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LA LEY
Por Frédéric Bastiat
La ley, ¡pervertida! La ley y tras ella todas las fuerzas
colectivas de la nación, ha sido no solamente apartada
de su finalidad, sino que aplicada para contrariar su objetivo
lógico. ¡La ley, convertida en instrumento de todos
los apetitos inmoderados, en lugar de servir como freno!
¡La ley, realizando ella misma la iniquidad de cuyo
castigo estaba encargada! Ciertamente se trata de un hecho grave,
como pocos existen y sobre el cual debe serme permitido llamar
la atención de mis conciudadanos.
LA VIDA ES UN DON DE DIOS
De Dios nos viene el don que, para nosotros, los contiene a
todos: La vida. - la vida física, intelectual y moral.
Empero, la vida no se mantiene por sí misma. Aquel que
nos la ha dado, ha dejado a cargo nuestro el cuidado de mantenerla,
desarrollarla y perfeccionarla.
Para ello nos ha dotado de un conjunto de facultades maravillosas;
nos ha colocado en un medio compuesto de elementos diversos. Aplicando
nuestras facultades a aquellos elementos, es como se realiza el
fenómeno de la transformación, de la Apropiación,
por medio del cual la vida recorre el camino que le ha sido asignado.
Existencia, Facultades, Producción en otros términos,
Personalidad, Libertad, Propiedad-: he ahí al hombre.
De esas tres cosas sí puede decirse, fuera de toda
sutileza demagógica, que son anteriores y superiores a
cualquier legislación humana.
La existencia de la Personalidad, la Libertad y la Propiedad,
no se debe a que los hombres hayan dictado Leyes. Por el contrario,
la preexistencia de su personalidad, libertad y propiedad es la
que determina que puedan hacer leyes los hombres.
¿QUE ES LA LEY?
¿Qué es, pues, la ley? Es la organización
colectiva del derecho individual de legitima defensa.
Cada uno de nosotros ha recibido ciertamente de la naturaleza,
de Dios, el derecho de defender su personalidad, su libertad y
su propiedad ya que son esos los tres elementos esenciales requeridos
para conservar la vida, elementos que se complementan el uno al
otro, sin que pueda concebirse uno sin el otro. Porque, ¿qué
son nuestras facultades, sino una prolongación de nuestra
personalidad, y qué es la propiedad sino una prolongación
de nuestras facultades?.
Si cada hombre tiene el derecho de defender, aun por la fuerza,
su persona, su libertad y su propiedad, varios hombres tienen
el Derecho de concertarse, de entenderse, de organizar una fuerza
común para encargarse regularmente de aquella defensa.
El derecho colectivo, tiene pues, su principio, su razón
de ser, su legitimidad, en el derecho Individual; y la fuerza
común, racionalmente, no puede tener otra finalidad, otra
misión, que la que corresponde a las fuerzas aisladas a
las cuales substituye.
Así como la fuerza de un individuo no puede legítimamente
atentar contra la persona, la libertad o la propiedad de otro
individuo, por la misma razón la fuerza común no
puede aplicarse legítimamente para destruir la persona,
la libertad o la propiedad de individuos o de clases.
Porque la perversión de la fuerza estaría, en uno
como en otro caso, en contradicción con nuestras premisas.
¿Quién se atrevería a afirmar que la fuerza
nos ha sido dada, no para defender nuestros derechos sino para
aniquilar los derechos idénticos de nuestros hermanos?
Y no siendo eso cierto con respecto a cada fuerza individual,
procediendo aisladamente ¿cómo podría ser
cierto en cuanto a la fuerza colectiva, que no es otra cosa que
la unión organizada de las fuerzas aisladas?
Si ello es cierto, nada es más evidente que esto: la
ley es la organización del derecho natural de legítima
defensa: es la sustitución de la fuerza colectiva a las
fuerzas individuales, para actuar en el campo restringido en que
éstas tienen el derecho de hacerlo, para garantizar a las
personas, sus libertades, sus propiedades y para mantener a cada
uno en su derecho, para hacer reinar para todos la JUSTICIA.
GOBIERNO JUSTO Y ESTABLE
Si existiera un pueblo constituido sobre esa base, me parece
que ahí prevalecería el orden, tanto en los hechos
como en las ideas. Me parece que tal pueblo tendría el
gobierno más simple, más económico, menos
pesado, el que menos se haría sentir, con menos responsabilidades,
el más justo, y por consiguiente el más perdurable
que pueda imaginarse, cualquiera que fuera, por otra parte, su
forma política.
Porque bajo un régimen tal, cada uno comprendería
bien que posee los privilegios de su existencia, así como
toda la responsabilidad al respecto. Con tal que la persona fuera
respetada, el trabajo fuera libre, y los frutos del trabajo estuvieran
garantizados contra todo ataque injusto, ninguno tendría
nada que discutir con el Estado. De lograr éxito no tendríamos
que darles las gracias al Estado. Así como sí fracasamos,
no lo culparíamos en mayor medida de lo que pueden hacerlo
los campesinos, en cuanto a echarle en cara el granizo o la helada.
El Estado se haría sentir solamente por el inestimable
beneficio de la seguridad derivada de este concepto de gobierno.
Más aún, puede afirmarse que gracias a la no intervención
del Estado en los asuntos privados, las necesidades y las satisfacciones
se desarrollarían en el orden natural. No se vería
a las familias pobres pretender instrucción literaria antes
de tener pan.
No se vería poblarse la ciudad en detrimento de los campos
o los campos en detrimento de las ciudades. No se verían
esos grandes desplazamientos de capitales, de trabajo, de población,
provocados por medidas legislativas, desplazamientos que hacen
tan inciertas y precarias las fuentes mismas de la existencia,
agravando así en una medida tan grande la responsabilidad
de los gobiernos.
COMPLETA PERVERSION DE LA LEY
Por desgracia, es mucho lo que falta para que la ley esté
encuadrada dentro de su papel. Ni siquiera cuando se ha apartado
de su misión, lo ha hecho solamente con fines inocuos y
defendibles. Ha hecho algo aún peor: ha procedido en
forma contraria a su propia finalidad; ha destruido su propia
meta; se ha aplicado a aniquilar aquella justicia que debía
hacer reinar, a anular, entre los derechos, aquellos límites
que era su misión hacer respetar; ha puesto la fuerza colectiva
al servicio de quienes quieran explotar, sin riesgo y sin escrúpulos,
la persona, la libertad o la propiedad ajenas; ha convertido la
expoliación, para protegerla, en derecho y la legítima
defensa en crimen, para castigarla. ¿Cómo se ha
llevado a cabo semejante perversión de la ley? ¿Cuáles
son sus consecuencias?
La ley se ha pervertido bajo la influencia de dos causas muy
diferentes: el egoísmo carente de inteligencia y la falsa
filantropía.
Hablemos de la primera.
FATAL TENDENCIA DE LA ESPECIE HUMANA
La aspiración común de todos los hombres es conservarse
y desarrollarse, de manera que si cada uno gozara del libre ejercicio
de sus facultades y de la libre disposición de sus productos,
el progreso social sería incesante, ininterrumpido, infalible.
Pero hay otra disposición que también les es común
a los hombres. Es la que se dirige a vivir y desarrollarse, cuando
pueden, a expensas los unos de los otros. No es ésta una
imputación aventurada emanada de un espíritu dolorido
y carente de caridad. La historia da testimonio al respecto, con
las guerras incesantes, las migraciones de los pueblos, las opresiones
sacerdotales, la universalidad de la esclavitud, los fraudes industriales
y los monopolios, de todos los cuales los anales se encuentran
repletos.
Esta funesta inclinación nace de la constitución
misma del hombre, de ese sentimiento primitivo, universal, invencible,
que lo empuja hacia el bienestar y lo hace huir de la incomodidad,
el esfuerzo y el dolor.
PROPIEDAD Y EXPOLILACION
El hombre no puede vivir y disfrutar sino por medio de una transformación
y una apropiación perpetua, es decir por medio de una perpetua
aplicación de sus facultades a las cosas, por el trabajo.
De ahí emana la Propiedad.
Pero también es cierto que el hombre puede vivir y disfrutar,
apropiando y consumiendo e producto de las facultades de sus semejantes.
De ahí emana la expoliación.
Ahora bien, siendo que el trabajo es en sí sufrimiento
y ya que el hombre se inclina a huir del sufrimiento, el resultado
es -y ahí está la historia para probarlo- que prevalece
la expoliación siempre que sea menos onerosa que el trabajo;
prevalece, sin que puedan impedirlo en ese caso ni la religión
ni la moral.
¿Cuándo se detiene pues la expoliación?
Cuando se hace más onerosa, más peligrosa que el
trabajo.
Evidente es que la ley debiera tener por finalidad oponer el
obstáculo poderoso de la fuerza colectiva a aquella tendencia
funesta; que debiera tomar partido por la propiedad y contra la
expoliación.
Pero, lo más frecuente es que la ley sea hecha por un
hombre o por una clase de hombres. Y siendo inoperante la ley
sin sanción, sin el apoyo de una fuerza preponderante,
es inevitable que en definitiva quede aquella fuerza en manos
de quienes legislan.
Este fenómeno inevitable, combinado con la funesta inclinación
que hemos comprobado que existe en el corazón del hombre,
explica la perversión casi universal de la ley. Se concibe
así como, en lugar de constituir un freno contra la injusticia,
se convierte en un instrumento y el más invencible instrumento
de la injusticia. Se concibe que, según sea el poder legislador,
destruya -en provecho propio y en grados diferentes, en cuanto
al resto de los hombres- la personalidad con la esclavitud, la
libertad con la opresión y la propiedad con la expoliación.
VICTIMAS DE LA EXPOLIACION LEGAL
Está en la naturaleza de los hombres el reaccionar contra
la iniquidad de que sean víctimas. Así, pues, cuando
la expoliación está organizada por la ley, en beneficio
de las clases que la dictan, todas las clases expoliadas tienden
por vías pacíficas o revolucionarias a tener alguna
participación en la confección de las leyes. Tales
clases, según sea el grado de esclarecimiento a que hayan
llegado, pueden proponerse dos finalidades muy diferentes al perseguir
la conquista de sus derechos políticos: o quieren hacer
cesar la expoliación legal, o aspiran a participar en dicha
expoliación.
¡Desgraciadas, tres veces desgraciadas las naciones en
las cuales sea este último pensamiento el que predomine
en las masas en el momento en que a su vez se apoderen de la facultad
de legislar!
Hasta la época presente, la expoliación legal era
ejercitada por un pequeño número contra el gran
número, tal como se ve en los pueblos en los cuales el
derecho de legislar se concentra en pocas manos. Pero he aquí
que se ha vuelto universal y se busca el equilibrio, en la expoliación
universal. En lugar de extirpar lo que la sociedad contenía
de injusticia, se generaliza esta última. Tan pronto como
las clases desheredadas han recuperado sus derechos políticos,
el primer pensamiento que de ellas se adueña, no es el
de liberarse de la expoliación (eso supondría en
ellas conocimientos que no pueden tener) sino el de organizar
contra las otras clases y en su detrimento, un sistema se represalias
-como si fuera necesario, antes del advenimiento del reinado de
la justicia- que una cruel venganza viniera a herirlas, a unas
a causa de su iniquidad, a las otras a causa de su ignorancia.
RESULTADOS DE LA EXPOLIACION LEGAL
No podía pues introducirse en la sociedad un cambio
más grande y una mayor desgracia que ésta: la ley
convertida en instrumento de expoliación.
¿Cuáles son las consecuencias de una perturbación
semejante? Se necesitarían volúmenes para describirlas
a todas. Contentémonos con indicar la más sobresaliente.
La primera, es la de borrar en todas las conciencias la distinción
entre lo justo y lo injusto.
Ninguna sociedad puede existir, si no impera en algún
grado el respeto a las leyes; pero es el caso que lo que da más
seguridad para que sean respetadas las leyes, es que sean respetables.
Cuando la ley y la moral se encuentran en contradicción,
el ciudadano se encuentra en la cruel disyuntiva de perder la
noción de lo moral o de perder el respeto a la ley, dos
desgracias tan grandes una como la otra y entre las cuales es
difícil elegir.
Hacer reinar la justicia está tan en la naturaleza de
la ley, que ley y justicia, es todo uno en el espíritu
de la gente. Todos tenemos una fuerte inclinación a considerar
lo legal como legítimo, hasta tal punto que son muchos
los que falsamente dan por sentado que toda justicia emana de
la ley. Basta pues que la ley ordene y consagre la expoliación,
para que ésta parezca justa y sagrada para muchas conciencias.
La esclavitud, la restricción, el monopolio, encuentran
defensores no solamente entre los que de ello aprovechan, sino
aún entre los que por ello sufren.
SE CONDENA A LOS DISIDENTES
Si alguien pone en duda la moralidad de aquellas instituciones
se dirá: "Sois un innovador peligroso, un utopista,
un teórico, despreciáis las leyes; conmovéis
la base sobre la cual reposa la sociedad".
Si uno dicta cátedra sobre moral o economía no
tardan en aparecer instituciones oficiales que hacen llegar al
gobierno peticiones como las siguientes:
"Que en adelante se enseñe la ciencia, no ya desde
el único punto de vista del libre intercambio (de la libertad,
la propiedad y la justicia) como hasta ahora ha ocurrido, sino
que también y sobre todo, sea enseñada desde el
punto de vista de los hechos y de la legislación (contraria
a la libertad, propiedad y justicia) que rige la industria nacional.
"Que en las cátedras públicas, remuneradas
por el Tesoro, el profesor se abstenga rigurosamente de llevar
el menor ataque al debido respeto a las leyes en vigor".
De manera que si existe una ley que consagra la esclavitud o
el monopolio, la opresión o la expoliación en una
forma cualquiera, no se podrá siquiera hablar de ella;
porque ¿cómo podría hablarse de esa ley,
sin conmover el respeto que inspira? Más aún, habrá
que enseñar moral y economía política desde
el punto de vista de aquella ley, es decir basándose en
el supuesto de que es justa, sólo por ser ley.
Otro aspecto de la deplorable perversión de la ley, es
el que da una preponderancia exagerada a las pasiones y luchas
políticas, y en general a la política propiamente
dicha.
Podría probar mi afirmación de mil maneras. Me
limitaré por vía de ejemplo a relacionarla con el
asunto que recientemente ha ocupado el espíritu de todos:
el sufragio universal.
¿QUIEN DEBE JUZGAR?
Piensen lo que piensen al respecto los afectos a la escuela de
Rousseau -que se dice muy avanzada y que para mí
tiene un atraso de veinte siglos- el sufragio universal (tomando
la palabra en su aceptación rigurosa) no es uno de esos
dogmas sagrados, con respecto a los cuales el examen y la duda
misma constituyen crímenes.
Pueden oponérsele graves objeciones.
Para empezar, la palabra universal oculta un sofisma grosero.
Hay en Francia treinta seis millones de habitantes. Para que el
derecho de sufragio fuera universal, tendría que serle
reconocido a treinta y seis millones de electores. En el sistema
más amplio, no se le reconoce sino a nueve millones. Luego,
quedan excluidas tres de cada cuatro personas, y lo que es más
importante, quien excluye a los otros es la cuarta persona. ¿Sobre
qué principio se funda tal exclusión? Sobre el principio
de la incapacidad. Sufragio universal quiere decir: sufragio universal
de los que tienen capacidad. Quedan en pie estas cuestiones de
hecho: ¿Quiénes son capaces? ¿Acaso la edad,
el sexo, o las condenas judiciales, son los únicos signos
por los que puede reconocerse la incapacidad?
RAZON PARA RESTRINGIR EL VOTO
Si se mira de cerca, muy pronto se percibe el motivo por el cual
el derecho de sufragio se basa en la presunción de capacidad
y a ese respecto el sistema más amplio no difiere del más
restrictivo, sino en la apreciación de los signos por los
cuales puede reconocerse la capacidad; lo cual no constituye una
diferencia de principio sino de grado.
El motivo está en que el elector al votar no compromete
sólo su interés sino el de todo el mundo.
Si, como lo pretenden los republicanos de tipo griego o romano,
nos estuviera conferido el derecho de sufragio junto con la vida,
sería inicuo que los adultos impidieran votar a mujeres
y niños. ¿Por qué se les excluye? Porque
se les presume incapaces. ¿Y por qué la incapacidad
es motivo de exclusión? Porque al elector no le toca a
él sólo la responsabilidad de su voto; porque cada
voto compromete y afecta a la comunidad entera; porque la comunidad
bien tiene el derecho de exigir algunas garantías en cuanto
a los actos de los cuales depende su bienestar y su existencia.
LA SOLUCION ESTA EN RESTRINGIR LA FUNCION DE LA LEY
Sé lo que puede contestarse. También sé
lo que se podría replicar. No es éste el lugar para
agotar tal controversia. Lo que quiero hacer observar es que esa
misma controversia (como también la mayor parte de las
cuestiones políticas) que agita, apasiona y trastorna los
pueblos, perdería casi toda su importancia si la ley hubiera
sido siempre lo que debía ser.
En efecto, si la ley se limitara a hacer respetar a todas
las personas, a todas las libertades y todas las propiedades,
si no fuera más que la organización del derecho
individual de legítima defensa, el obstáculo, el
freno y el castigo opuesto a todas las opresiones y a todas las
expoliaciones, ¿puede creerse que hablamos de disputar
mucho, entre conciudadanos, a propósito del sufragio, más
o menos universal? ¿Se cree que por eso se pondría
en cuestión el mayor de los bienes, la tranquilidad pública?
¿Se cree que las clases excluidas no habrían de
esperar tranquilamente que les llegará su turno? ¿Se
cree que las clases admitidas al voto, estarían muy celosas
por conservar su privilegio? ¿Y acaso no es claro que siendo
idéntico y común el interés, los unos actuarían
sin causar inconvenientes a los que no votan?
LA FATAL IDEA DE LA EXPOLIACION LEGAL
Pero si llega a introducirse el principio funesto de que so pretexto
de organización, reglamentación, protección
y apoyo, la ley puede quitar a los unos para dar a los otros,
echar mano a la riqueza adquirida por todas las clases para aumentar
la de una clase, a veces la de los agricultores, en otros casos
la de los manufactureros, negociantes, armadores, artistas o comerciantes.
¡Oh!, por cierto en ese caso, no hay clase que no pretenda
-con razón- echar mano a la ley también ella; que
no reivindique curiosamente su derecho de elegir y ser elegida,
y que no esté dispuesta a trastornar la sociedad antes
de renunciar a sus pretensiones. Los mismos mendigos y vagabundos
probarán que tienen títulos incontestables. Dirán:
"Nunca compramos vino, ni tabaco, ni sal, sin pagar impuestos,
y una parte de tales impuestos se da por vía legislativa
en forma de primas y subvenciones a hombres más ricos que
nosotros. Hay otros que hacen servir la ley para elevar artificialmente
el precio del pan, de la carne, del hierro y del paño.
Ya que cada uno explota la ley en provecho propio, también
nosotros queremos explotarla".
Queremos sacar de ahí el derecho a la beneficencia, que
es la parte del pobre en la expoliación. Para ello, es
necesario que seamos electores y legisladores, a fin de que organicemos
en gran escala la limosna para nuestra clase, tal como se ha organizado
en gran escala la protección para la clase pudiente. No
se nos diga que se nos dará nuestra parte, que nos será
arrojada -según la propuesta de Mimerel- una suma
de 600,000 francos para hacemos callar, como un hueso para roer.
¡Tenemos otras pretensiones, y en todo caso, queremos dictar
preceptos en nuestro beneficio, así como otras clases lo
hicieron en provecho suyo!
LA PERVERSION DE LA LEY PROVOCA CONFLICTO
¿Qué puede contestarse a esos argumentos? Mientras
sea admitido en principio que puede desviarse la ley de su misión
verdadera, que aquella puede violar los derechos de propiedad
en lugar de garantizarlos, cada clase querrá hacer la ley,
sea para defenderse contra la expoliación, sea para organizarla
también en provecho propio. La cuestión política
prevalecerá sobre la justicia, será dominante y
absorbente; en una palabra se luchará en las puertas del
palacio legislativo. La lucha adentro no será menos encarnizada.
Para convencerse de ello, sólo es necesario observar lo
que ocurre en las legislaturas en Francia y en Inglaterra; basta
saber cómo queda planteado el asunto.
¿Hay necesidad de probar que esa odiosa perversión
de la ley es perpetua causa de odio y de discordia, que puede
llegar hasta la desorganización social?
Mirad hacia los Estados Unidos. De todo el mundo es el país
donde la ley se mantiene más adentro de su papel, que es
el de garantizar a cada uno su libertad y su propiedad. También
es el país de todo el mundo donde el orden social parece
descansar sobre las bases más estables. Con todo, también
en los Estados Unidos existen dos cuestiones -no hay más
que dos- que desde el principio han puesto en peligro varias veces
el orden político.
LA ESCLAVITUD Y LAS TARIFAS ADUANERAS SON EXPOLIACION
¿Y cuáles son esos dos asuntos? El de la esclavitud
y el de las tarifas aduaneras; es decir, precisamente las dos
únicas cuestiones en las cuales, contrariamente al espíritu
general de aquella república, la ley ha tomado el carácter
expoliativo. La esclavitud es una violación consagrada
por la ley, a los derechos de la persona. El proteccionismo es
una violación, cometida por la ley, del derecho de propiedad;
y ciertamente es muy de notar que en medio de tantos otros debates,
aquel doble azote legal, triste herencia del antiguo mundo, sea
el único que puede traer, y que traerá tal vez la
ruptura de la unión americana. Es que en efecto, no podrá
imaginarse en el seno de una sociedad, un hecho más digno
de consideración que el siguiente: La ley transformada
en instrumento de injusticia. Y si tal hecho engendra tan formidables
consecuencias en los Estados Unidos, donde no constituye más
que una excepción, ¿qué debe ser en nuestra
Europa, donde constituye un principio, un sistema?
DOS CLASES DE EXPOLIACION
Montalembert, apropiándose del pensamiento contenido
en una famosa proclama de Carlier decía: hay que
hacerle la guerra al socialismo. Y, por socialismo, Charles
Dupin, entendía referirse a la expoliación.
¿Pero a qué expoliación se refería?
Porque hay dos clases: la expoliación extra-legal y
la legal.
En cuanto a la extra-legal, la que se llama robo, estafa, la
que define, prevé y castiga el Código Penal, en
verdad no creo que pueda decorársela con el nombre de socialismo.
No es la que amenaza sistemáticamente a la Sociedad en
sus fundamentos. Por otra parte, la guerra contra esa clase de
expoliación no ha esperado la señal de Montalembert
o de Carlier. Se ha dado desde el comienzo del mundo; Francia
había tomado medidas al respecto mucho antes de la Revolución
de Febrero de 1848, mucho antes de la aparición del socialismo,
por medio de todo un aparato de justicia, policía, gendarmería,
prisiones, presidios y patíbulos. La ley misma es la que
conduce a está guerra y para mí lo que sería
de desear, sería que la ley conservara siempre esta actitud
con respecto a la expoliación.
LA LEY DEFENDIENDO A LA EXPOLIACION
Pero no ocurre así. La ley a veces defiende y participa
en la expoliación. A veces la lleva a cabo por su propia
mano a fin de ahorrarle al beneficiario la vergüenza, el
peligro y el escrúpulo. A veces pone todo aquel aparato
de juzgados, policía, gendarmería y prisión,
al servicio del expoliador, tratando como criminal al expoliado
que se defiende. En una palabra, existe la expoliación
legal, que es sin duda la mencionada por Montalembert.
Tal expoliación puede ser en la legislatura de un pueblo,
nada más que una mancha excepcional -y en ese caso, lo
mejor que puede hacerse, sin tantas declamaciones y jeremiadas,
es borrarla lo más pronto posible, a pesar de los clamores
de los interesados.
COMO IDENTIFICAR LA EXPOLIACION LEGAL
¿Cómo reconocerla? Es muy sencillo. Hay que
examinar si la ley quita a algunos lo que les pertenece, para
dar a otros lo que no les pertenece. Hay que examinar si la ley
realiza, en provecho de un ciudadano y en perjuicio de los demás
un acto que aquel ciudadano no podría realizar por si sin
incurrir en criminalidad. Perentoriamente debe derogarse tal
ley; no constituye solamente una iniquidad, sino que es ella fuente
fecunda de iniquidades; porque provoca represalias, y de no tenerse
cuidado, el hecho excepcional habrá de extenderse y multiplicarse,
transformarse en algo sistemático. Sin duda el beneficiario
chillará: invocará los derechos adquirimos. Dirá
que el Estado debe protección y fomento a su industria;
alegará que es bueno que el Estado lo enriquezca, porque
siendo rico, gastará más, derramando así
una lluvia de salarios sobre los obreros pobres. Hay que guardarse
de escuchar a este sofista,, pues es justamente por la sistematización
de tales argumentos, como quedará sistematizado la expoliación
legal.
Es lo que ha ocurrido. La quimera de hoy es la de enriquecer
a todas las clases, las unas a expensas de las otras; es la de
generalizar la expoliación bajo el pretexto de organizarla.
LA EXPOLIACION LEGAL TIENE MUCHOS NOMBRES
Ahora bien, la expoliación legal puede ejercitarse en
una multitud, infinita de maneras; de ahí la infinita multitud
de planes de organización: tarifas, proteccionismos, primas,
subvenciones, fomentos, impuestos progresivos, instrucción
gratuita, derecho al trabajo, derecho a la ganancia, derecho al
salario, derecho a la asistencia, derecho a los instrumentos de
trabajo, gratuidad del crédito, etc. Y es el conjunto
de todos aquellos planes, en lo que tienen de común que
es la expoliación legal, lo que toma el nombre de socialismo.
Es el caso que así definido el socialismo, formando un
cuerpo de doctrina, ¿qué guerra puede hacérsele,
no siendo una guerra de doctrina? Se encuentra que la doctrina
socialista es falsa, absurda, abominable. Debe refutársela.
Lo cual resultará tanto más fácil, cuanto
más falsa, absurda y abominable sea. Sobre todo, si se
quiere ser fuerte, hay que comenzar por extirpar de la legislación
todo lo que haya podido deslizarse en ella, de carácter
socialista, y no es trabajo pequeño.
EL SOCIALISMO ES EXPOLIACION LEGAL
Se ha reprochado a Montalembert el querer emplear la fuerza
bruta contra el socialismo. Es un reproche del cual hay que exculparlo,
porque formalmente ha dicho: hay que hacerle al socialismo la
guerra que sea compatible con la ley, el honor y la justicia.
¿Pero cómo es que Montalembert no se da
cuenta de que se coloca en un círculo vicioso? ¿Quiere
oponer la ley al socialismo? Pero, el socialismo precisamente
invoca la ley. No apela a la expoliación extra-legal, sino
a la expoliación legal. Al igual que todos los monopolistas,
pretende hacer un instrumento de la ley misma; y una vez que tenga
la ley de su parte, ¿cómo se puede volver la ley
contra él? ¿Cómo pretender colocarlo bajo
el poder de los tribunales, gendarmes y prisiones?
Luego, ¿qué hacer? Se le quiere impedir que intervenga
en la confección de las leyes. Se le quiere mantener fuera
del palacio legislativo. Me atrevo a predecir que no se tendrá
éxito, mientras dentro se legisle basándose en el
principio de la expoliación legal. Es demasiado ¡lógico,
demasiado absurdo.
LAS ALTERNATIVAS QUE SE NOS PRESENTAN
Es absolutamente necesario que este asunto de la expoliación
legal se resuelva, y no hay más que tres soluciones:
Que los menos expolien a los más.
Que todos expolien a todos.
Que ninguno expolie a nadie.
Hay que elegir entre expoliación parcial, expoliación
universal o ausencia de expoliación. La ley no puede perseguir
sino uno de aquellos tres resultados.
La expoliación parcial es el sistema que ha prevalecido
mientras ha sido limitado el sufragio, sistema al que se retorna
para evitar la invasión del socialismo.
Expoliación universal es el sistema que nos ha amenazado
cuando el sufragio se ha hecho universal, ya que las masas han
concebido la idea de legislar basándose en el mismo principio
utilizado por los legisladores que las precedieron cuando el sufragio
era limitado.
Ausencia de expoliación es el principio de justicia,
de paz, de orden, de estabilidad, conciliación y buen sentido,
que habré del proclamar con todas mis fuerzas, ¡ay!
por mucho insuficientes, hasta mi último aliento.
FUNCION PROPIA DE LA LEY
Y sinceramente ¿puede pedirse otra cosa a la ley? La ley
que tiene como sanción necesaria a la fuerza, ¿puede
razonablemente ser empleada para otra cosa que no sea su función
de mantener a cada uno en su derecho? Desafío a cualquiera
para extender su función más allá de ese
círculo, sin volverla contra el derecho, y por consiguiente,
sin volver la fuerza contra el derecho. Y como es esa la perturbación
social más funesta y más ilógica que pueda
imaginarse, debe ser reconocido sin dificultad que la verdadera
solución, tan buscada, para el problema social, se encierra
en esas simples palabras: LA LEY ES LA JUSTICIA ORGANIZADA.
Ahora, notémoslo bien: organizar la justicia por medio
de la ley, es decir, mediante la fuerza, excluye la idea de organizar
por la ley o por la fuerza una manifestación cualquiera
de la actividad humana: trabajo, caridad, agricultura, comercio,
industria, instrucción, bellas artes o religión;
porque no es posible que una de esas organizaciones secundarias
deje de aniquilar la organización esencial: LA JUSTICIA.
En efecto, cómo imaginar a la fuerza coartando la libertad
de los ciudadanos, sin que resulte dañada la justicia,
es decir sin actuar contra su propia finalidad?
SEDUCTOR ENGAÑO DEL SOCIALISMO
Tropiezo aquí contra el prejuicio más popular de
nuestra época. No se quiere solamente que la ley sea justa;
se quiere también que sea filantrópica. No se está
conforme conque garantice a cada ciudadano el libre y pacífico
ejercicio de sus facultades, aplicadas a su desarrollo físico,
intelectual y moral: se exige que esparza directamente sobre la
nación el bienestar, la instrucción y la moralidad.
Ese es el aspecto seductor del socialismo.
Pero, lo repito, aquellas dos misiones de la ley, se contradicen.
Es necesario optar. El ciudadano no puede al mismo tiempo ser
libre y no serio.
LA FRATERNIDAD FORZADA DESTRUYE LA LIBERTAD
Me escribió una vez Lamartine: "Vuestra doctrina
no es más que la mitad de mi programa: os habéis
detenido en la libertad, yo estoy ya en la fraternidad".
Le contesté: "La segunda mitad de vuestro programa
habrá de destruir la primera". Y, en efecto, me es
completamente imposible separar la palabra fraternidad, de la
palabra voluntarismo. Me es por completo imposible concebir la
fraternidad forzada legalmente, sin que resulte la libertad legalmente
destruida y la justicia legalmente pisoteada.
La expoliación legal tiene dos raíces: una, acabamos
de verlo, está en el egoísmo humano; la otra está
en la falsa filantropía.
Antes de seguir adelante creo que debo explicarme acerca de la
palabra expoliación.
LA EXPOLIACION VIOLA LA PROPIEDAD
No tomo la expresión como se hace demasiado a menudo en
un sentido vago, indeterminado, aproximativo y metafórico.
Me sirvo de ella en el sentido completamente científico,
destinándola a expresar la idea opuesta a la de la propiedad.
Cuando una porción de riqueza pasa sin su consentimiento
y sin su compensación de aquel que la ha adquirido, a quien
no la ha creado, ya sea por la fuerza o por el engaño,
digo que hay ataque a la propiedad, produciéndose una expoliación.
Digo que ahí está precisamente lo que la ley debiera
reprimir en todas partes y siempre. Que si la ley misma realiza
el acto que debiera reprimir, sigo diciendo que no hay ahí
menos expoliación sino más aún, desde el
punto de vista social, con circunstancias agravantes. Sólo
que en tal caso, no tiene la responsabilidad quien se aprovecha
de la expoliación, sino la ley, el legislador, la sociedad,
y he allí la existencia del peligro político.
Es lamentable que la palabra expoliación sea ofensiva.
Vanamente he buscado otra, porque en ningún momento, y
hoy menos que nunca, quisiera arrojar en medio de nuestras discordias
una palabra irritante. Por eso, se crea o no, declaro que no pretendo
atacar las intenciones, o la moralidad de ninguno. Ataco una idea
que creo falsa, un sistema que me parece injusto y tan lo hago
prescindiendo de las intenciones, cuanto que reconozco que cada
uno de nosotros aprovecha de la idea del sistema sin quererlo,
y sufre por el mismo sin saber la causa.
TRES SISTEMAS DE EXPOLIACION
Sería necesario escribir bajo la influencia del espíritu
de partido o del temor, para poner en duda la sinceridad del proteccionismo,
del socialismo y aún del comunismo, que no son sino un
solo árbol en tres períodos diversos de su crecimiento.
Sólo ocurre que la expoliación se hace más
visible, por su particularidad, en el proteccionismo, y
por su universalidad en el comunismo; de donde resulta
que de los tres sistemas el socialismo es aún el
más vago, el más indeciso, y por consiguiente el
más sincero.
Si en Francia la protección no fuera acordada mas que
a una sola clase, por ejemplo a los herreros, sería tan
absurdamente expoliativa que no podría mantenerse. Así
es que vemos coaligarse a todas las industrias protegidas, hacer
causa común y aún reclutarse hasta aparentar que
abarcan todo el conjunto del trabajo nacional. Instintivamente
se dan cuenta de que la expoliación se disimula al generalizarse.
Como quiera que sea, cuando admito que la expoliación
legal tiene como una de sus fuentes la filantropía falsa,
es evidente que descarto lo relativo a intenciones.
Bien comprendido esto, examinemos qué es lo que vale,
de dónde viene y dónde desemboca la aspiración
popular que pretende realizar el bien general, por medio de la
expoliación generalizada.
Nos dicen los socialistas: Puesto que la ley organiza la justicia,
¿por qué no habría de organizar el trabajo
la enseñanza y la religión? ¿Por qué?
Porque no podría organizar el trabajo, la enseñanza
y la religión, sin desorganizar la justicia.
LA LEY ES LA FUERZA
Nótese pues que la ley es la fuerza y que por consiguiente
el campo de acción de la ley no puede extenderse más
allá del legítimo campo de acción de la fuerza.
Cuando la ley y la fuerza mantienen a un hombre dentro de la
justicia, no le imponen otra cosa que una pura negación.
No le imponen más que la abstención de dañar
a otros. No atentan ni contra su personalidad, ni contra su libertad,
ni contra su propiedad. Tan sólo salvaguardan la personalidad,
la libertad y la propiedad de los demás.
LA LEY, CONCEPTO NEGATIVO
La ley y la fuerza se mantienen a la defensiva: defienden el
igual derecho de todos. Llenan una misión cuya inocuidad
es evidente, de utilidad palpable y cuya legitimidad no se discute.
Tan cierto es eso, que uno de mis amigos me hacía notar
que decir que la finalidad de la ley es hacer reinar la justicia,
es valerse de una expresión que no es rigurosamente exacta.
Debe decirse: "La finalidad de la ley está en
impedir el reinado de la injusticia". En efecto,
no es la justicia quien tiene existencia propia, sino la injusticia.
La una es resultado de la ausencia de la otra.
Pero, cuando la ley -por intermedio de su agente necesario, la
fuerza- impone un modo de trabajo, un método o una materia
de enseñanza, una fe o un culto, no actúa ya negativamente;
actúa en forma positiva sobre los hombres. La voluntad
del legislador sustituye a la libre iniciativa. La persona no
tiene ya para qué reflexionar, comparar o prever; todo
eso lo hace por ellos la ley. La inteligencia les resulta un artículo
inútil; cesan de ser hombres; pierden su personalidad,
su libertad y su propiedad.
Ensáyese imaginar una forma de trabajo impuesta por la
fuerza que no constituya un atentado a la libertad; una transmisión
de riqueza por la fuerza, que no sea un atentado a la propiedad.
Al ver que aquello resulta imposible, debe reconocerse que la
ley no puede organizar el trabajo y la Industria, sin organizar
la injusticia.
EL ASPECTO POLITICO
Cuando un político, desde el aislamiento de su oficina,
pasea su mirada sobre la sociedad, se conmueve por el espectáculo
de desigualdad que se le presenta. Gime por los sufrimientos que
son dote de tan gran número de nuestros hermanos, sufrimiento
cuyo aspecto se hace aún más entristecedor por el
contraste con el lujo y la opulencia.
Tal vez correspondería preguntarse si tal estado social
no tiene por causa antiguas expoliaciones ejercitadas por vía
de la conquista y por nuevas expoliaciones ejercitadas por intermedio
de las leyes. Debiera preguntarse si, dada la aspiración
de todos los hombres hacia el bienestar y el perfeccionamiento,
no es suficiente el reinado de la justicia para realizar la mayor
actividad de progreso y la mayor suma de igualdad, compatibles
con la responsabilidad individual que Dios ha establecido para
que virtudes y vicios tengan para cada uno su justa consecuencia.
Ni siquiera se formulan tales preguntas. el pensamiento apunta
a combinaciones, arreglos y organizaciones legales o ficticias.
Se busca el remedio en la exageración y perpetuación
de lo que produce el mal. Porque, fuera de la justicia, que como
lo hemos visto no es más que la negación de lo injusto,
¿existe acaso alguno de aquellos arreglos legales, que
no contengan el principio de la expoliación?
LA LEY Y LA CARIDAD
Se dice: "He aquí a hombres que carecen de riqueza",
y se apela a la ley. Pero es el caso que la ley no es ubre que
se llene por si misma o cuyos vasos lactíferos puedan surtirse
en otra parte, fuera de la sociedad misma. Nada ingresa al
tesoro público, para beneficio de un ciudadano o de una
clase, que no sea aquello que otro ciudadano u otras clases han
sido forzados a poner en él. Si cada uno no retira
otra cosa que el equivalente de lo ha puesto, cierto es que la
ley no resulta expoliativa, pero en ese casó nada hace
en favor de aquellos hombres que carecen de riqueza: no hace nada
en pro de la igualdad de ingresos. No puede ser elemento de igualización
sino en cuanto quite a unos para dar a otros, y entonces se convierte
en instrumento de la expoliación. Examínense desde
ese punto de vista el proteccionismo de las tarifas aduanales,
el derecho al trabajo, el derecho a la beneficencia, el derecho
a la instrucción, el impuesto progresivo, la gratuidad
del crédito, el taller socializado, y siempre se encontrará
en el fondo la expoliación legal y la injusticia organizada.
LA LEY Y LA EDUCACION
Se dice: "He ahí hombres que carecen de luces",
y se apela a la ley. Pero, la ley no es antorcha que derrame a
lo lejos claridad que le sea propia. La ley se extiende sobre
una sociedad en la que hay hombres que saben y otros que no saben;
ciudadanos que necesitan aprender y otros que están dispuestos
a enseñar. No puede hacer más que una de dos cosas:
o dejar que esa clase de transacciones se efectúe libremente
y que por el mismo medio libremente sean satisfechas esa clase
de necesidades; o forzar a ese respecto las voluntades y quitarle
a algunos lo necesario - para remunerar a los profesores encargados
de instruir gratuitamente a otros. Pero no puede hacer que
en el segundo caso no exista atentado a la libertad y a la propiedad,
o sea expoliación legal.
LA LEY Y LA MORAL
Se dice: "He ahí a hombres que carecen de moral o
de religión", y se apela a la ley. Pero, la ley es
la fuerza, ¿y acaso necesito decir cuán desprovista
de sentido y violenta resulta la pretensión de hacer intervenir
la fuerza en semejantes asuntos?
Al. cabo de sus sistemas y esfuerzos parece que el socialismo,
por más complaciente que sea consigo mismo, no puede dejar
de ser el monstruo de la expoliación legal. ¿Pero
qué hace? Lo disfraza hábilmente a los ojos de todos,
hasta a los suyos propios, bajo seductores nombres de fraternidad,
solidaridad, organización, asociación. Y en razón
de que nosotros no pedimos tanto a la ley, porque no e3dgimos
de ella sino justicia, el socialismo supone que rechazamos la
fraternidad, la solidaridad, la organización y la asociación,
lanzándonos el epíteto de individualistas.
Sépase pues que lo que rechazamos no es la organización
natural sino la organización forzada.
No es la asociación libre, sino las formas de organización
que pretende imponernos.
No es -la fraternidad espontánea, sino la fraternidad
impuesta.
No es la solidaridad humana, sino la solidaridad artificial,
que no es otra cosa que un injusto desplazamiento de responsabilidades.
No repudiamos la solidaridad humana natural bajo la Providencia.
CONFUSION DE TERMINOS
El socialismo, igual que las antiguas ideas de donde proviene,
confunde el gobierno con la sociedad. Por eso es que cada vez
que nos oponemos a que el gobierno haga algo, saca de ahí
la conclusión de que no queremos en absoluto que aquello
se realice. Como rechazamos la instrucción por el Estado,
luego, concluyen que no queremos instrucción.
Como rechazamos la religión de Estado, luego, no queremos
religión. Como rechazamos la igualización por el
Estado, luego, no queremos igualdad, etc. Es como si se nos acusara
de no querer que los hombres se alimenten, porque rechazamos el
cultivo del trigo por el Estado.
INFLUENCIA DE LOS INTELECTUALES SOCIALISTAS
¿Cómo ha podido prevalecer en el mundo político
la curiosa idea de que pueda salir del Estado lo que no está
en él: el bien, la riqueza, la ciencia y la religión
que en un sentido positivo constituyen la prosperidad?
Los intelectuales modernos especialmente los de la escuela socialista,
fundan sus diversas teorías sobre una hipótesis
común, y seguramente la más extraña, y la
más pretencioso que pueda abrigar un cerebro humano.
Dividen la humanidad en dos partes. La generalidad de los hombres,
forma la primera parte; el intelectual forma la segunda, y por
mucho, la más importante.
Comienzan los escritores modernos por suponer que los hombres
no contienen en sí mismo ni un principio de acción,
ni un medio de discernimiento; que están desprovistos de
iniciativa; que son materia inerte, moléculas pasivas,
átomos sin espontaneidad; cuando mucho una vegetación
indiferente a su propia manera de existencia; susceptibles de
adoptar al impulso de una voluntad, de una mano externa, una cantidad
infinita de formas más o menos simétricas y perfeccionadas.
Luego, cada uno de ellos supone sin más ni más
que él mismo es aquella voluntad y aquella mano, actuando
bajo los nombres de organizador, revelador, legislador, institutor
o fundador, que él es el móvil universal, el poder
creador, cuya sublime misión es reunir en sociedad los
materiales dispersos que son los hombres.
Tomando tal punto de partida y a semejanza del jardinero que
a su capricho poda sus árboles en forma de pirámide,
de sombrilla, de cubos, conos, vasos, husos o abanicos, cada socialista
según sea su quimera, poda la pobre humanidad formando
grupos, series, centros, subcentros, alvéolos, talleres
socializados, armonías, clasificaciones. etc.
Y al igual que el jardinero, que para efectuar la poda de los
árboles, necesita hachas, serruchos, sierras y tijeras,
el público necesita para el arreglo de su sociedad fuerzas
que sólo puede encontrar en las leyes; la ley de aduana,
ley de impuestos, ley de seguridad social y ley de instrucción.
LOS SOCIALISTAS PRETENDEN SUPLANTAR A DIOS
Tan cierto es que los socialistas consideran a la humanidad como
materia destinada a combinaciones sociales, que si por casualidad
no están muy seguros del éxito de aquellas combinaciones,
reclaman por lo menos una porción de humanidad a titulo
de material de experimentación: es bien sabido cuán
popular es entre ellos la idea de experimentar todos los sistemas,
y se ha visto a uno de sus jefes llegar a la asamblea constituyente
a pedir con toda seriedad que se le diera una comuna con sus habitantes,
para realizar su ensayo.
Así procede todo inventor que fabrica su máquina
en pequeño antes de realizarla en grande. Así el
químico sacrifica algunos reactivos, y el agricultor sacrifica
ciertas semillas y un rincón de su terreno para ensayar
una idea.
¿Pero qué distancia separa al jardinero de sus
árboles, al inventor de su máquina, al químico
de sus reactivos, al agricultor de sus semillas?
El socialista cree de buena fe que la misma distancia es la que
lo separa a él de la humanidad.
No hay que asombrarse de que los escritores del siglo XIX consideren
la sociedad como una creación artificial salida del genio
del legislador.
Tal idea, producto de la educación clásica, ha
dominado a todos los pensadores y a todos los grandes escritores
de nuestro país. Han visto entre la humanidad y el legislador
la misma relación que existe entre la arcilla y el alfarero.
Mucho más aún; si han consentido en reconocer que
hay en el corazón del hombre un principio de acción
y en su inteligencia un principio de discernimiento, han pensado
que con ello Dios les ha hecho un don funesto y que la humanidad,
bajo la influencia de aquellos dos motores, iba fatalmente hacia
su degradación. Han señalado como un hecho cierto
el de que abandonada a sus inclinaciones la humanidad no se ocupará
de la religión más que para desembocar en el ateísmo;
de la enseñanza sino para llegar a la ignorancia y del
trabajo e intercambio más que para extinguirse en la miseria.
DESPRECIO DE LOS SOCIALISTAS POR LA ESPECIE HUMANA
Felizmente, según aquellos mismos escritores, existen
algunos hombres, llamados gobernantes y legisladores, que han
recibido del cielo tendencias opuestas, para beneficio no solamente
de ellos sino para el de todos los demás.
Mientras la humanidad se inclina al mal, ellos se inclinan al
bien; mientras la humanidad camina hacia las tinieblas, aspiran
ellos a la luz; mientras la humanidad es arrastrada al vicio,
a ellos los atrae la virtud.
Y ya eso dado por sentado, reclaman la fuerza a fin de que les
dé la posibilidad de sustituir sus propias tendencias a
las tendencias del género humano.
Basta con abrir un libro de filosofía, de política
o de historia, más o menos al azar, para advertir cuán
fuertemente se encuentra arraigada aquella idea en nuestro país,
hija de los estudios clásicos y madre del socialismo, según
la cual la humanidad es materia inerte, que recibe del poder público
la vida, la organización, la moral y la riqueza; o lo que
es aún peor, que por sí misma la humanidad tiende
hacia su propia degradación, y no es detenida en esa pendiente
sino por la mano misteriosa del legislador.
El convencionalismo clásico siempre nos dice que detrás
de la sociedad pasiva, un poder oculto, bajo el nombre de ley,
legislador o usando una expresión más cómoda
y vaga, mueve, anima, enriquece y moraliza a la humanidad.
DEFENSA DEL TRABAJO COMPULSIVO
Bossuet, Tutor del Delfín en la corte del Rey Luis
XIV enseñaba: "Una de las cosas que eran inculcadas
(¿por quién?) con más fuerza en el espíritu
de los egipcios, era el amor a la patria... No era permitido ser
inútil al Estado; la ley asignaba a cada uno su función,
que se perpetuaba de padres a hijos. No se podía tener
dos (funciones) ni cambiar de profesión... Pero había
una ocupación que debía ser común, y era
el estudio de las leyes y de la sabiduría. La ignorancia
de la religión y de las reglamentaciones del país
no se toleraba en ninguna clase social. Por otra parte, cada profesión
tenía su cantón que le era asignado (¿por
quién?). Entre las buenas leyes lo mejor que había
era que todo el mundo era adiestrado (¿por quién?)
en el espíritu de su observancia... Sus artífices
han llenado a Egipto de invenciones maravillosas, y no lo han
dejado ignorar casi nada de lo que podía hacer la vida
más cómoda y más tranquila".
Es así que los hombres, según Bossuet, nada
sacan de sí mismos: patriotismo, riqueza, actividad, sabiduría,
invenciones, labranza, ciencias ' todo , les llegaba por el funcionamiento
de las leyes o por intermedio de los reyes. Para ellos sólo
se trataba de dejarse manejar.
DEFENSA DEL GOBIERNO PATERNALISTA
Se llega hasta tal punto, que cuando Diodoro acusa a los egipcios
de no ser afectos a la lucha y la música, Bossuet
se lo reprocha: "¿Cómo es eso posible, dice
él, ya que aquellas artes habían sido inventadas
por Trimegisto, el Canciller del Dios Osiris?"
Lo mismo entre los persas. "Uno de los primeros cuidados
del príncipe era el de hacer florecer la cultura."
" . tal como existían cargos establecidos para la
conducción de los ejércitos, los había también
para velar por los trabajos rústicos... El respeto que
era inspirado a los persas por la autoridad real llegaba hasta
el exceso".
"Los griegos, aún cuando llenos de ingenio, no
resultaban menos extraños a su propio destino, hasta el
punto de que por sí mismos no se habrían elevado,
como los perros y los caballos, hasta la altura de los más
sencillos juegos. Clásicamente, es cosa convenida que todo
les viene a los pueblos desde afuera".
"Los griegos, naturalmente llenos de ingenio y de valor
habían sido cultivados desde temprano por reyes
y colonos llegados de Egipto. De ahí es de donde habían
aprendido los ejercicios corporales, la carrera a pié,
a caballo y en carros... Lo mejor que les habían enseñado
los egipcios era volverse dóciles, a dejarse formar por
leyes, para el bien público... ".
LA IDEA DE LA PASIVIDAD DE LA ESPECIE HUMANA
No puede ponerse en duda que estas teorías clásicas,
enseñadas por los más modernos maestros, escritores,
legisladores, economistas y filósofos, sostenían
que todo ha de llegar a la gente desde una fuente ajena a ella.
Fenelón, Arzobispo y maestro de los Duques de Borgoña
es otro de ellos.
Nutrido en el estudio y en la admiración de la antigüedad,
testigo del poder de Luis XIV, Fenelón difícilmente
podía escapar a la idea de que la humanidad es pasiva,
y de que tanto sus desgracias como sus prosperidades, sus virtudes
como sus vicios, les vienen por acción exterior, ejercitada
sobre ella por la ley o por quien la hace. Así, en su utópica
ciudad de Salento, coloca a los hombres con sus intereses, facultades,
deseos y bienes, a la absoluta discreción del legislador.
Y cualquiera que sea el asunto, nunca lo juzgan por sí
mismos, sino que lo hace el príncipe. La nación
no es sino materia informe, de la que el príncipe es el
alma. Es en él en quien reside el pensamiento, la previsión,
el principio de toda organización, de todo progreso, y
por consiguiente, la responsabilidad.
Todo el capítulo X de su libro Telémaco es prueba
de esto. Remito ahí al lector, contentándome con
citar algunos pasajes tomados al azar de aquel célebre
poema, al cual bajo todo otro punto de vista soy el primero en
rendir homenaje.
LOS SOCIALISTAS DESDEÑAN LA RAZON Y LOS HECHOS
Con la sorprendente credulidad que caracteriza a los clásicos,
Fenelón a pesar de la autoridad del razonamiento y de los
hechos, admite que en general eran felices los egipcios, y lo
atribuye no a su propia sabiduría, sino a la de sus reyes.
"No podíamos mirar las dos riberas sin observar
ciudades opulentas, casas de campaña agradablemente situadas,
tierras que todos los años se cubren de doradas mieses,
sin descansar jamás; praderas llenas de rebaños;
labradores abrumados por el peso de los frutos que la tierra desparramaba
desde su seno, pastores que hacían repetir el dulce sonido
de sus flautas por todos los ecos de los alrededores. Feliz, decía
Mentor, el pueblo conducido por un rey sabio".
"Luego Mentor me hacía notar el júbilo
y la abundancia desparramados sobre toda la campiña de
Egipto, donde se contaban hasta veintidós mil ciudades;
la justicia ejercida en favor del pobre contra el rico; la buena
educación de los niños que eran acostumbrados a
la obediencia, al trabajo, a la sobriedad, al amor, a las artes
y a las letras; la exactitud para todas las ceremonias de la religión,
el desinterés, la vocación al honor, la fidelidad
hacia los hombres y el temor a los dioses, que todo padre inspiraba
a sus hijos. No se cansaba de admirar tan hermoso orden. Feliz,
me decía, es el pueblo que así es conducido por
un rey sabio".
QUIEREN LOS SOCIALISTAS REGIMENTAR A LA GENTE
En cuanto a Creta, Fenelón describe un idilio aún
más seductor. Luego agrega por boca de Mentor:
"Todo lo que veréis en esta isla maravillosa es
fruto de las leyes de Minos. La educación que hace dar
a los niños toma al cuerpo sano y robusto. Se les acostumbra
para empezar a una vida sencilla, frugal y laboriosa; se supone
que toda voluptuosidad debilita el cuerpo y el espíritu:
no se les ofrece jamás otro placer que el de ser invencibles
por la virtud y el de adquirir mucha gloria. Aquí se castigan
tres vicios que en otros pueblos son impunes: la ingratitud, el
disimulo y la avaricia. En cuanto al lujo y la pompa, nunca se
tiene necesidad de reprimirlos ya que son desconocidos en Creta...
donde no se toleran ni muebles preciosos, ni vestidos magníficos,
ni festines deliciosos, ni dorados palacios".
Así es como Mentor prepara a su discípulo para
torturar y manipular, con los fines más filantrópicos
sin duda, al pueblo de Itaca y para mayor seguridad le da el ejemplo
de Salento.
¡He ahí cómo recibimos nuestras primeras
nociones políticas! Se nos enseña a tratar a los
hombres, más o menos en la forma en que Olivier de Serres
enseña a los agricultores a tratar y mezclar las tierras.
NOMBRE FAMOSO E IDEA MALSANA
Montesquieu: "Para mantener el espíritu
de comercio es necesario que todas las leyes lo favorezcan; que
esas mismas leyes, al distribuir las fortunas a medida que el
comercio las aumenta, coloquen a todo ciudadano pobre en una situación
de holgura suficiente como para poder trabajar como los demás,
y a todo ciudadano rico en tal situación de mediocridad
como para que tenga necesidad de trabajar para conservar o para
adquirir...".
¡Es así como las leyes disponen de todas la fortunas!
"A pesar de que en la democracia la igualdad verdadera
es el alma del Estado, es sin embargo tan difícil de establecer,
que no convendría siempre una extrema exactitud a ese respecto.
Es suficiente que se establezca un censo que reduzca o fue las
diferencias en un cierto punto. Después de lo cual, es
tarea de leyes particulares el igualar las desigualdades, para
decirlo así, por medio de las cargas que imponen a los
ricos y el alivio que acuerda a los pobres".
Otra vez está ahí claramente la igualización
de las fortunas por medio de la ley, de la fuerza.
"Existían en Grecia dos clases de república.
Unas eran militares como Lacedemonia: otras eran comerciantes,
como Atenas. En unas se quería que los ciudadanos se mantuvieran
ociosos; en las otras se buscaba inculcar el amor al trabajo.
Ruego que se preste un poco de atención al estudio del
genio que necesitaron aquellos legisladores para advertir que
al chocar todas las costumbres heredadas, al confundir todas las
virtudes, habrían de mostrar su sabiduría al universo".
"Licurgo, mezclando el latrocinio con el espíritu
de justicia, a más dura esclavitud con la extrema Libertad
y los más atroces sentimientos con la mayor moderación,
dio estabilidad a su ciudad. Pareció quitarle todos los
recursos, las artes, el comercio, el dinero y los muros: hay ahí
ambición sin esperanza de mejorar; ahí están
los sentimientos naturales sin que se pueda ser ni hijo, ni marido,
ni padre: hasta el mismo pudor se le quita a la castidad. Por
ese camino Esparta fue llevada a la grandeza y a la gloria".
"Lo extraordinario que se veía en las instituciones
de Grecia, lo hemos visto entre la degeneración y la
corrupción de los tiempos modernos. Un legislador que
era hombre honrado ha formado un pueblo en que la propiedad parecía
ser tan natural como el coraje entre los espartanos. William Penn
es un verdadero Licurgo, y aun cuando el primero haya tenido por
objetivo la paz mientras que el otro tuvo la guerra, se asemejan
en cuanto a que el singular prestigio sobre hombres libres, les
permitió vencer prejuicios y pasiones y así, conducir
a sus pueblos por nuevos senderos".
"El Paraguay puede proporcionamos otro ejemplo. Se ha
pretendido imputar como un crimen contra la sociedad, el considerar
el placer del mando como el único bien de la vida. Pero
será siempre hermoso gobernar a los hombres haciéndolos
más felices... "
"Quienes quieran establecer instituciones semejantes
deberán implantar la comunidad de bienes de la república
de Platón, como también el respeto que reclamaba
para los dioses, el aislamiento con respecto a los extranjeros
a fin de preservar las costumbres, y que el comercio sea practicado
por el Estado y no por los ciudadanos; (tales legisladores) deberán
darnos nuestras artes sin nuestro lujo y satisfacer nuestras necesidades
y no nuestros deseos".
UNA IDEA HORRIPILANTE
Por más que el entusiasmo vulgar haga exclamar: "¡Es
de Montesquieu, luego es magnífico! ¡Es sublime!"
Yo tendré el valor de mi opinión para decir:
¡Cómo tenéis el descaro de encontrar eso
hermoso!
¡Porque es horrible! ¡Es abominable! Y estos extractos,
que podría multiplicar, demuestran que, según las
ideas de Montesquieu, las personas, las libertades, las
propiedades y la humanidad entera, no son otra cosa que materiales
adecuados para que el legislador ejercite su sabiduría.
EL CAMPEON DE LOS DEMOCRATICOS
Examinemos a Rousseau. Aun cuando este autor, suprema
autoridad para los democráticos, haga descansar el edificio
social sobre la voluntad general, nadie ha admitido tanto
como él la hipótesis de la total pasividad del género
humano en presencia del legislador.
"Si es verdad que un gran príncipe es algo excepcional,
¿qué será tratándose de un gran legislador?
El primero no tiene más que seguir el modelo que el otro
debe proponer. Es éste el ingeniero que inventa la máquina,
mientras que aquél no es más que el operario
que la arma y la hace funcionar".
¿Y en todo eso qué son los hombres?
¡La máquina que se arma y hace funcionar, o más
bien el material en bruto, con el cual se hace la máquina¡
Es así que entre el legislador y el príncipe, entre
el príncipe y sus súbditos, existen las mismas relaciones
que entre el agrónomo y el agricultor, el agricultor y
la tierra. A qué altura se coloca entonces por encima de
la humanidad al autor que rige los mismos legisladores y les enseña
su oficio en estos términos imperativos:
"¿Se quiere dar consistencia al Estado? Acérquense
los grados extremos lo más posible. No se tolere que existan
los opulentos ni los pobretones. Si la tierra es ingrata o estéril,
volveos hacia la industria y las artes, cuya producción
podría ser intercambiada por los artículos que falten...
En buenas tierras, si os falta población, debe darse toda
la atención y cuidados a la agricultura, que multiplica
los hombres y desalojad las artes, que no harían otra cosa
que terminar de despoblar el país... Ocupáos de
las riberas dilatadas y cómodas, cubrid el mar de embarcaciones,
y tendréis una existencia brillante y corta. Si no baña
el mar en vuestras costas otra cosa que rocas inaccesibles, mantenéos
bárbaros e ictiófagos, y viviréis así
más tranquilos, tal vez mejores y con seguridad más
felices. En una palabra, además de las máximas comunes
para todos, cada pueblo encierra en sí alguna causa que
ordena aquellas máximas de una manera especial y hace que
su legislación sea adecuada sólo para él.
Es así que en otro tiempo los hebreos y recientemente los
árabes, han tenido como objetivo principal la religión,
los atenienses las letras; Cartago y Tiro, el comercio, Rodas,
la marina: Esparta, la guerra, y Roma la virtud. El autor del
Espíritu de las Leyes ha demostrado con qué arte
el legislador dirige la institución hacia cada uno de aquellos
objetivos... Pero si equivocándose en su finalidad, el
legislador parte de un principio diferente del que nace de la
naturaleza de las cosas, si uno apunta a la servidumbre y otro
a la libertad; uno a la riqueza y otro a la población;
uno a la paz y otro a la conquista, se verá que las leyes
se debilitan insensiblemente, y que la constitución se
altera y el Estado no cesará de encontrarse agitado hasta
quedar destruido o cambiado y hasta que la invencible naturaleza
haya recuperado su imperio".
Pero si la naturaleza es suficientemente invencible como para
recuperar su imperio, ¿por qué Rousseau no
admite que no tenía necesidad del legislador para tener
aquel imperio desde el principio? ¿Por qué no admite
que obedeciendo a su propia iniciativa los hombres habrían
de volverse por si mismos hacia el comercio en riberas dilatadas
y cómodas sin que un Licurgo, un Solón o un Rousseau
se entremetan, a riesgo de equivocarse?
LOS SOCIALISTAS QUIEREN LA CONFORMIDAD FORZADA
Como quiera que sea, se comprende la responsabilidad terrible
cuyo peso hace gravitar Rousseau sobre los inventores, fundadores,
conductores, legisladores y manipuladores de sociedades. Es así
que con respeto a ellos se manifiesta muy exigente.
"Aquel que se atreva a emprender la tarea de dar instituciones
a un pueblo, debe sentirse capaz, para decirlo así, de
cambiar la naturaleza humana, de transformar a todo individuo
-el que de por sí es un todo perfecto y solitario- en una
parte de un todo mayor, del cual el individuo reciba total o parcialmente
su vida y su ser, de alterar la constitución del hombre
para reforzarla: de sustituir una existencia parcial y moral a
la existencia física e independiente que hemos recibido
todos de la naturaleza. Es necesario, en una palabra, que se retire
de los hombres sus fuerzas propias, para darles las que le son
extrañas".
Pobre especie humana. ¿Qué harían con la
dignidad los adeptos de Rousseau?
LOS LEGISLADORES PRETENDEN MOLDEAR LA HUMANIDAD
Raynal: "El clima, es decir el cielo y la tierra,
es la primera regia para el legislador. Sus recursos le dictan
sus deberes. Lo que debe consultar en primer lugar es su posición
local. Una población colocada sobre costas marítimas
tendrá leyes relativas a la navegación... Si la
colonia es llevada al interior, debe el legislador prever el tipo
y grado de fecundidad de las tierras".
"Por encima de todo, es en la distribución de
las tierras donde habrá de brillar la sabiduría
de la legislación. En general en todos los países
del mundo, cuando se funda una colonia, debe darse a todos los
hombres, es decir a cada uno de ellos, una extensión suficiente
para el mantenimiento de una familia...".
En una isla salvaje en la que se pusiera una población
de niños, no se tendría que hacer otra cosa que
dejar brotar los gérmenes de la verdad en el desarrollo
de la razón... Pero cuando se establece un pueblo ya viejo
en un país nuevo, la Habilidad consiste en no dejarle
otras opiniones y hábitos nocivos, que aquellos de los
cuales no es posible curarlo y corregirlo. De quererse impedir
que los mismos se trasmitan, se debe velar sobre la segunda generación
por medio de la educación común y publica de los
niños. Un príncipe, un legislador, jamás
debiera fundar una colonia sin mandar a ella de antemano hombres
sabios para instruir la juventud... En una colonia naciente se
encuentran abiertas todas las oportunidades para Las precauciones
del legislador que quiera depurar la sangre y las costumbres
de un pueblo. Teniendo genio y virtud, las tierras y los hombres
que tendrán en sus manos habrán de inspirar en su
espíritu un plan de sociedad que un intelectual jamás
puede trazar sino de una manera vaga y sujeta a la inestabilidad
propia de las hipótesis que varían y se complican
por una infinidad de circunstancias demasiado difíciles
para ser previstas y combinadas".
¿No parece estarse escuchando a un profesor de agricultura
que dice a sus alumnos: El clima es la primera norma para el agricultor?
Sus recursos le dictan sus deberes. Debe empezar por consultar
su posición local. De estar en tierra arcillosa, debe conducirse
de tal manera. Si tiene que habérselas con terreno arenoso,
he ahí cómo debe proceder.
El agricultor que quiere limpiar y mejorar su campo dispone de
toda clase de facilidades. Si tiene habilidad, las tierras y los
abonos que estarán en sus manos, le inspirarán un
plan de explotación, que un profesor jamás puede
trazar sino de una manera vaga y sujeta a la inestabilidad de
las hipótesis, que varían y se complican junto con
una infinidad de circunstancias en exceso difíciles de
prever y combinar.
Pero, ¡oh sublimes intelectuales, tened la bondad de recordar
alguna vez que la arcilla, la avena y el estiércol de que
se trata, de los que disponéis tan arbitrariamente, son
hombres, vuestros iguales, seres inteligentes y libres como vosotros,
que como vosotros han recibido de Dios, la facultad de ver, de
prever, de pensar y de juzgar por sí mismos!
LA DICTADURA TEMPORAL
Mably, después de explicar que las leyes han quedado
gastadas por la herrumbre del tiempo y por la negligencia producida
por la seguridad, continúa dirigiéndose a sus lectores
así:
"En tales circunstancias hay que convencerse de que se
han aflojado los resortes del gobierno. Déseles
nueva tensión y el mal quedará curado... Piénsese
menos en castigar las faltas que en promover las virtudes que
se necesitan. Con ese sistema quedará devuelto a
nuestra república el vigor de nuestra juventud. ¡Los
pueblos libres han perdido la libertad a causa de no haberla conocido!
Pero si los progresos del mal son tales como para que los magistrados
comunes no puedan ya ponerle remedio con eficacia, recurrid
a una magistratura extraordinaria, cuya duración sea corta
y cuyo poder sea considerable. En ese caso es necesario impresionar
la imaginación de los ciudadanos".
Y todo lo mismo por el estilo durante veinte volúmenes.
Bajo la influencia de semejantes enseñanzas que son el
fondo de la educación clásica, llegó la época
en que todos han pretendido colocarse fuera y por encima de la
humanidad, a fin de arreglarla, organizarla e instituirla a su
manera.
LOS SOCIALISTAS QUIFREN LA IGUALDAD DE FORTUNAS
Condillac: "Erigíos, Monseñor, en
un Licurgo o en un Solón. Y antes de continuar la lectura
de lo que aquí escribo, entretenéos en dotar de
leyes a algún pueblo salvaje de América o Africa.
Estableced a esos pueblos errantes en habitaciones fijas; enseñadles
a alimentar rebaños...; esforzáos en desarrollar
las aptitudes sociales que les ha dado la naturaleza... Ordenadles
que empiecen a practicar los deberes de la humanidad. Envenenad
por medio de castigos los placeres que prometen las pasiones,
y veréis que esos bárbaros por cada artículo
de vuestra legislación, perderán un vicio y adquirirán
una virtud. Todos los pueblos han tenido leyes. Pero pocos de
entre ellos han sido felices. ¿Cuál es la causa?
Está en que los legisladores casi siempre han ignorado
que el objeto de la sociedad es el de unir las familias por medio
de un interés común".
"La imparcialidad de las leyes consiste en dos cosas:
en establecer la igualdad en las fortunas e igualdad en la dignidad
de los ciudadanos... A medida que vuestras leyes establezcan mayor
igualdad, se harán más ansiadas por todo ciudadano.
¿Cómo habrían de agitar a hombres iguales
en fortuna y dignidad, la avaricia, la ambición, la voluptuosidad,
la pereza, la ociosidad, la envidia, el odio y los celos, sabiendo
que las leyes no les dejarán la esperanza de quebrar aquella
igualdad?"
ERROR DE LOS INTELECTUALES SOCIALISTAS
No es sorprendente que los siglos XVII y XVIII hayan considerado
al género humano como materia inerte, que todo lo espera
y recibe, -forma, figura, impulso, movimiento y vida- de un gran
príncipe, de un gran legislador, de un gran genio. Aquellos
siglos se nutrieron en el estudio de la antigüedad, y en
efecto, la antigüedad nos ofrece en todas partes, en Egipto,
en Grecia, en Persia y en Roma, el espectáculo de algunos
hombres manipulando a su antojo a la humanidad reducida a servidumbre
por la fuerza o el fraude. ¿Qué prueba eso? Que
ya que el hombre y la sociedad son capaces de mejorarse, el error,
la ignorancia, el despotismo, la esclavitud y la superstición
tienen que existir en mayor grado en el comienzo de los tiempos.
La equivocación de los intelectuales que he citado, no
está en haber comprobado el hecho, sino en haberlo propuesto
como norma para la imitación y admiración de generaciones
futuras. Su error reside en -con inconcebible ausencia de espíritu
crítico y basados en la fe de un convencionalismo pueril-
haber admitido lo que es inadmisible, o sea creer que fue grandeza,
dignidad, moralidad y un estado general de bienestar lo que existió
en esas sociedades artificiales del mundo antiguo; se equivocan
al no haber comprendido que el tiempo produce y propaga el esclarecimiento;
que a medida que se hace la luz, la fuerza pasa del lado del derecho
y la sociedad recobra la posesión de sí misma.
¿QUE ES LA LIBERTAD?
Y en efecto, ¿cuál es el desarrollo político
que estamos presenciando? No es otra cosa que el esfuerzo instintivo
de todos los pueblos hacia la libertad. ¿Y qué es
la libertad, esa palabra que tiene el poder de hacer palpitar
todos los corazones y de agitar al mundo sino el conjunto de todas
las libertades? Libertad de conciencia, de enseñanza, de
asociación, de prensa, de locomoción, de trabajo,
de intercambio. En otros términos, el ejercicio en ausencia
de interferencias ajenas, de todas las facultades que no perjudiquen
los iguales derechos de los demás; aún del despotismo
legal, y el reducir la ley a su única atribución
racional, que es la de reglamentar el derecho individual de legítima
defensa o de reprimir la injusticia.
Debe convenirse que aquella tendencia del género humano
se ve en mucho contrariada, especialmente en nuestra patria, por
la funesta inclinación que es fruto de la enseñanza
clásica, común a todos los intelectuales, de colocarse
fuera de la humanidad para arreglarla, organizarla e instituirla
a su capricho.
TIRANIA FILANTROPICA
Mientras que la sociedad se agita para alcanzar la libertad,
los grandes hombres que se colocan a su cabeza, imbuidos de los
principios de los siglos XVII y XVIII no piensan sino en doblegarla
bajo el filantrópico despotismo de sus invenciones sociales
y en hacerla soportar dócilmente -según la expresión
de Rousseau- el yugo de la facilidad pública, tal
cual ellos la han imaginado.
Bien se vio eso en 1789. Apenas quedó destruido el anti |