El año en que el “relato” murió
Enrique G. Avogadro
Abogado.


“La igualdad de la riqueza debe consistir en que ningún ciudadano sea tan opulento como para comprar a otro, que ninguno tan pobre que se vea necesitado de venderse”. Jean-Jacques Rousseau

 

Como una ominosa metáfora de la actualidad, el suelo sobre el cual fue construido ese monumento a la corrupción y a la impunidad, el faraónico mausoleo que alberga los restos de don Néstor (q.e.p.d.) en Río Gallegos, ha cedido, y la estructura entera corre peligro de derrumbe.

 

Entre los meses de agosto y octubre, la marcha triunfal del Gobierno comenzó a flaquear, más allá de los discursos altisonantes que la Presidente nos propinó antes de que su salud la hiciera retirarse a cuarteles de invierno, de la mano de una ciudadanía que, mayoritariamente, dejó de creer en el “relato” oficial. El guante del reiterado desafío –“si quieren el poder, formen un partido y ganen las elecciones”- que la Reina y sus aplaudidores lanzaban contra los no kirchneristas, fueran éstos industriales o medios de prensa, fue recogido por Kolynos Massa en la Provincia de Buenos Aires, y llevó a la Casa Rosada a la peor derrota política de la década.

 

Una de las principales –y, como otras, absolutamente falsa e hipócrita- bandera de ese “relato”, la política oficial de derechos humanos, contrastó con la inexplicable insistencia presidencial en ascender al Gral. Milani al grado máximo del escalafón; a ese tema me referí, in extenso, en la última nota, pero el allanamiento que sufrió el Espión esta semana en sus oficinas, más allá de su inutilidad, sirvió para dejarlo en el más absoluto ridículo.

 

El fin de año trajo, como es habitual cuando aquí la temperatura sube, cortes de energía que dejaron a vastas zonas de la ciudad de Buenos Aires y su Conurbano a oscuras y sin agua. El Gobierno intentó transferir toda la responsabilidad a las empresas concesionarias de la distribución, que ya están intervenidas por el Estado, y llegó a amenazarlas con la resolución de los contratos, tratando de ocultar la verdad: éstas trabajan a pérdida, producto del insano congelamiento de tarifas vigente hace diez años; los subsidios –que, en lugar de ser a los consumidores de menores recursos, se da a las compañías de servicios públicos (distribuidoras y generadoras, líneas de transportes, etc.)- sólo cubren los gastos operativos y, por supuesto, los “retornos”; no permiten dedicar un centavo a las inversiones necesarias para mantener una cierta normalidad en las prestaciones. Llegó al absurdo el Ministro Julio DeCobrado, al decir que la insuficiencia en el suministro eléctrico se debía a un crecimiento inusual de la economía, o sea, ¡nos quedamos sin luz porque nos va muy bien! Como digo siempre, es obvio que podemos soportar que nos tomen por imbéciles pero que, además, nos toquen el hombro y nos llamen así ya me parece demasiado.

 

Desde ya, no ayuda a la imagen presidencial –como no lo hizo, precisamente, su murguera aparición durante los saqueos- que haya decidido salir de escena y refugiarse, en silencio, en su “lugar en el mundo”; llegó al extremo de omitir el tradicional saludo navideño a la sociedad. En los piquetes, muchos de los entrevistados se lo hicieron saber a los gritos, remedando los reclamos de los familiares de Cromagnon, de Once, de las inundaciones de La Plata.

 

Mal que les pese a los críticos de las décadas pasadas, en especial la de los 90’s, los argentinos habíamos accedido a un moderno sistema telefónico móvil, a una capacidad industrial inédita, a un parque de generación suficiente para atender nuestras necesidades y nuestro crecimiento, a un enorme horizonte de reservas de gas y petróleo y disponíamos de una infraestructura de transporte que, si bien no era en absoluto ideal, al menos era diez años más joven.

 

Pero lo que, innegablemente, se transformó en la lápida que cubrirá la tumba del “relato” en la que, más temprano que tarde, será enterrado el kirchnerismo -y, tal vez, hasta el PJ-, en el marco de este proceso de “estanflación” que estamos viviendo, lo constituyó el informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (OSDA), dependiente de la Universidad Católica Argentina. Después de años (2002/2006) de inédito crecimiento, y de una década durante la cual el Gobierno recaudó la escalofriante suma de novecientos mil millones de dólares (sí, US$ 900.000.000.=), los números y los hechos hablan por sí solos.

 

Hoy, más de diez millones de personas (25% de los argentinos) son pobres, no tienen empleo formal, ni educación, ni vivienda digna ni salud pública. Alrededor de tres millones están mal nutridas; el 10% no tiene agua corriente y el 30% no tiene cloacas. En materia de educación, las cifras son escalofriantes: 37% de los jóvenes no termina el secundario y el 20% es “ni-ni”, es decir, no estudia ni trabaja; ello implica que no tendrán inserción alguna en el mercado. El 12% de los chicos de entre 5 y 17 años desarrolla algún tipo de actividad laboral, y el 20% de los hogares argentinos necesita de subsidios oficiales para sobrevivir y, de ellos, el 25% no llega a acceder a la canasta alimentaria básica. El índice Gini, que mide la diferencia entre los más ricos y más pobres, ha empeorado sensiblemente, y la violencia y la droga, como se ha visto hace pocos días, ocupan gran parte del universo estudiado.

 

El OSDA dice que la inflación y la falta de creación de empleo formal ha llevado la pobreza, este año, a superar el 25%. Las mediciones del INDEC son desmentidas no sólo por diferentes entidades que estudian el tema social sino por la misma realidad; según FIEL, por ejemplo, el precio de la canasta básica de una familia tipo no baja de los $ 3900 mensuales ($ 2200 para alimentos), un ingreso por debajo del cual deben ser considerados pobres, mientras que el INDEC establece ese parámetro en $ 1750 (¡sólo $ 769 para comer!).

 

La mera comparación entre el nivel de vida de los pobres e indigentes con la de los mayores recursos está generando un caldo de cultivo más que apto para el desarrollo de todos los virus que resultan letales para cualquier sociedad, como lo prueban los hechos de violencia y muerte que han enlutado al país en los últimos días. De todo ello, no sólo es responsable el kirchnerismo sino todos los gobiernos populistas que lo precedieron, que recurrieron a la descarada compra de votos mediante los subsidios indiscriminados y los planes sociales distribuidos por los punteros de turno.

 

Por los “dibujos” que realiza el organismo oficial, la Argentina dijo que crecerá entre 5 y 6% el año que viene, y eso hará que nos veamos obligados a pagar una monstruosa cantidad (entre US$ 4000 y US$ 5000 millones) a los tenedores de bonos atados al PBI, que sólo quienes sabían que podían modificar las cifras compraron. Ese pago no debiera realizarse, ya que ni los más entusiasmados optimistas creen que se pueda crecer más del 2%, y sólo confirma que, aquí, el nivel de corrupción imperante ya constituye un verdadero genocidio, un delito de lesa humanidad.

 

La inflación, ese impuesto no legislado que pagan los más pobres, como definió Milton Friedman, carcomió hasta el hueso la encarnadura del voto cautivo que tanto rédito le dio al Gobierno durante estos diez años, y el problema se agravará el año próximo porque se insiste en incrementar el gasto público y la emisión desaforada. Si el 2013 deja algunos puntos de arrastre en la suba de precios, llegaremos a diciembre de 2014 con porcentajes que se parecerán mucho a la espiralización, con la cual muchos de nosotros, los que contamos con más de cuarenta años, hemos convivido y que terminó arrasando a la sociedad entera.

 

Si tiene interés en conocer una síntesis de los fundamentos del tan polémico fallo que absolvió a Fernando de la Rúa y a todos los imputados por el caso de los sobornos en el Senado, otra novedad de la semana, puede verlos clickeando en http://tinyurl.com/kktbyfk.

 

En fin, despidamos el año con algunas esperanzas, sobre todo que, entre el menú de candidatos que la dirigencia política ofrece, surjan algunos capaces de unirse y diseñar un plan social y económico de largo plazo, que proponga metas a alcanzar no el año próximo, ya que resultaría increíble, sino en los años venideros; para ello, restaurar la seguridad jurídica, de la mano de una Justicia seria, independiente y rápida, y la reparación del tejido social, tan destruido por esta década viciada, se convertirán en las herramientas prioritarias.

 

Sólo me resta expresarle mis deseos de la pronta superación de esta temporada de tanto calor y, para usted y los suyos, el mejor 2014 posible, que aquí, en la Argentina, no será mucho.
 

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