El derrame
Carlos Mira
Periodista. Abogado. Galardonado con el Premio a la Libertad, otorgado por Fundación Atlas para una Sociedad Libre.


Finalmente la ley antitrabajo alcanzó dictamen favorable en la comisión de legislación laboral de diputados y se prepara para ser tratada en el recinto mañana con probable aprobación.
El mismo proyecto que en 2014 mereció el desdén activo de Fernández cuando era presidente y los sindicatos pedían una legislación como esta, es ahora fogoneado por el FpV que responde al plan kirchnerista de que todo vuele por el aire.

En efecto, la ex presidente rechazó con las acideces que la caracterizan este mismo proyecto hace dos años pero ahora, como descaradamente apuesta al caos y al fracaso de Macri –cómo públicamente lo confesó uno de sus acólitos, Ricardo Forster- insiste a través de sus legisladores para que este mamarracho sea convertido en ley.

Utilizando el mismo tema, logró otro éxito gramsciano al imponer, en el vocabulario de una buena parte de los protagonistas políticos, la idea de la “ola de despidos” o, como dijo Solá, de un “clima de despidos”, situación completamente exótica, toda vez que no existe ni lo uno ni lo otro.
La gente comenzó a repetir como loro ese mantra como antes fue el de los 30.000 desaparecidos o el de la década ganada (que no cabe duda que lo fue para ellos que se llenaron de oro) sin reparar que esa realidad de gente en la calle echada  sin razones por empresas que cierran, no está ocurriendo.

Ayer conversando con un alto ejecutivo de una compañía de software me comentaba cómo las empresas están adquiriendo aplicaciones para hacer crecer su negocio. Cuando en 2015 vendió un proyecto importante en el año, ahora está vendiendo uno por mes y a veces hasta dos por mes.

En Expo Chacra se vendieron cosechadoras a una proporción de 80/1 respecto de años anteriores en los que regían las retenciones a las exportaciones. General Motors acaba de inaugurar una línea de producción para exportar su automóvil Cruze, operación impensable con el cepo y las retenciones.

La pregunta es ¿Quiénes van a manejar el crecimiento de las empresas que hoy están comprando software de inversión? o, ¿quiénes se van a sentar en las cosechadoras de Expoagro? o ¿quiénes van a ensamblar las piezas del Cruze?

Es obvio que no van a ser los Coto los que se pongan a reponer los estantes de los supermercados, los Biolcatti los que van a manejar las cosechadoras o Mary Barra la que va a armar los Cruzes. Es hasta estúpido aclarar que todo eso va a beneficiar a los llamados “trabajadores” (porque Coto, Biolcatti y Barra también lo son)

Pero como la Argentina maneja como nadie el arte de fulminar palabras, hemos fulminado la acepción económica del verbo “derramar” y hoy parecería que el que pronuncia esa palabra en un contexto económico en general o laboral en particular, fuera una especie de enviado del diablo.
Y no es así. Las economías afluentes funcionan por derrame: generan condiciones económicas para que los que disponen de dinero (que seguirían viviendo bien aunque no se hiciera nada) lo inviertan (especulando con ganar más con eso) y así generen trabajos nuevos bien pagos en otros estratos sociales. Esa afluencia de recursos desborda desde la inversión hasta los salarios. El que no quiera ver este proceso  virtuoso de la economía que se haga asaltante.

Lo que ocurre es que últimamente la función pública ha estado llena de asaltantes, con lo cual es posible que hayan aplicado sus propias lógicas al funcionamiento económico del país: como no son capaces de generar riqueza sino robándola creen que su misión en el gobierno es establecer sistemas de “robo legal” para que unos le saquen a otros, sin que la torta general de riqueza aumente.

El presidente hace unos días refiriéndose a esta misma iniciativa dijo que no sabía si imputar el error a la ignorancia o a la mala fe. Puede ser una combinación de las dos cosas que, en yunta con la conveniencia política pueden hacer estragos.

Fíjense lo que ocurre también con los “Panamá Papers”. El nombre del presidente aparece como siendo director de dos compañías off shore de su padre, declaradas en la Afip y con un movimiento económico prácticamente nulo.

¿Cuál ha sido la traducción del taladro kirchnerista respecto de esto? La palabra “empresas” fue sutilmente reemplazada por la palabra “cuentas”; la declaración ante la Afip se ha pasado completamente por alto y la conclusión ha sido que “buscaban la corrupción K y se encontraron con la corrupción M”. Gramsci puro. Si Antonio se levantara de su tumba no podría creer que los argentinos han sido sus mejores alumnos. No en vano la primera traducción mundial de “L’Ordine Nuovo” se hizo aquí, en Buenos Aires.

Toda esta sanata que de haber existido en tiempos de la “década ganada” no cabe duda que hubiera sido tildada por muchos de “destituyente” se va a terminar cuando lo que le está ocurriendo ahora a mi interlocutor de software, a los que venden cosechadoras y a GM, se DERRAME al ciudadano de a pie. Habrá que estar atento, en ese momento, a qué nueva cabriola sediciosa nos va someter la troupe corrupta del Sur.

 

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