¿Conocerá Kicillof la teoría subjetiva del valor?
Roberto Cachanosky
Economista. Galardonado con el Premio a la Libertad, otorgado por Fundación Atlas para una Sociedad Libre.


La teoría  del valor es la que determina, en definitiva, el precio de los bienes en el mercado. Los acuerdos de precios ignoran las valoraciones de los consumidores
Como gran innovación y creatividad en materia de política económica, el gobierno acaba de anunciar un acuerdo de precios para una cantidad de productos. Dudo que tenga algo de acuerdo, en el estricto sentido de la palabra, pero de lo que sí estoy seguro es que no es de precios, sino de números elegidos al azar o porque al burócrata le parece que ese el precio. En materia de precios no hay aplican la ciencia, aplican el “me parece”.
A esta altura del partido queda en evidencia que ni Moreno ni Kicillof parecen haberse tomado el trabajo de estudiar la teoría  del valor, que es la que determina, en definitiva, el precio de los bienes en el mercado.
Se sabe que las cosas no tienen valor por sí mismas sino que son las gentes las que les otorgan valor a las cosas. Es más, una misma persona le otorga a las cosas un valor diferente dependiendo de las circunstancias. Un hombre desesperado de sed en el medio del desierto pagaría fortunas por un vaso de agua. Ese mismo hombre, sentado cómodamente en su casa (no de Argentina porque falta luz y agua) con abundante agua corriente no pagaría una fortuna por un vaso de agua. El valor que le da al vaso de agua una misma persona cambia según las circunstancias.
Además, las personas no valoran del mismo modo el mismo bien. A mí no me divierten las motos y no pagaría por tener una. Seguramente Boudou sí pagaría buen dinero por una moto.
Cada persona valora las cosas de diferente manera que el resto de la gente y también las valora diferente dependiendo de las circunstancias.
Es más, existe lo que se llama utilidad marginal decreciente. ¿Qué es esto de utilidad marginal decreciente? Imaginemos a una persona con hambre. Se sienta en una pizzería y come la primera porción de pizza con muchas ganas. Come una segunda porción también con muchas ganas. Una tercera con algo menos de ganas. Una cuarta de gula. Hasta que llega a la quinta porción y ya no puede más. La sexta le produce rechazo. No quiere saber nada más de seguir comiendo pizza. Bueno, la utilidad de cada porción de pizza es decreciente. A medida que la persona del ejemplo va comiendo cada porción de pizza va teniendo menor utilidad para él. Le otorga menos valor a la cuarta porción de pizza que a la primera.
Bien, imaginemos ahora la cantidad de consumidores que hay en Argentina y la variedad de bienes y servicios que hay en oferta. Ropa, alimentos de diferentes tipos, autos, esparcimientos de toda clase, electrodomésticos, calzado, informática, muebles, artículos de decoración, etc.
Pregunta elemental para Kicillof: dado que los recursos son escasos y la gente valora cada bien de diferente manera, ¿cómo hace Ud. para decidir qué hay que producir, en qué calidades, en qué cantidades y a qué precios hay que vender cada bien? Porque le recuerdo a Kicillof que, encima que la gente valora diferente cada bien, además una misma persona va modificando sus valoraciones. ¿Recuerda Kicillof el ejemplo de la pizza que di más arriba?
Claro, lo anterior es válido si quien se sienta en el sillón de ministro de Economía no se considera un ser superior que cree conocer cada una de las valoraciones que cada una de las personas le otorga a cada bien y servicio que se ofrece en la economía y, además, no se cree un superhombre que tiene la gran capacidad de conocer los permanentes cambios de valoraciones que millones de personas tienen sobre todos los bienes y servicios de la economía. Ni la computadora más veloz podría hacer esa estimación. Dicho más directamente, una planilla Excel no puede reemplazar el sistema de precios que se deriva de la teoría del valor. La economía no es una planilla Excel, es la ciencia de la acción humana.
Vamos a decirlo de forma más sencilla. Como afirmaban nuestros abuelos: en la vida todo no se puede. ¿Qué contenido económico tiene esa frase? Que los recursos son escasos y las necesidades son ilimitadas. Esto quiere decir que uno no puede comprar todo lo que quiere en la vida. Solo aquello que puede. Tiene que asignar los recursos. ¿Y cómo asigna los recursos? De acuerdo al valor subjetivo que le otorga a cada bien. Compra o deja de comprar un bien de acuerdo a su valoración subjetiva de ese momento. El acto de comprar o no comprar determina el precio. Millones de personas haciendo lo mismo determinan los precios de cada bien en el mercado. Por eso se dice que el mercado es un proceso. Un proceso de descubrimiento en el cual los dueños del capital tienen que descubrir dónde hay una necesidad insatisfecha para asignar sus recursos. Si acierta obtiene ganancias y si se equivoca enfrenta pérdidas. Para eso sirve el sistema de precios que se deriva de la teoría del valor subjetiva, para que los empresarios asignen su capital buscando satisfacer las necesidades de los consumidores.
De manera que lo primero que puede decirse de este “acuerdo” de precios es que consiste en una burrada conceptual que, en cualquier facultad de economía merece un bochazo con un cero gigantesco. Tal es el bochazo que basta con revisar la historia económica argentina y del mundo para advertir que los controles de precios no solo fracasan, sino que, además, distorsionan los precios relativos y no permiten asignar eficientemente los recursos productivos porque no se produce lo que la gente quiere, sino lo que el burócrata manda.
Pero doble bochazo y doble cero merece semejante acuerdo de precios, porque con la expansión monetaria que genera el BCRA para financiar al tesoro en su déficit fiscal, la realidad es que no suben los precios, sino que se deprecia la moneda.
¿Cuál es la diferencia entre una suba de precios y la depreciación de la moneda? Por ejemplo, supongamos que hay una sequía y la cosecha de tomates es la mitad de la normal. En ese caso la menor oferta, si  la demanda se mantiene constante, suben los precios. Pero no suben todos los precios de la economía, sino el precio de los tomates. Ahora,  cuando todos los precios suben al mismo tiempo, entonces estamos frente  a un problema monetario,  es decir, frente a un problema de depreciación de la moneda, no de suba de precios. Y ese problema no se corrige con un acuerdo de precios. Se corrige con disciplina monetaria. Pero para tener disciplina monetaria hay que tener disciplina fiscal.
Pero como lo que acabo de explicar es neoliberal y ortodoxo, Kicillof seguirá en la suya. Llenando planillas de Excel que no le servirán para nada, salvo para producir desabastecimiento, productos de peor calidad de los que tenemos ahora y crear mercados negros.
En definitiva, por desconocer la teoría del valor y su influencia en la formación de los precios, Kicillof ya se ha subido al podio de la legión de economistas que fracasaron en Argentina en contener la inflación. Pasará a ser un caso más de la historia de los fracasos en los controles de precios…si es que alguien considera que tuvo tanta relevancia como para citarlo, aunque sea marginalmente, como ejemplo de los que fracasaron.
 

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