Cristina Fernández quiere encarnar el antimacrismo
Claudio Chiaruttini
Politólogo y destacado periodista.


Con el cierre del plazo para la presentación de frentes y alianzas electorales, quedó en claro que mientras Cristina Fernández quiere encarnar el antimacrismo creciente y darle un golpe definitivo al peronismo como fuerza política, para imponer el cristinismo en su lugar; el Gobierno busca un respaldo electoral que asegure llegar tranquilos hasta 2019 e ilusionarse con un posible nuevo mandato del PRO. Por su parte, Sergio Massa se encamina a saber si es un proyecto presidencial o sólo una fuerza provincial.
La decisión de Cristina Fernández de ir por fuera del peronismo fue una amenaza para convencer a Florencio Randazzo a someterse a una lista de unidad, que se terminó de concretar. Ahora, junto con Sergio Massa, tratan de vaciar de intendentes el sostén electoral del ex Ministro como en 2015 hicieron Daniel Scioli y Mauricio Macri con el Frente Renovador.
El martes, en el Instituto Patria, Cristina Fernández logró reunir a 33 intendentes bonaerenses que están en el poder y prometen llegar a 45, de piso, para el acto de lanzamiento de la candidatura de la ex Mandataria. Por su parte, Florencio Randazzo dice que cuenta con la adhesión de 11 alcaldes. En total, el peronismo tiene 65 alcaldes en funciones, por lo cual, la pelea, ahora, es uno a uno por llevarlo a un lado u otro.
Pero todavía faltan por tomar posiciones muchos intendentes que perdieron sus territorios en 2015 y los que nunca llegaron a ganar (dado que son de distritos donde gobiernan radicales, macristas o vecinalistas). Sin embargo, el kirchnerismo tiende a despreciar a “los sin tierra”, como se les llama; y a este grupo, unirse a Florencio Randazzo no le asegura ganar poder político importante, por lo cual, quedaron en un limbo donde se volcarán hacia el candidato que les haga la oferta más atractiva de sumar concejales.
Viernes y sábado, el kirchnerismo hizo circular el rumor de que los alcaldes que siguen a Florencio Randazzo se dieron cuenta del error y ahora no quieren tener que competir con una lista local de Mario Ishii y otra de Guillermo ”Lassie” Moreno. Pero en realidad, nada ha cambiado para ellos después de la presentación de las alianzas y frentes. Al contrario, ahora tienen un incentivo mayor para seguir con el ex Ministro: Con muy poco, se pueden quedar con el control del Partido Justicialista de la Provincia de Buenos Aires, un instrumento político formidable, si es bien usado.
Jaime Durán Barba fue el primero que sostuvo que no importaba el nombre de una agrupación política, dado que los votantes eligen personas y propuestas selectivas; por lo cual, tener el sello o el color de un partido político tradicional no tiene importancia. Pero esta afirmación va en contra de lo que ocurrió en el cierre de alianzas del PRO, donde el Gobierno forzó las cosas hasta tal punto que logró mantener el genérico “Cambiemos”, con varios aditamentos, en 23 distritos, con excepción de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde van con la denominación “Vamos Juntos”.
Por ejemplo, en Corrientes, se llama ECO-Cambiemos. En La Pampa es Propuesta Frepam-Cambiemos. En Salta es Cambiemos País. En Tierra del Fuego, Cambiemos TDF; en Jujuy, Frente Jujeño Cambiemos; en Tucumán, Cambiemos para el Bicentenario; en Catamarca, Frente Cívico y Social -Cambiemos; en Santa Cruz, Frente Unión para Vivir Mejor –Cambiemos; y, en San Luis, Frente Avanzar y Cambiemos por San Luis.
De esta forma, cuando se realice el recuento de votos, tanto en las PASO como en la Generales, el Gobierno podrá sumar todas las marcas que tengan la palabra “Cambiemos”, que supera en número a las marcas que contengan el nombre “peronismo o peronista” o Frente para la Victoria.
Curiosamente, el viejo y poderoso Frente para la Victoria estará sólo presente en Chubut, Río Negro y Santa Cruz. En Formosa es Frente de la Victoria. “Unión Ciudadana” no sólo está en Buenos Aires, sino también en Catamarca, Misiones, Neuquén y Salta; mientras que en la Ciudad de Buenos Aires es “Unión Porteña”. En el resto de las provincias, el kirchnerismo va subsumido en el peronismo o divididos (como en Entre Ríos, San Juan, Tucumán, Tierra del Fuego, Jujuy y La Rioja); lo que ya es una demostración de la debilidad política que tiene la marca desde que Cristina Fernández dejó la Casa Rosada y se interesó sólo por la interna bonaerense.
Sorprende la improvisación de la “Mesa Chica” de Cristina Fernández al elegir el nombre y el logo del nuevo frente. Son estas inconsistencia lo que confirma que “La Cámpora” nunca logró aprender las tareas propias del armado de una campaña electoral, (que siempre fueron encargada a peronistas con vasta experiencia) y que sin la abundancia de los recursos públicos, se mueven muy torpemente y con una ineficiencia abrumadora.
Pero así como a Cristina Fernández ir por fuera del Partido Justicialista bonaerense no le asegura someter a Florencio Randazzo ni que los intendentes no abran listas y las coloquen con el ex Ministro de Interior o con Sergio Massa; al Gobierno no le asegura un aumento importante de legisladores tener la marca “Cambiemos” en todo el país. Las alquimias políticas o de marketing político son sólo un condimento de una elección.
Pese a que falta una semana para el cierre de las listas con los nombres de los candidatos, la lucha interna entre el macrismo y el radicalismo es muy fuerte. Pese a que la orden presidencial fue evitar las PASO, a estas horas, parece que “Cambiemos” tendrá este tipo de elección en dos o tres distritos, entre ellos, Córdoba.
Los rumores también dicen que Elisa Carrió aceptó no ser candidata en la Provincia de Buenos Aires y cedió al pedido presidencial de ir en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a cambio de 4 puestos en las Listas de Diputados Nacionales, dos de ellos como “extrapartidarios”; algo que está generando inmensas discusiones en las filas del macrismo porteño, donde las “espadas” del Gobierno de Horacio Rodríguez Larreta y algunos altos funcionarios de la Casa Rosada habían presentado pedidos por más de 12 cargos a salir, algo que es imposible de cumplir.
Es cierto que los operadores de Mauricio Macri le aseguraron al Presidente de la Nación que en unas 18 provincias, el primer en la lista para Diputados Nacionales, será macrista; pero imponer la marca “Cambiemos” le podría costar muchos cargos potenciales que hubiesen obtenido si otras personas, con otra fuerza y capacidad, hubieran realizado las negociaciones del armado en el interior del país.
Ninguna de las fuerzas políticas principales la tienen sencilla para el cierre de listas y para las dos votaciones por venir. Aunque vaya por afuera, Cristina Fernández deberá imponerse a Florencio Randazzo y a “Cambiemos”; el Gobierno puede que saque más legisladores de los que pierde en Diciembre próximo, pero habrá que ver si el PRO sigue siendo la bancada más importante de “Cambiemos” en la Cámara Baja. Por fin, Sergio Massa deberá conseguir lo que no pudo en 2015: abrirse una brecha en la pelea entre kirchnerismo y antikirchnerismo o entre macrismo y antimacrismo, como se la quiera llamar.
Pese a tener sólo 3 intendentes en funciones que lo apoyan, Sergio Massa logró la adhesión de más de 50 partidos vecinalistas, lo que le otorga una mínima estructura de control de las urnas en casi 2/3 de los municipios bonaerenses. Sin embargo, una movida muy astuta del Gastronómico Luis Barrionuevo le permitió al Frente Renovador cerrar un acuerdo con Hugo Moyano y los gremios del transporte; lo que le permitió al tigrense rearmar la “pata sindical” que muchos crían que había perdido con la salida de la agrupación, hace algunas semanas, de Rodolfo Daer, del gremio de la alimentación y Secretario General de la Confederación General del Trabajo.
Con su “cintura” política, Luis Barrionuevo se dio cuenta que en medio de los “misilazos” entre el kirchnerismo y el randazzismo, nadie se había preocupado de seducir a una parte del sindicalismo peronista. Hoy, Florencio Randazzo tiene apoyo de metalúrgicos y siderúrgicos, además de aquellos que estaban con Omar Viviani; Cristina Fernández casi no cuenta con espacio para darle a los sindicatos, dado que tiene varios partidos menores que reclaman espacios en sus listas; lo que dejaba “huérfano” al moyanismo.
De esta forma, Hugo Moyano, que había apostado al macrismo, el massismo y el sciolismo en las elecciones de 2015, ahora se concentra en el Frente Renovador, lo que deja abierta la posibilidad de una alianza mayor en vista de las elecciones de 2019; lo que sería un interesante punto de partida para ver cómo se reordenará el peronismo luego de Octubre.
Es para el 2019 que Sergio Massa hizo el acuerdo con Hugo Moyano. Es para el 2019 que Cristina Fernández quiere darle un “golpe de gracia” al peronismo en la Provincia de Buenos Aires y encarnar el antimacrismo más furioso. Es para el 2019 que Jaime Durán Barba quiere la marca “Cambiemos” como ganadora de las próximas elecciones.
Es una torpeza que algunos candidatos, como Margarita Stolbizer, sostengan que es inútil tener PASO. Es cierto que son pocas las agrupaciones que la usarán. Pero no es un problema de las PASO, sino que con reunir muy pocas firmas se crea un partido y se lanzan candidatos. Por ejemplo, Cristina Fernández formó su alianza con 5 agrupaciones, lo mismo que Florencio Randazzo, mientras que “Cambiemos” en la Provincia de Buenos Aires la conforman 11 partidos políticos.
Los otros dos problemas de las PASO son la abundancia exagerada del “dedazo” y la negativa a dirimir diferencias partidarias en internas abiertas, como fue el caso de Cristina Fernández con Florencio Randazzo. Por eso, aunque cuesten 2.800 millones de pesos, los instrumentos electorales no son malos, sino su uso indebido por los políticos.
Todavía falta unos días más para la presentación de candidaturas. Aún puede haber sorpresa por la renuncia de unos a un frente y su incorporación a otro como “extrapartidario”. Pero se va acabando el tiempo de las encuestas especulativas y de las alquimias políticas. Entonces, comenzará la pelea por los votos. Mauricio Macri, María Eugenia Vidal y Germán Garavano ya probaron la estrategia del kirchnerismo: no dejarles caminar la calle. Eso anticipa una campaña muy agresiva, en especial, para el Gobierno.
 

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