Silencio que aturde
Enrique G. Avogadro
Abogado.


Más allá de los estropicios habituales que practica el Gobierno con su
ya increíble manipulación de los datos estadísticos, que le permite
anunciar inexistentes caídas en los niveles de pobreza e indigencia,
ignorar la galopante inflación e irritar a la compungida ciudadanía
con declaraciones ridículas sobre comer con seis pesos diarios, ahora
la Presidente y la banda de delincuentes que encabeza y la rodea han
pergeñado la nueva versión de un robo mayúsculo.

Al dar a conocer un falso porcentaje de crecimiento del PBI, que no ha
sido confirmado por ningún estudio serio, nacional, extranjero o
multinacional, se verá “obligado” a pagar por los cupones atados a
esa variable la muy bonita suma de tres mil quinientos millones de
dólares, que volverán a salir de las cada vez más magras reservas que
aún conserva el Banco Central, afectadas por el consuetudinario saqueo
oficial.

Cuando se compara esa inexplicable generosidad hacia los tenedores de
esos bonos con las penurias que el cepo cambiario de _Patotín_ impone a
la industria nacional y al ciudadano común, una medida justificada por
la catarata de animaladas y negociados que este Gobierno realizara en
materia energética, resulta aún más llamativa.

Si bien es cierto que el kirchnerismo ha pagado religiosa e
injustificadamente (lo curioso es que los países serios de la región
los han refinanciado a tasas cada vez menores) hasta la fecha sus
compromisos internacionales –si se exceptúa, obviamente, a los
_holdouts, _al Club de París, a las sentencias del CIADI y a los
dueños de empresas confiscadas- no lo es menos que la Argentina
despierta cada vez menos interés en los inversores internacionales,
aún de aquéllos que están dispuestos a asumir riesgos inmensos en
escenarios de guerra, como las compañías petroleras, por ejemplo.
Entonces, cabe preguntarse quiénes son los mayores tenedores de esos
bonos a los cuales les hemos pagado tanto y, ahora, les regalaremos esa
enorme suma de dinero, sobre todo cuando el desembolso se realizará a
contramano de la realidad.

Mi sospecha –por cierto justificada, conociendo la catadura moral de
quienes nos han gobernado durante la _“década ganada”- _es que
estos cupones fueron comprados por quienes, al poder manipular las
cifras del INDEC, podían también asegurar esta pasmosa ganancia. Si no
fuera así, ¿qué sentido tendría hacerlo si pensamos que, con ella,
podríamos arreglar, al menos parcialmente, nuestros problemas con el
Club de París, por ejemplo?; si lo hiciéramos, los organismos
estatales comunitarios podrían, nuevamente, garantizar a los
exportadores europeos contra el riesgo argentino, o nos permitirían
volver a los mercados internacionales de crédito, aún baratos. Y ni
que decir si los fondos en cuestión fueran destinados a construir
rutas, ferrocarriles, hospitales o viviendas; en cambio, irán a parar,
una vez más, a los bolsillos de los mismos delincuentes.

Hoy, mientras escribo esta nota, los argentinos estamos votando (¿o
botando?) en esta encuesta general camufladas de primarias. No puedo
negar cuán sorprendido estoy, ya que siempre descreí de su
realización, porque sólo servirán para identificar, en cada distrito,
a quien esté en mejores condiciones de derrotar al oficialismo en
octubre.

 Pero lo adjudico a la mala información de inteligencia de la que, a
pesar de los ingentes fondos que el Gobierno destina –al menos,
teóricamente- a su obtención se suministra a la Presidente, a punto
tal que se le dijo, casi hasta la fecha de cierre de las listas, que
Sergio Massa no se presentaría; ahora, es probable que haya permitido
las primarias pensando en que Martín Insaurralde ganaría la Provincia
de Buenos Aires. La otra explicación plausible es la seguridad en poder
manipular las cifras, realizando un fraude monumental, pero debo
confesar que me parece harto difícil de lograr.

Es altamente probable, por el contrario, que más allá de las formas
del _relato_, esta noche comience el final de la era kirchnerista.
Lamentablemente, y las pruebas están a la vista, la retirada será
cubierta arrasando e incendiando todo a su paso. Porque, como ya sabemos
por el odio y la fragmentación social que la familia imperial ha sabido
instalar en la sociedad, y como producto de las reiteradas humillaciones
que ambos consortes y sus funcionarios han derrochado sobre todos los
estamentos, cuando pierdan el poder todos ellos serán arrojados a la
arena del circo, sin compasión ni tolerancia. Tal vez sea previendo esa
situación que será consumado el atraco descripto más arriba.

La sociedad argentina, tan habituada y necesitada de transferir sus
culpas a terceros -se llamen éstos sinarquía, monopolios
internacionales, viejos militares, menemistas no reciclados, formadores
de precios, amantes de la convertibilidad, etc., etc.-, tendrá a
cercana disposición una serie de individuos a los cuales endosar la
responsabilidad por todos sus males, que no serán pocos, y pedirá
cárceles y confiscaciones. La monstruosa impudicia (el filósofo
Yabrán definía al poder como impunidad) con que la asociación
ilícita que nos gobierna se ha comportado traerá para sus integrantes
inevitables consecuencias, porque sólo un pueblo ahíto está dispuesto
a tolerar bajo el lema “roban pero hacen”; cuando la escasez y la
miseria crecen, las sociedades tienden a pedir venganza y reparación.

Si esta mini-campaña electoral se transformó en un mero anticipo de
las prácticas a las que recurrirá el kirchnerismo en la verdadera, que
comenzará mañana, el robo perpetrado en la casa de Sergio Massa, la
muerte del _Lauchón_, y el tiroteo al automóvil del Intendente de
Tigre nos parecerán juegos de niños. Estas acciones resultan más
trágicas, aunque menos gravitantes, que las que ya se intentaron contra
Luis Juez, _Lilita _Carrió, Enrique Olivera, por inventados
enriquecimientos, y contra Francisco de Narváez, con la pretensión de
vincularlo al tráfico de efedrina. Parece que los métodos utilizados,
como sucede con la brutal crispación instalada en la sociedad,
involucionan rápidamente hacia la violencia.

Pero, como digo, tengo esperanzas; hoy los ciudadanos comenzaremos a
optar entre volver a ser República o convertirnos, sin remedio, en
Argenzuela. Esta noche se develará esa incógnita, tan esencialmente
trascendente para el futuro.

 

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