Historia y
Antecedentes
Misión y
Programas
Seminarios y
Eventos
Publicaciones
Periódicas
Suscripciones
Argentina
Suscripciones
Extranjero
Reporte
Ejecutivo
Autoridades
y Staff
Representantes
Filiales
Consejo
Internacional
Promotores
de la Libertad
Organizacion
Afines
Bibliografía
Sugerida
Centro de
Documentación
Prensa
Gráfica
Suscripción
Gratuita
English
Version
Actualidad
Introductoria
Economía
Política
Derecho
Periodismo
Latinoamérica
Cultura
Educación
Historia
Negocios
Ecología
Tecnología
Pensadores
Entrevistas
Home



























Hispanic American Center for Economic Research


 

UNA VISION DE UNA SOCIEDAD LIBRE
Por Jacob G. Hornberger


Jacob G. HornbergerPrimera Parte

Si suprimiésemos la educación pública, entonces ¿cómo se educaría la gente pobre? Si las leyes anti-drogas fuesen abolidas, ¿no empezaría a drogarse todo el mundo? Si no hubiese títulos oficiales, ¿no se lanzarían los curanderos a practicar cirugías de corazón? Si no hubiese un ente burocrático que controle los alimentos, ¿no se estarían vendiendo cosas podridas? ¿Qué pasaría si todas las operaciones del gobierno a través de las que se quita dinero a algunos para dárselo a otros y que regulan comportamientos pacíficos fuesen abolidas? ¿Cómo sería una sociedad así? El status quo parece seguro y estable. La libertad se muestra como algo riesgoso e impredecible, y esto asusta a la gente. Honestamente sienten más seguridad sabiendo que el gobierno está ahí "haciendo algo" a diferencia que en una economía libre.
El problema que enfrentan los liberales es multifacético. Es un problema económico porque la regulación de la economía es sumamente nociva para el crecimiento económico de cualquier sociedad. Es político porque hoy en día, el estado socialista benefactor y el control gubernamental de la economía no puede ser rechazado si no es con el apoyo de una mayoría de ciudadanos. Es moral debido a la estafa política que subyace al estado benefactor y a las interferencias con la libertad que subyacen a una sociedad regulada.Y también es psicológico. Mientras quienes proponen la planificación centralizada y los controles deben debatir sin fin los méritos de los sistemas de seguridad social, de educación pública y de los gravámenes sobre los ingresos, hay una verdad que es irrefutable: estamos atrapados en este embuste y lo peor es que detrás de todo esto hay una enorme falta de confianza en uno mismo y en los demás. Pregúntenle a cualquiera sobre abolir las Fuerzas Armadas, los títulos oficiales, la educación pública o la seguridad social. La falta de confianza en sí mismos, en sus amigos y en sus vecinos se hará inmediatamente manifiesta.

Segunda Parte

¿Habría caos o armonía en una sociedad completamente libre? ¿Habría prosperidad o pobreza? ¿Sería una sociedad moral o inmoral? ¿Egoísta o pródiga? ¿Cómo sería si el gobierno no estuviera dirigiendo y regulando la vida y la riqueza de las personas? ¿Cómo sería la sociedad si cada uno fuese libre de vivir del modo que quiere en tanto su conducta sea pacífica, y libre de entrar en cualquier acuerdo de intercambio beneficioso con cualquier otro en el mundo?
No hay forma de predecirlo. Nadie puede realmente adivinar el resultado de la decisión de millones y millones de personas. Pero mientras nadie puede predecir esto, los resultados económicos de una economía libre son notables: lo que usualmente se llama "el milagro del mercado".
Leonard E. Read, fundador de The Foundation for Economic Education (FEE), una vez escribió un ensayo titulado Yo, el lápiz en el que hizo la siguiente observación: nadie en el mundo sabe cómo hacer un lápiz. Imaginen que el mundo está lleno de lápices, pero que nadie sabe cómo hacerlos.
¿Cuál era el punto al que iba Read? Si ustedes le preguntaran al gerente de la empresa productora de lápices más grande del mundo cómo hacer un lápiz, diría que primero obtienen la "mina" (el grafito, en realidad) de Sri Lanka. Esta es mezclada con arcilla de Mississippi, usando sebo sulfúrico. Luego les hablaría sobre cómo se produce la parte de madera del lápiz, incluyendo las operaciones en diferentes partes del mundo. Y de la producción del esmalte que cubre la parte de madera. ¿Y qué pasa con la parte de latón? Bueno, les hablaría de las minas de zinc y níquel en diferentes partes del mundo y trataría de explicar sus operaciones. ¿Y qué pasa con la goma? Explicaría que se hace a partir de una reacción de un aceite y sulfuro clorídrico de Indonesia. ¿Y qué pasa con el equipo que es necesario para todas esas operaciones? ¿Cómo se hace? Probablemente no sepa contestar a eso.
El punto al que iba Read es que nadie puede realmente responder a todas estas preguntas. Y si nadie sabe cómo hacer un lápiz, por supuesto que nadie sabrá cómo hacer autos, aviones, computadoras o lo que sea. ¡El mundo está lleno de estas maravillosas divisiones! Gente de diferentes partes del mundo, cada uno actuando a favor de su propio interés, coordina sus planes con los de los demás.
Cada uno en el proceso de producción trata de mejorar su beneficio económico. No se dice a sí mismo: "Ramón, el mundo necesita lápices, mejor sos un buen ser humano y hacés lo que te corresponde". Por ejemplo, tomemos a alguien que está buscando un trabajo en Sri Lanka porque su familia necesita comer. Va a la empresa de producción de grafito local y pregunta si hay algún puesto disponible. Si lo hay, pregunta cuál es el sueldo. La empresa le ofrece un trabajo, él acepta, y ayuda a producir el grafito que finalmente será transportado a Estados Unidos, donde será utilizado para producir lápices.
Tal vez el trabajador ni sepa que su trabajo resultó en la producción de millones de lápices. Lo que debe importarle a él es si ha hecho un buen trabajo en la producción de grafito. En otras palabras, mientras su trabajo en última instancia beneficia a gran parte de la humanidad a través de la ulterior producción de lápices, ese no es el objetivo final del trabajador. El simplemente está tratando de hacer más próspera su vida y la de su familia.
Millones de lápices se producen sin necesidad de un decreto del gobierno. No hay ningún burócrata diseñando ningún complejo sistema para asegurar la producción continua de lápices. Como Friedrich A. Hayek señaló, la economía libre produce resultados que son la consecuencia de la acción humana pero no de la planificación humana.
La pregunta es: ¿Haría el gobierno un mejor trabajo que el mercado? El resultado sería simplemente una catástrofe. El resultado sería lo que Ludwig von Mises llamó "el caos planificado". ¿Por qué? Porque, como Hayek señaló, los planificadores centrales nunca podrán -ni siquiera con millones de computadoras a su servicio- poseer el mismo grado de conocimiento e información que existe en las cabezas de millones de individuos en todo el mundo. Cuanto más compleja y próspera se vuelve una sociedad, más necesario es que el gobierno no pueda entrometerse.
En su gran ensayo El uso del conocimiento en la sociedad, Hayek señaló que la economía de libre mercado tiene ventaja porque permite aprovechar el conocimiento que la gente posee dentro de sus particulares circunstancias. Y dado que la vida cambia constantemente para todos, cada uno está mejor preparado para adaptarse a los cambios utilizando su propio nivel de experiencia.
Por ejemplo, supongamos que una parte de la maquinaria que hace la goma de los lápices se descompone. El capataz conoce a un tipo a la vuelta que sabe perfectamente cómo resolver el problema. Cuando el tipo llega, pide $50 en efectivo para resolver el problema. El capataz sabrá evaluar si el precio es razonable a la luz del problema inmediato.
Multipliquen esto por los millones de este tipo de eventualidades en todo el mundo. ¿Cómo pueden saber los planificadores la mejor solución para cada situación en un mundo en constante cambio? Los planificadores sólo tienen el conocimiento que hay en sus propias cabezas más el conocimiento "congelado" que hay en las computadoras. No hay manera de que puedan poseer aquel que se encuentra en las cabezas de millones y millones de personas, cada una de las cuales debe estar constantemente adaptándose a las siempre dinámicas y cambiantes circunstancias.
Los resultados de la centralización planificada en cualquier área, pongamos como ejemplo la distribución de alimentos, serían los mismos para cualquier otra: educación, servicio postal, regulación monetaria, etc. Y de hecho, así es en Cuba, Corea del Norte y China, donde el gobierno planifica la producción y distribución de comida para todo el país.
En general, la gente tiene confianza en el mercado cuando pueden verlo funcionar. Pero el problema es que a la gente le cuesta muchísimo tener esta confianza cuando se trata de funciones que son monopolizadas por el Estado.
Esto pasa usualmente en relación al tema de la educación: "Si, el mercado funciona bien para la producción y distribución de alimentos, pero no para algo fundamental como la educación. ¿Cómo podemos saber si va a ser construida suficiente cantidad de escuelas, si van a ser lo suficientemente buenas y si tendrán cuotas accesibles? La educación es demasiado importante para ser librada al mercado".
Lo más triste de todo es que hay demasiada gente alrededor del mundo que no tiene suficiente confianza en el mercado, lo cual significa no tener demasiada confianza ni en sí mismos ni en los demás.
Y los defensores de la planificación gubernamental siempre plantean la cuestión en términos de "planificación versus caos". Pero están equivocados principalmente en dos puntos: primero, es la intervención del gobierno la que crea caos en la vida de la gente porque interviene en aquello que la gente desea hacer. Segundo, mientras la economía de mercado no es el resultado de la planificación o diseño humanos, eso no quiere decir que el mercado en sí sea azaroso. Al contrario, la economía de mercado consiste en los planes individuales de millones de personas, cada una de las cuales coordinan sus propios planes con los de los demás, resultando de ello un fenómeno que nunca nadie pudo haber ideado.
¿Cómo hacen estos millones de personas para coordinar sus planes en una economía libre? ¿Es que todas las miles de personas relacionadas de alguna manera a la producción de lápices se reúnen en convenciones anuales para planear sus respectivos roles? No. La respuesta está en el simple y complejo sistema de comunicación de la economía de mercado.

Tercera Parte

Diferentes valoraciones permiten a la gente mejorar su standard de vida a través del simple intercambio. Supongamos que yo tengo diez manzanas y que usted tiene diez naranjas. Yo valoro mis diez manzanas en forma distinta a si yo tuviera una sola. Lo mismo corre con usted y sus naranjas. Cambiamos una manzana por una naranja porque ambos valoramos lo que estamos obteniendo más que lo que estamos dando a cambio. De otra forma, no haríamos el intercambio. Así, los dos mejoramos nuestro bienestar a través de una transacción beneficiosa con el otro.
Nuestros ancestros comenzaron a especializarse en la producción de bienes y servicios para los que poseían mayor talento relativo. Luego intercambiaban lo que producían con gente especializada en otra actividad. Lentamente, la gente empezó a recurrir a productos comerciales y fácilmente divisibles (por ejemplo, el tabaco) como medio de intercambio. Finalmente, la gente optó por los metales preciosos para usarlos como moneda: el oro y la plata fueron rápidamente aceptados en el mercado. De esta manera, el precio de un producto era determinado por cuánto valor le atribuía el dueño con relación a otras cosas que deseaba.
Desafortunadamente, los gobiernos encontraron una oportunidad para el saqueo: primero monopolizaron la acuñación de monedas y comenzaron el proceso inflacionario; luego emitieron decretos que obligaron a la gente a aceptar el valor nominal de la moneda.
Así empezó el sistema inflacionario, el proceso a través del cual el gobierno roba a la gente a través de la destrucción de su medio de intercambio, es decir, su medio de comunicación en el mercado.
El sistema de precios es simplemente el intrincado sistema mediante el cual la gente se comunica en el mercado a través de todo el mundo. Por eso, cuando un político condena "la búsqueda de beneficio", por ejemplo, durante un desastre natural, lo único que hace es agravar el problema. Interviene en este delicado e intrincado sistema de comunicación sobre el cual funciona el mercado. El resultado es, por ejemplo, el desabastecimiento de aquello que se necesita.
El empresario o capitalista, es quien en una economía libre arriesga su dinero a fin de capitalizar una oportunidad. En vez de condenarlo, deberíamos exaltarlo. El beneficio que él recibe no es un robo al trabajador, como Marx sostenía, sino su recompensa por afrontar un riesgo que a la larga beneficiará a otros.
Las ganancias son una parte del intrincado sistema de comunicación en la economía libre. Son una forma de decir al capitalista: "Buen trabajo. Has producido los bienes y servicios que otra gente necesitaba y por lo que quería pagar dentro de las condiciones existentes."
Las pérdidas son lo contrario. Estas están diciendo: "Has hecho un mal trabajo en satisfacer a los consumidores."
El hecho es que cualquier regulación gubernamental que interfiera con el intercambio y el comercio está interfiriendo en la capacidad de la gente para lograr su bienestar. La gente comercia para mejorar su standard de vida. Los políticos y burócratas, al intervenir, frustran la búsqueda de felicidad de la gente. Nunca debería permitírseles intervenir en los precios y en la moneda. El bienestar de la gente -e incluso a veces su supervivencia- depende del complejo sistema de comunicación del mercado libre.


Cuarta Parte

En una sociedad pobre, primitiva económicamente, un individuo tiene que hacer un montón de trabajos básicos para poder sobrevivir. Tiene que ser independiente en muchos campos. Pero a medida que la sociedad se vuelve más rica y compleja, la gente se va especializando cada vez más en aquello en lo que es comparativamente más talentosa. Luego intercambian con aquellos que hacen a su vez lo mismo.
En una sociedad libre, la gente debería poder encarar cualquier emprendimiento sin necesidad de un permiso o interferencia del gobierno; entrar en cualquier intercambio beneficioso con los demás y acumular riqueza ilimitadamente en ese proceso.
¿Querrá decir esto que todos se volverían ricos? Por supuesto que no. Las personas tienen diferentes habilidades y talentos. La acumulación de riqueza en una sociedad libre va a depender no tanto de la valoración que cada persona haga de sus propios atributos, sino de la valoración que los demás hagan de ella en el mercado.
En una economía libre, el consumidor, y no el productor, es el soberano. El consumidor gastando -y absteniéndose de gastar- decide quién se volverá rico y quién será pobre.
Los partidarios del Estado socialista benefactor, sostienen que una sociedad libre produciría un pequeño grupo de ricos que controlarían nuestras vidas. Con este criterio se apoyan las leyes antitrust, pues sin ellas "el hombre común sería oprimido por los grandes hombres de negocios".
¡Qué error! Tomemos el caso de Bill Gates. Este hombre es rico en billones de dólares, algo más de lo que usted y yo tenemos juntos. Esto debe sorprenderlo, pero Bill Gates jamás me ha oprimido. En realidad, he entrado muchas veces a los negocios donde venden productos Microsoft y me han dejado salir sin ni siquiera comprar nada.
Gates tiene un determinado talento, y lo ha capitalizado. Pero la razón por la que se ha vuelto fenomenalmente rico es que el ha sido tremendamente exitoso en servir a otras personas. Ha producido cosas por las que la gente está deseosa de pagar pues pueden mejorar enormemente sus vidas.
Es importante destacar que su riqueza no lo habilita para oprimirme. Si yo elijo comprar o no productos Microsoft depende de mí, no de él. Repito: en una sociedad libre los consumidores son soberanos. Son quienes deciden quién se vuelve rico y quién pobre.
Los defensores del estatismo dicen: "Si, pero las grandes empresas cada vez crecen más bajo la ausencia de regulaciones. Necesitamos un gobierno que confisque una gran proporción de sus ingresos para no dejar que se vuelvan tan grandes".
¡Qué disparate! El libre mercado consiste en un proceso que constantemente redistribuye la riqueza. Una compañía que ha tenido éxito en el pasado en satisfacer a los consumidores estará bajo constante presión para seguir haciéndolo. Si fracasa, los consumidores se irán a otra parte y la empresa quedará fuera del mercado. Nuevamente, los consumidores deciden en la redistribución de la riqueza a través de sus decisiones de comprar o no comprar.
Por ejemplo, tomemos la lista de las 500 empresas más importantes de los últimos 50 años de la revista Fortune. ¿Cuántas empresas persisten desde hace 50 o incluso 10 años? Difícilmente alguna.
Pero los estatistas dicen: "En ausencia de leyes antitrust, las empresas se unirían para cooperar" Sí, ¿Y qué? Es su propiedad privada, ¿o no? Si el consumidor no está satisfecho con los resultados, es libre de no consumir o de comprarle a otras empresas.
Y además hay beneficios que se derivan de esa cooperación. Por ejemplo, supongamos que empresas automotrices se unen en un joint venture para encarar procesos de investigación que redunda en una mayor eficiencia para mejorar la calidad de los productos. Y luego podrían competir en otras áreas (el modelo, los accesorios, etc.).
"¿Y qué pasa con los trabajadores?" preguntan los estatistas. No siempre el poder lo tienen los empleadores. Supongamos que sube la demanda a favor de un nuevo tipo de software. Los empresarios tienen que buscar programadores competentes que tendrán una fuerte posición para determinar sus ingresos, por más que se trate de una empresa billonaria.Y el empleador no paga salarios más altos porque es un buen tipo, lo hace porque sabe que si no el programador puede ofrecer sus servicios a algún competidor.
Los estatistas siempre dicen "hay un conflicto inherente entre trabajadores y empleadores". ¡Todo lo contrario! Es exactamente al revés. Tanto unos como otros tienen un fuerte interés en común: el éxito de la compañía, que será aquella que satisfaga mejor a los consumidores. Si no es así y la empresa queda fuera del mercado, los empleados se quedan sin trabajo. Si le va bien, tienen mayor seguridad en su empleo.
Y si a la empresa le va bien, ¿Cuál es la garantía de que se aumenten los salarios? Eso depende de cuánto se esté pagando en el mercado. Si otras empresas están pagando significativamente más, entonces atraerán a los mejores trabajadores. Las mejores empresas comenzarán a decaer si empiezaran a perder a sus mejores empleados. El interés de las empresas las llevará a querer mantener a sus mejores empleados y pagar mejor.
En última instancia, la única manera de que los salarios tiendan a subir en una sociedad es a través de la acumulación de capital. El capital proviene del ahorro y éste de la acumulación de riqueza en el mercado. Cuando la gente es libre para acumular riquezas, los salarios tienden a subir.
"Pero necesitamos que el gobierno establezca un mínimo para los salarios", dicen los estatistas. ¡Qué error! Una relación de trabajo es como cualquier otra transacción. Alguien va a contratar a un trabajador si considera que lo que da por ello vale la pena según lo que va a obtener a cambio.
Supongamos que un chico de 17 años busca un empleo sin tener experiencia. El empleador piensa "me va a costar $4 la hora y ni un centavo más". Y el chico piensa: "Me gustaría ganar $5 la hora, pero por lo menos así voy aprendiendo el oficio". Una ley que establezca un sueldo mínimo de $5 la hora resultaría en un chico de 17 años desempleado.
Un país no puede destruir la pobreza a través de la legislación. Si fuese así, todos los países serían ricos. La pobreza es el estado natural de la humanidad. La gente siempre ha sido pobre. La verdadera pregunta es: ¿Cómo hacen los países (y las personas dentro de ellos) para volverse ricos? La respuesta es la libertad. Cuando la gente es libre, puede usar sus habilidades y talentos para proveer bienes y servicios a los demás en el mercado. Los que mejor lo hagan se volverán ricos.
A medida que la gente acumula más riqueza, cada vez más dinero es invertido en capital, que asegura a su vez un mejor nivel de vida para todos en la sociedad. No es casual que los pobres en las sociedades ricas vivan significativamente mejor que en las sociedades pobres.
En una sociedad libre la gente podrá coordinar su vida con las de los demás armónicamente. Y sería una sociedad donde el gobierno no podría interferir en la acumulación ilimitada de riqueza. Esta sociedad no sólo proporcionaría el mayor ámbito de posibilidad de elección, sino que además alcanzaría el bienestar económico para cada uno en ella.


Quinta Parte

Los liberales, a diferencia de conservadores e izquierdistas, creen que la gente debería ser libre para vivir como quieran mientras sus conductas sean pacíficas. Esto es, mientras la gente no cometa asesinatos, robos, violaciones, estafas, etc.; tienen una absoluta libertad para emprender cualquier tipo de actividad pacífica. Por lo tanto, muchos liberales creen que el gobierno sólo tiene tres funciones legítimas: arrestar, acusar y castigar a aquellos que inician violencia sobre otros; administrar justicia con el monopolio del poder de enjuiciamiento, lo que permite a la gente resolver pacíficamente sus disputas civiles; y proteger a la nación de las invasiones extranjeras.
Los liberales creen que no debería haber leyes anti-droga, ni sobre pornografía, sodomía, adulterio, etc. Ninguna Ley que regule las conductas pacíficas.
Obviamente, esta posición es completamente diferente a la de los conservadores. Ellos creen que el gobierno debe regular las decisiones morales y las actividades de los ciudadanos. Su razonamiento es el siguiente: la gente es irresponsable, por lo tanto no puede ser libre para emprender conductas equivocadas pues si se la deja en libertad de elegir, inmediatamente se comprometerá en actividades inmorales. Recién cuando la gente aprenda a ser responsable, sostienen los conservadores, -y sólo entonces-, será posible suprimir las leyes que regulan comportamientos o actividades pacíficas.
Un ejemplo: Las leyes anti-drogas. Los conservadores dicen: "Si fuesen abolidas las leyes anti-droga, la gente iría corriendo a consumirlas y habría negocios que podrían venderlas libremente. La gente está desesperada esperando que se legalice la droga para ir a inyectarse heroína."
Por supuesto, los conservadores son también defensores de la educación pública, otra área donde el Estado regula una actividad pacífica (Es gracioso preguntarles: ¿Porqué la gente es adicta a las drogas? ¿No pasan una gran parte de su vida en el colegio? ¿Y si esto es lo que producen los colegios, por qué hacérselo a más generaciones? Generalmente, los conservadores fruncen el ceño ante este argumento y se retiran).
Lo que los conservadores no ven es que si la gente es irresponsable, inmoral o incompetente, un sistema de regulación estatal sólo empeorará la situación: Las personas necesitan alcanzar lo que todos más ambicionamos: una sociedad responsable, cuidadosa, completamente moral y ética. La libertad y sus consecuencias individuales será lo que ayude a elevar la conciencia de la gente.
¿Pero no es peligroso -dicen los conservadores- abolir las leyes anti-drogras sin estar seguros de que la gente será responsable?
Por supuesto. A través de la historia, la libertad siempre ha sido peligrosa porque es imposible predecir las consecuencias de una sociedad en donde la gente tiene total libertad de elección. Teóricamente, es posible que si las leyes anti-drogas son abolidas hoy, cada uno de nosotros comenzara mañana a inyectarse heroína en las venas mañana. ¿Pero es realmente así? Después de todo, si alguien desea heroína hoy, es poco probable que una ley penal lo disuada de hacer lo que quiere para satisfacer ese deseo o necesidad.
De hecho, las leyes anti-drogas hacen de una situación mala, algo peor. La prohibición eleva los precios al cielo y entonces los adictos enfrentan una difícil elección: pueden abandonar el hábito (cosa no muy fácil) o conseguir el dinero para comprar ls drogas a los increíbles precios del mercado negro. Lamentablemente, la decisión que suele tomarse es la segunda, lo cual deriva en robos, hurtos y asaltos y otros crímenes violentos para conseguir el dinero.
Irónicamente, los conservadores, que son los grandes defensores de la "responsabilidad individual" nunca se hacen responsables de los crímenes violentos que se derivan de la existencia de leyes anti-drogas. Como los izquierdistas que defienden el estado benefactor, los conservadores están sosteniendo: "Deberíamos ser juzgados por nuestras buenas intenciones y no por las consecuencias de nuestra creencias y acciones."
¿Derivaría la despenalización de las drogas en un menor nivel de consumo? Es imposible saberlo. Nuevamente, una sociedad libre es aquella en la que la gente es libre de hacer lo que quiera, mientras sea pacíficamente. El rol del estado es proteger el ejercicio de esa libertad, especialmente cuando se trata de las "equivocadas". Si la gente sólo es "libre" de hacer elecciones "responsables" (como en China, Cuba y Corea del Norte), entonces no pueden ser consideradas libres.
Hay grandes posibilidades, si, de que las adicciones a las drogas disminuyan en una sociedad libre. Por empezar, la mística de la ilegalidad va a desaparecer. Pero fundamentalmente la drogadicción es generalmente un problema psicológico. La mejor manera de combatirlo para cualquier persona es hacerlo surgir, hablarlo, y tratar de saber cuales son las causas que lo llevan a la autodestrucción. Pero los adictos están asustados pues han sido relegados a lo marginal por la ilegalidad.
Los conservadores creen que la adicción puede ser combatido con años de prisión. Pero no es así, ya que las autoridades ni siquiera pueden resguardar de las drogas a las cárceles mejores custodiadas.
Los conservadores dicen que la legalización estaría dando un mensaje malo a la sociedad. ¿Pero no se estará dando el mensaje de que la libertad es el valor más importante?
Es imposible predecir lo que producirá una sociedad libre, excepto en este sentido; sería un lugar excitante y dinámico donde vivir. Imaginen: cada uno sería libre de vivir su vida como quisiera mientras no interfiera en la libertad de los demás para hacer lo mismo. Y la policía podría concentrarse en protegernos de la minoría de asesinos, ladrones y otros que existiesen.
Algunos dedicarían su vida a acumular riqueza (sólo podrían hacerlo proveyendo de bienes y servicios a los demás). Otros serán pobres pero con más altos estándares de vida que aquellos que viven en una sociedad regulada. Algunos gastarán, dándole oportunidades a otros, y otros ahorrarán, dando oportunidades de inversión a través de los bancos, y otros donarán sus riquezas. La mayoría seguramente vivirá en una combinación de estas operaciones.
La gente sería libre para viajar y comerciar sin necesidad de permisos del gobierno y podrían usar cualquier medio de intercambio: oro, monedas de plata, cheques, lo que sea.
La producción de bienes y servicios aumentaría vertiginosamente. Los consumidores dirigirían la producción a través de sus decisiones de comprar o no comprar. Solo ellos redistribuirían el capital a través de sus hábitos de consumo. Pero sobre todo, el capital continuaría acumulándose, resultando en mejores salarios para los trabajadores.
Con la libertad sobrevendrá la responsabilidad de aceptar las consecuencias de las propias acciones y probablemente, un mayor nivel de concientización.
La libertad traerá un entusiasmo tal que aquellos acostumbrados a vivir en el estancamiento del estado socialista y de una sociedad reguladora no se pueden imaginar. Sin dudas traerá mayores niveles de vida, paz, armonía y valores (responsabilidad, compasión, moralidad) que todos estamos deseando.

Jacob G. Hornberger es fundador y presidente de The Future of Freedom Foundation.
Este artículo es una síntesis de los originalmente publicados en Freedom Daily.


Traducción de Natalia Rodríguez.

 

  © Fundacion Atlas para una Sociedad Libre | Av. Roque Sáenz Peña 628 Piso 8º Oficina T 1
1035 - Buenos Aires - República Argentina
Tel/Fax: (54-11) 4343-3886 E-Mail: atlas@atlas.org.ar