|
UNA VISION DE UNA SOCIEDAD
LIBRE
Por Jacob G. Hornberger
Primera
Parte
Si suprimiésemos la educación pública,
entonces ¿cómo se educaría la gente pobre?
Si las leyes anti-drogas fuesen abolidas, ¿no empezaría
a drogarse todo el mundo? Si no hubiese títulos oficiales,
¿no se lanzarían los curanderos a practicar cirugías
de corazón? Si no hubiese un ente burocrático que
controle los alimentos, ¿no se estarían vendiendo
cosas podridas? ¿Qué pasaría si todas las
operaciones del gobierno a través de las que se quita dinero
a algunos para dárselo a otros y que regulan comportamientos
pacíficos fuesen abolidas? ¿Cómo sería
una sociedad así? El status quo parece seguro y estable.
La libertad se muestra como algo riesgoso e impredecible, y esto
asusta a la gente. Honestamente sienten más seguridad sabiendo
que el gobierno está ahí "haciendo algo"
a diferencia que en una economía libre.
El problema que enfrentan los liberales es multifacético.
Es un problema económico porque la regulación de
la economía es sumamente nociva para el crecimiento económico
de cualquier sociedad. Es político porque hoy en día,
el estado socialista benefactor y el control gubernamental de
la economía no puede ser rechazado si no es con el apoyo
de una mayoría de ciudadanos. Es moral debido a la estafa
política que subyace al estado benefactor y a las interferencias
con la libertad que subyacen a una sociedad regulada.Y también
es psicológico. Mientras quienes proponen la planificación
centralizada y los controles deben debatir sin fin los méritos
de los sistemas de seguridad social, de educación pública
y de los gravámenes sobre los ingresos, hay una verdad
que es irrefutable: estamos atrapados en este embuste y lo peor
es que detrás de todo esto hay una enorme falta de confianza
en uno mismo y en los demás. Pregúntenle a cualquiera
sobre abolir las Fuerzas Armadas, los títulos oficiales,
la educación pública o la seguridad social. La falta
de confianza en sí mismos, en sus amigos y en sus vecinos
se hará inmediatamente manifiesta.
Segunda Parte
¿Habría caos o armonía en una sociedad completamente
libre? ¿Habría prosperidad o pobreza? ¿Sería
una sociedad moral o inmoral? ¿Egoísta o pródiga?
¿Cómo sería si el gobierno no estuviera dirigiendo
y regulando la vida y la riqueza de las personas? ¿Cómo
sería la sociedad si cada uno fuese libre de vivir del
modo que quiere en tanto su conducta sea pacífica, y libre
de entrar en cualquier acuerdo de intercambio beneficioso con
cualquier otro en el mundo?
No hay forma de predecirlo. Nadie puede realmente adivinar el
resultado de la decisión de millones y millones de personas.
Pero mientras nadie puede predecir esto, los resultados económicos
de una economía libre son notables: lo que usualmente se
llama "el milagro del mercado".
Leonard E. Read, fundador de The Foundation for Economic Education
(FEE), una vez escribió un ensayo titulado Yo, el lápiz
en el que hizo la siguiente observación: nadie en el mundo
sabe cómo hacer un lápiz. Imaginen que el mundo
está lleno de lápices, pero que nadie sabe cómo
hacerlos.
¿Cuál era el punto al que iba Read? Si ustedes le
preguntaran al gerente de la empresa productora de lápices
más grande del mundo cómo hacer un lápiz,
diría que primero obtienen la "mina" (el grafito,
en realidad) de Sri Lanka. Esta es mezclada con arcilla de Mississippi,
usando sebo sulfúrico. Luego les hablaría sobre
cómo se produce la parte de madera del lápiz, incluyendo
las operaciones en diferentes partes del mundo. Y de la producción
del esmalte que cubre la parte de madera. ¿Y qué
pasa con la parte de latón? Bueno, les hablaría
de las minas de zinc y níquel en diferentes partes del
mundo y trataría de explicar sus operaciones. ¿Y
qué pasa con la goma? Explicaría que se hace a partir
de una reacción de un aceite y sulfuro clorídrico
de Indonesia. ¿Y qué pasa con el equipo que es necesario
para todas esas operaciones? ¿Cómo se hace? Probablemente
no sepa contestar a eso.
El punto al que iba Read es que nadie puede realmente responder
a todas estas preguntas. Y si nadie sabe cómo hacer un
lápiz, por supuesto que nadie sabrá cómo
hacer autos, aviones, computadoras o lo que sea. ¡El mundo
está lleno de estas maravillosas divisiones! Gente de diferentes
partes del mundo, cada uno actuando a favor de su propio interés,
coordina sus planes con los de los demás.
Cada uno en el proceso de producción trata de mejorar su
beneficio económico. No se dice a sí mismo: "Ramón,
el mundo necesita lápices, mejor sos un buen ser humano
y hacés lo que te corresponde". Por ejemplo, tomemos
a alguien que está buscando un trabajo en Sri Lanka porque
su familia necesita comer. Va a la empresa de producción
de grafito local y pregunta si hay algún puesto disponible.
Si lo hay, pregunta cuál es el sueldo. La empresa le ofrece
un trabajo, él acepta, y ayuda a producir el grafito que
finalmente será transportado a Estados Unidos, donde será
utilizado para producir lápices.
Tal vez el trabajador ni sepa que su trabajo resultó en
la producción de millones de lápices. Lo que debe
importarle a él es si ha hecho un buen trabajo en la producción
de grafito. En otras palabras, mientras su trabajo en última
instancia beneficia a gran parte de la humanidad a través
de la ulterior producción de lápices, ese no es
el objetivo final del trabajador. El simplemente está tratando
de hacer más próspera su vida y la de su familia.
Millones de lápices se producen sin necesidad de un decreto
del gobierno. No hay ningún burócrata diseñando
ningún complejo sistema para asegurar la producción
continua de lápices. Como Friedrich A. Hayek señaló,
la economía libre produce resultados que son la consecuencia
de la acción humana pero no de la planificación
humana.
La pregunta es: ¿Haría el gobierno un mejor trabajo
que el mercado? El resultado sería simplemente una catástrofe.
El resultado sería lo que Ludwig von Mises llamó
"el caos planificado". ¿Por qué? Porque,
como Hayek señaló, los planificadores centrales
nunca podrán -ni siquiera con millones de computadoras
a su servicio- poseer el mismo grado de conocimiento e información
que existe en las cabezas de millones de individuos en todo el
mundo. Cuanto más compleja y próspera se vuelve
una sociedad, más necesario es que el gobierno no pueda
entrometerse.
En su gran ensayo El uso del conocimiento en la sociedad, Hayek
señaló que la economía de libre mercado tiene
ventaja porque permite aprovechar el conocimiento que la gente
posee dentro de sus particulares circunstancias. Y dado que la
vida cambia constantemente para todos, cada uno está mejor
preparado para adaptarse a los cambios utilizando su propio nivel
de experiencia.
Por ejemplo, supongamos que una parte de la maquinaria que hace
la goma de los lápices se descompone. El capataz conoce
a un tipo a la vuelta que sabe perfectamente cómo resolver
el problema. Cuando el tipo llega, pide $50 en efectivo para resolver
el problema. El capataz sabrá evaluar si el precio es razonable
a la luz del problema inmediato.
Multipliquen esto por los millones de este tipo de eventualidades
en todo el mundo. ¿Cómo pueden saber los planificadores
la mejor solución para cada situación en un mundo
en constante cambio? Los planificadores sólo tienen el
conocimiento que hay en sus propias cabezas más el conocimiento
"congelado" que hay en las computadoras. No hay manera
de que puedan poseer aquel que se encuentra en las cabezas de
millones y millones de personas, cada una de las cuales debe estar
constantemente adaptándose a las siempre dinámicas
y cambiantes circunstancias.
Los resultados de la centralización planificada en cualquier
área, pongamos como ejemplo la distribución de alimentos,
serían los mismos para cualquier otra: educación,
servicio postal, regulación monetaria, etc. Y de hecho,
así es en Cuba, Corea del Norte y China, donde el gobierno
planifica la producción y distribución de comida
para todo el país.
En general, la gente tiene confianza en el mercado cuando pueden
verlo funcionar. Pero el problema es que a la gente le cuesta
muchísimo tener esta confianza cuando se trata de funciones
que son monopolizadas por el Estado.
Esto pasa usualmente en relación al tema de la educación:
"Si, el mercado funciona bien para la producción y
distribución de alimentos, pero no para algo fundamental
como la educación. ¿Cómo podemos saber si
va a ser construida suficiente cantidad de escuelas, si van a
ser lo suficientemente buenas y si tendrán cuotas accesibles?
La educación es demasiado importante para ser librada al
mercado".
Lo más triste de todo es que hay demasiada gente alrededor
del mundo que no tiene suficiente confianza en el mercado, lo
cual significa no tener demasiada confianza ni en sí mismos
ni en los demás.
Y los defensores de la planificación gubernamental siempre
plantean la cuestión en términos de "planificación
versus caos". Pero están equivocados principalmente
en dos puntos: primero, es la intervención del gobierno
la que crea caos en la vida de la gente porque interviene en aquello
que la gente desea hacer. Segundo, mientras la economía
de mercado no es el resultado de la planificación o diseño
humanos, eso no quiere decir que el mercado en sí sea azaroso.
Al contrario, la economía de mercado consiste en los planes
individuales de millones de personas, cada una de las cuales coordinan
sus propios planes con los de los demás, resultando de
ello un fenómeno que nunca nadie pudo haber ideado.
¿Cómo hacen estos millones de personas para coordinar
sus planes en una economía libre? ¿Es que todas
las miles de personas relacionadas de alguna manera a la producción
de lápices se reúnen en convenciones anuales para
planear sus respectivos roles? No. La respuesta está en
el simple y complejo sistema de comunicación de la economía
de mercado.
Tercera Parte
Diferentes valoraciones permiten a la gente mejorar su standard
de vida a través del simple intercambio. Supongamos que
yo tengo diez manzanas y que usted tiene diez naranjas. Yo valoro
mis diez manzanas en forma distinta a si yo tuviera una sola.
Lo mismo corre con usted y sus naranjas. Cambiamos una manzana
por una naranja porque ambos valoramos lo que estamos obteniendo
más que lo que estamos dando a cambio. De otra forma, no
haríamos el intercambio. Así, los dos mejoramos
nuestro bienestar a través de una transacción beneficiosa
con el otro.
Nuestros ancestros comenzaron a especializarse en la producción
de bienes y servicios para los que poseían mayor talento
relativo. Luego intercambiaban lo que producían con gente
especializada en otra actividad. Lentamente, la gente empezó
a recurrir a productos comerciales y fácilmente divisibles
(por ejemplo, el tabaco) como medio de intercambio. Finalmente,
la gente optó por los metales preciosos para usarlos como
moneda: el oro y la plata fueron rápidamente aceptados
en el mercado. De esta manera, el precio de un producto era determinado
por cuánto valor le atribuía el dueño con
relación a otras cosas que deseaba.
Desafortunadamente, los gobiernos encontraron una oportunidad
para el saqueo: primero monopolizaron la acuñación
de monedas y comenzaron el proceso inflacionario; luego emitieron
decretos que obligaron a la gente a aceptar el valor nominal de
la moneda.
Así empezó el sistema inflacionario, el proceso
a través del cual el gobierno roba a la gente a través
de la destrucción de su medio de intercambio, es decir,
su medio de comunicación en el mercado.
El sistema de precios es simplemente el intrincado sistema mediante
el cual la gente se comunica en el mercado a través de
todo el mundo. Por eso, cuando un político condena "la
búsqueda de beneficio", por ejemplo, durante un desastre
natural, lo único que hace es agravar el problema. Interviene
en este delicado e intrincado sistema de comunicación sobre
el cual funciona el mercado. El resultado es, por ejemplo, el
desabastecimiento de aquello que se necesita.
El empresario o capitalista, es quien en una economía libre
arriesga su dinero a fin de capitalizar una oportunidad. En vez
de condenarlo, deberíamos exaltarlo. El beneficio que él
recibe no es un robo al trabajador, como Marx sostenía,
sino su recompensa por afrontar un riesgo que a la larga beneficiará
a otros.
Las ganancias son una parte del intrincado sistema de comunicación
en la economía libre. Son una forma de decir al capitalista:
"Buen trabajo. Has producido los bienes y servicios que otra
gente necesitaba y por lo que quería pagar dentro de las
condiciones existentes."
Las pérdidas son lo contrario. Estas están diciendo:
"Has hecho un mal trabajo en satisfacer a los consumidores."
El hecho es que cualquier regulación gubernamental que
interfiera con el intercambio y el comercio está interfiriendo
en la capacidad de la gente para lograr su bienestar. La gente
comercia para mejorar su standard de vida. Los políticos
y burócratas, al intervenir, frustran la búsqueda
de felicidad de la gente. Nunca debería permitírseles
intervenir en los precios y en la moneda. El bienestar de la gente
-e incluso a veces su supervivencia- depende del complejo sistema
de comunicación del mercado libre.
Cuarta Parte
En una sociedad pobre, primitiva económicamente, un individuo
tiene que hacer un montón de trabajos básicos para
poder sobrevivir. Tiene que ser independiente en muchos campos.
Pero a medida que la sociedad se vuelve más rica y compleja,
la gente se va especializando cada vez más en aquello en
lo que es comparativamente más talentosa. Luego intercambian
con aquellos que hacen a su vez lo mismo.
En una sociedad libre, la gente debería poder encarar cualquier
emprendimiento sin necesidad de un permiso o interferencia del
gobierno; entrar en cualquier intercambio beneficioso con los
demás y acumular riqueza ilimitadamente en ese proceso.
¿Querrá decir esto que todos se volverían
ricos? Por supuesto que no. Las personas tienen diferentes habilidades
y talentos. La acumulación de riqueza en una sociedad libre
va a depender no tanto de la valoración que cada persona
haga de sus propios atributos, sino de la valoración que
los demás hagan de ella en el mercado.
En una economía libre, el consumidor, y no el productor,
es el soberano. El consumidor gastando -y absteniéndose
de gastar- decide quién se volverá rico y quién
será pobre.
Los partidarios del Estado socialista benefactor, sostienen que
una sociedad libre produciría un pequeño grupo de
ricos que controlarían nuestras vidas. Con este criterio
se apoyan las leyes antitrust, pues sin ellas "el hombre
común sería oprimido por los grandes hombres de
negocios".
¡Qué error! Tomemos el caso de Bill Gates. Este hombre
es rico en billones de dólares, algo más de lo que
usted y yo tenemos juntos. Esto debe sorprenderlo, pero Bill Gates
jamás me ha oprimido. En realidad, he entrado muchas veces
a los negocios donde venden productos Microsoft y me han dejado
salir sin ni siquiera comprar nada.
Gates tiene un determinado talento, y lo ha capitalizado. Pero
la razón por la que se ha vuelto fenomenalmente rico es
que el ha sido tremendamente exitoso en servir a otras personas.
Ha producido cosas por las que la gente está deseosa de
pagar pues pueden mejorar enormemente sus vidas.
Es importante destacar que su riqueza no lo habilita para oprimirme.
Si yo elijo comprar o no productos Microsoft depende de mí,
no de él. Repito: en una sociedad libre los consumidores
son soberanos. Son quienes deciden quién se vuelve rico
y quién pobre.
Los defensores del estatismo dicen: "Si, pero las grandes
empresas cada vez crecen más bajo la ausencia de regulaciones.
Necesitamos un gobierno que confisque una gran proporción
de sus ingresos para no dejar que se vuelvan tan grandes".
¡Qué disparate! El libre mercado consiste en un proceso
que constantemente redistribuye la riqueza. Una compañía
que ha tenido éxito en el pasado en satisfacer a los consumidores
estará bajo constante presión para seguir haciéndolo.
Si fracasa, los consumidores se irán a otra parte y la
empresa quedará fuera del mercado. Nuevamente, los consumidores
deciden en la redistribución de la riqueza a través
de sus decisiones de comprar o no comprar.
Por ejemplo, tomemos la lista de las 500 empresas más importantes
de los últimos 50 años de la revista Fortune. ¿Cuántas
empresas persisten desde hace 50 o incluso 10 años? Difícilmente
alguna.
Pero los estatistas dicen: "En ausencia de leyes antitrust,
las empresas se unirían para cooperar" Sí,
¿Y qué? Es su propiedad privada, ¿o no? Si
el consumidor no está satisfecho con los resultados, es
libre de no consumir o de comprarle a otras empresas.
Y además hay beneficios que se derivan de esa cooperación.
Por ejemplo, supongamos que empresas automotrices se unen en un
joint venture para encarar procesos de investigación que
redunda en una mayor eficiencia para mejorar la calidad de los
productos. Y luego podrían competir en otras áreas
(el modelo, los accesorios, etc.).
"¿Y qué pasa con los trabajadores?" preguntan
los estatistas. No siempre el poder lo tienen los empleadores.
Supongamos que sube la demanda a favor de un nuevo tipo de software.
Los empresarios tienen que buscar programadores competentes que
tendrán una fuerte posición para determinar sus
ingresos, por más que se trate de una empresa billonaria.Y
el empleador no paga salarios más altos porque es un buen
tipo, lo hace porque sabe que si no el programador puede ofrecer
sus servicios a algún competidor.
Los estatistas siempre dicen "hay un conflicto inherente
entre trabajadores y empleadores". ¡Todo lo contrario!
Es exactamente al revés. Tanto unos como otros tienen un
fuerte interés en común: el éxito de la compañía,
que será aquella que satisfaga mejor a los consumidores.
Si no es así y la empresa queda fuera del mercado, los
empleados se quedan sin trabajo. Si le va bien, tienen mayor seguridad
en su empleo.
Y si a la empresa le va bien, ¿Cuál es la garantía
de que se aumenten los salarios? Eso depende de cuánto
se esté pagando en el mercado. Si otras empresas están
pagando significativamente más, entonces atraerán
a los mejores trabajadores. Las mejores empresas comenzarán
a decaer si empiezaran a perder a sus mejores empleados. El interés
de las empresas las llevará a querer mantener a sus mejores
empleados y pagar mejor.
En última instancia, la única manera de que los
salarios tiendan a subir en una sociedad es a través de
la acumulación de capital. El capital proviene del ahorro
y éste de la acumulación de riqueza en el mercado.
Cuando la gente es libre para acumular riquezas, los salarios
tienden a subir.
"Pero necesitamos que el gobierno establezca un mínimo
para los salarios", dicen los estatistas. ¡Qué
error! Una relación de trabajo es como cualquier otra transacción.
Alguien va a contratar a un trabajador si considera que lo que
da por ello vale la pena según lo que va a obtener a cambio.
Supongamos que un chico de 17 años busca un empleo sin
tener experiencia. El empleador piensa "me va a costar $4
la hora y ni un centavo más". Y el chico piensa: "Me
gustaría ganar $5 la hora, pero por lo menos así
voy aprendiendo el oficio". Una ley que establezca un sueldo
mínimo de $5 la hora resultaría en un chico de 17
años desempleado.
Un país no puede destruir la pobreza a través de
la legislación. Si fuese así, todos los países
serían ricos. La pobreza es el estado natural de la humanidad.
La gente siempre ha sido pobre. La verdadera pregunta es: ¿Cómo
hacen los países (y las personas dentro de ellos) para
volverse ricos? La respuesta es la libertad. Cuando la gente es
libre, puede usar sus habilidades y talentos para proveer bienes
y servicios a los demás en el mercado. Los que mejor lo
hagan se volverán ricos.
A medida que la gente acumula más riqueza, cada vez más
dinero es invertido en capital, que asegura a su vez un mejor
nivel de vida para todos en la sociedad. No es casual que los
pobres en las sociedades ricas vivan significativamente mejor
que en las sociedades pobres.
En una sociedad libre la gente podrá coordinar su vida
con las de los demás armónicamente. Y sería
una sociedad donde el gobierno no podría interferir en
la acumulación ilimitada de riqueza. Esta sociedad no sólo
proporcionaría el mayor ámbito de posibilidad de
elección, sino que además alcanzaría el bienestar
económico para cada uno en ella.
Quinta Parte
Los liberales, a diferencia de conservadores e izquierdistas,
creen que la gente debería ser libre para vivir como quieran
mientras sus conductas sean pacíficas. Esto es, mientras
la gente no cometa asesinatos, robos, violaciones, estafas, etc.;
tienen una absoluta libertad para emprender cualquier tipo de
actividad pacífica. Por lo tanto, muchos liberales creen
que el gobierno sólo tiene tres funciones legítimas:
arrestar, acusar y castigar a aquellos que inician violencia sobre
otros; administrar justicia con el monopolio del poder de enjuiciamiento,
lo que permite a la gente resolver pacíficamente sus disputas
civiles; y proteger a la nación de las invasiones extranjeras.
Los liberales creen que no debería haber leyes anti-droga,
ni sobre pornografía, sodomía, adulterio, etc. Ninguna
Ley que regule las conductas pacíficas.
Obviamente, esta posición es completamente diferente a
la de los conservadores. Ellos creen que el gobierno debe regular
las decisiones morales y las actividades de los ciudadanos. Su
razonamiento es el siguiente: la gente es irresponsable, por lo
tanto no puede ser libre para emprender conductas equivocadas
pues si se la deja en libertad de elegir, inmediatamente se comprometerá
en actividades inmorales. Recién cuando la gente aprenda
a ser responsable, sostienen los conservadores, -y sólo
entonces-, será posible suprimir las leyes que regulan
comportamientos o actividades pacíficas.
Un ejemplo: Las leyes anti-drogas. Los conservadores dicen: "Si
fuesen abolidas las leyes anti-droga, la gente iría corriendo
a consumirlas y habría negocios que podrían venderlas
libremente. La gente está desesperada esperando que se
legalice la droga para ir a inyectarse heroína."
Por supuesto, los conservadores son también defensores
de la educación pública, otra área donde
el Estado regula una actividad pacífica (Es gracioso preguntarles:
¿Porqué la gente es adicta a las drogas? ¿No
pasan una gran parte de su vida en el colegio? ¿Y si esto
es lo que producen los colegios, por qué hacérselo
a más generaciones? Generalmente, los conservadores fruncen
el ceño ante este argumento y se retiran).
Lo que los conservadores no ven es que si la gente es irresponsable,
inmoral o incompetente, un sistema de regulación estatal
sólo empeorará la situación: Las personas
necesitan alcanzar lo que todos más ambicionamos: una sociedad
responsable, cuidadosa, completamente moral y ética. La
libertad y sus consecuencias individuales será lo que ayude
a elevar la conciencia de la gente.
¿Pero no es peligroso -dicen los conservadores- abolir
las leyes anti-drogras sin estar seguros de que la gente será
responsable?
Por supuesto. A través de la historia, la libertad siempre
ha sido peligrosa porque es imposible predecir las consecuencias
de una sociedad en donde la gente tiene total libertad de elección.
Teóricamente, es posible que si las leyes anti-drogas son
abolidas hoy, cada uno de nosotros comenzara mañana a inyectarse
heroína en las venas mañana. ¿Pero es realmente
así? Después de todo, si alguien desea heroína
hoy, es poco probable que una ley penal lo disuada de hacer lo
que quiere para satisfacer ese deseo o necesidad.
De hecho, las leyes anti-drogas hacen de una situación
mala, algo peor. La prohibición eleva los precios al cielo
y entonces los adictos enfrentan una difícil elección:
pueden abandonar el hábito (cosa no muy fácil) o
conseguir el dinero para comprar ls drogas a los increíbles
precios del mercado negro. Lamentablemente, la decisión
que suele tomarse es la segunda, lo cual deriva en robos, hurtos
y asaltos y otros crímenes violentos para conseguir el
dinero.
Irónicamente, los conservadores, que son los grandes defensores
de la "responsabilidad individual" nunca se hacen responsables
de los crímenes violentos que se derivan de la existencia
de leyes anti-drogas. Como los izquierdistas que defienden el
estado benefactor, los conservadores están sosteniendo:
"Deberíamos ser juzgados por nuestras buenas intenciones
y no por las consecuencias de nuestra creencias y acciones."
¿Derivaría la despenalización de las drogas
en un menor nivel de consumo? Es imposible saberlo. Nuevamente,
una sociedad libre es aquella en la que la gente es libre de hacer
lo que quiera, mientras sea pacíficamente. El rol del estado
es proteger el ejercicio de esa libertad, especialmente cuando
se trata de las "equivocadas". Si la gente sólo
es "libre" de hacer elecciones "responsables"
(como en China, Cuba y Corea del Norte), entonces no pueden ser
consideradas libres.
Hay grandes posibilidades, si, de que las adicciones a las drogas
disminuyan en una sociedad libre. Por empezar, la mística
de la ilegalidad va a desaparecer. Pero fundamentalmente la drogadicción
es generalmente un problema psicológico. La mejor manera
de combatirlo para cualquier persona es hacerlo surgir, hablarlo,
y tratar de saber cuales son las causas que lo llevan a la autodestrucción.
Pero los adictos están asustados pues han sido relegados
a lo marginal por la ilegalidad.
Los conservadores creen que la adicción puede ser combatido
con años de prisión. Pero no es así, ya que
las autoridades ni siquiera pueden resguardar de las drogas a
las cárceles mejores custodiadas.
Los conservadores dicen que la legalización estaría
dando un mensaje malo a la sociedad. ¿Pero no se estará
dando el mensaje de que la libertad es el valor más importante?
Es imposible predecir lo que producirá una sociedad libre,
excepto en este sentido; sería un lugar excitante y dinámico
donde vivir. Imaginen: cada uno sería libre de vivir su
vida como quisiera mientras no interfiera en la libertad de los
demás para hacer lo mismo. Y la policía podría
concentrarse en protegernos de la minoría de asesinos,
ladrones y otros que existiesen.
Algunos dedicarían su vida a acumular riqueza (sólo
podrían hacerlo proveyendo de bienes y servicios a los
demás). Otros serán pobres pero con más altos
estándares de vida que aquellos que viven en una sociedad
regulada. Algunos gastarán, dándole oportunidades
a otros, y otros ahorrarán, dando oportunidades de inversión
a través de los bancos, y otros donarán sus riquezas.
La mayoría seguramente vivirá en una combinación
de estas operaciones.
La gente sería libre para viajar y comerciar sin necesidad
de permisos del gobierno y podrían usar cualquier medio
de intercambio: oro, monedas de plata, cheques, lo que sea.
La producción de bienes y servicios aumentaría vertiginosamente.
Los consumidores dirigirían la producción a través
de sus decisiones de comprar o no comprar. Solo ellos redistribuirían
el capital a través de sus hábitos de consumo. Pero
sobre todo, el capital continuaría acumulándose,
resultando en mejores salarios para los trabajadores.
Con la libertad sobrevendrá la responsabilidad de aceptar
las consecuencias de las propias acciones y probablemente, un
mayor nivel de concientización.
La libertad traerá un entusiasmo tal que aquellos acostumbrados
a vivir en el estancamiento del estado socialista y de una sociedad
reguladora no se pueden imaginar. Sin dudas traerá mayores
niveles de vida, paz, armonía y valores (responsabilidad,
compasión, moralidad) que todos estamos deseando.
Jacob G. Hornberger es fundador y
presidente de The Future of Freedom Foundation.
Este artículo es una síntesis de los originalmente
publicados en Freedom Daily.
Traducción de Natalia Rodríguez.
|