Faloeconomia: Pene y crecimiento del PIB
Carlos Goedder
Carlos Goedder es el seudónimo de un escritor venezolano nacido en Caracas, Venezuela, en 1975. El heterónimo de Carlos Goedder fue alumbrado en 1999 (un juego de palabras con el nombre de pila correspondiente al autor y el apellido de Goethe, a quien leyó con fruición en ese año. La combinación de nombre algo debe también a la del director orquestal Carlos Kleiber).


Un irreverente artículo científico nos alerta sobre nuestro conocimiento incompleto respecto al crecimiento económico, considerando el efecto del tamaño medio del pene como variable explicativa
 Al profesor Rodolfo Méndez Marcano, economista quien aborda su disciplina con la rigurosidad e imaginación del filósofo 
En su formidable columna dominical, “Sexo con Esther” del periódico colombiano El Tiempo, Esther Balac mencionó el 12 de enero de 2014 un artículo donde se estudiaba el efecto del tamaño medio del pene en el crecimiento económico. Lo mencionó de pasada y fui tras la referencia. En efecto, el artículo existe y es un artículo académico serio. Fue publicado en 2011 por Tatu Westling y el título en castellano sería equivalente a “Órgano masculino y crecimiento económico: ¿Importa el tamaño?” La referencia es: WESTLING, Tatu. “Male Organ and Economic Growth: Does Size Matter?” Discussion Paper No. 335. Helsinki Centre for Economic Research. Julio 2011.
¿Qué hace el profesor Westling en su artículo? Lo primero es recordarnos la teoría del crecimiento económico y sus problemas. Menciona en particular el trabajo del nobel 1987 Robert M. Solow (nacido en 1924), quien planteaba en 1956 que los países con menor dotación de capital crecerían más rápido que naciones más desarrolladas, precisamente por el rendimiento marginal mayor que tiene el capital al ser escaso y contar con abundante mano de obra. Los economistas y los funcionarios que hacen política económica realmente anhelan el crecimiento económico con sus ventajas de mayor ingreso para la economía, menor pobreza y desarrollo. La teoría de Solow invitaba a hacer inversiones fuertes de capital en naciones más pobres, incluyendo con ello ayuda internacional vía agencias oficiales e inversión extranjera directa, No obstante, Westling recuerda que no hay evidencia empírica contundente sobre la convergencia. 
Westling recorre entonces brevemente un listado de autores, entre ellos Robert Barro, quien hizo un trascendental libro sobre crecimiento económico en colaboración con el economista español Xavier Sala-i-Martín (difundido en la academia venezolana especialmente por el profesor Javier Peraza, de la UCAB, en 1995).  Diversas variables como capital humano, instituciones democráticas, gasto del gobierno, estabilidad política, incluso coeficiente intelectual, tienen todas un problema de robustez estadística para explicar el porqué unos países crecen más que otros. Hay un problema de recursividad: variables atractivas para explicar crecimiento son a su vez consecuencia del crecimiento y la prosperidad económicos. Usualmente se espera mayor capital humano, incluyendo con ello inversión en educación y salud, precisamente en economías cuyo vigor económico genera impuestos y recursos para financiar el trabajo gubernamental en esa materia. La estabilidad política suele ser más frecuente en naciones cuya economía marcha bien. Se puede transformar el tema en un debate bizantino, tipo qué fue primero, el huevo o la gallina. Esto, por supuesto, es algo frustrante, tanto para el teórico como para el político. 
Desde luego, la teoría económica ha hecho varios avances en la materia y cabe destacarse la teoría del crecimiento endógeno, con impulsores como Paul Romer, quienes han modelado variables que antes se tomaban sencillamente como exógenas, sin mucho trabajo sobre su dinámica interna. Los seguidores de este enfoque suponen dinámicas en proceso de inversiones, de financiación bancaria e innovación tecnológica, para entender mejor qué hay detrás de potenciales variables explicativas para el crecimiento.
De alguna forma Westling, con su irreverente artículo académico, está recordando los riesgos de una explicación simplificadora del crecimiento y la debilidad de muchos modelos. Sencillamente introduce en un modelo de crecimiento estándar, al estilo de Solow y usando tanto metodologías como bases de datos aceptadas en este tipo de estudios (recurre en particular al trabajo estadístico de Gregory Mankiw, el autor del más popular y moderno texto introductorio a la economía en las universidades). Incluye variables explicativas habituales y sus aproximaciones empíricas: escolaridad y régimen político; coloca variables (técnicamente se las llama dicotómicas o dummy) para marcar los países en África y también los exportadores de petróleo (ambos grupos suelen crecer menos). Es un estudio econométrico hecho según prácticas habituales. Sólo que se cuela el tamaño medio del pene como variable explicativa. Y lo sorprendente es que la variable tiene significación estadística, explica hasta 15% de las variaciones en crecimiento económico entre 121 países considerados en el análisis (con confianza estadística del 99%).
Aparte de lo jocoso, ¿Por qué incluir el tamaño del pene como variable explicativa en un estudio serio sobre crecimiento económico? Westling señala: “El órgano masculino puede ser considerada una variable bastante conveniente por dos razones. Primero, las partes del cuerpo están bien definidas y son relativamente fáciles de medir. Sobre este último punto, la longitud del órgano masculino erecto es empleada. Segundo, como explican Wylie y Eardley (2007), de modo irrefutable la longitud del pene entraña ciertas connotaciones culturales.” (p. 4)
Westling también comenta en su estudio algo bastante relevante: no se estila incluir como variables explicativas del crecimiento económico a elementos que tienen connotación biológica. Los atributos biológicos más comunes de una población o nación suelen quedar fuera en teorías del crecimiento (por ejemplo la proporción de hombres y mujeres, la edad media, la esperanza de vida, incidencia de enfermades, indicadores de pirámide poblacional, entre otros que se me ocurren desde la demografía). Esta variable que añade Westling recuerda que algo biológico también puede tener relevancia en el crecimiento, lo cual me hace sentido.
En el estudio Westling usa el período 1960-1985, emulando trabajo previo de Mankiw y esto puede ser ya una debilidad, porque si bien da validez partir de un estudio y base de datos ya homologados como los de Mankiw, se anhelaría un período más reciente de información. No obstante, se entiende que el trabajo es apenas un punto de partida sobre el tema y desde el comienzo se saben las limitaciones teóricas para explicar cómo el tamaño del pene puede influir en el crecimiento del PIB de una nación.
¿De dónde saca el autor la base de datos de longitud del pene? Usa mediciones de un sitio de Internet, www.everyoneweb.com/worldpenissize  Allí figura la longitud media del pene en erección para una base de datos de países (las reseño a continuación). Indudablemente se puede objetar la rigurosidad del levantamiento de la información (no se mide siempre en el mismo rango de edad para todo país, por ejemplo) y también cuestionar si la metodología es aplicada uniformemente en los países y destacar que  falta información sobre dispersión en cada país (cuánto se aleja la población de la media, esto es, un indicador de varianza o desviación típica). En cualquier caso, supongo que los lectores querrán saber cómo califican sus países.
Siguiendo esa base de datos, los países con menor longitud son asiáticos. En el mundo latinoamericano, Ecuador lleva el liderazgo con 17,77 cm. Destacan Venezuela y Colombia con 17,03 cm de media. Los países de mayor población en esta región tienen  estos valores: Brasil 16,10 cm, México 15,10 cm y Argentina 14,88 cm. Chile tendría 14,59 cm. Las islas caribeñas rondan los 16 cm: Cuba con 15,87 cm, República Dominicana con 15,99 cm, Puerto Rico y Haití con 16,01 cm. Perú presenta media de 16,03 cm. En Centroamérica el valor cae hacia los 15 cm (Nicaragua con 15,26 cm; Honduras con 15 cm), alejándose de la tendencia Guatemala con 15,67 cm y Panamá con 16,27 cm. España, desde donde se colonizó la mayor parte de países de la región tiene media 13,85 cm. Las naciones con mayor dimensión poblacional presentan esto valores: China con 10,89 cm e India con 10,24 cm. Entre las economías más avanzadas, EEUU tiene como medio 12,90 cm. Alemania 14,48 cm y Japón 10,92 cm. La media global es 14,5 cm.
Lo que encuentra Westling es que parece haber una relación tipo “U” entre el tamaño medio poblacional del pene y el nivel de PIB: por debajo de 12 cm de longitud y por encima de 16 cm el PIB nacional es menor. Ahora bien, en cuanto a crecimiento económico la relación es esencialmente inversa, siendo la relación estadística aproximadamente así: incrementos en un centímetro en el pene rebajan el ritmo de crecimiento entre 5% y 7% (podemos llamar esta medida novedosa “elasticidad-pene del crecimiento económico”). Obviamente hay potencial de recursividad, como en otras variables del crecimiento:  se esperaría que el tamaño del pene aumente en poblaciones que han tenido mejor nutrición y por tanto mayor talla corporal, suponiendo que efectivamente mayor talla significa mayor tamaño del pene. No obstante esto no está del todo comprobado (como nota curiosa, el autor refiere a Shah y Christopher  en un artículo de 2002, donde se halla que carecen de correlación positiva tamaño del calzado y longitud del pene, desmitificando una creencia popular).
Encontrando que la longitud del pene tiene un efecto estadístico relevante en el estudio, superando incluso otras variables como sistema político, ¿Qué teoría sustentaría el hallazgo?
Una es la correlación entre longitud del pene y producción de testosterona. El autor señala un estudio que ha encontrado correlación positiva entre ambas (hecho por M. Boas, en 2006) y también al autor C. Apicella, quien en 2008 encuentra que mayor presencia de testosterona en la saliva guarda correlación positiva con la toma de mayor riesgo. En esta línea, los hombres de un país estarían más dispuestos a tomar riesgos como emprender negocios, hacer innovaciones o desplazarse por su país cuando tienen mayor testosterona en media, algo que tendría como indicador el tamaño medio del pene. La relación tipo “U” sugiere que hay un rango óptimo: poca testosterona conduce a una inercia económica y demasiada genera excesivos riesgos y perjuicios al crecimiento económico. 
Otra teoría tiene que ver con la autoestima: menor tamaño medio del pene invitaría a una vida más laboriosa para tener compensaciones materiales o logros que devuelva la competencia y confianza sexual que los estudios de algunos autores localizan en quienes tienen falos de mayor longitud (el autor cita a Wylie y Eardley en 2007, además de Winter en 1989). Desde luego, esto es apenas una idea.
El autor reconoce que aún se carece de una teoría sólida para este asunto y advierte el riesgo de tomarse esta vertiente del crecimiento económico como algo machista. Se me ocurre que habrá que hacer un estudio sobre talla del sujetador (/corpiño/sostén) media en las mujeres para compensar. 
Rescatando lo serio de esta reseña, el artículo sobre pene y crecimiento económico nos alerta sobre las debilidades que aún tiene nuestra teoría sobre lo que hace que unas naciones crezcan y otras se rezaguen, lo cual es determinante para muchos problemas sociales, políticos y, como no, individuales. Claramente, es relevante ver elementos biológicos en cualquier teoría sobre el crecimiento y esta es una invitación. Lo biológico también refiere al cerebro e invita a estudios sobre efectos de ciertas enfermedades mentales en el crecimiento económico (depresión, ansiedad, alcoholismo), sobre lo cual ya he insinuado alguna reseña precedente en esta misma publicación.
Si esta nota se toma desde esta perspectiva, es una invitación bastante amena a meditar sobre crecimiento económico como un urgente problema colectivo, político y académico.

 

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