Guillermo Moreno: El federalismo y los estragos de las inundaciones
Ernesto Poblet
Historiador y abogado, experto en energía.


Las imágenes del “tengo hambre de agua” en un pueblito salteño y la falta de muebles, heladera, cocina y los precarios colchones mojados en una humilde casa de los alrededores inundados de la ciudad de La Plata , devinieron en cuadros de congoja para la masiva audiencia televisiva de Jorge Lanata.  En ambos casos con madres llorando su tragedia junto a sus chicos desnutridos, en filmaciones que no provenían de una película de terror con Boris Karloff.  Se trataba de realidades crueles y absurdas que no se pueden perdonar ni clausurarlas en el olvido por más poderosos que fueren sus responsables directos. El gobierno nacional ha asumido todas las potestades públicas para recaudar fondos a granel y disponerlos a su antojo, por lo visto también incluye la de la coacción a empresarios a efectos de “ayudar” a las víctimas de siniestros imponderables como los daños causados por las inundaciones.   
 
Llámase “estrago” al daño o destrucción ocasionado por una guerra y otras veces un agente telúrico o natural. La inundación es una causal de Fuerza Mayor que justifica adoptar medidas extraordinarias de emergencia, auxilio y salvataje.  Con una rapidez que hizo desconfiar hasta al más santo… saltaron Moreno y la Cámpora para aprovechar ellos la oportunidad electoralista en competencia heroica y enternecedora, sinergizando sendos histrionismos filantrópicos de ternura compasiva.  Los muchachos camporistas al mando de un improvisado mariscal de campo se apoderaron de las colectas populares para repartir ropa, alimentos y demás enseres ostentando el uniforme que lucía el logo de la organización que “fundara y lidera” Máximo Kirchner, como gustan afirmar.  Por otro lado el feroz Secretario de Comercio Guillermo Moreno apestillaba empresarios para sumar 35 millones de pesos prestamente depositados en una cuenta bancaria con vocación de dormir allí el sueño de los justos, desgastados y sin plazo de entrega a sus desesperados destinatarios...  Va de suyo, el acto de exacción paradigmático lo protagonizó el señor Moreno en uso de las facultades delegadas de oficio por la señora Presidente como poseedora dilecta de la suma del poder público.
 
El sadismo del señor Moreno no exime de responsabilidades ni a su mandante la presidenta al retener por meses los fondos para adquirir urgente frazadas, colchones, heladeras, cocinas, estufas, abrigos, demás enseres y alimentos para lo cual los 35 millones de pesos - aún pasibles de inflación por el tiempo a transcurrir- podían paliar de inmediato los sufrimientos de las familias damnificadas en las largas noches del singular invierno de este fatídico 2013.
 
¿A qué obedece este sistema de brutal insensibilidad frente al sufrimiento de la gente damnificada…?  ¿Fue un olvido o una inmarcesible estupidez…?  ¿No es un delito doloso abandonar a sabiendas miles de familias a las inclemencias del temporal y los desbordes inusitados de las aguas en pleno invierno y durante largos meses…?  ¿O se trata de burocracias del gobierno nacional cebadas en el manejo monopólico, fácil y sin controles de las finanzas, mediante un centralismo perverso que les hace sentir a los responsables superiores el señorío de una paradojal y fría propiedad privada de los bienes públicos para disponerlos a su violento antojo…?
 
Si cualquier ser humano que no ostenta cargo público alguno se le ocurre retener indebidamente por meses los millones de otro o malversarlos, o con ardid o engaño se los apropia o intenta hacerlo, en tales casos se hace pasible de una pena instituida por el Código Penal, incurriría por lo menos en la tipificación de la defraudación o la estafa.
 
Cabe otro interrogante pues el acontecimiento de la retención delictiva ha sido publicado con detalles y documentación exhibidos en diarios y TV.  ¿Cuál es la razón para no conocerse ninguna actuación procesal de jueces y fiscales competentes denunciando a los responsables del delito perpetrado con consecuencias gravosas no sólo con efectos patrimoniales contra las víctimas, también se sufren otros suplicios,  daños a la salud y muerte, mientras los millones de pesos de la gente permanecen estancados en una cuenta, achicharrándose por la inflación.
 
Frente a la señalada crueldad inaudita, surge la responsabilidad por la falta de previsibilidad de los funcionarios competentes de la política hídrica contra las inundaciones.  ¿Se ha investigado si los suministros y obras de prevención no se implementaron por las rencillas domésticas entre la señora presidente y sus retaceos de fondos al gobernador Scioli con motivo de especulaciones públicas y notorias…?  ¿Se ha profundizado alguna investigación del acto jurídico publicado en diarios por el cual el Ministerio de Planificación del arquitecto De Vido dispuso malversar los fondos previstos para  las obras hídricas tranfiriéndolos alegremente al emprendimiento Tecnópolis…?  ¿No sería esto otra grosera e irresponsable malversación de fondos articulando así una política de deterioro a la previsión para evitar o atenuar los perjuicios de posibles inundaciones…?
 
Estas imprevisibilidades fatales se cometen por el monopólico acaparamiento y centralización de potestades a favor del Estado Nacional, restando o deteriorando las funciones legítimas de obras y servicios competencia indelegable de provincias y municipios. 
 
En la última década se ha operado una cirugía desmadrada de nuestro federalismo.  Mientras tanto, si de paradojas se trata, el Estado Federal omnímodo y abusador ha pasado a ser una entelequia reducida a la Casa Rosada , la Quinta de Olivos, Tecnópolis, los Ministerios de Economía y de Planificación tan sólo para el manejo exclusivo de las finanzas y como único sector del Poder Legislativo de la Nación la cúpula de los bloques oficialistas de ambas cámaras del Congreso, eso es todo el gobierno federal de hoy y a las veinticuatro entidades autónomas las han transformado en dos docenas de provincias cenicientas, cuando éstas constituyen la verdadera nación y el pueblo de la República Argentina.  
 
Antes, en otros tiempos, los golpes de estado militares duraban tan sólo un día maldito para destruirlo todo.  En el presente han operado una década casi entera para demoler las instituciones con toda parsimonia y estrategia minuciosa.  Pero parecen no darse por enterados, se les acerca un próximo destino o finales de ciclo junto a la serie de debacles que han comenzado a estallar. Talvez podrían caer bajo cierta comedia de auto-destitución tras una  irremediable implosión.
 

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