Cuba: País en emergencia
Elena Valero Narváez
Historiadora, analista política y periodista. Autora de “El Crepúsculo Argentino. Lumiere, 2006. Miembro de Número de la Academia Argentina de Historia.


“La pasión, el grito, el odio, sustituyeron a la razón” (Carlos Franqui)

Acabo de llegar de Cuba. Fue una experiencia  interesante ya que, por primera vez, pude observar como se vive en el socialismo real.
Cuba, es la misma de la década del 50 del siglo XX, pero destruida. El sistema socialista mantuvo por más de cincuenta años a ese país en el estancamiento total. La primera impresión que uno se lleva al llegar a La Habana es la de vivir en otro tiempo donde, parece,  hubo una guerra. Salvo los hoteles todo está abandonado al paso del tiempo, sin mantenimiento alguno.
Miré hacia dentro de casas que se adivinan lindas en el pasado: hoy se asemejan a cuevas oscuras y sucias. Un señor paso a mi lado y se paró para decirme: “Allí vivimos los cubanos, déme algo, lady”.
 El acoso de la gente es general, buscan brindar algún servicio para poder comer o comprar algún producto elemental como, por ejemplo, leche en polvo para alimentar a un bebé. 
Personas mayores deambulan por las calles en estado deplorable: se acercan  pidiéndo dinero y repitiendo una palabra a la que nadie puede ser indiferente: hambre.
El turismo es lo único que funciona en Cuba. Hay playas con hoteles que albergan a turistas de todo el Mundo. La música es parte del paisaje habitual: grupos de músicos tocan y cantan en todas partes contagiando a los turistas su ritmo tropical. Hombres y mujeres, muy pobres, se apiñan en las veredas y puertas de los hoteles pidiendo limosna.
Hay unos pocos lugares preparados con todo lo que necesita el turista: tragos, música, un ambiente agradable y están los de poca o ninguna categoría. En todos  las morenitas despluman a galanes que llegan con dólares y euros a disfrutar Cuba a su manera. Los hay, setentones, con chicas que no pasan los quince años prostituídas por la necesidad. Muchas saben dos o tres idiomas para aprovechar la oportunidad de brindar algún favor bien remunerado.
Conocí  e hice amigos cubanos, a los cuales espero volver a ver,  que se esfuerzan por salir adelante en un país que les brinda pocas oportunidades. Los sueldos no alcanzan y la mayoría tiene dos trabajos.
 Hay autos modernos, se ha permitido la importación, pero les es imposible, a la mayoría, acceder a  uno.  Con un salario de 12 dólares, aunque fuera en cuotas, y lo usaran solamente para pagar el auto, les llevaría cuarenta años comprarlo. Es irrealizable ése y otros lógicos sueños cuando no alcanzan dos trabajos para una vida digna. 
Los autos antiguos, muchos refaccionados a nuevo, predominan ampliamente. No pueden venderlos a coleccionistas quienes los convertirían en casi millonarios, porque se lo prohíben.
 Taxis-bicicleta llevan de a dos y tres personas en un carrito improvisado. Se siente culpa viendo al conductor pedalear constantemente, cuadras y cuadras, llevando tanto peso. No les permiten motorizarlas
En los hoteles se les prohíbe a quienes hacen el show- buenos bailarines-alternar con los turistas. Lo hacen a escondidas y reciben las copas que no podrían pagar por su cuenta..
 Los libros que venden en la calle o en las librerías son mayoritariamente historias de la revolución o biografías del “Che”.Parece que 1959 fue ayer. La sensación general es estar viviendo cincuenta años atrás. 
Los artesanos gozan de un poquito más de comodidad económica porque producen algo que les permite subsistir.  Uno de ellos me dijo, en voz baja, que viven aterrados. Si los descubren criticando al régimen corren el peligro de desaparecer. El gobierno ensaya algún ínfimo cambio: permite dar de comer a los turistas en las casas de familia, donde improvisan restaurantes llamados paladares, de unas pocas mesas. Son –dicen- cambios para más socialismo, para que no se ilusionen con una economía de mercado.
 La aplicación del socialismo en Cuba es un fracaso por donde se lo mire. Se controla cualquier intento de movimientos espontáneos de la opinión pública, se prohíbe, directamente, o por medio de subterfugios, abandonar el país. 
Los que se atreven, para dejar de vivir miserablemente,  intentan huir hacia EEUU arriesgando sus vidas. No lo hacen, quienes tienen familia, porque temen  represalias. 
La  seguridad jurídica no existe, por lo que no hay respeto hacia los cubanos, ni hacia el capital privado.
El sistema socialista, inventado por un grupo de intelectuales, con la idea de crear una sociedad más justa e igualitaria ha fracasado, no solo en Cuba, sino en todos los países donde se aplicó.  Esas experiencias mostraron que el resultado es un régimen totalitario. Aumentó la pobreza, la arbitrariedad y la corrupción. 
El mundialmente admirado Che Guevara alegremente les dijo a los cubanos: “la revolución del mundo está en esa que ustedes llaman cortina de hierro” El país fue dominado por un hombre durante mas de 50 años: Fidel Castro. Lo llevó del nacionalismo y antiimperialismo, al comunismo. 
La ciudad muestra al lado de la pobreza, que aparece en todas partes, casonas del tiempo anterior a la revolución, las cuales atestiguan que hubo un pasado mejor cuando Cuba, en los años 50 del siglo XX, poseía una amplia y productiva clase media. Era el primer país en uso de televisores, el tercero en números absoluto de médicos, el quinto en calidad de dieta alimenticia, el tercero en cantidad de autos por habitante y en radiorreceptores.
 Ocupaba el cuarto lugar en teléfonos y el primero  en uso de energía y en asistencia al cine, entre otros muchos indicadores. No dejan duda para afirmar que era uno de los más prósperos países de América Latina.
La economía, la propiedad privada, y la persona, no estaban destruidas como actualmente porque no se rechazaba el capitalismo  aunque el régimen político no era el deseable. Se podría haber mejorado sin una revolución que intentó una utopía.
Cuba es en el año 2014, un país en emergencia, muestra el peligro de aceptar los cantos de sirena que ofrecen un mundo perfecto en vez de un mundo mejor.
En cuanto a esperanzas de cambio: “socialismo o muerte” se lee en las paredes de La Habana y sufren en la cárcel, aun, muchos presos políticos por la sola razón de emitir opinión contraria a la doctrina comunista cubana. Mientras la comunidad de naciones  siga mirando hacia otro lado, la democracia no llegará a Cuba: la opresión y la pobreza seguirán destruyendo a un país que parece vivir solo de esperanza.

 

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