De precios, controles, devaluaciones, golpismo y obligaciones
Héctor Blas Trillo


Como se sabe, en el último discurso en cadena nacional de la señora presidenta, ésta anunció una suba de las asignaciones familiares, adornando como siempre su alocución por una cantidad de adherentes que concurrieron al acto al sólo efecto de aplaudir los anuncios, y también como es costumbre, vivar con cánticos y aplausos diversas ocurrencias, en general agresivas hacia los medios opositores, incluso intentando adivinar titulares del día siguiente para aplicar un sarcasmo que en verdad, está bastante pasado de moda ya.
Al margen de que no es función de un presidente anunciar ajustes en asignaciones, pues corresponde a la cartera pertinente hacerlo; e incluso al margen de ironías y una marcada facciosidad, la señora de Kirchner atacó de manera genérica a “los empresarios” afirmando que eran éstos los que aumentaban los precios, ya que el gobierno, o más precisamente el Estado, no lo hace. Suponemos entre otras cosas que al hablar de esa manera no se refería a YPF, por ejemplo. Y tampoco a la enorme presión impositiva resultante, entre otras cosas, de no reconocer la inflación y obligar a pagar impuestos sobre ganancias ficticias.
La gravedad de estas afirmaciones no es menor. La inflación es un fenómeno esencialmente monetario y la presidenta y sus colaboradores lo saben muy bien. O sea, lo saben aunque demuestren entender bastante poco de economía. Y lo saben porque la misma señora de Kirchner  afirmó que la expansión monetaria resultante de los incrementos anunciados iba a aumentar la demanda agregada, por lo que ella se dirigía a “los empresarios” para que en lugar de aumentar los precios, incrementaran su producción y oferta de bienes y servicios. Más claro agua.
La frutilla de la torta llegó cuando anunció el “plan” de control de los precios a cargo de “movimientos políticos y juveniles”, lo cual en buen romance equivale a autorizar a los grupos organizados al mejor estilo de las peores dictaduras de la historia para que avancen sobre los comerciantes a los efectos de que éstos no ajusten los precios. Incluso le dio un nombre al plan: “mirar para cuidar”
No vale la pena enumerar las cuestiones obvias que se derivan de este tipo de cosas: aprietes, miedo, enfrentamientos y un daño social incomensurable están a la vista.. Y nada de esto es nuevo además. Desde aquellas campañas en los años 50 contra “el agio y la especulación” o  el recordado “denuncie al comerciante deshonesto” , ha pasado demasiada agua bajo el puente.  Y la moneda nacional ha perdido demasiados ceros como consecuencia de la irresponsbilidad y la mala intención de los políticos de turno, casi sin excepción.
Porque que la moneda actual tenga la friolera de 13 ceros menos que aquella que rigió hasta el 31 de diciembre de 1969 no obedece a causas tales como “el agio y la especulación” ni la deshonestidad de tales  o cuales comerciantes. Obedece a la estafa inflacionaria lograda mediante la emisión espuria de billetes de banco. Esto es: a la emisión de dinero sin respaldo, verdadero papel pintado. Y punto.
Recapitulemos: el peso hoy vigente lo está desde 1992, es decir que entre 1970 y 1991 (21 años) aquel peso moneda nacional se convirtió en este peso de hoy, que equivale a diez billones de aquellos viejos pesos. Veamos el número: m$n10.000.000.000.000.- equivalen a un peso de hoy, que es el mismo que el de 1992. ¿Es esto culpa de la especulación del almacenero de la esquina o del carnicero? ¿Lo es acaso de las cadenas de supermercados que durante los años 70 y hasta bien entrados los 80 ni siquiera existían?
Como decimos, no creemos que la presidenta y sus laderos no sepan de qué hablan. Lo saben, pero dicen otra cosa.
Es obvio que resulta imposible suponer que “los empresarios” habrán de invertir para producir bienes y servicios y poder abastecer la demanda adicional producto de los aumentos de asignaciones, que naturalmente serán pagados mediante emisión de moneda adicional. A menos, claro está, que una ingente masa de recursos genuinos se vuelque a las arcas del Estado, desde hace varios años nuevamente deficitario.
Pero hay más. ¿Hay alguna explicación por la cual éste nuevo ajuste de remuneraciones no se hubiera hecho hace larguísimo tiempo en estos 10 años de este declamado  crecimiento a tasas chinas? ¿No debería naturalmente estar mucho mejor la gente sin necesidad de este recurso del aumento y el amenazante control de las milicias oficiales? ¿Por qué no lo está y hace falta esta nueva vuelta de tuerca de amenazas a la población?
Obviamente que la gente no está mejor.  Y que además de no estarlo estamos en un año electoral. Y la gente no está mejor porque la inflación viene licuándole sus ingresos de manera vertiginosa, mientras el INDEC y el señor Moreno miran para otro  lado y dibujan el índice de precios para, entre tantas otras cosas, pagar menos ajustes a los bonos indexados por CER emitidos por el Estado, según ha confesado públicamente el secretario de comercio. Que cree que tal “ahorro” no se paga por otro lado.
Porque  la realidad es que estafar de esta manera a los tenedores de bonos es un generador de desconfianza en el Estado argentino de proporciones cósmicas.
A todo esto se suman las apreciaciones sobre la devaluación de la moneda. En esto la presidenta ha reiterado varias veces que hay en la Argentina “sectores” que quieren una devaluación para “ganar” con ella y que eso la señora no lo va a permitir. Sin embargo, unos días antes había anunciado un nuevo sistema de reintegros de retenciones a las exportaciones de trigo, que en la práctica equivalen a una devaluación. Ello aparte de que todos los días se produce una mini devaluación del dólar oficial.
La verdad de la milanesa es que si se produce una devaluación de proporciones más que ganar se deja de perder, y en realidad ganan quienes están endeudados en pesos, porque el monto de su deuda se reduce en dólares. ¿Y quién es el gran deudor en pesos de la Argentina? Ud lo ha dicho: el Estado. Es el Estado el que debe fortunas en Lebacs, en Nobacs y en miles de millones de pesos a proveedores.
Por su parte quienes hoy exportan soja con un valor por dólar (neto de retenciones) de $ 3,30, dejarían de perder la diferencia entre ese valor y el dólar libre.
Al margen de estos razonamientos, lo cierto es que el gobierno necesita, posiblemente,  creer que las presiones devaluatorias son producto de contubernios, intentos “destituyentes” y golpistas. Pero resulta que la inyección de moneda espuria alcanza al 40% por año en una economía prácticamente estancada. El empuje inflacionario es enorme, y la inflación no solamente hace subir los precios de las góndolas, señores. También hace subir al dólar.
Vivimos otra vez la lamentable realidad de un atraso cambiario descomunal, una moneda que nadie quiere y a la que torpemente el gobierno pretende imponer de manera tan absurda como irracional. El atavismo llega a ribetes casi infantiles y de un alto grado de autoritarismo. Un autoritarismo que nos remonta a otras épocas: controles de precios, agiotistas, especuladores, comerciantes deshonestos.  La misma retórica de los años 50. Falta llegar a los “jefes de manzana”.
A este paso llegaremos. Volveremos al “¿alguien vio alguna vez un dólar?” como declaración sublime de la negación en estado puro.
¿Vale la pena recordar que los controles de precios producen desabastecimiento, mercado negro y finalmente estallan por los aires? Las brigadas oficialistas ¿saldrán a escrachar almaceneros y supermercadistas chinos? ¿tal vez apretarán al panadero o al verdulero? ¿Qué le harán? ¿ponerle multas, extorsionarlos, exigirles que coloquen un retrato de la pareja presidencial como en otras épocas?
¿Y qué ocurrirá si no están conformes con los precios o con la falta de productos? ¿Mandarán a los comerciantes a Devoto?
Mientras tanto, el cepo cambiario se agiganta y estremece por su ridiculez. Crecen las importaciones en dólares producto de la necesidad y de la sobrefacturación. Los exportadores no saben bien qué hacer porque vender sus productos con un dólar de entre 3 y 4 pesos cuando sus insumos deben adquirirlos con un dólar de 9 pesos no deja de ser un impedimento obvio. Se achica la balanza comercial, bajan las reservas, disminuyen dramáticamente los depósitos en dólares en el sistema bancario. Ahora se limita la extracción de dólares en países limítrofes y no limítrofes con  tarjeta. Una verdadera innovación dentro de este Estado cuasipolicial, despótico y abusador, con gobernantes que creen que con estos atentados a la libertad de las gentes están construyendo un “modelo “ de país. Un “vamos por todo” que significa abusar de todos los derechos sin beneficio de inventario. Porque a cambio sólo habrá más y más miseria.
Y en el medio de todo esto, el banquero oficialista Carlos Heller dice que es positivo que se pare el mercado inmobiliario porque significa que la gente no convalida el valor del dólar libre.  Recordamos que la parálisis del mercado inmobiliario, declarada por un conocido agente inmobiliario, sirvió para que la señora presidenta saliera a escracharlo por cadena nacional por no haber presentado declaraciones juradas. Escrache puro y violación del secreto fiscal por haber declarado lo que sabe todo el mundo, incluyendo al oficialista Heller.
Y ya que estamos, terminaremos estas breves reflexiones sobre una actualidad realmente lacerante por el daño que día a día están haciéndole al país, con un comentario que hizo el mismo Heller por radio días pasados, cuando afirmó que no está de acuerdo con que se impriman billetes de mayor denominación que los 100 pesos de hoy. Y el argumento que dio para justificar su posición fue que así se obliga a la gente a “bancarizarse” porque se vuelven imposibles las operaciones en efectivo por la cantidad de billetes que implican.
Hemos escuchado, y más en estos tiempos, verdaderos atentados al sentido común, pero como los dichos de este banquero supuestamente comunista, nunca.  ¿Por qué no presenta un proyecto para SUPRIMIR los billetes de 100 pesos, y los de 50, y los de 10 y los de 5 pesos? Así la bancarización es más rápida, ¿verdad?
Aún así, la idea de este curioso personaje no está tan distanciada de las cosas que dice Guillermo Moreno, por ejemplo. La economía debe funcionar bajo presión y con obligaciones crecientes. Debemos invertir, debemos mantener los precios, debemos producir más, debemos ahorrar en pesos, debemos veranear en el país, debemos dejar de comprar departamentos si no nos los venden en pesos, etc.
A medida que las papas se calientan y llega a quemar cada vez más, la sinrazón se incrementa proporcionalmente, o más.

 

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