La clase política en el año 2014 y la liberación por el conocimiento
Elena Valero Narváez
Historiadora, analista política y periodista. Autora de “El Crepúsculo Argentino. Lumiere, 2006. Miembro de Número de la Academia Argentina de Historia.


Empezamos el Año Nuevo y todas las esperanzas están en la oposición al Gobierno de Cristina Kirchner. Como el futuro siempre es incierto, no sabemos quienes la reemplazarán.  Pero, más allá de que nuestra ignorancia será siempre infinita, nadie, que no esté en su sano juicio, puede dejar de percibir que estamos ante una crisis social, la cual se está tratando de solucionar con más de lo mismo.
El intervencionismo estatal, ha provocado el infierno tan conocido y temido: inflación y pobreza.
Ahora es el momento de pensar cómo se sale de un cuadro que se hace cada vez más “expresionista”. 
Preocupa que quienes serán responsables de marcar el rumbo futuro, la clase política, no se de cuenta de que el verdadero problema son las ideas.
En nuestro país pocos concuerdan con el pensamiento que promueve el sistema económico capitalista, ligado a una ética que defiende la libertad. That¨s the problem
La mayoría de los dirigentes argentinos  aceptan la libertad política pero descreen de la libertad económica, por ello, creen, que el capitalismo tiene poco que ver con el mercado. Actúan como si la sociedad no fuera consecuencia de un  proceso natural sino de un proyecto artificial producto de las decisiones de los políticos de turno. Promueven- de este modo- hasta extremos grotescos, la relevancia que  tienen en el curso de los intercambios sociales. 
Y  la gente, en general, apoya esta visión errónea de la realidad, sin observar como afecta proponer mayores o menores intercambios y elección del destino personal,  en las mejores posibilidades y condiciones de vida  para todos.
La idea central del modelo que proponen se basa en la igualdad, utopía que solamente se puede imponer por medio de un extremado autoritarismo.Es, a todas luces, contradictorio con la libertad, pensar que se puede alcanzar. 
 Los ejemplos históricos  del socialismo real, dan por tierra la ilusión de hermanarlas. 
El sistema capitalista necesita imperiosamente de la libertad política y del respeto de los derechos individuales, para potenciar los grados de creación y exploración del cambio, por lo tanto la igualdad ante la ley es la única posible.
La educación, tema del que se habla, pero que es olvidado en sus bases fundamentales,  debiera  bañarse con más grados de libertad para que dejemos  de ser hijos de un Estado paternalista.  Es fundamental mejorarla para exterminar , de una vez por todas, el pensamiento de carácter fascista y para facilitar a gobernantes y gobernados comprender, mejor, a la sociedad y a la vida.
El problema de los argentinos son las ideas: se pueden cambiar mediante la libertad de pensamiento, única vía para el progreso, por eso los gobiernos autoritarios intentan limitar la libre expresión imponiendo el pensamiento único, el que quiere el partido gobernante. De allí viene la decadencia.
A pesar de la crisis de la utopía marxista, debida al fracaso estrepitoso de las experiencias sociales reales,  aún perdura  un variable interés en ella. Ejemplos  paradigmáticos son la visión negativa del capitalismo y el ambientalismo exacerbado, los cuales, como muchos otros, muestran problemas reales, pero que en el fondo son tratados incorrectamente. Conllevan ideas que promueven el dirigismo estatal, la relativización de la democracia, la economía liberal, y el impulso y creación personal.
La mudanza de rumbo real vendrá con un cambio en la estructura mental de los argentinos en contra de una concepción  afín a la planificación estatal, al capitalismo de Estado y a la burocracia política y estatal.
Se necesita, urgentemente, la consolidación de los partidos políticos, instituciones políticas fundamentales para la democracia. Ellos deben agrupar a sectores sociales con ideas afines para que no se conviertan en una bolsa de gatos. Requiere que se debilite un poco el protagonismo personal y se deje de obstaculizar la competencia interna para comenzar a ser fieles a las ideas del partido al que se pertenece, sin desdeñar comprometerse en coincidencias básicas. 
Esto permitiría lo que falta: un serio debate sobre los problemas nacionales y a la gente votar por sus candidatos, conociendo su propuesta general. La libertad y la competencia, en todos los órdenes, harían, sin descartar dificultades,  el resto.

 

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