Son las ideas estupido!
Carlos Mira
Periodista. Abogado. Galardonado con el Premio a la Libertad, otorgado por Fundación Atlas para una Sociedad Libre.


La decisión del BCRA de prohibir el acceso al crédito local en pesos fundamentalmente a las empresas cerealeras para que estas deban recurrir al crédito exterior y así liquidar los dólares de su financiación por las ventanillas del Banco Central constituye otro capítulo del intervencionismo del Estado en las decisiones de vida individual de las personas y de las empresas que ya va imponiéndose como un nuevo modelo de vida en la Argentina, solidificando la increíble tendencia contraconstitucional de los últimos 50 años, que coincide -no está demás decirlo- con la marcada involución y decadencia del país.
Resulta claro que la desesperación por conseguir dólares que tiene el gobierno está en la base de esta nueva regulación. La caída de reservas y la incapacidad de la economía para producir un superávit de divisas es de tal magnitud que las autoridades echan mano de estas arbitrariedades en la creencia de que aplicando más decisiones de este tipo alcanzarán una solución.
Y no cabe duda que aquí hay que introducir un elemento en el debate que generalmente es ninguneado en la Argentina porque es precisamente ese elemento el que está originando todos los problemas.
Me refiero a la cuestión de las ideas. No es extraño que en el país -quizás con la buena intención de bajarle los decibles a la discusión- se diga que aquí no es cuestión de derechas, centros o izquierdas, sino de ciertas  "técnicas" que deberían aplicarse para resolver los problemas.
Quienes así piensan seguramente deben creer con total inocencia y buena fe que las "técnicas" son herramientas neutras, asépticas que dependen más del sentido común que de la filosofía.
La verdad que sería buenísimo si fuera así. El problema es que no lo es. Las "técnicas" no son neutras; dependen de las ideas y éstas, a su vez, dependen del sistema de creencias que cada uno tiene.
Resulta obvio a esta altura que en el gobierno impera la creencia de que el Estado es el órgano supremo de la nación y que en función de eso sus funcionarios pueden disponer inapelablemente, con la autoridad del Príncipe, lo que resulte obligatorio para las empresas.
Se trata, obviamente, de una involución respecto de la civilización de la ley ganada por la Constitución que puede medirse en siglos, no en años. Pero lo cierto es que esa es la cosmovisión dominante y mientras esa cosmovisión no sea cambiada, nos deberemos acostumbrar a que de la noche a la mañana nos puedan sorprender con decisiones como éstas o aun más graves.
Por eso es preciso no ningunear el peso de las ideas bajo el argumento de que la solución de tal o cual aspecto de la vida argentina depende "meramente" de cuestiones "técnicas". Las "técnicas" son hijas de las ideas. Si las "técnicas" fueran siempre las mismas ¿de qué valdría tener diferentes ideas?
Lo que sí sucede es que el mundo ha probado que hay ciertas "ideas" que, respecto del desarrollo humano, de la calidad y nivel de vida y del desarrollo económico, son mejores ideas que otras. ¿Y por qué es eso? Porque efectivamente las "técnicas" compatibles con esas "ideas" producen mejores resultados que las "técnicas " derivadas de otras "ideas". Pero siempre el problema son las "ideas", no las "técnicas".
Así si en un país se impone la idea de que lo supremo es Estado y que frente a sus ordenes no hay nada superior, las "técnicas" derivadas de esa "idea" serán que los funcionarios pueden disponer de la vida privada a su gusto y piaccere porque por encima de ellos -como encarnación del Estado- no hay nada.
En cambio si en un país impera la idea de que lo supremo es el Derecho, la libertad y los derechos individuales y la Constitución como garantía de su vigencia, los funcionarios del Estado deberán subordinarse a ese orden sin poder sorprender a nadie con medidas invasivas y generalmente inapelables que dejen sin opción a los ciudadanos.
Resulta obvio que la Argentina ha caído en una especie de "gobierno de clases" que para imponer lo que la tendencia actual entiende como  "colectivo popular", destruye el sistema de derechos individuales y pasa a manejarse por uno  de imposiciones al que le importa un bledo las garantías y los derechos civiles.
Puestos clave del gobierno nacional, empezando claro está por la propia presidencia, están en manos de personas que tienen esta concepción colectivista de la vida. Obviamente esa concepción tiene sus "técnicas". No se puede hacer un planteo inocente sobre las "técnicas" sin considerar el sistema de creencias que las pone en práctica.
Mientras la Argentina siga gobernada por una corriente contraconstitucional que ponga en riesgo el sistema de derechos civiles y de supremacía de la Constitución para reemplazarlo por un esquema de supremacía del Estado, "técnicas" como las de obligar de la noche a la mañana a las empresas a no tomar crédito local y de conminarlas a hacerlo en el exterior para que de esa manera ingresen dólares a machetazos, serán de las cosas más insignificantes que puedan pasarnos.

 

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