La victoria de Trump en contexto
Ernesto Selman
Vicepresidente del Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (CREES), República Dominicana.


En la política
El resultado de las elecciones presidenciales de Estados Unidos de América ha sorprendido a muchos. Tal vez las pasiones y emociones hicieron perder la perspectiva de tantos que no pudieron ver tendencias y realidades.  Desde hace tiempo, el electorado estadounidense buscaba cambios en el fondo y la forma de hacer política.  De hecho, el voto a Obama se enmarca dentro de esta tendencia cuando prometía “un cambio en el que podemos creer”, según su propio eslogan de campaña.  Siendo un outsider y Senador junior de Illinois, los votantes depositaron su confianza en un discurso esperanzador, entendiendo que esta nueva figura, que no estaba contaminada de las prácticas de Washington, dejaría la politiquería de confrontación a un lado.
En la medida que fue pasando el tiempo, los estadounidenses percibieron que la política partidista de Obama y sus políticas públicas no reflejaban ese cambio que tanto se buscaba.  En política internacional, Obama mantuvo las mismas prácticas que criticaban de los que llamaron neocons (o neoconservadores) manteniendo un fuerte intervencionismo y actividad militar en distintas partes del mundo. El surgimiento de nuevos grupos extremistas durante su período, como EI o ISIS, que amenazan la forma de vida civilizada de libertades individuales en Occidente, fue importante para el electorado.  Los acontecimientos y atentados terroristas en Europa, unido a imágenes sangrientas de extremistas y migraciones masivas desde medio oriente, despertaron nerviosismo en una población escéptica de la efectividad de sus dirigentes para aplacar estos hechos.
En políticas públicas internas, Obama aplicó una agenda activista donde las regulaciones desde el Ejecutivo implicaba mayores costos de hacer negocios en una población mas inclinada a la libertad económica.  Su programa de reforma del sector salud implicaron aumentos importantes en el costo de las primas de seguro que pagan los estadounidenses, lo que provocaba cada vez mas rechazo en la medida que los efectos del llamado Obamacare se hacían sentir en los bolsillos de los ciudadanos.  La lenta recuperación económica luego de la crisis que vivían desde antes de su presidencia, sumado a un alto gasto deficitario que duplicó la deuda pública, indicaba que Obama había magnificado la política fiscal laxa que aplicó su antecesor.  Por otro lado, los mismos hispanos estaban insatisfechos porque nunca se aprobó la reforma migratoria que Obama tanto anunció en sus campañas y las deportaciones de ilegales llegaron a sus máximos durante los años del saliente presidente.
Para echar mas leña al fuego, el partido demócrata escogió como su candidata a la presidencia a la persona que mas representaba las prácticas tan criticadas de Washington.  Las triquimañas internas con la vieja maquinaria electoral de los Clinton hundieron las esperanzas de Bernie Sanders, quienes los demócratas percibían como el que limpiaría las viejas prácticas de Washington.  Durante la campaña interna del partido republicano era obvio que los políticos de larga data no contaban con la aprobación del electorado y por eso los que se candidatearon como outsiders eran los que tenían mayores probabilidades de obtener la candidatura, i.e. Ted Cruz y Donald Trump.  A raíz de la escogencia de Trump como candidato, que nunca había ostentado posición pública alguna, era obvio que el electorado buscaba una persona que no estuviera contaminada con los procesos políticos de antaño, bajo la esperanza de que llegaría a Washington a “limpiar” con las prácticas politiqueras que el electorado rechaza.  Trump pudo detectar el descontento de la población y en el proceso interno creó un movimiento político sin precedentes que atrajo a personas que no participaban en los procesos políticos.
Aquí reside el grave error de analistas y expertos que vaticinaban el triunfo de Hillary Clinton: subestimaron la participación de ciudadanos que se sentían defraudados por un sistema político que no respondía a sus preocupaciones e inquietudes.  De hecho, lo mismo sucedió en los procesos de referéndum en el Reino Unido con el Brexit y en Colombia con los acuerdos con las FARC.  Casi la totalidad de las encuestas en EEUU recogían los likely voters o personas que con mayor probabilidad irían a las urnas porque habían participado en procesos anteriores.  Esto era un error garrafal porque esas encuestas no recogen la probabilidad de que votantes registrados que no participaban en política irían a las urnas, muchos por primera vez.  Además, los análisis de votantes por etnia y razas se equivocaron porque el candidato ganador obtuvo mayor porcentaje entre afroamericanos e hispanos que otros candidatos republicanos en el pasado.
Es obvio que el candidato Trump asumió un discurso anti-establishment, separándose claramente de los políticos y las prácticas tan criticadas de Washington.  Esta fue su mayor herramienta, que la complementó con un discurso populista en contra de las élites y la prensa tradicional.  La retórica proteccionista y anti-inmigrantes de la campaña de Trump iba dirigida a un segmento del electorado muy específico: trabajadores en regiones donde la desindustrialización era más obvia, que se sentían amenazados por la globalización y los inmigrantes.  Esto resonó en el electorado de estados críticos que terminaron dando el triunfo a Trump, como Ohio, Pensilvania, Michigan y Wisconsin.  
 
En políticas públicas
Muchos se han escandalizado y con razón sienten temor por el discurso proteccionista y anti-inmigrante de Trump.  Asumen que un Trump presidente implementaría esta agenda extremista para un país como EEUU que siempre ha sido abanderado de la apertura de los mercados y ha sido receptor de flujos migratorios durante toda su historia.  Sin embargo, el sistema estadounidense está diseñado para que posiciones extremistas no se puedan traducir a la realidad fácilmente, con un fuerte orden institucional que implica contrapeso de poderes. 
En todo caso, ya es obvio que la retórica de campaña no se traducirá a las políticas públicas luego de que el presidente-electo Trump ha anunciado que sólo buscaría deportar los inmigrantes con antecedentes penales, básicamente la misma política que se aplica en la actualidad.  Además, ha aceptado que en la frontera con México no sería necesario un muro en su totalidad, sino que en muchas partes podrían haber verjas para delimitar las fronteras; algo que se viene haciendo desde la presidencia de Bill Clinton.
 
            Tratados de libre comercio
Con respecto a los tratados de libre comercio, el presidente de los EEUU tiene poder limitado en el sentido que son tratados internacionales y el Congreso debe involucrarse.  En el Senado  es donde existe el mayor contrapeso del Ejecutivo y donde la agenda de Trump tendrá que negociarse con mayor sensibilidad.  En ese sentido, el Senado cuenta con un mecanismo dilatorio denominado fillibuster que implica que uno o un bloque de senadores puedan retrasar la votación de cualquier legislación en el pleno.  Mientras estamos convencidos que los EEUU buscará debilitar los mecanismos multilaterales de negociación y se asumirá una política mas enfocada en el unilateralismo, no es menos cierto que no será un aislacionismo.  Es importante señalar que el Congreso de los EEUU ha otorgado al Presidente autoridad para negociar tratados de comercio (Trade Promotion Authority) hasta el 2018, lo que se podría extender; esto permite al Ejecutivo negociar y someter al Congreso para aprobación o rechazo por completo.  En todo caso, la política de comercio internacional parece que se enfocará en tratados bilaterales y no multilaterales, como se ha hecho recientemente con el Acuerdo Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés).
Mientras se podrá rechazar el TPP de inmediato, porque no ha sido ratificado en el Congreso, esto no será igual que otros tratados internacionales.  Ya se ha anunciado que se buscará renegociar el NAFTA, no derogarlo de inicio.  Dado que el NAFTA fue el primer tratado de libre comercio (de primera generación) con 26 años en ejecución y negociado en un contexto mundial muy diferente al que se vive hoy, no debe ser una sorpresa que se busque la renegociación del mismo.  Pero, no parecería que la retórica de campaña de imponer aranceles unilateralmente se traducirá a la realidad y las declaraciones recientes de la renegociación con México y Canadá indican que no se asumirán posiciones radicales del principal socio del acuerdo.  Es muy probable que se afecten ciertas inversiones, trabajadores y regiones enfocados en las exportaciones de bienes y servicios al Canadá y México, por lo que cualquier renegociación se hará con mucha cautela.
Con respecto al DR-CAFTA, tratado de libre comercio de tercera generación, no parece que sufrirá cambios mayores; si realmente se buscará una renegociación del mismo.  Dado que son pocos países pequeños, los EEUU posiblemente mantengan las relaciones como bloque.  Con el DR-CAFTA, EEUU consiguió que los países signatarios abrieran sus economías al comercio, luego de finalizar la Iniciativa de la Cuenca del Caribe.  Bajo esa iniciativa, EEUU permitía la importación de bienes y servicios de esos países sin barreras al comercio, mientras los países centroamericanos y la República Dominicana mantenían políticas proteccionistas hacia los productos y empresas de EEUU.  Además, el DR-CAFTA ha implicado cambios y mejoras institucionales para favorecer el comercio y garantizan las inversiones entre los países signatarios; no parece que EEUU tenga incentivos de cambiar esto, si acaso realmente buscará una renegociación.
 
            Política económica interna
Aparentemente, los cambios mas importantes se darán en las políticas económicas internas de EEUU.  Por un lado, estimamos que muchas reformas pendientes que los políticos tradicionales no han podido encarar serán abordados por la presidencia de Trump.  En este sentido, programas federales como el Medicare, Medicaid y Social Security,serán reformados para darles sostenibilidad en el tiempo; los dos últimos se perfilan tendrán dificultades financieras cuando se retiren los babyboomers.  También, se buscará eliminar o reducir múltiples regulaciones que se aplicaron bajo órdenes ejecutivas (decretos) durante la presidencia de Obama; regulaciones energéticas, laborales y medio ambientales, entre otras, que imponen mayor costo de vivir y hacer negocios serán objeto de revisión profunda. 
Por otro lado, es obvio que se buscará reemplazar y sustituir el famoso Obamacare por programas en el sector salud que incorpore mas elementos de mercado, dejando al lado directrices desde las agencias federales.  Igualmente, se ha anunciado que la responsabilidad en temas educativos se devolverá a los estados y se transfieran a éstos la mayor parte de los recursos que el estado federal dedica a esta área.  De seguro también serán revisados y reformados los programas de asistencia social, similar a las reformas que se aplicaron durante la presidencia de Bill Clinton bajo el Welfare Reform, que promulgó justo antes de su reelección.
 
              Política fiscal
Desde nuestra perspectiva, la mayor incertidumbre existe con respecto a la política fiscal, que parece contradictoria con respecto al gasto público.  Sobre este tema, Trump ha anunciado un ambicioso programa de obras de infraestructura que implicará mayor gasto público.  Estaría por verse si este mayor gasto público vendrá acompañado de ahorros en otras áreas del presupuesto federal.  Por otro lado, existe incertidumbre de cuál sería su política internacional con respecto a la participación de EEUU en distintas partes del mundo y el costo que ello representaría.  En ese sentido, Trump ha indicado que fortalecerá la potencia militar estadounidense y ha reiterado su posición de eliminar a ISIS, que implicaría mantener el activismo militar e intervencionismo internacional. Sin embargo, también ha anunciado que EEUU debe dejar de involucrarse en conflictos en muchas partes del mundo, dejando en el pasado el nation-building, y ha indicado que los países donde existen bases militares estadounidenses, que se benefician de la “seguridad” que ellos brindan, cubran parte del costo que representan.  Esto implicaría ahorro de recursos que hoy salen del presupuesto federal, por lo que habría que esperar las decisiones de políticas públicas que tomarán.
El presidente-electo Trump ha reiterado, por otro lado, que buscará simplificar el sistema impositivo de EEUU, reduciendo tasas y eliminando exenciones que han sido abusados por ciertos sectores de la economía estadounidense; el propio Trump, como empresario, se ha beneficiado de esos huecos (loopholes) del sistema tributario.  Esta sería una política atinada para reducir el costo de vivir y hacer negocios, buscando fortalecer las inversiones y la generación de empleos.  Estaría por verse el efecto neto en las recaudaciones, dado que existe mayor formalidad que en economías emergentes.  En el contexto estadounidense, mayor actividad económica generaría mayores ingresos fiscales, pero las menores tasas pueden generar menores recaudaciones si la actividad económica no responde como se espera. 
En países con mayores grados de informalidad, la simplificación de los sistemas impositivos con menores tasas y eliminación de exenciones pueden representar mayores ingresos al fisco en la medida que se integran segmentos importantes de la economía a la formalidad.  Estaría por verse, entonces, el efecto neto en un contexto donde sí existe un mayor grado de cumplimiento de las leyes impositivas.
 
              Política monetaria
Finalmente, habría que esperar las señales que envía la administración Trump sobre la política monetaria.  Las decisiones en esta área afectan al mundo entero porque EEUU emite la moneda mas utilizada en el comercio y los movimientos de capitales a nivel mundial.  Por encima de esto, el dólar estadounidense es la principal moneda de reservas, representando cerca del 65% de las reservas monetarias en todo el mundo. En este sentido, en la plataforma del partido republicano se incluyó un texto que buscaría crear una comisión para estudiar el regreso del dólar estadounidense al patrón oro.  Sólo con esta señal, se esperaría que se asuma una política monetaria menos laxa y acomodaticia a intereses políticos y económicos.  Esto se traduce a una política menos activista de la Reserva Federal (Fed) con la manipulación del dinero y el crédito.  Desde la crisis financiera internacional, la Fed ha aplicado una política monetaria ultra-expansiva a través de la emisión de dinero inorgánico y tasas de interés artificialmente bajas.  No parece que esta política continuará bajo la administración Trump, pero habría que esperar las señales que se envían durante la transición y luego de asumir la presidencia.
 
Conclusión
En conclusión, la retórica de la campaña del candidato Trump no parece se verán traducidas textualmente a las políticas públicas del Presidente Trump.  Los anuncios recientes con posiciones mas moderadas en distintas áreas hacen pensar que la presidencia de Trump se manejará con mayor prudencia de lo esperado.  Bajo un orden institucional fuerte como EEUU, un presidente no puede tomar decisiones radicales sin antes pasar por el filtro de un Congreso y una Suprema Corte de Justicia que juegan su rol; esto, a diferencia de muchos países con débil institucionalidad.  Esto no quiere decir, sin embargo, que no habrán profundos cambios en políticas públicas, bajo una visión política y económica muy diferente a lo que existe hoy.  El partido republicano tiene mayorías en ambas cámaras del Congreso con un Trump rodeado de asesores del mismo partido.  Si se asumen políticas públicas que realmente incrementa el potencial económico de EEUU, esto sería buena noticia para el mundo, no una amenaza. 
El comercio y las inversiones transfronterizos posiblemente se fortalecerán con el paso del tiempo y las incertidumbres cederán.  Estamos convencidos que la visión aislacionista que se tiene de Trump no se traducirá a la realidad. Lo que sí tendrá el mundo es un Presidente de EEUU que ejercerá un liderazgo sustentado en el poder militar y económico de su país, negociando mano a mano –one to one– con los distintos líderes del globo terráqueo.  Las reglas del juego internacional cambiarán, pero el juego se mantendrá en pie porque lo contrario sería mas costoso para los propios Estados Unidos de América.
 
 

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