Jubilemos al Sistema Jubilatorio II
Gastón Carballo Argañaraz
Abogado. Docente Universitario.


Nuestro sistema previsional está en serios problemas, nosotros también. Los motivos son varios, profundos y estructurales. Entre ellos lucen las ideas estatistas, la falta de ejercicio crítico y una preocupante propensión a repetirnos en los problemas. 

La Seguridad social sigue obedeciendo a su objetivo fundamental, la ideación de Bismark como negocio estatal en un contexto donde muchos aportaban y pocos cobraban. Pero principalmente era un método que mostraba la mejor cara del Estado, que lo legitimaba para cobrar el impuesto ¨bueno¨ destinado a la previsión social; imponía la retórica del seguro donde el Estado se quedaba con parte del producido por el trabajador a cambio de darle una respuesta económica frente a ciertas contingencias. Se instaló la idea de que sería financiado por aportes del Estado, del empleador y del empleado, pero en rigor eso es mentira ya que el Estado no produce nada, su parte surge de impuestos y en el caso del empleador lo que deba aportar es parte integrante de lo presupuestado para cada empleado.  

De ahí en más la Seguridad Social como función estatal fue sinónimo de sociedad moderna, y los ciudadanos quedaron engrampados, hasta hoy, a un estado ¨bueno¨ que atiende sus necesidades. Pero ese sistema funcionaba en aquella Alemania, replicado luego en el mundo, pero en la sociedad actual está matemáticamente quebrado.  

Como en aquellas sociedades el sistema previsional funcionaba perfectamente, tuvo enormes superávits y con ello los teóricos del New Deal  crearon fondos de reserva para adunar la idea (mentirosa) de seguridad, de ahorro, y lograron ocultar su verdadera naturaleza de impuesto al trabajo. Pero al final el Estado siempre devuelve lo que quiere, cuando quiere, si es que quiere, lo usará en lo que quiere y cambiará las condiciones cuando quiere, o sea, lo trata como impuesto. 

En realidad, con ese trust found compraban deuda pública, volviendo los fondos al mismo Estado, un artificio contable que engaña, porque en realidad, no hay nada ahorrado. 

Más actualmente en la Argentina, las administraciones han hecho siempre lo posible para no solucionar los problemas previsionales.  ¿El origen de todo esto? Lo que dije más arriba, es decir, más de 10 puntos del PBI por año entregados en bandeja a la corporación política para que haga lo que quiere. Por ejemplo: 

Del 44´ al 55´, el gobierno peronista extendió la cobertura previsional creando cajas por actividad. 

Del 39´ al 49´ la cobertura previsional se extendió de algo más de 250.000 a casi 2.500.000 beneficiarios. 

En el 54´, se instauró el régimen de reparto. La solidaridad intergeneracional nunca entendida disociaba lo que se aportaba de lo que se percibiría ya que el activo pagaba al pasivo. 
En el 69´comenzaron a regir las leyes previsionales 18.037 para trabajadores en relación de dependencia y 18.038 para autónomos, instauró la centralización administrativa y un órgano central cada vez más gordo se fue adueñando del sistema. 

En el 86´ Alfonsín declaró la archi famosa emergencia del sistema previsional mediante el decreto 2196 que ordenaba no pagar juicios ni reclamos, cambió reglas de cálculo y legisló, sí leíste bien, el héroe Alfonsín legisló por las ¨circunstancias de grave y urgente perturbación económica en el área previsional¨ y lo hizo todo todo en perjuicio de los jubilados.   

Desde principios de los 90´ hasta la reforma del 94´ la situación no era mejor, disociación entre aportes y beneficios; la capacidad del sistema estaba muy cuestionada; además de que el verdadero garante de funcionamiento del sistema, el Poder Judicial, no entendía nada, igual que hoy. 

La deficiencia de recursos se cubrió con un creciente manoteo de recursos tributarios, y además llevó a reeditar la discusión inter e intrageneracional en torno a lo que se aporta durante una vida de trabajo y los beneficios que se perciben al final de la misma. 

Allá por el 92´ las causas del deterioro previsional, como los factores demográficos; factores del mercado de trabajo; evasión; y un creciente aumento de la cobertura previsional, generaron una rica discusión con miras a la reforma previsional sostenida por el gobierno peronista, cuyo logro fue la sanción de la Ley 24.241. 

Es interesante leer la discusión parlamentaria para dicha reforma, los congresistas radicales criticaban el proyecto de SIJP porque decían, generaría un sobredimensionamiento de la administración previsional, pero el mismo partido no dijo nada al momento de evitar la eliminación de las AFJPs, ni del obsceno costo que eso generó desde 2009 hasta hoy. 

En esas discusiones parlamentaria de los años 92´ y 93´ se pueden leer barrabasadas del tono: está tan quebrado el sistema? No será que hay que hacerlo así para justificar la reforma? Es tan dañino el Estado? ... 

En ese marco, la propuesta oficialista del Gobierno peronista implicó redefinir el rol del Estado, dando lugar a la actividad privada en la administración de la caja previsional para coexistir en dicha función con el sistema público sin que ello implique renunciar al rol que le asigna el art. 14 bis. de la Constitución Nacional. Es más, el Estado mantuvo la exclusividad en la administración del sistema de reparto y tuvo una posición mayoritaria y dominante en el régimen de capitalización ya que no solo controlaba a la totalidad del sistema mediante instituciones públicas creadas a ese efecto, sino que además era socio mayoritario con las AFJPs, es decir, hay que saber que el beneficio que obtenía una persona que se jubilaba habiendo aportado al sistema de capitalización individual estaba compuesto por (PBU+PC+PA), PBU era una prestación puramente de reparto, era el elemento solidario del régimen pagada por el Estado + la Prestación complementaria (PC) por haber aportado antes del año 94´ también a cargo del Estado + Prestación adicional por permanencia (PAP) pagada por las AFJPs y ahí sí con los aportes capitalizados. Con lo cual alguna vez habrá que dejar de repetir la estupidez de que el Estado fue el bueno y los privados los malos, el Estado fue cómplice mayoritario de lo que después se mal tituló como estafa de las AFJPs, la cual, además, no existió.  

Otra mentira sobre la que quiero echar luz es que las contribuciones son del empleador, cuando en realidad ellas son parte del salario del trabajador el cual lleva a su bolsillo alrededor del 44% del total presupuestado por el empleador por cada trabajador, es decir todo es aporte del empleado, y en futuras reformas así debería tratarse. 

Hace muchos años un actor argentino calificaba al Sistema Previsional como el cuento del tío más grande del que se tenga conocimiento, generación tras generación hemos vivido en un marco previsional insostenible signado por reforma tras reforma, con la emergencia como fuente de derecho, con actos flagrantemente inconstitucionales por parte de los gobiernos de turno y un Poder Judicial que siempre hizo lo contrario a lo que debía, además de los clásicos políticos mentiroso y oportunista.  

En los últimos 30 años sí hubo un intento más o menos serio de discutir esto, fue durante 1992 y 1993, allí el tratamiento fue extenso, todos los actores aportaron su punto de vista y se apoyó una reestructuración que debió sostenerse, pero no fue así, en 2009 la sociedad eligió involucionar, volver al reparto, repetirse, volver a volver a lo mismo, regalarle más de 10 puntos anuales del PBI a la corporación política para que siga su fiesta.  

 

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