Despues de mi, el diluvio
Malú Kikuchi
Periodista. Conductora de "Cuento Chino" y "La Dama y el Bárbaro", radio El Mundo. Premio a la Libertad 2013, Fundación Atlas para una Sociedad Libre.


Y pasaron las PASO. Al pasar dejaron en claro que el mítico 54% de octubre 2011 en apoyo a Cristina, se había minimizado a un escuálido 26%. Nunca se vio tanta velocidad en la caída. Es para el Guiness. En 22 meses rifó, dilapidó, 4 millones de votos. ¡Qué éxito para el fracaso!

A pesar de lo cual, Cristina decidió no darse por enterada. Ella no perdió las PASO, si es que se perdieron, es responsabilidad de Scioli, Insaurralde, Moreno, Kicillof o el quiosquero de la esquina. Además, las PASO no son elecciones, cuanto mucho una encuesta general, que se puede revertir.

Y en eso está. Tratando de revertir resultados. ¿Podrá? Primero el tema ganancias que se lo venían pidiendo desde todos los sectores de asalariados en blanco; luego el monotributo, también reclamado por muchísima gente. Y algunas reuniones con empresarios, banqueros, industriales y gremialistas.

Diálogo, poco. No se siente cómoda si le contestan a lo que predica, o si osan preguntarle algo. Pero hizo un simulacro de reuniones dialogadas. Y hasta dio una entrevista a un periodista que trabaja en medios gubernamentales.

Pedirle más sería utópico. De todos modos, en un tiempo de franquezas, Berni reconoce que “la inseguridad es palpable”, Filmus admite que el gobierno devalúa “un poquito”, son varios FPV que reconocen que la inflación no es la del INDEC. Gallucio se atreva a decir que el tema energético es grave. Pero Cristina, decide que sus ideas son las correctas y que un poco de maquillaje admite (en política, porque en la cara usa demasiado), pero no piensa cambiar.

En la 3° reunión del “diálogo social” ¿?, en la Rosada, la presidente aclaró que mientras ella esté al frente del gobierno, la política económica no va a cambiar. No piensa devaluar, aunque todos los días el US$ oficial sube 1 centavo y a veces dos. La devaluación es ajuste y ella no va a ajustar.

Aunque sea imprescindible. Porque nadie le presta a Argentina nada, ende no hay inversión genuina, por lo tanto el empleo estatal debe aumentar para que no haya desempleo, lo que redunda en que todos sean más pobres, y como no quiere que caiga el consumo, la única opción es imprimir muchos billetes sin valor, que la gente gasta rápido ya que no puede ahorrarlos y no puede comprar moneda con valor estable por culpa del cepo cambiario.

Pero en algún momento los cuentos de hadas y de brujas llegan a un final. No siempre termina con “y fueron felices”. En Argentina, que está enamorada del fracaso económico y lo reitera una y otra vez, los “relatos” terminan con “rodrigazos”,  hiperinflación, “cirugía sin anestesia”, o finales 2001/comienzos 2002. La realidad se hace presente y nos deja knock out.

Cristina debe saberlo. Por más que crea firmemente en sus populistas políticas económicas, debe saber que las cosas así, no pueden seguir. Dos más dos es cuatro, aunque no le guste, y esto va a terminar mal. Su respuesta sigue siendo, “mientras yo sea presidente no hay cambios en la política económica”. “Después de mi, el diluvio”, y no es precisamente el que le hace falta a las provincias incendiadas para apagar el fuego. Es el diluvio bíblico, el de Noé. Pero Argentina ni siquiera tiene arca.

Debe saber que el Único que podía multiplicar los peces y los panes (no apocopar las palabras que el presidente Maduro dice barbaridades), era Jesús. Los humanos debemos tener libertad para crear, libertad para invertir, libertad para trabajar, libertad para disponer de nuestros bienes legal y honradamente adquiridos con nuestro esfuerzo. Capital, justicia y libertad. No un estado que nos dice hasta lo que debemos pensar.

Los regalos, los subsidios, las presiones, las amenazas, las coerciones, las mentiras, el ocultamiento siempre insuficiente de la realidad, tienen un límite. Y si Cristina se niega a pagar el costo de su onerosa y empobrecedora política populista, con el cuento de la inclusión de todos y todas (que me excluyó, como a tantos otros), el diluvio va a llegar.

El de La Plata será el recuerdo de un arroyo desbordado, El Gato, oficialmente entubado 3 veces, -nunca lo fue-. El diluvio que vendrá se va a parecer más al tsunami de Japón. Pero Cristina dejará el gobierno el 10/12/2015, con sus políticas intactas, y a su pobre sucesor y a la Argentina toda, distorsiones económicas infinitas, malas relaciones con el resto del mundo y amistades indeseables. Un diluvio fenomenal. ¡Argentinos, a los botes! ¿O sólo nos quedará la capacidad de fabricar jangadas?
 

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