Gobierno 2.0
Ian Vásquez
Cato Institute, Estados Unidos.


La cultura de la tramitología y la sobrerregulación burocrática puede reemplazarse con la ayuda de una reforma modernizadora del Estado. Así lo mostró Estonia, el pequeño país báltico que en los noventa empezó a poner a prueba un gobierno electrónico al digitalizar servicios y funciones públicos. El Perú puede aprender de esa experiencia y de las de otros países que han seguido el ejemplo estonio.

Estonia fue pionero en implementar el concepto de gobierno electrónico una vez terminada la ocupación de su país por la Unión Soviética durante casi cuatro décadas. Eliminó buena parte del papeleo y las colas que son tan características de las sociedades socialistas y del Estado sobredimensionado. Habilitó a los ciudadanos para hacer sus trámites oficiales directamente en línea, simplificando así la vida de los estonios e incrementando la eficiencia del Estado.

Actividades diversas como pagar el estacionamiento público o la votación democrática se pueden hacer con un teléfono móvil o en la computadora. En las últimas elecciones parlamentarias nacionales y europeas, por ejemplo, el 30% de los votantes estonios eligió sus candidatos usando esta tecnología.

La privacidad y la seguridad han sido prioridades, por lo que el país ha desarrollado un sistema de seguridad cibernética que hasta ahora ha pasado las pruebas. En el 2007, Estonia hasta resistió un ataque cibernético masivo por parte de Rusia.

Quizás donde más éxito ha tenido Estonia es respecto a los impuestos. Desde el 2000, los estonios han podido declarar y pagar impuestos en línea, algo que prácticamente todos los contribuyentes usan y, dado el sistema simple de impuesto único que tienen, demora minutos. En caso de sobrepago impositivo, las devoluciones se realizan electrónicamente a la cuenta bancaria del ciudadano dentro de los siguientes dos días.

En el camino, Estonia se convirtió en un líder mundial de la tecnología e innovación. Allí nació la empresa Skype, por ejemplo, como un sinnúmero de compañías exitosas de tecnología de la información y comunicación (TIC). Durante muchos años, el país ha sido líder dentro del mundo industrializado respecto al número de empresas start-up registradas.

¿Cómo logró tales aciertos Estonia? Según el experto Meelis Kitsing, fue un caso de “éxito sin estrategia”. Estonia no tuvo una política industrial ni políticas enfocadas en las TIC en los noventa cuando nació el gobierno electrónico. El gasto público en investigación y desarrollo estaba por debajo de 0,5% del PBI. Hasta el día de hoy, no existe un ministerio encargado de las TIC o lo que es gobierno electrónico. La emergencia del gobierno electrónico se debió mucho más a las innovaciones de la banca privada que a alguna estrategia por parte del gobierno. Fueron los avances de los bancos estonios en proveer servicios por Internet los que luego fueron aprovechados por el gobierno. La banca creó la tecnología y un gobierno despierto la empezó a adaptar a sus fines.

El caso estonio también muestra que no hay que sobrevender el gobierno electrónico. Después de todo, otros países de Europa Central y del Este iniciaron tal reforma sin obtener los mismos resultados. Lo que distingue a Estonia es que combinó la reforma de gobierno electrónico con una reducción de regulaciones y burocracia. Hoy en día, por ejemplo, se puede registrar legalmente una empresa en cuestión de cinco minutos en un portal web del Estado. La clave del éxito estonio ha sido la eliminación de la maraña regulatoria y otras barreras a la creación de riqueza. De hecho, tal incremento de libertad económica fue lo que condujo a que los bancos innovaran en la tecnología que ahora usan el Estado y los ciudadanos.

Ha habido algunos avances en el Perú al respecto, con la Sunat o la Ventanilla Única de Comercio Exterior, por ejemplo, que involucra a 17 entes públicos y facilita la gestión de trámites comerciales en un solo lugar. Pero queda muchísimo por hacer, y otros países latinoamericanos han avanzado más. Una reforma de gobierno electrónico sería modernizadora. Podría impulsar la necesaria reducción de normas burocráticas que agobian al país y, al reducir los costos de transacción, disminuir el tamaño del sector informal. Además, seguir el ejemplo estonio sería popular. No hay por qué el próximo gobierno y el Congreso no debieran trabajar juntos en esa reforma.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 23 de julio de 2016.
 

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