La responsabilidad como incentivo al desarrollo
Maximiliano Bauk

Es Analista de Políticas Económicas en el Centro de Estudios Libertad y Responsabilidad. Actualmente cursa una Maestría en Políticas Económicas en la SMC University. Participó del “Programa de Jóvenes Investigadores y Comunicadores Sociales” de Fundación Atlas para una Sociedad Libre.



En octubre de 2013 mientras me encontraba en Santiago de Chile, un amigo de allí me pidió que lo acompañe al Centro Comercial desde donde él podría enviarle una carta a sus padres que vivían en Puerto Montt. Al llegar allí me encontré con una pequeña sucursal de Correos de Chile, lo que hasta el momento parecía una simple empresa de envíos, pero mirando más detalladamente pude contar a cuatro empleados en ella: una mujer que atendía a la señora que estaba delante nuestro en la fila, otro escuchando música mientras leía el diario, al lado suyo una más con un celular en la mano jugando o enviando mensajes, y la cuarta estaba parada atrás contándoles alguna historia a los anteriores tres mientras tomaba un café, todo esto mientras nosotros esperábamos ser atendidos.  El número de empleados duplicaba al de clientes (yo no era uno de ellos, mi amigo sí), fue en ese momento en el que pregunté si aquella empresa era estatal, la respuesta fue obvia.
¿Pero porqué una mala atención y un desperdicio  de recursos me hizo suponer que se trataba de una empresa del estado? Simplemente porque esta clase de empresas contrarían incentivos básicos para la eficiencia de la misma.
En el libro Free to Choose que el premio Nobel de economía, Milton Friedman, escribió en coautoría con su esposa Rose, se explica este punto de una manera simple y clara: Allí dicen que existen cuatro maneras de gastar dinero, primero puedes gastar tu propio dinero en ti mismo, allí estás fuertemente incentivado en economizar lo mejor posible ya que tú serás el que se quede con menos dinero si lo desperdicias y a la vez tú serás el que utilice el producto, por lo que su calidad será de gran importancia; en segundo lugar puedes gastar tu dinero en alguien más, nuevamente estás incentivado en gastar poco, pero la calidad de lo obtenido no será tan importante como si fuera para uno mismo, simplemente será problema de otro; en tercero puedes gastar el dinero de otro en ti mismo, lo que obtengas debe ser de buena calidad ya que querrás disfrutarlo al máximo, como una cena gratuita en donde seguramente no te llenarás a puro pan, pero no te interesa el dinero que se gaste, siempre y cuando lo pague otro, el gasto no te preocupará. En cuarto lugar puedes gastar el dinero de otro en otros, aquí ya nada interesa, ni la cantidad de dinero gastado ya que no afectará el bolsillo de quien lo despilfarra ni la calidad del producto, pues no afectará en absoluto su calidad de vida.
Así podemos aplicar este principio a millones de casos en los que el “empresario” no pone en riesgo su patrimonio estando de esta manera incentivado a gastar lo que se le antoje con sueldos muy por encima de los que el mercado daría para una misma actividad con obras sobrevaloradas pagando por ellas excesivos precios que nada tienen que ver con su valor real y donde lo que menos importa es el cliente, quien tendrá que  soportar un pésimo servicio de nefasta atención ya que en la mayoría de los casos esta clase de empresas son un monopolio avalado por el estado en la materia.
¿Qué estímulo tiene un trabajador en hacer bien su tarea cuando no tiene responsabilidad alguna ya que existen trabas legales para que éste sea despedido? El hombre cumplirá con el horario –sólo en algunos casos en los que su huella digital sea necesaria para marcar la asistencia-  pero para el resto hay que suplicar por su buena voluntad para que sea realizado. Esto ocurre en la Argentina, monopolios estatales impunes ante la ineficiencia que afecta a millones de ciudadanos.
Es por lo hasta aquí brevemente explicado que el presente estatismo imperante ha fallado, falla y seguirá fallando en la creación de riquezas, bienes y servicios, simplemente porque no hay ningún incentivo de economizar ni de servir al prójimo.
Como conclusión podemos observar que la responsabilidad en los actos llevados a cabo por uno será un factor determinante en su buen resultado, a falta de esta, es de esperarse un fracaso. Por lo tanto, si queremos salir del subdesarrollo, podríamos tomar a la responsabilidad como puntapié inicial.
 

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