Huelga policial y saqueos: otra cara de la inflación
Martín Simonetta
Es Director Ejecutivo de Fundación Atlas para una Sociedad Libre. Profesor titular de Economía Política I (UCES) y Economía Argentina, Economía Mundial y Principios de Economía (Cámara Argentina de Comercio). Autor de diversas obras. Fue elegido "Joven Sobresaliente de la Argentina 2004" (The Outstanding Young Person of Argentina-TOYP) por Junior Chamber International y la Cámara Argentina de Comercio (CAC), habiendo obtenido la mención "Animarse a Más" por parte de PepsiCo. Recibió diversos reconocimientos tales como la beca British Chevening Scholarship para desarrollar investigaciones en Gran Bretaña (British Council, la Embajada Británica y la Fundación Antorchas,1999). Miembro de Mont Pelerin Society. Académicamente es Licenciado en Relaciones Internacionales (Universidad del Salvador, Buenos Aires) y Magister en Política Económica Internacional (Universidad de Belgrano), habiendo realizado un Posgrado en Psicología Positiva (Fundación Foro para la Salud Mental). Ha desarrollado el programa "Think Tank MBA" en el marco de Atlas Economic Research Foundation (Fairfax, Virginia, y New York, NY, 2013).

Contacto: msimonetta@atlas.org.ar / https://www.facebook.com/martin.simonetta / @martinsimonetta


La inflación llegó a la seguridad y, como es sabido, se ha manifestado en los saqueos sufridos por la sociedad argentina en las últimas semanas. La demanda de un ajuste salarial que corra al ritmo del aumento de precios –según el índice del Congreso superior al 25%- ha llevado al personal policial, en diversas áreas del país, a reclamar a través de la clásica huelga. Es decir, la no prestación de sus servicios.
Estamos acostumbrados a ver maestros haciendo huelga en su puja salarial, siendo los estudiantes y sus familias quienes sufren las consecuencias. También hemos presenciado los reclamos de médicos y empleados de la salud, siendo los desvalidos enfermos los que pagan los platos rotos. Pero, la situación parece diferente si quienes reclaman la defensa de su salario frente a la inflación son los policías.
 
Volviendo al “estado de naturaleza”
La ausencia de seguridad ha puesto a la población argentina en una situación de marcado peligro. Los saqueos que hemos visualizado traen a nuestra mente el concepto de “estado de naturaleza”, señalado por algunos de los pensadores llamados contractualistas. Con especial maestría por Thomas Hobbes en su obra “El Leviatán” (1651) describe la vida del ser humano antes de su etapa civilizada. Previo a lo que él llama contrato social, la vida es –en su visión- “solitaria, desagradable, brutal y corta” (“solitary nasty brutish and short”). En la descripción de esta etapa bárbara (bárbara, referente a barbarie) es que da a luz el concepto del “el hombre es lobo del hombre” (“homo homini lupus”). Dados los enormes costos de la vida salvaje, Hobbes propone un contrato social que pacifique a estos peligrosos humanos. También otros pensadores de tal época, como John Locke y Jean Jacques Rousseau se han referido a tal contrato, con diferentes perfiles.
El imperio de la ley (normas de convivencia de efectivo cumplimiento) fue el salto que permitió el paso de la barbarie a la civilidad, el cual ha sido dado por muchas sociedades. Este cambio, brindó previsibilidad, tranquilidad, seguridad y la posibilidad de proyectar en el largo plazo, lo cual fue un requisito necesario para que los humanos dejáramos de concentrarnos en proteger nuestra vida de otros humanos y comenzáramos a enfocar nuestras energías en otras actividades.
 
Saqueador que saquea saqueador: ¿Cien años de perdón?
En su libro “El botín. La Argentina saqueada”, Guillermo Yeatts estudia las formas en que las coaliciones de distribución han ido maleando normas a su medida para beneficio propio. Yeatts hace referencia a Mancur Olson quien analiza la prehistoria de la civilización, cuando bandidos atacaban sociedades, tomaban salvajemente los recursos, las vidas y dignidades de ciudades enteras, llevándose consigo estos botines en un inmoral saqueo. Olson señala que en la actualidad estos sectores saqueados han cambiado su accionar y operan como parásitos, tomando energía de los sectores más productivos pero manteniendo viva a sus víctimas, ya que su vitalidad depende ellas.
El saqueo se ha institucionalizado en la Argentina, así como lo han hecho los piquetes, los cuales funcionan ya como una herramienta “legítima” de reclamos y negociación.
Ante los altos niveles de inflación, la huelga parece ser la herramienta más dura y efectiva en la negociación salarial. Pero esto genera una lógica perversa que es muy difícil de detener: el Estado se financia a través de la descontrolada emisión monetaria, esto reduce el poder de compra de la gente a través de la inflación, los diversos sectores protestan y negocian a través de la huelga. Ante el default en la provisión de servicios públicos, y en un clima de malestar social,  hay quienes capitalizan las circunstancias a través del saqueo.
¿Cómo detenemos esta tendencia? Un mayor cumplimiento de la ley pero también, como respuesta necesaria de corto plazo, la detención de la espiral inflacionaria son requisitos fundamentales para frenar esta bola de nieve que acelera su ritmo.
Tenemos la oportunidad de volver a proteger plenamente el derecho a la vida y la propiedad de los ciudadanos, y así escapar del creciente estado de naturaleza en el que estamos ingresando y retornar a la sociedad civil.

 

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