Maquillaje político de alta complejidad
Humberto Bonanata

Director de Notiar. Premio a la Libertad 2012, otorgado por Fundación Atlas para una Sociedad Libre.



En octubre de 1973, el Presidente Perón, electo hacía pocos días por el 62% de la voluntad popular de los argentinos decidía convocar a un pacto social junto con la totalidad de los factores productivos quienes, con la ilusión que generaba la bohonomía del tercer Perón y la grandilocuencia de uno de los hombres con mayor predicamento en nuestra historia país, pocas veces la Argentina del bien se encontraba unida buscando otras de las tantas salidas que nunca supimos encontrar.

Su nuevo amigo Ricardo Balbín y el radicalismo todo acompañaban al viejo líder en la que sería su última batalla política.

La batalla militar ya estaba dada. Perón luchaba contra los "jóvenes idealistas" que antes había fagocitado y que dejarían de serlo el 1 de mayo de 1974, al insultar a su ex jefe dos meses antes de su muerte. Antes de ello había sucedido el frustrado copamiento subversivo del Regimiento de Azul, (enero de 1974) al que Perón replicó en cadena nacional vestido con su uniforme militar.

Ahora trataba de vencer la escalada del primer Ministro de Economía neo-marxista de la Argentina: José Ber Gelbard y la mentira ignominiosa de su "inflación cero" durante el primer gobierno montonero de nuestra historia, que por entonces sólo duró 49 días hasta que Perón renunció a Héctor Cámpora y ubicó en su lugar al yerno del "brujo" López Rega, Raúl Lastiri, (a) "el hombre de las corbatas".

Con toda la fuerza de un Perón abierto en la sabiduría de su senectud y la absoluta confianza popular, el plan social sólo duró ocho meses. Muerto el general, su viuda debió convocar a un personaje con quien nuestra historia carga su injusticia: Celestino Rodrigo.

Cuatro décadas después, en un marco político absolutamente opuesto, otra viuda presidencial, aunque electa dos veces presidente, convocó al segundo ministro neo-marxista de nuestra historia.

Al reaparecer en -el living de Cristina- junto a su mascota bolivariana "Simón" y al pingüino de peluche, trató de mostrar una imagen engañosa que dos días después a los gritos desde el balcón interno de su despacho en la Casa Rosada nos hizo recordar que era la misma egocéntrica sin ánimo alguno de aplicar cirugía mayor en los hematomas cerebrales que padece su gobierno.

Reformó su locomotora del Sarmiento sin frenos y decidió ingresar a un túnel del que nadie conoce su salida.

Echó a Moreno, un funcionario patoteril capaz de justificar lo injustificable y mentir sobre datos estadísticos sobre el crecimiento económico argentino de los que él y sus adláteres son fervientes poseedores y cobrarán en 2014 en dólares sus dividendos mentirosos. Los diputados Garrido y Ocaña ya se encargaron de informar a la Justicia sobre sus incompatibilidades en la función pública, entre otros delitos a investigar.

Por estrictas razones limitantes de su salud y no por convencimiento propio, decidió armar un gabinete en cabeza de "Coqui" Capitanich, un simpático encantador de serpientes a quien el mundo político conoce a la perfección. Sabe que ya no puede sola y que necesita exponer a un hombre convocante de los gobernadores "cheque en mano" para quitarle definitivamente al odiado Scioli su sueño de continuidad post-kirchnerista en 2015.

Lo que C.F.K. no puede preveer que en los meses múltiplos de 3 (diciembre, marzo, junio) nuestra historia suele padecer simbronazos que se llevaron puesto a más de un presidente. Y que su "pacto social 2013" nació muerto con una inflación cercana al 28% anual, que el Banco Central perdió en los últimos cuatro días hábiles U$S 983 millones en sus reservas, una fuga constante de divisas por varios medios, y un gobierno nac&pop que prefirió destinar $ 33 millones asignados a la limpieza del Riachuelo para construir nuevos stands en Tecnópolis.

Otra interna feroz del peronismo se cierne en la oscuridad de la historia de todos los argentinos.

Scioli y Massa terminarán cobijándose mutuamente, junto con algunos intendentes bonaerenses, ante el cooptamiento ordenado por C.F.K a Capitanich para vulnerar a Scioli como eventual candidateable a presidente neo-K.

Por último deseamos destacar el tema más importante -a nuestro criterio- de la semana: la frustrada reforma de Lorenzetti, Kunkel y Conti al Código Civil y Comercial del maestro cordobés Dalmacio Vélez Sarsfield.

Creemos que ante tanta repetición de falacias y frustraciones del régimen, las palabras de una legisladora y de un jurista, ambos de vértices ideológicos opuestos, podrán ayudar a defendernos por derecho propio en nuestras libertades que nos comprenden desde nuestra concepción en el seno materno hasta la post-mortalidad.

Escribió ayer al respecto en "La Nación", Alejandro Fargosi miembro electo por los abogados en el Consejo de la magistratura, "La necesidad de actualización total es mentira: los cambios lógicos para los nuevos tiempos jamás son tan profundos como para tener que tirar a la basura 150 años de estudios, jurisprudencia, investigaciones, debates, experiencia, costumbres. todo lo que forma el entorno de dos códigos que no son materia opinable para cualquiera. Los códigos Civil y Comercial requieren mucho conocimiento técnico, no marketing político ni disciplina partidaria".

"Formar un jurista lleva cinco años de universidad y otros 20 años más para un nivel jurídico superior. Aunque al populismo le repugne no son materia encuestable ni votable ni la medicina, ni la biología, ni el derecho: se requiere conocimiento científico".

"La legislación de fondo no puede votarse igual que la fijación del día de la milanesa. El derecho evoluciona desde hace 5000 años y las recodificaciones sólo existieron cuando se salió del absolutismo monárquico, con Napoleón en Europa y entre nosotros, con Vélez Sarsfield. O cuando los comunistas quisieron cambiar la vida de los países que dominaron".

Desde otro sector político, la senadora Norma Morandini, en el mismo diario dijo en su artículo "La concepción autoritaria del nuevo código"

"Si los delitos de los funcionarios siempre afectan a la ciudadanía, ya sea por la corrupción o por la omisión, al debatir en torno de la exclusión de la responsabilidad del Estado, ¿cómo sustraerse a los escándalos nuestros de cada día, denunciados por la prensa, algunos investigados por comisiones parlamentarias y la mayoría adormecidos en los despachos de la Justicia?"

La exclusión de la responsabilidad del Estado como concepción política va de la mano con aquella que interpreta a la información periodística como delito; no se ha incorporado al Código la doctrina de la real malicia, para evitar que se confundan las denuncias contra la deshonestidad de un funcionario con ofensas al honor, y la amenaza de la reparación civil no actúe como censura encubierta. Si las sanciones penales inhibían la libertad de informar, las sanciones civiles no deben actuar como un reemplazo de la legislación que condenaba la calumnia y la injuria, derogadas por este gobierno a instancias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. (sic)

Nada hubiera servido para evitar la sanción express del código unificado, conculcatorio de libertades y derechos individuales, si S.S. Francisco no hubiera puesto su sacra mano sobre la mente enfermiza del régimen.

A Él le debemos la postergación sine die de este conglomerado a-jurídico.

¿También le deberemos a Francisco evitar un enfrentamiento entre hermanos?

Con mucha menos fuerza que Isabel Martínez de Perón, la dueña de Simón acelera su destino hacia el estallido.
 

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