Peronismo y Macrismo: Estrategias semejantes
Diana Ferraro
Escritora


Mientras una buena parte del periodismo se desvela intentando averiguar si el macrismo va a intervenir influyendo de algún modo en tal o cual juez para evitar que la ex presidenta vaya presa y si, divididos, los autodenominados peronistas serán una vez más derrotados, la historia del país continúa con su propio calvario, sin que todavía se la comprenda del todo bien. El fantasma de un peronismo todopoderoso atormenta sin razón, con sus fragmentos que sólo hablan de un gran vacío. 

En la Argentina actual, muerto Perón hace ya más de cuarenta años, con su revolución concluida e ingresada en su etapa institucional, todavía se guerrea al peronismo. No termina de entenderse que éste sólo volverá a existir como tal, ya no cuando ocasionales dirigentes o políticos pretendan representarlo, sino cuando, incorporando los datos y los instrumentos del mundo actual, algún argentino encarne nuevamente la antigua doctrina peronista, la reinterprete, y haga efectivamente peronismo y no cualquier otra cosa bajo su nombre.  

Por lo tanto, a los efectos políticos reales y duraderos, importa muy poco el destino personal de los ex funcionarios que se decían peronistas. Lo que importa es quién hace un verdadero peronismo hoy y, mucho más aún, qué es hacer peronismo hoy. Es en este sentido que el peronismo nominal y el macrismo tienen estrategias semejantes: ambos deben redescubrir qué sería hoy ese peronismo que brindó millones de votos como por arte de magia y, sobre todo, qué características tendría un peronismo actualizado.  

Los votos contados por millones provienen de todas las clases sociales y la mayoría de los millones de esos votos, de la mayoría de la población, es decir, de las clases medias-medias, bajas, y más bajas aún, todas con aspiraciones de ascenso y mejora en sus condiciones de vida y laborales. Una verdad de Perogrullo que sólo se reveló, sin embargo, al peronismo. El antiguo peronismo atendió a esa mayoría, y concretó un poder que desde hace mucho tiempo es sólo el poder de un mito, como demostró el kirchnerismo, usando ese mito para hacer cualquier cosa menos peronismo.

 Tras el resultado de las últimas elecciones de Octubre de 2015, el mito ha quedado destruido para siempre, es inutilizable, y sólo nos queda construir algo que puede tomar o no del peronismo el nombre, pero que, en todos los casos, deberá cumplir con la misma misión histórica de engrandecer la Nación y lograr la felicidad de su pueblo, ese que aspira a mejorar y ascender en la escala social. Es decir: peronistas y macristas tienen asignada por la historia la misma misión que uno de ellos o ambos (en alianza formal o complementaria), completarán. No importa quién. Importa cómo. Si el macrismo se equivoca, no significa que algún peronista que se le opone tenga razón. La razón hoy la tiene el que comprende bien lo que debe hacer y lo hace del mejor modo posible. 

La tecnología facilita el gobierno, que puede disponer de toda la información necesaria para gobernar bien, y la transparencia facilita el acceso a la información por parte de todos—gobierno, oposición y población en general. Todos pueden participar y controlar planes, gastos y estrategias. ¿Qué haría un Perón joven en estos días, un Perón nieto del anterior? Los hijos, como suele suceder con los herederos naturales de los grandes patriarcas, se equivocaron fiero. Un Perón nieto que comprendiese que el autoritarismo y la violencia verbal de su abuelo sólo podían justificarse en relación a la magnitud de la revolución que llevó a cabo. Un Perón nieto al cual, por temperamento propio y por inspiración del abuelo convertido al final de sus días en un león herbívoro, no se le ocurriría jamás imitar aquella etapa inicial. 

 El Perón nieto sería muy formal, muy atado a las instituciones, con un republicanismo más natural que el de los radicales, ya que está acostumbrado a representar y respetar naturalmente a mayorías, sin importar su aspecto o proveniencia, y tendiendo también naturalmente a una práctica y democratizada convivencia. Esta actitud brindaría inmediata seguridad jurídica, ya que las posibles desviaciones autoritarias de los supuestos peronistas son las que retrasan la inversión de argentinos y extranjeros en el país. Argentinos y extranjeros a quienes todavía les falta encontrarse cara a cara con el nieto mejorado de Perón, su mejor obra en el tiempo.

 Auténticamente popular, el Perón nieto detestaría la falsedad de los populismos, que compran votos sin elevar al beneficiado en una calidad de vida duradera. A esta altura de la historia, el Perón nieto tendría una educación de alto nivel, posiblemente internacional, y miraría a la Argentina como su querida Nación, su hogar natural, pero también como una nación más en un mundo en el cual las naciones tienden a asociarse en grandes bloques, con el objetivo de formar alguna vez un gran bloque mundial en el cual las inevitables guerras de interés tomen otras formas que las de la destrucción física.  

El Perón nieto estaría a favor de un mercado tan libre como el mismo desarrollo armónico del mundo lo indique y sería tan espiritual como su temperamento le permitiese y, al mismo tiempo, extremadamente abierto y tolerante con las elecciones personales en materia de estilo de vida, creencias, expresión, preferencias sexuales, religión, etc. Un verdadero liberal con la diferencia peronista de interesarse muy especialmente por la promoción social de los trabajadores asalariados y por la educación e ingreso al trabajo de aquellos que están sin un lugar en la comunidad.

  El Perón nieto usaría la tecnología para hacer un veloz censo de la población en estado de necesidad alimentaria, de salud, educativa o laboral, y recurriría a las organizaciones sociales tales como sindicatos y otras no gubernamentales para incluir a toda la sociedad en el esfuerzo, antes que usar al Estado en sí mismo como el exclusivo instrumento de reinserción comunitaria.  

El Perón nieto haría rápidamente una organización fiscal federalizada y un reordenamiento impositivo adecuado a ésta. De ese modo, las responsabilidades administrativas quedarían en manos de quienes están de hecho más cerca de los beneficiarios de los servicios públicos, ya sean estos de infraestructura como de seguridad, salud o educación.

 En otras palabras, el Perón nieto dejaría atrás el estatismo de la primera historia peronista, sería totalmente liberal en materia económica y no se avergonzaría de ello. Más aún, explicaría al pueblo mal informado cómo la riqueza de una nación depende de la libertad para producir, exportar e importar y cómo, en una economía moderna, los trabajadores no tienen que estar protegidos por leyes laborales rígidas y abusivas del empleador, sino por seguros que contemplen todas sus necesidades de protección, seguros que, al igual que los sistemas de salud, pueden ser gestionados por sus mismos sindicatos.
 
 El Perón nieto sabría, sin que nadie tenga que explicárselo, que un trabajador nunca va a estar en negro si las leyes laborales dejan de castigar al empleador, pero también sabría, por su propia tradición e historia, que los trabajadores deben, absolutamente, estar protegidos porque su único capital es el trabajo, y se preocuparía así por hacer una rápida transición hacia el sistema de seguros, incluyendo la capitalización jubilatoria.

 ¿Podemos hoy ver nítidamente al Perón nieto en el macrismo o en alguno de los diversos peronismos? No. Todos atrasan. Son, además, bastante cobardes y no se animan a reivindicar lo único parecido a lo expresado más arriba, la experiencia Menem-Cavallo de los años 90, experiencia abortada con el prematuro divorcio del presidente y el ministro, origen de todos los males que vinieron después. Todos carecen, o de la comprensión profunda acerca de lo que hay que hacer o, cuando lo saben, del coraje necesario para explicarlo a quienes todavía están esperando una explicación correcta sobre el pasado y que ilumine el futuro. No se trata de shock o gradualismo. Ni de herencia recibida o a pesar de la herencia recibida. Se trata de mostrar un plan integral, de explicarlo y de ejecutarlo poco a poco, según el Congreso vaya aprobando las nuevas leyes necesarias. El Perón nieto sabe qué es conducir. Y si no sabe, aprende de las muchas enseñanzas prácticas que dejó su abuelo, un innovador en materia de percibir las necesidades de la comunidad argentina.

 Macristas y peronistas tienen hoy planes bastante semejantes, con la única diferencia de que uno lo está ejecutando y el otro, que mira y acompaña, no hace y queda libre para criticar. El futuro será sin embargo de aquel que se atreva a pensar y mostrar el plan que verdaderamente y en corto tiempo eleve a una buena condición de vida a las inmensas masas de desocupados, subocupados, no educados, sin salud ni servicios adecuados, y sea capaz, además, de hacerlo con recursos genuinos que no impidan el desarrollo de la Nación. El Perón nieto hoy no tiene partido, aunque le gustaría recuperar para todos los argentinos el Partido Justicialista de su abuelo, como parte de un legado histórico que merece su lugar tradicional.

 El Perón nieto puede ser cualquiera, venga del macrismo o de los varios autodenominados peronismos. Sólo basta con que sea peronista de verdad, y ese es un derecho que todos los argentinos tienen disponible, si se animan a ejercerlo. Aunque, claro está: no es quien quiere, sino quien puede.
 

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