Absurdos Miedos
Enrique G. Avogadro
Abogado.


     “Si no hay justicia para el 
pueblo, que no haya paz para el gobierno” Emiliano Zapata.


No voy a extenderme demasiado sobre las nuevas medidas que Coqui 
y Bambino anunciaron el viernes tan desprolijamente porque, como 
casi todos, ignoraré hasta mañana, lunes, qué significan. Sólo 
diré, al respecto, que mientras no exista confianza, ningún plan 
económico podrá tener éxito.


Asistí, días atrás, a la proyección de “12 años de esclavitud”, 
una excelente película que competirá por los Oscar próximamente. 
Al ver cómo trataba un plantador sureño a sus esclavos negros, 
matándolos, violándolas y lacerando sus espaldas a latigazos por 
cualquier motivo, me pregunté por qué éstos, que obviamente 
superaban al explotador en número y fuerza física, jamás se 
rebelaban y continuaban soportando la tortura para siempre. 
Muchos otros hechos históricos, desde esta perspectiva, son 
igualmente llamativos.



Mi nota de la pasada semana, en la que me declaré 
constitucionalmente destituyente y propuse una rebelión fiscal 
–siguiendo el consejo que se puede ver en 
http://www.youtube.com/watch?v=dHezFksIM68-, provocó tanto 
aplausos como críticas, éstas inclusive de muchos a los que 
considero afines en el pensamiento. Confieso que me provocó 
incredulidad, toda vez que es un tema que he conversado con 
muchos de ellos en el último tiempo. Llegué a la conclusión de 
que un absurdo miedo a esa palabra –“destituyente”- es lo que 
impregna su accionar diario, al igual que sucede con casi todos 
los dirigentes políticos, sindicales y empresariales; la mayor 
prueba de ello fue la ausencia de De la Sota, Scioli y Massa en 
la cumbre sindical de Mar del Plata.


Mi asunción de una posición tan riesgosa se funda en los daños 
que implicará, para la Argentina entera, que este nefasto régimen 
continúe destruyendo lo poco que queda de la institucionalidad y, 
de un modo no menor, la economía. ¿Qué pasará con el trigo, si 
doña Cristina sigue al mando dos años? ¿Y con la carne? 
¿Tendremos que volver a comunicarnos por señales de humo porque 
los teléfonos dejarán, finalmente, de funcionar? Con una demanda 
creciente de energía y nulas inversiones en generación y 
distribución, ¿el único negocio exitoso será la fabricación de 
velas artesanales? En la medida en que la recaudación crece menos 
que la inflación, por lo cual el Estado verá aumentar su déficit, 
¿a cuánto llegará la emisión de billetes? ¿Y si la desbocada 
“dispersión de precios” se transformara en hiperinflación? Con 
los innecesarios y absurdos pagos en efectivo de la deuda externa 
y con el misterioso levantamiento del cepo, ¿en cuánto quedarán 
las reservas del Banco Central? ¿Cuánto más robarán la 
Presidente, los funcionarios y sus cómplices? ¿Cuál será el nivel 
de incremento del narcotráfico, apañado desde los estamentos más 
altos del poder? Un gobierno desesperado por la proximidad de su 
explosivo final, con las inevitables consecuencias sobre la banda 
de delincuentes que lo integran, ¿trepidará ante la posibilidad 
de hacerse con los ahorros privados en moneda extranjera? ¿Qué 
pasará con los jueces y fiscales probos que quedan?


La Presidente y sus corifeos se han llenado la boca, durante 
años, con el desafío a sus críticos para que formaran un nuevo 
partido y ganaran elecciones; pues bien, ambas cosas ya han 
sucedido y, si bien es altamente deseable que todos respetemos 
los plazos constitucionales, debemos considerar que nos 
enfrentamos a un régimen que jamás lo ha hecho. Es absurdo subir 
al ring a boxear con las reglas del marqués de Queensberry, si 
enfrente tenemos a un luchador que está dispuesto a pegar 
patadas, morder, golpear en cualquier sitio y, sobre todo, que ha 
elegido al referí y a los periodistas deportivos.


Creo que sostener, a esta altura de los acontecimientos, la 
pretensión de que doña Cristina termine su mandato resulta 
absurda y, como digo, sumamente costosa. La Presidente continúa 
ausente, a pesar del ridículo acto del miércoles en Casa Rosada, 
y el viernes viajó a Cuba nadie sabe para qué y como si en la 
Argentina no pasara nada. Ya son vox populi todos los rumores que 
hablan del deterioro psíquico que padece, y sus últimas 
apariciones públicas tienden a confirmarlos. Tengo para mí que el 
otro miedo que embarga el ánimo de todos los que integran el 
plexo de pre-candidatos presidenciales es tener que enfrentar las 
desastrosas consecuencias que producirá el sinceramiento de la 
economía, algo que deberemos hacer –y pagar el costo- para salir 
de este buscado –y votado- pantano en que nos hemos puesto.


Reconozco que no es un tema menor, ya que el intencional 
deterioro de la educación hará que muchos, tal vez millones, de 
nuestros conciudadanos imputen la responsabilidad de esas 
consecuencias a quien ejerza la Presidencia en ese momento, 
olvidando quiénes fueron los verdaderos culpables de la 
situación; que eso pudiera hacer reverdecer la popularidad de la 
viuda de Kirchner, sin embargo, me parece altamente improbable 
porque vi qué pasó con la de Carlos Menem.


Un tema que ha sido poco considerado es la permanente queja que 
hacen los opositores respecto a la utilización del “relato” por 
el Gobierno. Esa posición resulta, al menos, curiosa porque ellos 
fueron los primeros en “comprarlo” en todo lo que tuvo que ver 
con la represión del terrorismo; me refiero, por ejemplo, a la 
instauración de la cifra de 30.000 desaparecidos como dogma, hoy 
negada hasta por los mismos guerrilleros, a la persecución sin 
tasa ni medida a los militares y a la celebrada conversión del 
tema en un enorme negocio. Los militares presos, invocando la 
nunca probada –en términos jurídicos- comisión de delitos de lesa 
humanidad, se les han negado todos los derechos humanos y 
constitucionales, incluidos los principios de inocencia y 
legalidad, de defensa y la prisión domiciliaria para los mayores 
de setenta años que no puedan poner en peligro las pruebas ni 
estén en capacidad de fugarse; para comprobarlo, basta con ver 
este video: http://tinyurl.com/ks37wrn.


El Frente para la Victoria (de otros) ha perdido la batalla que 
convirtió en la madre de ellas durante años: el grupo Clarín ha 
visto aprobado por el AFSCA su plan de reestructuración sin 
resignar nada de su poder de fuego. Si bien lo hizo para 
justificar una conducta similar respecto Cristobal Timba López, 
que adquirió los medios del grupo Hadad (Radio 10 y C5N, entre 
otros) en violación flagrante a los dictados de la Ley de Medios 
Audiovisuales, y seguramente preparando alguna maniobra similar 
con Telefé, la realidad es que el Gobierno, que empeñó en esa 
lucha todos los medios posibles, no consiguió, siquiera, derrotar 
a Magnetto.


Para concluir, seré autorreferencial; dije, la semana pasada: 
“Resulta claro que todas las variables económicas se han salido 
de madre, por obra y gracia de una Presidente ausente y de un 
grupo de cretinos incapaces y groucho-marxistas (tan torpes que 
ni siquiera pudieron ejecutar las nefastas políticas del Foro de 
San Pablo), además de extremadamente dañinos, a los que aquélla 
ha puesto a manejar el país”. Lamento que esa afirmación se haya 
visto tan pronto confirmada.
 

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