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YO, EL LAPIZ
Por Leonard E. Read
Introducción de Milton Friedman
La encantadora historia de Leonard Read "Yo, El lápiz"
se ha convertido merecidamente en un clásico. No se de
ninguna otra pieza de literatura que, tan sucinta, persuasiva
y efectivamente ilustre, tanto el significado de la mano invisible
de Adam Smith -la posibilidad de cooperación sin coerción-
como el énfasis de Friedrich Hayek respecto de la importancia
del conocimiento disperso y el rol del sistema de precios en transmitir
información que "hará que los individuos produzcan
los bienes deseados sin tener alguien que les indique qué
hacer".
Hemos utilizado la historia de Leonard en nuestro programa de
televisión "Libertad para Elegir" y en el libro
del mismo título para ilustrar "el poder del mercado"
(título del primer segmento del show de TV y del capitulo
uno del libro).
Resumimos el relato y a continuación expresamos:
"Ninguna de las miles de personas involucradas en la producción
del lápiz efectuaron su tarea porque deseaban un lápiz.
Muchos de ellos nunca vieron uno y posiblemente ni supieran para
sirve. Cada uno vio a su trabajo como una forma de obtener aquellos
bienes y servicios que querían -bienes y servicios que
produjimos con el propósito de obtener el lápiz
que deseábamos.
Cada vez que nos dirigimos a una tienda y adquirimos un lápiz,
estamos intercambiando un poquito de nuestros servicios por la
cantidad infinitesimal de servicios de cada uno de los miles que
contribuyeron a producir el lápiz.
"Es aun más pasmoso que el lápiz fuera producido.
Nadie sentado en una oficina central impartió ordenes a
miles de individuos. Ninguna policía militar hizo cumplir
aquellas ordenes que nunca se dieron. Estas personas viven en
diferentes lugares, hablan distintas lenguas, practican diferentes
religiones, pudiendo incluso odiarse mutuamente -aunque ninguna
de estas diferencias les ha impedido cooperar para producir el
lápiz . ¿Cómo pudo suceder?
Adam Smith nos dio la respuesta doscientos años atrás."
"Yo, El lápiz" es un típico producto de
Leonard Read: imaginativo, simple pero sutil, respirando el amor
a la libertad que imbuyó todo lo que Leonard escribió
o hizo. Como en el resto de su obra, él no estaba tratando
de decirle a la gente qué hacer o cómo comportarse.
Estaba simplemente tratando de realzar la comprensión de
sí mismos por parte de los individuos y del sistema en
el que les toca vivir.
Ese era su credo básico y lo que el defendió consistentemente
durante su largo periodo al servicio del público -no servicio
público en el sentido de servicio gubernamental. Cualquiera
fuere la presión, rehusó comprometer sus principios.
Eso hizo que fuera tan efectivo en mantenerlos vivos desde un
comienzo y en difundir la idea básica de que la libertad
humana precisa de la propiedad privada, de la libre competencia
y de un gobierno severamente limitado.
El Profesor Friedman, premio Nóbel
de economía en 1976, es Investigador Senior en la Hoover
Institution de Stanford California.
"Yo, El Lápiz"
por Leonard E. Read
Yo soy un lápiz de grafito, el típico lápiz
de madera tan conocido por todos los chicos, chicas y adultos
que saben leer y escribir.*
Escribir es al mismo tiempo mi vocación y mi distracción,
eso es todo lo que hago.
Ustedes se preguntarán por qué debo confeccionar
mi árbol genealógico. Bueno, para empezar mi historia
es interesante. Y además, yo soy un misterio, mayor aún
que el que puede representar un árbol, un atardecer o un
relámpago. Lamentablemente, quienes me utilizan dan por
sentado que soy un mero incidente, carente de todo pasado. Esta
actitud me relega al nivel de algo meramente trivial. La humanidad
cae así en una especie de penoso error, con el cual no
podrá persistir mucho tiempo sin peligrar.
Yo, el lápiz, si bien en apariencia soy algo sencillo,
merezco vuestro asombro y admiración, por las razones que
más adelante probaré. En realidad, si ustedes logran
entenderme -lo que realmente es mucho pedir de alguien-, si consiguen
darse cuenta del milagro que vengo a simbolizar, podrán
ayudar a salvar la libertad que desgraciadamente la humanidad
de a poco va perdiendo. Tengo una profunda lección que
enseñar. Y puedo trasnmitirla mejor que lo que un automóvil,
un aeroplano o una lavadora de platos podrían hacerlo,
en virtud de ser aparentemente algo muy simple.
¿Simple? Sin embargo, ni una sola persona sobre la tierra
sabe cómo hacerme. Esto suena fantástico ¿no
es cierto?. Especialmente cuando se toma conciencia que alrededor
de cien a cien millones y medio de unidades como yo son producidas
en los Estados Unidos cada año.
Tómenme y obsérvenme. ¿Qué es lo que
ven? Sus ojos no encontrarán gran cosa -hay un poco de
madera, barniz, la etiqueta, la mina de grafito, algo de metal
y una goma de borrar.
Imnumerables antecedentes
Así como para Uds. sería casi imposible trazar
su árbol genealógico yendo muy hacia atrás
en el tiempo, también lo es para mi citar y explicar todos
mis antecedentes. De cualquier manera, desearía mencionar
algunos de ellos a efectos de impresionarlos con la riqueza y
complejidad de mi curriculum.
Mi árbol familiar comienza con lo que en los hechos es
precisamente un árbol: un cedro de fibra recta que crece
en el norte de California y Oregón. Contemplen ahora todos
aquellos elementos que la tarea de cortar el árbol y transportar
los troncos hasta la vía muerta del ferrocarril requiere:
sierras, camiones, sogas y muchos otros pertrechos. Piensen en
todas las personas y en las innumerables técnicas que intervinieron
en su fabricación: en la extracción del mineral,
la obtención del acero y su conversión en sierras,
ejes, motores; el cultivo del cáñamo y su paso por
todas las etapas hasta llegar a la soga pesada y resistente; los
campamentos de los obreros con sus camas y comedores. Incalculables
miles de personas han intervenido solamente en cada taza de café
que beben los leñadores!.
Los troncos son transportados hacia un aserradero en San Leandro,
California. ¿Pueden ustedes imaginar a todos aquellos individuos
que participan en la fabricación de los vagones, los rieles,
los motores del ferrocarril y en la instalación de los
sistemas de comunicación? Hay legiones de personas entre
mis antecedentes.
Consideren las tareas que se llevan a cabo en el aserradero en
San Leandro. Los troncos de cedro son cortados en pequeñas
láminas de menos de un cuarto de pulgada cada una de grosor.
Las mismas son secadas y entintadas por idénticas razones
por las que las mujeres ponen rouge en sus rostros: la gente prefiere
que Yo luzca hermoso y no de un blanco pálido. Las láminas
de madera son enceradas y secadas en un horno nuevamente. ¿Cuántos
conocimientos intervinieron en la fabricación de la tinta
y de los hornos, en la generación de calor, en la luz y
la energía, las poleas, los motores, y en todas las cosas
que una fabrica requiere? ¿Incluimos a los que realizan
la limpieza de la fabrica entre mis ancestros? Si, y también
a quienes vertieron el concreto para edificar la represa hidroeléctrica
con la cual la Compañía de Gas & Electricidad
del Pacífico suministra de energía a la fábrica!
Tampoco pasen por alto a aquellos ancestros presentes y distantes
que han participado del transporte de sesenta vagones de carga
con planchuelas de madera a lo largo del país.
Una vez en la fábrica de lápices -u$s 4.000.000
en maquinarias y edificios, todo capital acumulado por frugales
y ahorrativos parientes míos- se trazan ocho surcos mediante
una compleja máquina sobre cada lámina, después
de lo cual otra máquina coloca una punta en cada una, aplica
pegamento y ubica otra lámina sobre ella, formando una
especie de sandwich. Entonces, siete hermanos y Yo somos mecánicamente
tallados.
Mi "punta" en sí misma es compleja. El grafito
es extraído de Ceylan. Tengan presente a los mineros y
a todos aquellos que produjeron sus diversas herramientas y a
los que elaboraron las bolsas de papel en las cuales el grafito
es transportado y a quienes fabricaron las cuerdas con las cuales
se atan las bolsas y a aquellos que las cargaron en los barcos
y a los que fabricaron esos barcos. Inclusive los encargados del
faro que guía a las naves y los operarios del puerto, participaron
de mi nacimiento.
El grafito es mezclado con arcilla proveniente de Mississippi
en la cual hidróxido de amonio es utilizado en el proceso
de refinado. Posteriormente, agentes humectantes son añadidos,
tales como sebo sulfurado, que es grasa animal químicamente
tratada con ácido sulfúrico. Luego de pasar por
numerosas máquinas, la mezcla finalmente luce como salida
de una picadora de carne, y pasan a ser cortadas a medida, secadas
y horneadas por varias horas a un temperatura de 1.850 grados
Fahrenheit. Para aumentar su resistencia y suavidad, las puntas
son tratadas con una mezcla caliente que incluye cera proveniente
de Mexico, parafina y grasas naturales hidrogenadas.
La madera de cedro recibe seis manos de esmalte ¿Tienen
idea de cuáles son todos los ingredientes del esmalte?
¿Se le ocurriría a alguien pensar que las refinerías
de aceite de castor forman parte de él? Pues, así
es. Al mismo tiempo, el proceso a través del cual se logra
que el esmalte tenga un atractivo color amarillo, involucra las
habilidades de más personas que las que alguien podría
llegar a enumerar!
Observen la etiqueta. Esa película se forma aplicándole
calor a una combinación de carbón negro con resinas.
¿Cómo se producen las resinas y qué queremos
decir con "carbón negro"?
Mi pequeña porción de metal, esta hecha de cobre.
Piensen en todos aquellos que se dedican a la extracción
del zinc y del cobre, y en quienes conocen las técnicas
para producir finas y brillantes láminas con ambos elementos
naturales. Los negros anillos que se observan en mi cuerpo son
de níquel negro. ¿Qué es el níquel
negro y cómo se lo aplica? A su vez, la historia completa
de por qué el centro de mi cuerpo no posee níquel
negro, demandaría páginas enteras para explicarla.
Luego llega el momento de mi "coronación", a
la que poco elegantemente se la conoce en el mundo comercial como
"la arandela", la parte que los individuos utilizan
para borrar aquellos errores que cometen conmigo. Un ingrediente
llamado "factice" es lo que constituye esa parte de
mi ser. Es un producto de características similares al
caucho, hecho con un aceite proveniente de las Antillas Holandesas,
mezclado con cloruro sulfurado. La llamada "goma", contrariamente
a la opinión popular, se utiliza solamente para pegar.
Existen también, numerosos agentes vulcanizadores y aceleradores.
Por ejemplo, la piedra pómez proviene de Italia, y el pigmento
que le otorga a la arandela su color es cadmio sulfurado.
Nadie lo Sabe
¿Quiere alguien desafiar mi afirmación inicial
de que ningún individuo sobre la tierra sabe cómo
fabricarme?
En realidad, millones de seres humanos han participado de mi creación,
cada uno de los cuales conoce sólo muy poco del resto.
Podrán decir tal vez, que voy demasiado lejos al incluir
entre ellos a quienes cosechan café en el Brasil y a quienes
elaboran alimentos en cualquier otra parte del mundo, como participes
de mi nacimiento. Pueden incluso llegar a sostener, que la misma
es una posición muy extrema.
Pese a ello, debo mantener mi aserto anterior: No hay un sólo
individuo entre todos esos millones de seres, incluyendo al presidente
de la compañía de lápices, que contribuya
a mi elaboración más que con una infinitesimal parte
de conocimiento o know-how . La única diferencia que existe
entre el minero que extrae el grafito en Ceylan y el leñador
de Oregon está en el tipo de know-how que ambos poseen.
Ni el minero ni el leñador pueden ser dejados de lado.
He aquí un hecho pasmoso: ni el minero que extrae el grafito;
ni quienes conducen o fabrican los barcos o trenes o camiones;
ni quien pone en funcionamiento la máquina que talla mis
partes metálicas; realizan su tarea porque me quieren.
Ellos me quieren tal vez aún menos de lo que puede llegar
a hacerlo un alumno de primer grado.
En realidad, entre esta vasta multitud existe algo en común,
que nada tiene que ver con la circunstancia de que alguna vez
hayan visto un lápiz o aún de que sepan o no como
utilizarlo.
Su motivación es algo que está más allá
de mi propia existencia. Quizás sea algo como esto: cada
uno de estos millones de individuos observa que pueden intercambiar
su pequeña parte de conocimiento respecto de cómo
se produce un lápiz, por aquellos bienes y servicios que
necesitan o desean, pudiendo Yo encontrarme o no entre esos bienes.
Ninguna Mente Maestra
Existe aún un hecho más pasmoso: La ausencia de
una mente maestra, de alguien dictando o dirigiendo por la fuerza
todas estas incontables acciones que me permiten cobrar vida.
Ni el más mínimo rastro de tal clase de persona
puede encontrarse. En cambio, hallamos a la Mano Invisible trabajando.
Este es el misterio al cual me refería al comienzo de mi
relato.
Se ha sostenido que "solamente Dios puede crear un árbol."
¿Por qué solemos coincidir con esto? ¿Será
tal vez porque somos conscientes de que nosotros no podemos producirlo?
¿Podemos realmente describir cómo es un árbol?
No, no podemos hacerlo, excepto de una forma muy superficial.
Podemos decir, por ejemplo, que una determinada configuración
molecular se manifiesta a si misma como un árbol. Nada
más.
Yo, el lápiz, soy una compleja combinación de milagros:
un árbol, zinc, cobre, grafito, etc.. Pero a todos estos
milagros que se ponen de manifiesto en la Naturaleza se le ha
añadido un milagro aún más extraordinario:
la configuración de creativas energías humanas-millones
de pequeños know-hows dando forma a una natural y espontánea
respuesta a una necesidad y a un deseo humano y en ausencia de
cualquier clase de mente maestra!. Partiendo de la base de que
solamente Dios puede crear un árbol, Yo insisto en que
solamente Dios puede hacerme. Los hombres no pueden dirigir estos
millones de know-hows que me permiten nacer más de lo que
son capaces de unir las moléculas que generan un árbol.
Lo expresado es lo que quise decir cuando escribí, "Si
consiguen darse cuenta del milagro que vengo a simbolizar, podrán
ayudar a salvar la libertad que desgraciadamente la humanidad
de a poco va perdiendo." Si alguien es consciente de que
estos know-hows se armonizarán natural y automáticamente
dando forma a actividades creativas y productivas, en respuesta
a las necesidades y demandas de los individuos, y en ausencia
de toda mente maestra gubernamental y coercitiva, esa persona
poseerá un ingrediente absolutamente esencial para la libertad:
fé en la libertad individual. La libertad es imposible
sin esa fé.
Una vez que el gobierno toma para sí el monopolio de alguna
actividad creativa, como por ejemplo el servicio de correos, la
mayoría de los individuos creerá que la correspondencia
no podrá ser eficientemente despachada por particulares
actuando libremente. He aquí el motivo: Cada uno admitirá
que por sí mismo no puede conocer todas las facetas que
involucra la entrega de correspondencia. Será consciente
también de que ningún otro individuo sabe tampoco
como hacerlo. Estas percepciones son en realidad correctas. Nadie
posee suficiente know-how para desarrollar un servicio nacional
de correos, del mismo modo que nadie posee los suficientes conocimientos
como para poder fabricar un lápiz. Ahora bien, ante la
falta de fe en la libertad individual, ante el desconocimiento
de que millones de pequeños know-hows natural y milagrosamente
confluirán para satisfacer una necesidad del mercado, la
opinión pública arribará a la errónea
conclusión de que el correo únicamente puede ser
repartido por un "mente maestra" gubernamental.
Si Yo, el lápiz, fuera el único item que pudiera
ofrecer testimonio acerca de lo que los hombres y mujeres pueden
llegar a alcanzar cuando se les permite comerciar libremente,
entonces quienes tienen poca fé tendrían un justo
motivo. Sin embargo, observamos que el despacho de correspondencia
es algo relativamente simple si se lo compara, por ejemplo, con
la fabricación de un automóvil o de una calculadora
o con decenas de miles de otras cosas. ¿Despachar? En esta
área donde los individuos han sido dejados en libertad,
ellos trasladan la voz humana alrededor del mundo en menos de
un segundo; hacen llegar un evento visualmente y con movimiento
hasta el hogar de cualquier persona al mismo tiempo en que está
ocurriendo; despachan 150 pasajeros desde Seattle hasta Baltimore
en menos de cuatro horas; acarrean gas desde Texas hasta New York
a tarifas increíblemente bajas y sin ninguna clase de subsidios;
transportan cuatro libras de petróleo desde el Golfo Pérsico
hasta la Costa Occidental -media vuelta al mundo- por menos dinero
que el que cobra el gobierno por despachar una carta simple hasta
la vereda de enfrente!
La lección que tengo para transmitir es esta: Déjese
a las energías creativas fluir libremente. Simplemente
organícese a la sociedad para actuar en armonía
con esta lección. Procúrese que la organización
jurídica remueva todos los obstáculos lo más
que pueda. Permítase que los conocimientos surjan libremente.
Téngase fe en que los hombres y mujeres libres responderán
a la Mano Invisible. Esa fe será ampliamente confirmada.
Yo, el lápiz, aparentemente tan simple, ofrendo el milagro
de mi creación como testimonio de que esa fe resultará
muy práctica, tan práctica como lo son el sol, la
lluvia, un cedro, la buena tierra.
Leonard E. Read (1898-1983) fundó la Foundation for The
Economic Education en 1948, desempeñándose como
su presidente hasta su fallecimiento. "Yo, el Lápiz",
su ensayo más famoso, fue publicado por vez primera en
la edición de Diciembre de 1958 de The Freeman. Pese a
que algunos pocos detalles de fabricación y nombres de
lugares han variado durante los pasados cuarenta años,
los principios no han cambiado.
* Mi denominación oficial es "Mongol 482". Varios
de mis componentes son ensamblados, fabricados y terminados por
Eberhard Faber Pencil Company.
Reflexiones finales
Existen dos clases de pensamiento: el simplista y el sutil.
Los pensadores simplistas, no logran comprender cómo ordenes
complejas y socialmente útiles, puedan tener otro origen
que no sea una concienzuda planificación realizada por
una mente decidida. Los pensadores sutiles, por el contrario,
entienden que las acciones individuales ocurren a menudo, dentro
de parámetros que alientan a las personas a coordinar sus
acciones unas con las otras, de manera independiente a cualquier
plan general. F.A. Hayek denominó a tal coordinación,
no planeada pero armoniosa, "orden espontáneo".
Lo que caracteriza a una mente sutil, no es solamente su habilidad
para sostener la existencia de ordenes espontáneas, sino
también la de comprender que todo intento consciente por
mejorar o emular estas ordenes, esta condenado al fracaso. ¿Por
qué? pregunta el pensador simplista. "¿Cómo
puede el azar emitir una orden compleja, mejor de lo que una mente
consciente puede concebir e implementar? En respuesta a este interrogante,
un pensador sutil destaca que las ordenes espontáneas no
provienen de la casualidad, sino que los continuos ajustes realizados
por cada individuo dentro de ordenes espontáneas, siguen
una lógica muy estricta -la lógica de la mutua conveniencia.
A ello se debe que ningún planificador central puede conocer
todos los detalles que hacen a la situación particular
de cada persona, ningún planificador central sabe cuál
es la mejor manera de acomodar cada una de las acciones de cada
uno de los individuos con aquellas correspondientes a multitudes
de otros individuos.
En el siglo dieciocho, un puñado de académicos -
entre los que se destacaban David Hume y Adam Smith - desarrollaron
una sutil comprensión de como los derechos de propiedad
privada incentivan a los productores y consumidores a actuar de
manera mutuamente beneficiosa. Las fuerzas del orden espontáneo
fueron de este modo descubiertas, y con este hallazgo comenzó
a desarrollarse la economía moderna.
Durante los dos siglos posteriores, la ciencia económica
obtuvo grandes éxitos procurarnos entendimiento, ya no
solamente respecto de la industria y del comercio, sino de la
sociedad en sí misma. La moderna economía - es decir
aquella que explora el surgimiento de ordenes espontáneas
- resulta una medicina contra la idea simplista que sostiene que
la consciente dirección del estado puede prevalecer por
encima de un esquema compuesto de concesiones reciprocas, que
las personas efectúan dentro de un sistema que proteja
los derechos de propiedad privada.
Pero entender la moderna economía, precisa de cierto esfuerzo
- de la misma manera que lo requiere el librarse de una mente
simplista. No sorprende entonces, que aquellos economistas que
más contribuyeron a difundir la comprensión de esta
disciplina, fueran claros y vívidos escritores, hábiles
utilizando analogías y referencias a situaciones cotidianas,
a fin de aceitar la transición de las mentes desde un pensamiento
superficial hacia sutiles y arraigados conceptos. Los mejores
escritores económicos, hacen exclamar a quienes alguna
vez fueron pensadores simplistas "Aha! Ahora comprendo!.
Hábilmente guiada, una mente simplista se tornará
sutil.
Por su extremadamente diáfano poder para desplegar, en
tan solo unas pocas páginas, el hecho prodigioso de que
los mercados libres coordinan exitosamente las acciones de, literalmente
millones de personas alrededor del mundo, dentro de un todo productivo,
nada que se haya escrito en materia económica se compara
con el celebrado ensayo de Leonard Read "Yo, El Lápiz".
Su fuerza deriva de la descripción que Read efectúa
de tan prosaico artículo y de la innegable, contundente
y espectacular conclusión a la que arriba: el producir
un simple lápiz, involucra el conocimiento de incontables
individuos.
Ningún advenedizo a la economía que lea "Yo,
El lápiz" caerá en la idea simplista acerca
de la superioridad de la planificación centralizada o de
una regulación profunda. Si pudiera escoger un ensayo o
libro que todos en el mundo debería leer, sin vacilar elegiría
"Yo, El Lápiz". Entre estos lectores, las simplistas
nociones acerca de la economía, serán transformadas
de manera permanente en un nuevo y vastamente más sutil
- y correcto - entendimiento.
Leonard E. Read
Donald J. Boudreaux
The Foundation for Economic Education
Abril de 1998
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