Manuel Mora y Araujo y lo inmenso
Luis Costa

Es un especialista en análisis político y en encuestas de intención de voto en la Argentina, América Latina y los Estados Unidos. Ha trabajado como asesor para inversores en climas políticos complejos y para el universo corporativo en escenarios de crisis.

Director desde 2010 hasta 2016 de la consultora Ipsos Mora y Araujo, coordinó estudios multi-país para el Banco Interamericano de Desarrollo, Pew Research Center, Corporación Andina de Fomento y Unicef entre otros. Ha trabajado con proyectos para el sector privado en todo América Latina coordinando proyectos simultáneos en varios países.

Sociólogo de formación, cuenta con un posgrado en Estadística en la FLACSO. Es Profesor titular en la maestría de Marketing Político en la Universidad del Salvador y columnista habitual en medios de comunicación.



Me dijo que Alvin Toffler era su amigo, y me lo dijo al pasar, porque la anécdota era que Toffler le decía entre risas que vendía muchos más libros que el aburrido de Daniel Bell. Y entonces Manuel se me hizo inalcanzable para siempre.

En sus historias se representaba un mundo inmenso y universal. Los que para nosotros eran libros y autores de la facultad, en Manuel eran vida cotidiana porque él había sido el que también construyó, como Toffler y Bell, y Habermas y todos, el conocimiento de la sociología moderna. Manuel era igual que ellos, igual que los libros, Mora y Araujo llegó a este mundo de las encuestas luego de una carrera académica absolutamente relevante y fijada en sus maravillosos trabajos sobre el peronismo. Esto de que el peronismo se orientó como un partido obrero en los grandes centros urbanos industriales, y como un partido conservador en los aglomerados tradicionales con menos desarrollo fabril, me ha resultado siempre un resumen brutal de cómo puede funcionar la modernidad. Un mismo actor puede ser, desplegado en campaña, dos cosas al mismo tiempo dependiendo de quién lo observe. El peronismo sigue siendo, todavía, eso mismo, un cuerpo adaptable a las circunstancias.

En la década de 1980 comenzó a crear su magnífica máquina de hacer encuestas perfectas. El entonces presidente de una tabacalera le apostó que no podía tener razón en que Alfonsín iba a ganar la elección presidencial de 1983 y con asombro tomaban sus datos de que Cafiero parecía perder la interna contra Menem. En el que tal vez fue su caso más maravilloso, viajó con su empresa a Nicaragua y sólo él y otra consultora pudieron prever la sorpresiva victoria de Violeta Chamorro en la elección presidencial. A Manuel le iba bien en el mundo, no sólo en Argentina.

Vivía en él un deseo incontenible de saber. Manuel comía información, disfrutaba la incorporación sin miedos de los datos y bailaban en sus pensamientos desde un análisis de riesgo financiero hasta una novela china antigua. A todos les ofrecía su espectáculo maravilloso de combinaciones, y en él todo eso quedaba siempre más lindo.

Manuel te escuchaba. Dedicaba mucho tiempo a prestarles atención a los otros, a conocer lo que tenían para pensar sobre lo que fuera. Al contrario de alguien que tenía derecho a exigir que todos nos rindiéramos a sus pies, se sentaba a nuestros pies y nos invitaba a estar con él también ahí relajados. Lo que más voy a extrañar es poder llamarlo y hablar, que me llame y me diga de ir a almorzar y que en el almuerzo usemos la sociología para reírnos del mundo. Nunca fui un sociólogo tan feliz como estando con él.

Manuel, no sabés lo que te perdiste estos días. Habló de nuevo Cristina en una entrevista, mismo formato de siempre y larga. Creo que lo más interesante que te podría decir es que comprueba que obviamente no hay manera de que cambie, ni ella ni los que la siguen. Qué bárbaro, ¿no? Después siguen apareciendo videos caseros de Randazzo, filmados con el celular. Ahí creo que está lo más atractivo, ¿verdad?

Un día mi abuela falleció y sentí desde ese momento que de alguna manera sabría qué hubiera dicho en cada momento que no pudo conocer. Con Manuel imagino lo mismo, imagino con facilidad sus probables reflexiones sobre todo lo que está por venir porque va a estar con nosotros siempre. Algo de él, lo que logremos, seguirá en nuestro conocer.
Amaba a sus hijos fervorosamente y sus hijos vivían en él. Ellos aparecían en la conversación, sus nietos aparecían, su esposa Puppe aparecía. En las charlas sobre la sociedad todos ellos se hacían presentes en la conversación porque, junto con él, eran protagonistas de la vida esta en la que pensábamos todo el tiempo, y personificaban ejemplos extraordinarios de los caminos posibles para los sujetos modernos en la sociedad moderna. Allí estaban en la mesa del restaurante desde Durkheim hasta su nieto, y todos en la danza maravillosa de su reflexión.

A pesar de que ya no voy a poder esperar nunca más tu correo electrónico con comentarios sobre mis artículos en Perfil, voy a imaginar que los leerías todos. No sabés Manuel todo lo que estamos diciendo sobre vos en Perfil, es maravilloso. Te voy a extrañar, pero te aseguro que vas a seguir en mí. 


Publicado en diario Perfil.
 

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