Cambiemos: Un nuevo positivismo político
Gustavo Gabriel Acosta
Integrante del Programa de Jóvenes Investigadores 2017.


Dentro de los nuevos tiempos de la política argentina inaugurado con el triunfo de CAMBIEMOS y fundamentalmente con  la llegada al poder de un nuevo partido político que no pertenece a los partidos históricos, que se han disputado el poder en la historia argentina como es la Propuesta Republicana de Mauricio Macri. Hemos llegado a un nuevo tiempo en que muchos autores buscan otorgarle un cariz ideológico al partido del presidente de la Argentina.

                Sin embargo tenemos varios problemas de los analistas en su definición, para la llamada “izquierda política”, que busca entre sus históricos contrincantes adjudicar al partido de Mauricio Macri los ´90, el liberalismo, las ideas de Hayek o Friedmann, la disgregación social colectiva en pos del individualismo, que obviamente trae consigo de ciertos sectores liberales argentinos una reacción contraria, como Jose Luis Espert definiendo a Cambiemos como “kirchnerismo con buenos modales” o Javier Miliei como “socialismo amarillo”. El PRO y los valores que formaron la coalición de gobierno CAMBIEMOS se convierte en un hijo no reconocido del liberalismo, vilipendiado por aquellos sectores que se consideran a sí mismos la izquierda política como parte de un nuevo resurgimiento de las derechas latinoamericanas.

                Podríamos preguntarnos ¿hasta qué punto la distinción entre derechas e izquierdas resultaría legítima?, de una u otra forma encubre los grises casi siempre muy recurrentes en la vida política moderna donde la distinciones no son claras. Como muchos liberales el sociólogo francés Raymond Aron ve al fenómeno político con un papel altamente condicionante en las coyunturas de cualquier agrupamiento humano, para él la distinción de derechas e izquierdas responde a características más sentimentales que políticas de forma que al asignar estas características, ocultamos también terceras opciones al estar enfrascados en dualismos obtusos.

                Lo cierto es que estamos ante nuevos paradigmas de cambios políticos, donde el tradicional juego partidario ha cambiado, así la figura personal se ha transformado en el principal impulsor de una campaña, donde se aluden a soluciones eclécticas no a reivindicaciones históricas y el liderazgo adquiere un tinte de horizontalidad, se reivindica al equipo.

                El PRO ha sido evaluado y catalogado pero en cada definición entra la incomodidad y la incertidumbre, a diferencia del peronismo, donde se vuelve una instancia del poder que ha atravesado distintas fases, pudiendo ser hacedor de diversos matices. El PRO por lo tanto  ha adquirido esta característica donde confluyen diversos sectores ideológicamente disimiles pero pragmáticamente reconciliables, con la diferencia que al ser reciente adquiere nuevos valores que no se anclan en la las burguesías postergadas y ávidas del poder político fruto de la inmigración y el surgimiento del estado nacional como la UCR, o sectores postergados fruto de la inmigración interna hacia las grandes urbes como el PJ, sino más bien en el rearme de un nuevo frente electoral que alineo a expresiones de viejos partidos liberales y conservadores como la UCeDé, RECREAR, incluso del peronismo en un contexto de crisis económica como fue el 2001.

                En mi opinión la crisis que es el contexto que formó a este practica, demarca también un nuevo resurgir de una propuesta que no viene asentarse en los viejos paradigmas de la UCR y el PJ como dijimos en el párrafo anterior, ni tampoco en recuperar las ideas de Alberdi como diría la UCeDé, sino en recomponer esa sociedad convulsa y agobiada en que los contratos sociales[1] se han roto. Todo esto trae consigo la búsqueda de nuevo valores que permitan la cohesión social, si analizamos dichos valores se resumen en un tríada de CERCANÍA-POSITIVIDAD-FUTURO,  si admitimos una mirada superficial, tales conceptos no traen consigo una definición ideológica claro, tales como la “justicia social” en el PJ, la “institucionalidad y la democracia” en la UCR. Pero el hecho de que no remitan a viejos eslóganes conocidos, no quiere decir que no podamos sacar una nueva premisa ideológica. Todo lo contrario, tales valores adquieren la apariencia de neutralidad y están más emparentados con la autoayuda que con ideales políticos.

                Pero si realizamos un análisis a fondo de dichos valores, tales pueden ser hallados en manuales de management empresarial, algo que no debería extrañarnos, puesto que los orígenes de su principal impulsor se refieren justamente a la clase empresarial argentina que trae consigo  su tendencia a la suficiencia en la especialización y la tecnocracia.

                La tecnocracia cuyos orígenes se remontan al positivismo de Saint Simon, Comte y Durkheim, y mucho más atrás a la sophocracia de Platón, tiene en su germen nuevos ideales que resolverían los problemas de la sociedad moderna, mientras para el liberalismo estos problemas se sintetizaban en la matriz del estado y su intromisión promoviendo equilibrios que no anulan las tensiones sociales o el marxismo con las contradicciones entre las relaciones de producción y la fuerza de producción en la misma infraestructura del capitalismo, el positivismo sostiene que se trata ante todo de un problema de organización, su fe en la ciencia y la técnica como directrices del progresos, sería capaz de llevar a mejores condiciones de vida.

                La propuesta del positivismo a los problemas sociales se resumirían en dos patas: “organización y moralización”. Se necesita entonces una nueva fe capaz de generar los concesos suficientes para mantener el orden social y promover la solidaridad orgánica[2] en la diferenciación social. Así tenemos un nuevo socialismo no marxista que no veía en la violencia, ni en la tecnología condiciones de la contradicción en el movimiento dialectico de la historia, sino en la organización y la capacidad suficiente de integrar todas las esferas de una sociedad de forma consciente y equilibrada, capaces de cumplir una función educativa: la de crear sujetos socializados aptos para desempeñar los roles que pudieren asignarse en una sociedad dada.

                Es llamativo que en nuestro país tales ideas fueron  inaugurales en la educación pública, el nacionalismo, el fascismo (la cual tuvo raigambre en el pensamiento político inicial de Perón), la idea del progreso (posición histórica ausente en Montesquieu, Tocqueville y Locke). Ahora bien las premisas del positivismo fueron construir una ciencia que pudiera dar cuenta de la realidad humana (esta fue la sociología), como también de construir una ingeniería social que pudiere de forma consciente dirigir los cambios sociales y dar por tierra a la anomia.

                En su definición de socialismo Emile Durkheim sostiene: “Se denomina socialista a toda doctrina que reclama la subordinación de todas las funciones económicas o de algunas de ellas actualmente dispersas, a los centros directores y conscientes de la sociedad”.

                Para muchos liberales que vemos en CAMBIEMOS más una cuestión coyuntural que un verdadero convencimiento ideológico, el gobierno de Mauricio Macri y su discurso no reflejan necesariamente los ideales de un minimo de estado y un máximo de individuos, o un fortalecimiento de las instituciones de la sociedad civil[3]. Si atendemos a una frase de Mauricio Macri como “no necesitamos un estado más grande o más chico, sino un mejor estado”, dilucidamos de ello que el Estado no se vuelve un poder omnímodo que hay que contener sino más bien que la participación del estado en la vida civil ha de ser la suficiente para garantizar la permanencia de la misma. Como diría Maria Eugenia Vidal en su spot de campaña “no te vamos a dejar solo”. En esto se resume el entendimiento de la cercanía por parte del PRO.     

La positividad entonces se vuelve en otro aspecto más de esta tríada, imbuido en los discursos de autoayuda y aliento, se busca generar una nueva fe, un nuevo optimismo capaz de trascender las condiciones estructurales que nos encontramos y llevarnos a lugares inusitados, ya no se tiene fe en un líder mesiánico y ungido por las masas, sino en una categoría especial de hombres y mujeres especialistas en sus campos, por supuesto que esto no debería extrañarnos, tal como Mauricio Macri promete “traeré el mejor equipo en 50 años”, siendo sus ministros principalmente CEOS en los rubros de sus áreas, otorgando la apariencia de neutralidad y eficiencia indispensable para los nuevos tiempos de la sociedad argentina. Por supuesto que la meritocracia en un ámbito privado y en los marcos culturales del capitalismo responde distintas lógicas de acuerdo con la institución se trate, sin embargo en política se debiera ser más cauteloso respecto de las decisiones que se toman desde esta óptica, pues no se refiere necesariamente a criterios de eficiencia, sino más bien al “argumento de la eficiencia” que puede o no dar resultados.

La idea de futuro responde no solo a momentos de gran división social como lo fue el 2015 sino también al surgimiento mismo del PRO en la época de la crisis económica. El futuro no es   responde hacia aquellos queremos llegar visto con escepticismo, sino también  a la constitución de una nueva fe en el gobierno, y a su viejo corolario “el progreso”, la justificación de las decisiones que se toman, podemos así contraponer a Marx y Tocqueville, el primer con una confianza plena en la venida de las sociedad sin clases fruto de las contradicciones de la sociedad capitalista, el segundo escéptico respecto al futuro de la sociedad democrática que se debatirá entre la libertad y la igualdad. Pero en el marco positivista de CAMBIEMOS, no son las contradicciones las que traerán los cambios sino los consensos, la ardua tarea de “unir a los argentinos” decisión que se ve reflejada en un apego al “NUNCA MÁS” y la continuidad en los juicios de lesa humanidad. Y que se expresa más aun en un borrador de manual que salió a la luz en el 2015:

Tal vez el eje de toda visión ordenadora pase por la idea de que el quiebre es temporal. No es derecha/izquierda, estatal/privatizador, ideología/gestión, mentira/honestidad. Es pasado/futuro. Dicho de otra forma: nuestro desarrollo y nuestro trabajo pertenecen al siglo XXI. Todas las otras opciones pertenecen al siglo XX. Nuestras diferencias no son ideológicas, son cronológicas. Esa idea de orientación hacia el futuro justifica por sí sola nuestra existencia. Tenemos que transformarla en convicción y volvernos fundamentalistas del futuro.”

El futuro no se convierte solamente en la justificación moral de la política sino en el empuje de la moralización de la sociedad. Así como Silvio Berlusconi, Sebastian Piñera, Juan Manuel Santos, Ollanta Humala, se vuelven políticos flexibles (señalados tradicionalmente como la derecha), más no dispuestos a aplicar programas ortodoxos, sino a mostrarse abiertos con las nuevas agendas que inauguraron gobiernos de izquierda, una fe en la organización y la puesta en marcha para una “vida mejor”. Así la reivindicación de Frondizi y el desarrollismo operan en sentido contrario al llamado “modelo neoliberal”[4], manifestando una doctrina moderna, atrayendo capitales extranjeros pero con ciertas reservas, involucrándose al mundo pero apostando al industrialismo nacional, reuniendo las funciones económicas de mas interés social dejando de lado otras a su libre arbitrio, siendo el Estado en su rol “emprendedor” y orientador de la economía nacional. En este sentido el futuro es también una herramienta sobre la que se asienta un discurso conciliador que los planificadores moderados buscan orientarnos, el discurso de Macri también es empapado de una nueva fe en el budismo occidental y el new age (posición que comparto con diferencias con Natanson del diario de izquierda Le Monde)[5] donde relucen la transparencia personal, la cotidianeidad, serenidad y tolerancia.

En conclusión nos hallamos ante un nuevo positivismo político que como todo positivismo merece nuestra atención y escepticismo.
 


[1] Denomino contrato social, como sinónimo de consenso, no en el sentido rousseauniano.
[2] Solidaridad orgánica: es una conceptualización de Emile Durkheim que refiere a la cooperación social en base a la diferenciación social, donde cada individuo posee distintas funciones socialmente necesarias.
[3] Sociedad Civil: tal como la entendió Tocqueville como las distintas organización e instituciones voluntarias que median la relación entre el estado y los individuos.
[4] Terminología con la que discrepa el autor.
[5] http://www.eldiplo.org/index.php/archivo/198-nueva-derecha/buda/
 

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