Una nueva incoherencia internacional: Argentina Presidente Pre tempore del Consejo de Seguridad de l
Ricardo Runza

Ingeniero Aeronáutico y Magíster en Defensa Nacional.



¿Qué puede esperar un ciudadano común de nuestro planeta de las Presidencias temporarias del Consejo de Seguridad de la ONU?

¿Alguien puede pensar que una de las condiciones suficientes para que un Estado pueda presidir temporalmente el Consejo de Seguridad de la ONU sea sólo el hecho de ser Estado miembro de este organismo internacional? 
¿Alguien puede imaginarse que es suficiente que ese Estado tenga prioridad sólo por la letra con que comienza su nombre oficial?

Imaginemos que un directorio de una empresa o de uno de los más importantes consejos decisorios de una corporación cualquiera pueda ser presidido por una persona física que por el sólo hecho de ser miembro de esa empresa o corporación le de derecho a presidirla por un solo mes y que el orden de cambio de este puesto dependiera del orden alfabético de su apellido en una lista.

Hace unos días atrás el Estado argentino asumió la Presidencia Pre Tempore del más importante organismo de seguridad internacional que posee la comunidad internacional.

¿Qué expectativas puede tener de la Presidencia argentina del Consejo de Seguridad un ciudadano sirio? ¿Un egipcio? ¿Otro de África occidental? ¿Un israelí? ¿Un libanés? ¿Y alguna víctima del comercio de droga que sale por los puertos, aeropuertos y bases militares argentinas con destino a otros países?

Hay una sola respuesta: Ninguna.
Esta respuesta es tan contundente porque este puesto, asumido temporalmente por el Estado argentino, representa, por sí mismo, una incoherencia entre la formalidad y la realidad misma de este Estado, ya que la República Argentina, a través de su marco legal vigente y del diseño, organización y funcionamiento de su Sector Seguridad (es decir, de todos los organismos de los tres Poderes de los Estados nacional y provinciales dedicados a prevenir, responder y mitigar amenazas y riesgos a la seguridad) NO acepta ni conceptualmente, ni metodológicamente ni sistémicamente lo que la ONU recomienda a sus Estados miembros en materia de seguridad y en especial acerca de cuestiones particulares de organización y funcionamiento del Sector Seguridad de los Estados, precisamente para prevenir, responder y mitigar amenazas y riesgos a la seguridad internacional, nacional o pública.

Este Estado que asume tan importante estatus en la ONU (aunque sea sólo por un mes) es el mismo Estado que se comporta frente a la comunidad internacional como un Estado fallido en materia de seguridad.

Es el mismo Estado que es señalado por este organismo internacional en un documento oficial reciente como uno de los nuevos principales eslabones del narcotráfico internacional. (Ver el artículo periodístico aquí y también leer el resumen ejecutivo del Informe Mundial sobre Drogas 2013 de la UNODC aquí.

Es el mismo Estado que en los últimos diez años se viene configurando, lentamente pero a paso firme, de manera directa o indirecta, como un actor principal o secundario en amenazas y riesgos a la seguridad internacional, tales como: 1) el narcotráfico; 2) el alistamiento y sostenimiento de organizaciones terroristas; 3) el tráfico ilegal de armas, municiones y explosivos; 4) el trafico ilegal de personas; 5) el suministro de material y de conocimientos técnicos sensibles para el alistamiento de organizaciones terroristas estatales, paraestatales y no estatales con armas de destrucción masiva; 6) la impunidad legal y asilo efectivo al terrorismo internacional o nacional de otros países externos a la región; 7) el Cyber-ataque a otros Estados desde su propio territorio; 8) la negligencia propia en la regulación, control y prestación de servicios de su responsabilidad jurisdiccional relacionados con el transporte y la seguridad marítima y aeronáutica internacional y; 9) la confiscación ilegal y abusiva de bienes, títulos y valores de personas físicas y jurídicas de otros países externos a la región en su propio territorio jurisdiccional.

Es el mismo Estado cuya elite política y gran parte de su comunidad académica  no entiende que la palabra seguridad NO es SOLO un asunto meramente policial y que por ende no comparte conceptualmente lo que ese organismo internacional recomienda ni acepta tampoco lo que casi toda la comunidad internacional no discute técnicamente en materia de seguridad en general y en cuestiones de seguridad internacional, seguridad nacional (defensa, seguridad institucional y seguridad interior) y seguridad pública (seguridad ciudadana, defensa civil, seguridad marítima, aérea, fluvial, vial, ferroviaria y otras).

Este Estado que ha asumido tan importante cargo temporal en la ONU es el mismo Estado que no puede prevenir, responder y mitigar las amenazas y riesgos a la seguridad que padece su propia sociedad.

El actual Estado argentino no tiene una política ni una estrategia nacional de seguridad de amplio conocimiento público y sus Ministros y Secretarios de orden nacional han abandonado sus responsabilidades y funciones a nivel federal para dedicarse, definitivamente, a otras cosas.

Es el mismo Estado que, en este marco, ha decidido abandonar sus fronteras, puertos y aeropuertos.

Es el mismo Estado que, con la complicidad de casi toda su elite política, ha decidido destruir y minar toda su propia capacidad de prevención, respuesta y mitigación de amenazas y riesgos a la seguridad y que además se hunde en un tumultuoso y confuso mundo de corrupción en todos los componentes de su Estado nacional y en casi todos sus Estados provinciales y municipales.

Este Estado es el que no tiene aviones, buques, vehículos terrestres, armamento, radares, instrumentos de detección, sistemas y equipos tecnológicos, instalaciones, despliegue, presupuesto y personal debidamente instruidos, adiestrados y alistados de acuerdo a un plan y a una política determinada y sistematizada de seguridad.

Es el mismo Estado que carece de calidad y eficiencia en materia de seguridad. Que no tiene estadísticas confiables, que no posee métodos y protocolos aptos, factibles y aceptables y que no puede resolver sus problemas estructurales, doctrinarios, logísticos, operativos, de organización y procedimientos para brindar un servicio de seguridad acorde con las expectativas de sus ciudadanos.

Ahora bien, es un Estado cuya Jefa ha realizado un discurso en este Consejo reclamando a terceros Estados miembros de la ONU "la falta de respeto a los valores democráticos" y al "sagrado derecho de las personas a su privacidad" cuando en su propia jurisdicción ocurren casos escandalosos de espionaje ilegal sobre sus propios ciudadanos y organizaciones locales realizados por el mismísimo Estado argentino a nivel nacional y también provincial.
Pero es esta misma Presidente la que critica a este Consejo, que preside (menos mal) por un mes, por "ineficaz" y obsoleto y sobre todo por el poder de veto de cinco de sus miembros, con la pobre solvencia moral e intelectual, que le da el hecho objetivo de ser la única y principal responsable política de los síntomas de Estado fallido que presenta el propio Estado argentino hoy en día (en todos sus componentes: nacional, provinciales y municipales).
Cristina Fernández de Kirchner presidió el Consejo de Seguridad durante más de seis horas, pero sólo un poco más de 14 minutos invirtió en un discurso sobre los "grandes problemas del mundo", para cuyo abordaje pidió "una nueva doctrina" y un "replanteo" de los organismos multilaterales, para que "sirvan para gestionar" las crisis. Dios nos libre si por su cabeza se le ocurre que la comunidad internacional y sus Estados tienen que seguir los cambios doctrinarios y replanteos que ella ha ejecutado en el Estado argentino, de la mano de ciertos ideólogos locales y de sus funcionarios poco idóneos, que no han hecho más que cosechar fracasos en todos estos años, con las consiguientes pérdidas de vidas humanas, bienes y libertades que ha sufrido toda la sociedad argentina con paciencia y con resignación. 
Y mientras la Presidente de la República Argentina tuvo su momento de gloria personal en Nueva York y su ego obtuvo su premio, toda esta incoherencia tuvo cabida y mientras se brindaba con champagne, otros seres humanos en otros lugares del planeta murieron violentamente, otros sufrieron la pérdida de sus bienes y otros muchos más padecieron el menoscabo de sus libertades. Muchos de ellos por culpa de la negligencia e irresponsabilidad del propio Estado argentino.
 

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