Abuso de cadena nacional
Claudio Chiaruttini
Politólogo y destacado periodista.


El regreso del abuso de la cadena nacional por parte de Cristina Fernández ha mostrado varias sorpresas: stand-up, confesiones sobre los efectos secundarios sobre el consumo de arroz, “Intoxicados” para cerrar actos oficiales, hacer promesas de bitrenes (tal como en el pasado hizo Carlos Saúl Menem con un cohete que uniría Córdoba con Japón); o anuncios que, al día siguiente, no son registrados ni por los propios diarios oficialistas y hacen montar en cólera a la Presidente de la Nación (como la “inversión” de $ 2.000 millones para combatir los efectos de las adicciones).

Pero la sorpresa también llega a los funcionarios más cercanos a Cristina Fernández, quienes no entienden muy bien la estrategia oficial que hay detrás de algunas declaraciones, de algunas presentaciones o de algunas decisiones (como el renombrar el salón Cristóbal Colón), que no tienen impacto ni en las filas kirchneristas y, menos, en la oposición.

No son pocos los analistas que aseguran que, desde comienzo de año, Cristina Fernández ha moderado su discurso y ella ha ingresado en la senda de las medidas económicas ortodoxas con el objetivo de seducir a la clase media y recuperar imagen e intención de voto entre ellos. Si es así, las encuestas muestran que el fracaso es inmenso y que, luego de 4 meses de esfuerzos, no hay el menor signo de cambio de tendencia en el enojo con quienes abandonaron el kirchnerismo y el cristinismo y, menos, de aquellos que nunca abrevaron en el oficialismo.

Mostrar una Presidente de la Nación con discurso más “aniñado”, con actitudes cuasi adolescentes y con participaciones en redes sociales en extremo informales tampoco parece generar interés o adhesión de los votantes más jóvenes, ese nicho entre los 16 y 24 años al que tanto apostó el kichnerismo para las elecciones de Octubre 2013 (y que le dieron la espalda) y que vuelven a jugarse para la votación del 2015, como si fueran el último recurso electoral que tuvieran para intentar perdurar en la política.

Tampoco en las filas progresistas parece impactar el nuevo tipo de discurso y presentación mediática de la Presidente de la Nación. En cierto sentido, el lanzamiento del Frente Amplio UNEN permite a los votantes progresistas arrepentidos de su paso por el kirchnerismo de volcar su sufragio en internas cerradas y las elecciones abiertas del año que viene. Es decir, vuelven a tener a su disposición una opción electoral con fuerte potencial político, que va por afuera del oficialismo, algo que no pasaba hace, por lo menos, desde hace 4 elecciones (cuando Elisa Carrió fue la 2da. candidata más vota a Presidente de la Nación).

Ocurre que las causas de la pérdida de votos del cristinismo y del kirchenerismo desde 2011 para acá están más allá del estilo presidencial, del relato o de los simbolismos con los que trabaja Cristina Fernández y su Gobierno. Es el deterioro económico y sus consecuencias en el poder adquisitivo de las familias las que han horadado la credibilidad y confianza en el oficialismo. Como le dijo Bill Clinton a George Bush padre:“Es la economía, estúpido”.

El kirchnerismo dejó de ser fuerte el día que murió Néstor Kirchner. El cristinismo alcanzó su máximo poder cuando se alcanzó la reelección en 2011. Desde entonces, el kirchnerismo intenta sobrevivir (el fracaso de “Unidos y Organizados” es una muestra) y el cristinismo no ha pasado de ser una estructura política y juvenil (La Cámpora) rentada, con escasas posibilidades de trascender la fecha en que se dejen de cobrar las sueldos oficiales que hoy incentivan adhesiones y militancia.

La suspensión del anuncio de las cifras de pobreza e indigencia anunciado por el ministro de Economía, Axel Kicillof, pero por orden directa de la Presidente de la Nación; puede ser tomado como la fecha en que murió el relato. Ahora, que se prometa informar sobre nuevas series estadísticas desde 2004 hace sospechar que el pasado fue “dibujado” y que se intenta dejar como “herencia” otro “dibujo” más creíble, pero “dibujo” al fin.

Que el Gobierno intente reconstruir su propio pasado es el mayor indicador de que no tienen futuro y que están preparando el camino de retirada. Y aquí se plantea un problema adicional: ¿Sabe Cristina Fernández como administrar su propia decadencia política? Después de casi 25 años de carrera política de subir en la escala de poder, ¿tiene en claro cómo ceder el espacio que hoy ocupa a otro que, quizás, no sea de su elección?

Salvo en el caso de Julio Argentino Roca, los Presidentes de la Nación que han estado extensos periodos en el Gobierno no dejaron “delfines” y no pudieron diseñar su herencia. Hipólito Irigoyen y Juan Domingo Perón en 1955 fueron expulsados de la Casa Rosada por Golpes de Estado. En 1973, cuando Juan Domingo Perón eligió a María Estela de Perón como su compañera de fórmula, pero nunca se le cruzó por la mente que moriría un año más tarde. Carlos Saúl Menem nunca quiso que Eduardo Duhalde fuera su sucesor, por eso hizo lo imposible por apoyar a Fernando de la Rúa.

Hoy, no son pocos los que aseguran que Cristina Fernández quiere que su sucesor sea Mauricio Macri por que tiene planes de volver a presentarse como candidata en 2019. Lo mismo hizo Carlos Saúl Menem y, pese a tener la mayor cantidad de votos en la primera vuelta, terminó por ser traicionado por sus propios colaboradores, los mismos que él había dejado fuera del poder en 1999 y que impulsaron a Eduardo Duhalde como reemplazante de Fernando de la Rúa, algo que se logró con un golpe institucional.

Que Cristina Fernández elija un enemigo como preferido no implica que ese personaje reciba la misma consideración de la opinión pública, ni que cuente con la estructura para ganar una elección. Además, presuponer que luego 4 años fuera del Gobierno seguirá subsistiendo el kirchnerismo o el cristinismo es parte de una fantasía mayor que impulsa muchas de las decisiones que hoy se toman en la Casa Rosada.

¿Cómo es esa fantasía oficial? Cristina Fernández cree que es la mejor Presidente de la Nación de la historia argentina, incluso, superando a Juan Domingo Perón y a su fallecido esposo, Néstor Kirchner. Para confirmar esa percepción, la Mandataria usa las encuestas del Indec que están hoy recalculando y que serán vueltas a presentar el 09/05, es decir, es construir un castillo con pilares hechos de arena.

Cristina Fernández asume como propio su pasado Montonero y, una de las grandes deudas internas que siempre ha tenido la agrupación revolucionaria fue en no convertirse en una opción superadora del viejo peronismo. En ese sentido, la Presidente de la Nación no sólo cree que ha logrado dominar y herir de muerte al Partido Nacional Justicialista, también cree que el cristinismo es la versión evolucionada del primer peronismo. Sin duda, otra percepción absolutamente subjetiva y discutible, pero que domina a los funcionarios más poderosos de la Casa Rosada.

El tercer pilar de la particular visión que tiene de la realidad política Cristina Fernández sí tiene una base real: no hay en la política argentina una opción de alternativa, ni un proyecto superador del kirchnerismo, que pueda generar adhesión y conformar una nueva mayoría que entierre los casi 11 años de Gobierno del Matrimonio Kirchner.

Es cierto que las encuestas dicen que el futuro Presidente de la Nación está entre Daniel Scioli, Sergio Massa y Mauricio Macri, pero lejos están los tres de tener la “muñeca” política de Cristina Fernández, no han podido crear un proyecto alternativo que sume gente a su alrededor (salvo el caso del ex Intendente de Tigre, que es el más exitoso para captar aliados), y ni cuentan con la estructura política para asegurar los votos que deberán sumar en 2015 para tomar la banda y el bastón presidencial.

Cristina Fernández cree que Daniel Scioli no podrá ser Presidente de la Nación sin su bendición y apoyo. Considera que Sergio Massa no es un peligro, dado que se ha estancado en su crecimiento desde las elecciones del año pasado. Por eso apuesta a un Mauricio Macri que no pasa de ser el intendente de una gran ciudad, pero sin proyección nacional que la pueda opacar en el mediano y largo plazo (es más, hay una secreta apuesta al fracaso de la gestión macrista en menos de dos años).

Estas tres consideraciones pasan por una sobreestimación que hace Cristina Fernández de sí misma y su entorno y de una subestimación grosera de sus contrincantes. Si algo demuestra la historia política argentina desde 1983, es que lo que parecía lógico, obvio y sencillo nunca se alcanza.

Nadie apostó a un Ricardo Alfonsín que le ganara al peronismo. Nadie esperaba 10 años de Gobierno de Carlos Saúl Menem. Nadie imaginó que Fernando de la Rúa tendría que escapar en helicóptero de la Casa Rosada. Eduardo Duhalde creyó que sería Presidente de la Nación gracias al voto de la gente. Néstor Kirchner creyó que tendría un segundo mandato. Cristina Fernández nunca imaginó que tendría que diseñar su propio retiro del poder.

Y aquí comienzan a aparecer las respuestas para el stand up, “Intoxicados”, el cambio de nombre de los salones de la Casa Rosada o los comentarios sobre constipación intestinal: Cristina Fernández no sabe como diseñar su propio retiro del poder. Imagina e instrumenta un plan basado en una sucesión de percepciones equivocadas, por eso comete graves errores.

Pero lo más peligroso es que Cristina Fernández tampoco está preparada para hacer el ajuste que necesita la economía para llegar al 09/12/2015 con posibilidades de soñar con regresar en el 2019. Un ajuste necesario por las distorsiones que se acumularon durante años y años de tapar la realidad con estadísticas que hoy se revisan y “redibujan”.

De esta forma, mientras pierde poder hora a hora, Cristina Fernández prepara el relato de su herencia como Presidente de la Nación para la historia e intenta elegir a su heredero en la Casa Rosada, mientras lleva a cabo un ajuste que nunca quiso hacer con un ministro de Economía que no sabe cómo hacerlo. Por eso, lo que hoy ocurre no es fruto del infortunio o del azar: es el resultado de tener que comer la misma sopa que prepararon durante 11 años la Mandataria y su marido para su sucesor. Así, el brebaje para otros, es el desayuno, almuerzo, merienda y cena de cada día. ¡Buen provecho, la comida está servida!
 

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