Conspiración en la isla de la fantasía
Roberto Cachanosky
Economista. Galardonado con el Premio a la Libertad, otorgado por Fundación Atlas para una Sociedad Libre.


En la isla, las reservas de oro caen todos los días como piano de piso once, la inflación se dispara y la incertidumbre paraliza la actividad económica
Mientras Parlanchina se pasea por otras islas y está fascinada de encontrarse con uno de los dictadores más sangrientos y sanguinarios de las últimas décadas, en la Isla de la Fantasía, Patilludo y el Desautorizado, que es el Jefe de todos los ministros pero nadie le da bola, tratan todos los días de explicar lo inexplicable para justificar la crisis económica que desataron ellos en la isla.
En la isla, las reservas de oro caen todos los días como piano de piso once, la inflación se dispara y la incertidumbre paraliza la actividad económica. Como de costumbre, para tratar de saber qué pasa en la isla, Patilludo llamó al náufrago para ver qué está pasando. Es que, como todos los de La Compota viven en una nube y se dedican a pasear por el Puerto de los Maderos, una exclusiva zona de la isla en la que habitan los jerarcas del gobierno, mientras dicen que en la isla están todos mejor porque en las chozas ahora los techos son de paja y no de lona. ¡Todo un logro del modelo! La cuestión es que como viven cómodamente y no tienen ni idea de la crisis que padece la isla, cada tanto llaman al náufrago para tratar de averiguar qué pasa realmente. Igual después acomodan su discurso al relato. Por ejemplo, si el náufrago les dice que la gente pasa hambre, ellos después dicen en su relato que gracias al modelo se ha establecido un plan nacional de cuidado de la silueta para que la gente no tenga exceso de peso.
Llegado el náufrago a la choza de Patilludo comenzó la conversación.
Patilludo (P): Acá están faltando oro que no liquidan los exportadores y a hay movimientos especulativos. He detectado que los economistas opositores de la isla, al servicio de intereses oscuros, los medios de comunicación y las redes sociales, están conspirando con el poder de compra de las palmeras.
Náufrago (N): Perdón, ¿Ud. se me llamó para hablar de economía o de novelas de ciencia ficción? Si quiere que charlemos de novelas de intrigas y conspiraciones no tengo problema.
P: ¿Me va a negar que hay una conspiración en la isla para desestabilizar al gobierno?
N: ¿Y en qué consiste esa conspiración?
P: Por ejemplo, los productores de cocos no están exportando, por lo tanto  no ingresa oro y nos quedamos sin reservas de oro en el Banco de Destrucción Monetaria.
N: Pero si Uds. dijeron que lo de la relación reservas en oro y palmeras es de la época de la convertibilidad, que ahora no tiene nada que ver las reservas con la cotización de las hojas de palmera. ¿Cuál es el problema? Además Parlanchina dijo 5 meses atrás que nosotros tenemos mejor relación de reservas que la isla de Australias y Canadases. ¿Se acuerda de ese discurso?
P: Ignorando lo que le había dicho el náufrago, Patilludo siguió: El problema es que si los productores siguen especulando y no venden sus cocos, no entra oro y no podemos pagar las importaciones de combustibles. Si no importamos combustible empeora la crisis energética y la gente va a estallar por culpa de estos especuladores. Esos productores están especulando contra el modelo para desestabilizar al gobierno y perjudicar al pueblo de la isla.
N: ¿Y por qué el productor de cocos tiene que vender sus cocos cuando a Ud. se le canta, si los cocos son el fruto del trabajo y esfuerzo del productor?
P: Ud. no entiende nada de solidaridad y patriotismo.
N: Veamos, supongamos que el productor de cocos vende los cocos. ¿Qué recibe a cambio?
P: 8 palmeras por cada pepita de oro exportada en cocos.
N: No, porque como Ud. le cobra un impuesto del 35% a la exportación de cocos recibe solo 5,2 palmeras por cada pepita de oro esportada en cocos.
P: Buenos, es justo. Tenemos que cobrarles impuestos porque los pibes de la liberación de esta isla no van a cantar gratis a los actos de Parlanchina. Algo tenemos que darles. Son militantes pero no laburan gratis. Ud. entienda, son pibes de la liberación, pero tienen que tener para la birra.
N: Ok, sigamos. El productor de coco vende sus cocos y Uds. le dan 5,2 hojas de palmeras por cada pepita de oro que exportan. ¿Qué hace el productor con las hojas de palmera que Uds. le dan?
P: Puede hacer un depósito a plazo fijo al 25% anual.
N: Contra una inflación del 30% o más pierde plata. La tasa de interés es negativa. Y si siguen así la inflación va a llegar al 80% anual.
P: Ud. conspira con los medios para instalar que la inflación es alta en la isla, pero tenemos todo bajo control con el programa Guarda con los Precios.
N: Ud. lo que quiere es que los productores vendan sus cocos, Ud. le entrega hojas de palmeras que pierden valor todos los días y se queda con las pepitas de oro que mantiene su valor. ¿No le parece que es un chiste de mal gusto?
P: Son unos amarretes que les gusta abrazarse a los cocos como usureros.
N: Recuerdo a un personaje de esta isla, que vino con Uds. y le encantaba abrazarse a las cajas de seguridad. Pero ese es otro tema.
P: Los productores tienen que ser solidarios. Si tienen los cocos en los silos cocos, que vendan. Si les sobran cocos que sean solidarios y entreguen parte de lo que les sobra.
N: Justamente aprovecho para hacerle un pedido. Veo que Ud. tiene dos ojos. ¿Ve bien de los dos ojos?
P: Sí – respondió Patilludo intrigado por la pregunta.
N: Vea, el  otro día un chico perdió la vista en la isla. ¿Sería tan amable y solidario de donarle uno de sus ojos al chico?
P: No me venga con estupideces.
N: Le vengo con la solidaridad que Ud. tanto reclama. Si le sobra un ojo, ¿por qué no lo dona?
P: Yo estoy para otra cosa, no para estar discutiendo esos problemas. A mí me interesa que vendan los cocos para que entre oro, y no venden los cocos especulando con que van a recibir más hojas de palmera en el futuro. Pero nosotros damos certeza. El tipo de cambo de 8 hojas de palmera por cada pepita de oro se mantendrá
N: Vea, Uds. no la única certeza que dan es la de genera incertidumbre todos los días. Un día dicen que importan tomates y después dan marcha atrás. Otro día hablan de cobrar el impuesto a las chozas según el valor de mercado, y después Parlanchina los saca corriendo porque tiene muchas chozas en la isla y la funden. Otro día dicen que no se pueden comprar más de 25 pepitas de oro por internet y a los tres días dicen que ahora se pueden comprar algunas pepitas de oro para ahorrar. Con esas contradicciones la gente no les cree nada. Si Uds. dicen que es de día,  la gente se asoma a la ventana para ver si hay sol o es de noche. Perdieron toda credibilidad. Y cuando se pierde la credibilidad, la gente defiende su patrimonio como puede.
P: Primero está el bienestar de la isla y eso significa que tienen que entender que las hojas de palmera es la moneda de esta isla.
N: Las hojas de palmera no son un símbolo patrio de esta isla. La moneda es una mercadería que tiene la característica de ser aceptada como medio de intercambio y reserva de valor. Solo eso. Es una mercadería como cualquier otra. No sea tan bruto de confundir las hojas de palmera con el himno de la isla o  la bandera. No es más patriota quiten tiene hojas de palmera que se deprecian que el que opta por las pepitas de oro. Uds. confunden deliberadamente las hojas de palmera con los símbolos patrios para denunciar como antipatriotas a los que no aceptan esas hojas de palmeras que Uds. emiten y se deprecian. Y es deber de un buen jefe de familia defender los ahorros y los ingresos de su familia comprando pepitas de oro. El jefe de familia tiene la obligación de defender los ahorros de su familia de las locuras que Uds. hacen.
P: Sin embargo en la isla vecina nuestra al norte, la Brasileira, la gente no usa el dólar. Hay pocos dólares por persona.
N: Y bueno, si los de la isla Brasileira se dejan cobrar el impuesto inflacionario es cosa de ellos. Acá la gente, legítimamente se defiende el impuesto inflacionario que Uds. quieren aplicar. Y le digo más, es más patriota aquel que defiende sus ahorros que el que deja que Uds. lo destruyan, porque el que defiende sus ahorros y los preserva de su rapiña, el día que esta isla sea gobernada por gente normal, entonces habrá ahorro suficiente para financiar las inversiones que van a ser muy necesarias. Le diría que eludir el impuesto inflacionario es un acto patriótico. Así que no me venga a correr con la patria y las hojas de palmera.
P: Sus palabras me confirman que Uds. es un conspirador para desestabilizar al gobierno de esta isla al rechazar las hojas de palmeras que emitimos y no vender los cocos acaparándolos.
N: Como lo decía antes, Ud. no utiliza argumentos económicos para debatir el tema. Utiliza argumentos de una película de intriga y conspiraciones. Eso es ficción. Ahora, si lo que Ud. quiere es darme ficción, la verdad es que es bastante mala la calidad.
P: De la esta conversación con Ud. veo que claramente hay un espíritu conspirativo. Ya no tengo más nada que hablar con Ud. Me voy a ocupar de un tema más importante.
N: No me diga que tiene de nuevo problema con el precio de los tomates.
P: No, ahora tengo problemas con el precio de la bola de lomo.
N: Que tenga suerte en resolver el problema de la bola de lomo. Buen día.
P: Espere, antes de irse una última pregunta. ¿Cómo está el ánimo en las calles de la isla?
N: Yo le diría que Uds. tienen dos opciones: a) o se incineran con el modelo o b) levantan la bandera blanca de rendición del modelo Nac&Pop
 

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