Como leer el espacio electoral
Diana Ferraro
Escritora


Cómo señaláramos en notas anteriores, EL POLO ELECTORAL DE LA LIBERTAD y EL PJ OFICIALISTA Y EL PJ DISIDENTE, los dos grandes campos ideológicos en que se va a dividir la próxima elección presidencial son el socialdemócrata y el liberal. Mirar el espacio electoral desde el prisma estrecho de peronismo- antiperonismo, tomando al kirchnerismo como expresión del peronismo, de poco sirve a la hora de entender la realidad argentina de las últimas tres décadas de democracia y oscurece, además, lo que debería ser una clara visión de las opciones argentinas de cara al futuro.

Si bien las socialdemocracias modernas juegan dentro de una relativa libertad de mercado—porque no les queda más remedio, más que por convicción—continúan poniendo el acento en la responsabilidad del Estado como solucionador de problemas sociales más que como supervisor de la eficiencia de la actividad privada. El liberalismo, por su parte, pone el acento en las libertades económicas y, sólo en esta última etapa globalizadora, ha comenzado a desarrollar opciones más amplias para alentar la actividad privada social, de modo de acompañar convenientemente los procesos de crecimiento.

Tanto la socialdemocracia como el liberalismo son republicanos y, en principio, respetuosos de las instituciones y de la Constitución, por lo tanto, imposibles de diferenciar en este aspecto. Es entonces en la organización de la economía que hay que trazar la línea divisoria y comprender por qué una libertad total de mercados sumada a una nueva creatividad en el campo de la actividad social privada—sindicatos, cooperativas y organizaciones libres del pueblo—va a resultar no sólo en un crecimiento económico superior sino en la oportunidad de volver a levantar el nivel de las clases medias y trabajadoras a niveles muy superiores a cualquier experiencia argentina reciente.

En el campo socialdemócrata se encuentran los radicales y todo el Frente Amplio-UNEN, con los diversos socialismos y desprendimientos radicales, y también, ideológicamente, los restos del duhaldismo y de aquel kirchnerismo inicial—que tan bien se llevaba con sus aliados radicales—antes de entrar en su fase chavista autocrática y 100% estatista. En el campo liberal se encuentra el peronismo noventista—luego peronismo disidente inhabilitado para competir en el PJ—y, desde luego, los partidos liberales, incluyendo el ala mayoritaria liberal del PRO—que supera ampliamente al ala socialdemócrata de los pro-UNEN y pro-radicalismo. Esta sola descripción marca la claridad actual del campo socialdemócrata y la falta de trabajo ideológico actualizado y de definición final del espacio liberal. Una definición necesaria para competir electoralmente con éxito.

La dificultad para lograr esta definición reside en la imperfecta ubicación del peronismo, de hecho dividido y con liderazgos que no siempre trabajan para una formación valiente y luchadora del espacio liberal, atravesados por las dudas que aún les inspiran los años noventa y su terminación posterior al final del gobierno de de la Rua y por un fracaso que erróneamente se atribuyó al principal ideólogo económico de esa larga época, Domingo Cavallo, y a sus ideas totalmente liberales. El oportuno libro del Dr. Cavallo “Camino a la estabilidad”, publicado en estos días, seguramente hará rever a unos y otros muchos prejuicios e interpretaciones erróneas de la época. Baste aquí con decir que sostenemos que en los años 90 y hasta la destitución de de la Rua por el golpe institucional de Duhalde y Alfonsín—dos socialdemócratas, uno peronista y otro radical—la orientación de la organización económica era la correcta, si bien faltó mucho por hacerse en el campo del federalismo y de la reformulación de la actividad social privada de sindicatos, cooperativas y organizaciones libres.

El desbarajuste totalitario del kirchnerismo ha pisado el archivo de la memoria anterior, el de esa feroz confrontación de socialdemocracia orientada a un Estado protector y del liberalismo orientado al crecimiento y a la modernización. Confrontación que continúa sumergida y sin revisar en la opinión pública. Esa vieja lucha es la hoy hay que rever si queremos entender qué es lo que perdimos durante esta década duhaldo-kirchnerista, qué es lo que hubiéramos ganado de persistir en el camino de los años noventa y qué podemos exigir y elegir hoy, con total conciencia de lo vivido y haciéndonos cargo de nuestra elección, responsablemente.

Este espacio liberal sólo podrá organizarse desde la suma de conciencias ciudadanas individuales—las que se avengan a hacer el proceso de revisión necesario después de tantas mentiras, versos y relatos interesados—y desde líderes que proclamen con claridad su visión y expliquen, dentro de este marco de referencia que enfrenta a dos republicanismos democráticos e institucionalistas, cuál es exactamente su visión de la organización económica.

En este espacio liberal revistan en pie de igualdad conceptual y jerarquía como gobernadores, Mauricio Macri por el PRO y José Manuel de la Sota, por el Peronismo Disidente—ambos antikirchneristas de la primera hora y defensores del federalismo y de la organización económica que otorga total libertad a la iniciativa y actividad privadas. José Manuel de la Sota debe además ser recordado como el introductor de Domingo Cavallo y la Fundación Mediterránea en el peronismo y un activo crítico de la socialdemocracia duhaldista que prefirió entregar la candidatura a dedo y el poder a los Kirchner, más que a un candidato peronista liberal, con los resultados que están a la vista. Otro gobernador, Daniel Scioli, y un ex intendente, hoy diputado, Sergio Massa, parecen hoy defender más bien una organización liberal, pero han sostenido sin problemas al kirchnerismo durante todo el tiempo que sus ambiciones personales se vieron beneficiadas. Nunca es tarde cuando la dicha es buena y es seguro que la discusión nacional entre socialdemocracia y liberalismo los alcanzará también a ellos y los obligará a definirse.

Por de pronto, esta discusión que hoy se plantea sólo en los más altos círculos políticos y no ha bajado aún a la opinión pública, ya alcanzó a Duhalde, al cual le gusta ahora decir que socialdemócratas son los otros, los radicales y no él (o Lavagna) sin que se haya atrevido a decir todavía que se ha convertido al peronismo liberal. ¡Ojalá lo hubiera sido en 1999 y llegado a la presidencia en la alianza tantas veces propuesta por Cavallo, de modo de continuar los noventa y mejorarlos! Ese hombre que tuvo que viajar para darse cuenta después de su terrible presidencia cómo era el mundo y cuanto mal le hicieron al país su corralón, la pesificación y la devaluación. El que muchos creen un gran piloto de tormentas, y como bien suele rematar Jorge Asís, ¡de las tormentas autogeneradas!

El peronismo es por cierto la pieza que hay que terminar de ubicar en el espacio electoral, pero no del modo habitual—ese que hace imaginar una alianza de UNEN y el PRO para derrotar al “peronismo”, confundiendo interesadamente kirchnerismo con peronismo—sino ubicando a los actores peronistas en los casilleros correctos. Unos son kirchneristas, los otros socialdemócratas y una gran mayoría hoy invisible y sin liderazgo, liberal. Liberal a la manera peronista, claro está, en ese camino a la modernidad emprendido en los años noventa, aún no retomado y, mucho menos, terminado.
 

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