Pensando a Nicolás Maquiavelo desde el liberalismo
Alejandro E. Gunsberg
Mg en Economía y Cs. Política (ESEADE). Profesor de Teoría Política en USAL, UAI, UB y UADE. Presidente de la Red de Estudios Maquiavelianos. Publicó varios artículos y ponencias sobre el pensamiento de Nicolás Maquiavelo. Actualmente trabaja la relación entre las cartas privadas de Maquiavelo y sus obras políticas. agunsberg@gmail.com


A propósito de los 500 años del Principe.
En un paper de la década del 70, John Geerken describía una serie de trabajos y conceptualizaciones de la figura de Niccolò Machiavelli. Entre esas visiones no figuraba una mirada liberal. Los trabajos sobre el pensador florentino desde la óptica liberal no abundan.  Cabe destacar sólo tres obras relevantes: la Historia del pensamiento liberal  de Pierre Manent (1990), Machiavelli´s liberal republican legacy de Paul Rahe (2010), y el trabajo de Vickie Sullivan Machiavelli, Hobbes and the formation of a liberal republicansim in England (2006). Tal situación podría confirmar la imposibilidad de realizar una lectura liberal de el autor de Il Principe. Creemos, no obstante, que es demasiado pronto para arrojar la toalla.
La pregunta acerca de la posibilidad de leer a Maquiavelo desde el liberalismo debería plantearse luego de definir qué entendemos por liberalismo. El liberalismo es el producto de una serie de ideas distintas, con diferentes trayectorias históricas que se fueron amalgamando alrededor del siglo XVI y XVII. Es así como los niveladores ingleses primero y luego en forma más sistematizada John Locke, ordenaron las bases del liberalismo político. 
Definir al liberalismo es algo arduo puesto que varios autores que podrían recibir el mote de liberales discrepan entre sí en conceptos fundacionales. Algunos autores, incluso,  entienden que existen dos liberalismos: el  liberalismo clásico emergido durante el siglo XVII y el liberalismo moderno que se desarrolla durante el siglo XIX y principalmente durante el siglo XX. Esta distinción del liberalismo clásico y del liberalismo moderno se diferencia principalmente en el rol que ocupa el Estado al interior de la sociedad y en relación con ello a la distribución de los ingresos (Ryan, 1995).
Más allá de los problemas conceptuales cuya clarificación excede los propósitos de este artículo, tomaremos las palabras de André Jardin para definir al liberalismo a partir del programa común de los liberales, el cual  (…) gira en torno a dos proposiciones. En primer lugar, respeto del individuo y garantía de los derechos humanos, derechos anteriores a toda organización social y que ésta debe respetar: libertad de conciencia, de palabra, de prensa, de propiedad, grandes libertades que deben estar al alcance de los hombres.  Esta preocupación nos explica la importancia que dieron los liberales a la organización judicial (…) y el valor que asignaron, en seguida, a la organización de poderes, que implicaba una pluralidad de autoridades sociales y la presencia de órganos representativos de la voluntad de la nación (Jardin, 2005; 9). El énfasis en el sistema legal como salvaguarda de la libertad también es señalado por Giovanni Sartori al definir al liberalismo como la teoría y praxis de la protección jurídica, por medio del Estado constitucional, de la libertad individual (Sartori, 1992; 125). Ambas concepciones pueden sintetizarse en dos elementos: libertad individual y rule of law.
Hablar de libertad nos introduce un nuevo interrogante: ¿Qué libertad es la que pregona el liberalismo? La libertad defendida, mayoritariamente, por el liberalismo es aquella que Berlin definió como “libertad negativa” (Berlin, 2005). Esta libertad se percibe claramente en palabras de Sir Thomas Hobbes: la libertad significa, propiamente hablando, la ausencia de oposición (por oposición significo impedimentos externos al movimiento) (Hobbes, 1998; 171).  
La libertad liberal se encuentra en una relación casi simbiótica con el rule of law. De allí la inclusión de Sartori de la protección jurídica del individuo por medio de un Estado constitucional. Tal situación genera un marco de previsibilidad para la interacción entre individuos y delimita la barrera entre la esfera privada y la esfera pública.
Definido el liberalismo, podemos regresar al pensamiento de Nicolás Maquiavelo. Principalmente, el florentino ha sido vinculado a la corriente republicana de pensamiento. Viroli, expresa que el republicanismo es una teoría de la libertad política que considera a la participación ciudadana en las deliberaciones soberanas dentro de un marco definido como necesaria para la defensa de la libertad (Viroli, 2002; 4). La libertad republicana puede ser entendida como “no interferencia” al estilo liberal, junto con el agregado de la “no dominación”. La no dominación se entiende como no depender de nadie o no sentir miedo de otras personas.  Esta definición nos permite trazar una línea de comunicación entre el liberalismo y el republicanismo. El acercamiento entre ambos corrientes habilita la posibilidad de una lectura liberal de Nicolás Maquiavelo.
¿Qué hay de liberal en Maquiavelo? Un concepto central para el liberalismo es el rule of law o gobierno de la ley. Maquiavelo señala que en toda sociedad existen dos grupos: aquellos que desean oprimir y aquellos que desean ser libres. Esta libertad se funda en la ley. La ley como garantía de la libertad es uno de los pilares del republicanismo que emerge de los Discursos sobre la primera década de Tito Livio.  Los ejemplos de las leyes como pilares de la libertad se repiten en varias ocasiones a lo largo de los Discursos sobre la primera década de Tito Livio, pero también podemos rastrear ejemplos similares al interior de la Historia de Florencia. Al inicio del Libro Cuarto, Maquiavelo reflexiona sobre las causas de los desordenes al interior de las ciudades y los elementos que las mantienen bien ordenadas. Dentro de las causas del orden, el pensador florentino señala que por buona fortuna para la ciudad, surge en ella un hombre prudente, honrado, poderoso y capaz de imponer leyes que aquieten las pasiones de los nobles y de plebeyos, o que las frenen de modo que no puedan causar daño, entonces es cuando una ciudad puede decirse libre y ese Estado puede considerarse firme y duradero, ya que, por estar fundado sobre buenas leyes y buena organización (ordini), no tiene necesidad de un hombre de virtù para mantenerse (…) (Maquiavelo, 2009; 191).
Entonces, la ley es también para el pensador italiano un elemento pedagógico y ordenador. Pedagógico en el sentido de que las leyes, las buenas leyes, orientan el comportamiento de los ciudadanos evitando el conflicto. En palabras del propio Maquiavelo, “No se puede llamar, en modo alguno, desordenada una república donde existieron tantos ejemplos de virtud, porque los buenos ejemplos nacen de la buena educación, la buena educación de las buenas leyes, y las buenas leyes de esas diferencias internas que muchos, desconsideradamente, condenan, pues quien estudie bien el fin que tuvieron encontrará que no engendraron exilios ni violencias en perjuicio del bien común, sino leyes y órdenes en beneficio de la libertad pública” (Maquiavelo, 2008; 42). De la cita también se desprende la función de orden. Un conglomerado humano regido por buenas leyes que a su vez inspiren buenos comportamientos minimizará el conflicto y servirá de estructura para los intercambios entre particulares. En este sentido, cabe señalar que la función de orden va a acompañada del enforcement o la capacidad de quien detenta el monopolio legal y legítimo de la violencia de hacer cumplir la ley. Esta idea también aparece en el pensador florentino:  “Porque no creo que exista cosa de peor ejemplo en una república que hacer una ley y no observarla, sobre todo si el que no la observa es quien la ha hecho” (Maquiavelo, 2008; 146). 
¿Podemos rastrear estas ideas en los autores clásicos liberales? Montesquieu define a la libertad como: “el derecho de hacer todo lo que las leyes permiten de modo que si un ciudadano pudiera hacer lo que las leyes prohíben, ya no habría libertad, pues los demás tendrían igualmente esta facultad” (Montesquieu, 1997 ; 114). Párrafos más adelante amplia su definición y agrega que: “La libertad política de un ciudadano depende de la tranquilidad de espíritu que nace de la opinión que tiene cada uno de su seguridad. Y para que exista la libertad es necesario que el Gobierno sea tal que ningún ciudadano pueda temer a otro” (Montesquieu, 1997; 115). Juntando ambas definiciones podemos observar que Montesquieu ve la libertad en la ley en dos sentidos: frente al gobierno y frente a otros ciudadanos. Ambos sentidos también los encontramos en el pensamiento de Maquiavelo.
Locke en el Segundo ensayo sobre el gobierno civil pone en el centro de la escena al poder legislativo y con él, al rule of law. Estas ideas también pueden rastrearse en los escritos del pensador italiano del siglo XVI. También, ambos entienden que deben existir límites a la autoridad de los gobernantes en pos de salvaguardar la libertad de los individuos. 
John Stuart Mill, por su parte, creía en la educación como elemento de perfeccionamiento del ser humano. En este sentido, la apuesta de Mill puede ir en sintonía con el carácter pedagógico de la ley y la construcción de ciudadanía tan cercana al republicanismo y presente dentro de los escritos de Maquiavelo. La participación política como elemento garante de la libertad, aunque sea desde un lugar egoísta, también está presente en Tocqueville y Constant.
  Es osado calificar a Maquiavelo como un pensador liberal. En primer instancia porque muchos de los elementos que constituyen al liberalismo todavía se encontraban en estado embrionario. Empero, creemos que una lectura en clave liberal de los textos maquiavelianos nos permiten transitar una senda más fructífera y frondosa, la senda del republicanismo liberal.  Si esto es correcto, los liberales deberían dejar a un lado Il Principe y lanzarse a navegar en las aguas de los Discorsi.

 

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