En vez de política, salvaje mercado de votos
Javier Loaiza


La crisis política en Colombia y la crisis de institucionalidad han llegado a niveles realmente dramáticos. La corrupción desbordó todos los límites.

La política que debería ser un debate abierto sobre los temas de todos, sobre lo público, sobre propuestas para solucionarlos, para corregirlos y darle nuevos rumbos a la sociedad ha sido brutalmente desalojada de cualquier espacio en este país.

La forma elegir es como un bingo. Se vota por una letra o letras, el logo del partido o movimiento y un número, cuando es lista abierta. Ni siquiera pro el número, con lista cerrada en la que se vota por el cabeza y se termina eligiendo a otra gente que ni idea.

La campaña, es un galimatías de número, nombres y colores. Algunos se atreven a agregar frases creyendo que, definitivamente hay que tener un “slogan”. Recuerdo hace un par de años me llamaros varias personas a pedirme que les ayudara a escoger un slogan para su campaña al concejo o la alcaldía.

“Es Trabajando”, “ahora sí” “para vivir mejor”, … frases que debieran ser la síntesis de las propuestas, el resumen del mensaje no son más que adornos adicionales. Otros más prácticos solo ponen el nombre, el número, el logo de su lista y una foto.

Pero eso es lo menos peor. Los medios sólo entrevistan y reseñan a los mismos, lo que quiere decir a aquellos que les compran pauta. El mercado es de compra de medios. Se estima que los partidos de la “Mesa de Unidad” en los dos primeros meses de campaña gastaron cerca de $50 mil millones de pesos en publicidad.

A los candidatos pequeños, al resto, a los nuevos, a los de “relleno” como les llamó algún medio, les montaron unas ferias en que invitan tres o cuatro y les dan algunos minutos para que aparezcan. Así cada día, en un carrusel que nadie alcanza a comprender. Sólo sirve para que los amigos y conocidos de ese candidato o candidata vean que los medios sí los tienen en cuenta.

Otros crearon unos enormes cuestionarios con cientos de preguntas sobre temas de coyuntura. Que si el aborto, que si Petro, que si Nicaragua, que si bla, bla. Todo ello en nombre de la transparencia y la equidad.

Los costos de las campañas se dispararon y crecieron cada vez más hasta el punto de afirmar que hay campañas que pueden estar invirtiendo muchísimo más de $10 mil millones de pesos. Hay varias preguntas: de dónde sale ese dinero? No se superan con creces los topes? Quien investiga averigua o sanciona, si los casos denunciados hace cuatro y dos años aún no se resuelven? Cómo pretenden recuperar ese dinero? A quién sirve que reelijan a los mismos, a los mismos o al país?

La gente y muchos medios de manera cínica afirman que no hay propuestas, que no hay gente nueva, que no hay por quién y terminan votando por los mismos de siempre, o algunos nuevos de las familias de siempre o de los intereses de siempre.

Ahora se inventaron una falacia para las elecciones de marzo, la del voto en blanco. Para que ganara, necesitaría que votara el doble de los que tradicionalmente votan. Es decir que de una abstención de alrededor del 58%, debería quedar en menos del 20%. Y si llegara a ganar, los únicos que en un lapso de días podrían volver a presentar sus mismos candidatos, no nuevos serían los mismos partidos de siempre. Ojo que la regla la establecieron los mismos a quienes se va a aplicar. Al final, pues la abstención y el voto en blanco favorecen las maquinarias que se reciclan y se reeligen a como dé lugar

Un caso que parece simplemente paradigmático es el del Senador Roy Barreras. Se dice que tiene entre 80 y 90 vallas en todo el país. No me consta por que no he ido a contarlas. Se die que son por tres meses y que cada una cuesta alrededor de $20 millones mensuales, por tres meses de campaña, lo que arrojaría un gasto de alrededor de $5.000 millones de pesos (USD$250.000), en sólo vallas. Aparte queda radio, TV, prensa escrita, afiches, volantes, dinero para movilizaciones, “compra” de líderes”, en fin.

Marta Lucía Ramírez, candidata conservadora a la presidencia, afirma que la “mermelada” de Santos, ese eufemismo con que les dio ahora a los medios por llamar a la vulgar corrupción y abuso de poder, supera los tres billones de votos, que se ha desplegado a todos los congresistas actuales que apoyan al gobierno en su desesperado intento reeleccionista.

Al fin pues, la idea es que el que más ruido haga, es el que queda. Y ese ruido cuesta y cuesta ríos de dinero. Todo el mundo sabe y nadie dice nada, nadie señala nada. Es el mismo pacto de silencio cómplice, la Omertà o ley del silencio, código de honor siciliano que prohíbe informar sobre los delitos considerados asuntos que incumben a las personas implicadas. Un país desinstitucionalizado, corrupto, cartelizado.

Todo ello estimulado por un clima, un ambiente, un espíritu confrontacional, descalificador, e incluso agresivo que desde hace doce años se puso de moda.

El problema, al fin no es de gente mala, sino de un diseño amañado del sistema. La recursividad de los colombianos le lleva a aprovechar las reglas a su acomodo, en su beneficio, amparados por una tremenda impunidad que termina premiando a los actores, no a quienes denuncian o sancionan.

Santos con el 95% del congreso, no fue capaz de impulsar una reforma electoral y política que cambiara las costumbres políticas de este país y que lleva varios años a la espera. Qué lo iba a hacer, si lo único que lo mueve es su vanidad reeleccionista, e implica cambiar le las reglas de juego a los mismos actores que los apoyan, pues ni siquiera fue capaz de sacar adelante las reformas de la educación, de la justicia, de la salud, la reforma pensional…

Ojalá la gente tuviera el arrebato y la sindéresis y votar por candidatos realmente nuevos, apostar por gentes y ciudadanos, entre ellos cientos de mujeres y jóvenes, que se aproximaron a las listas, ellas por la cuota de género del 30% obligatoria y muchachos invitados a completar las listas. Buscar en las listas las mujeres y la gente nueva que propone cosas interesantes. aún queda más de una semana.

La abstención, el voto en blanco y el voto por los mismos no dejarán más de lo mismo. Parafraseando a Einstein, es un acto de locura pretender algo distinto haciendo las mismas cosas y de la misma manera. Pobre país.
 

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