menú, el combate a la pobreza. Encontraremos también gran similitud en sus estrategias para librar esa batalla. Chávez la combatió matando de hambre a los venezolanos, Dilma saqueando los cofres de Petrobras, Kirchner asaltando la tesorería argentina, Peña Nieto con una arrebatinga nacional.
 
Pero ¿Cómo se debe combatir la pobreza?
 
Hace un par de años el gran filósofo libertario, David Kelly, participaba en un programa de TV cuando lo fusilan con una pregunta: ¿Quién piensa usted ha hecho más por el bienestar de la humanidad, Mike Milken o la madre Teresa? Kelly sin titubear responde; por supuesto que Mike Milken.
 
Milken, es el financiero inventor de los bonos de alto rendimiento a quien, Rudy Guliani lograra etiquetar como el más despiadado de los capitalistas y, mediante una serie de trucos legales, lo enviara a prisión para catapultar su carrera política. Pero el argumento que más impactaba al jurado encargado de condenarlo, fue que durante el año de 1987 Milken tuviera un ingreso de 570 millones de dólares, superior, inclusive, al del Banco de Inversión en el cual prestaba sus servicios.
 
Kelly, al observar el asombro de los participantes continúa. “No me miren así, pues para que existan las madres Teresas, primero deben de emerger los Mike Milken, los Bill Gates, los Rockefeller. Es decir, para que haya repartidores de riqueza, como lo fue esa santa, primero tienen que existir sus creadores porque normalmente los repartidores profesionales jamás han creado absolutamente nada. La riqueza no la crea el gobierno, la crean los emprendedores arriesgando todo”.
 
El fatal cáncer metatizado durante el siglo pasado, fue el de los gobiernos guerreros combatiendo ese cruel enemigo, la pobreza. Sin embargo, con miope visión concentraron sus esfuerzos en su “repartición equitativa” sin preocuparse de cómo se debía de crear. Los gobiernos no son fuentes de riqueza, son parásitos que la consumen y disponen de la producida por la sociedad. Si estamos preocupados por los miembros desprotegidos de nuestra sociedad, es hora de que entendamos lo que realmente crea esa riqueza antes de gritar; ¡redistribución!
 
Hay quienes piensan la riqueza depende de recursos naturales. Sin embargo, América Latina y África son regiones ricas en recursos naturales, pero son también habitadas por los seres humanos más pobres del planeta. En contraste, Inglaterra, Hong Kong, Japón, Taiwán, Suiza, son pobres en su naturaleza pero habitados por las sociedades más ricas del mundo. Otros podrán argumentar que el colonialismo nos empobreció, pero Australia, Nueva Zelanda, EEUU, Hong Kong, Canadá, en su momento fueron también colonias.
 
Hay infinidad de teorías, pero debemos de entender que para lograr ese ansiado bienestar se requiere motivación, autodisciplina, auto respeto, honestidad y respeto para nuestros semejantes. Pero todos estos atributos son inservibles si a nivel sociedad no tenemos libertad para emprender, un respeto holístico de la propiedad privada, santidad en el cumplimiento de los contratos y, sobre todo, protección a mi derecho de lograr una ganancia lícita. Sin embargo, estas instituciones que permiten la creación de riqueza, son los blancos principales de los gobiernos ineptos y tiranos que, a quienes las producen y practican, los han llegado a identificar como Los Barones del Robo.
 
El economista argentino Alberto Benegas Lynch afirma:
 
“La “distribución de la riqueza” a través de la coerción del gobierno, opera en dirección opuesta a la asignación de recursos que decide la gente en el plebiscito diario del supermercado. Las desigualdades patrimoniales son consecuencia del mismo fenómeno de preferencias que el consumidor establece con sus adquisiciones. La llamada “justicia social” puede tener solamente dos acepciones: se trata de una redundancia grosera pues no hay sentido de justicia entre vegetales, minerales y animales, o bien se trata de injustamente expropiar a unos sus pertenencias para entregarlas a otros, lo cual contradice el respeto a la propiedad privada”.
 
Cuando el humo de la demagogia se disipa, nos damos cuenta de que la gente libre y de mentes libres son los verdaderos creadores de la riqueza. Hay países que lo entienden y mantienen altos niveles de libertad y eso, les permite gozar del beneficio de los creadores de riqueza, la cual se reparte mediante la meritocracia que dictan los mercados.
 
Los repartidores profesionales representan un fenómeno que ha causado la castración de la humanidad. El inventor del sistema de bienestar social, Otto Bismarck, en una ocasión le exponía sus motivos a William Dawson, quien luego implementaría el New Deal en los EEUU: “Mi idea fue sobornar a las clases populares para llevarlos a una dependencia que los hiciera pensar del estado, como responsable de su bienestar de la cuna a la tumba.”
 
Los gobiernos fueron tejiendo un manto artificial en lo que Von Mises bautizó como el “Destruccionismo”, para arroparnos con una nueva forma de socialismo en el cual el estado, sin ser ya propietario de los medios de producción, decide quienes son ganadores y perdedores. Los pobres son producto muy rentable para los políticos. Representan “chambas”, grandes presupuestos, negocios, y el control político que les produce el soborno con actividades como “el desarrollo social.” Por eso, lo que menos les interesa es que se termine la pobreza.
 
La desigualdad del mundo se debe al capitalismo. Pero no al capitalismo empobreciendo a ciertos grupos, sino al que ha enriquecido a sus practicantes. La distribución desigual de la riqueza del mundo, se debe a la distribución desigual del capitalismo.
Los países pobres que han optado por la liberalización económica y el libre comercio, han tenido un crecimiento más rápido que los países ricos en décadas recientes. El libre comercio y el liberalismo económico son una forma para que los países en desarrollo no sólo se vuelvan ricos, sino que también alcancen los niveles de los países más prósperos. "Los perdedores más grandes en este mundo tan desigual de hoy en día, no son aquellos que están demasiado expuestos a la globalización. Son aquellos que se han quedado fuera de ésta".
 

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