24 de octubre de 2002
SE CONSOLIDA LA OPOSICIÓN
EN VENEZUELA
Por Carlos Sabino
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(AIPE) Octubre ha sido el mes en que la oposición venezolana
ha cosechado sus mayores éxitos desde que Chávez,
ominosamente, retornara al poder el 13 de abril pasado. Una gigantesca
manifestación de más de un millón de personas
recorrió las calles de Caracas el día 10 para expresar
su repudio al régimen socialista que se nos pretende imponer
y exigir la renuncia del presidente. Ayer, todavía más
contundente, un paro cívico nacional dejó las calles
desiertas e inmovilizó al país hasta el punto en que
Venezuela parecía abandonada, con la gente en sus casas expectante
por el resultado final de la acción.
El paro, convocado por las centrales de empresarios y trabajadores
y por una Coordinadora Democrática que reúne a infinidad
de partidos y asociaciones civiles de oposición, fue acatado
por más del 85% de las personas y culminó con manifestaciones
de júbilo en varios puntos de la capital y muchas ciudades
del interior. Todo resultó pacífico, ordenado e impecablemente
democrático, pues el objetivo declarado de la paralización
de actividades no era otro que exigir la realización de un
referendum consultivo para determinar si el pueblo quiere unas elecciones
anticipadas que podrían sacar a Chávez limpiamente
del poder.
Este verdadero plebiscito, sin embargo, no acaba de aclarar la compleja
situación en que nos encontramos, porque del lado del gobierno
no existe la menor disposición a someterse a ninguna consulta
popular. Con verdadero cinismo los principales voceros del chavismo
negaron el éxito del paro –que todos podíamos
ver con nitidez en las pantallas de la televisión- e insistieron
en que no habrá elecciones en el país hasta el 2006,
cuando según la constitución aprobada en 1999 -con
muy pocos votos- correspondería elegir a un nuevo mandatario.
Es más, el día anterior Hugo Chávez denunció
una disparatada conspiración para asesinarlo, en realidad
una conjura inventada para desviar la atención sobre el recio
rechazo a sus pretensiones autoritarias que manifiesta ya cerca
del 75% de la ciudadanía.
El gobierno, en las últimas semanas, ha ido adquiriendo un
cariz cada vez más represivo. Ha sacado tropas a las calles,
ha promovido una rebelión en la Policía Metropolitana,
ha destrozado la alcaldía de Caracas y ha intentado realizar
allanamientos y detenciones de las figuras de la oposición.
La activa participación de los vecinos, sin embargo, ha impedido
que la policía política pudiera alcanzar este objetivo
en la mayoría de los casos.
El paro y la marcha del día 10 han mostrado, en la práctica,
la orfandad absoluta de los exaltados que hoy detentan el poder.
Pero Chávez y sus secuaces, seguramente, no acatarán
la patente y abrumadora voluntad popular.
Para solicitar un referendum consultivo se necesitan más
de un millón de firmas, que la oposición ya ha logrado
reunir, pero también otras condiciones casi imposibles de
alcanzar: que el Consejo Electoral las verifique -cosa bastante
dudosa- y que la Asamblea Nacional lo apruebe, lo cual se hace difícil
dada la mayoría que todavía tiene el chavismo en esa
cámara. Y, aunque se cumpliesen estos requisitos, quedaría
por ver si el gobierno se aviene a permitir un acto electoral que,
con toda seguridad, mostraría que carece por completo del
apoyo ciudadano.
Mientras se completa este proceso, que probablemente se concrete
en diciembre, no queda otra cosa que esperar con paciencia a que
el chavismo se debilite, sumido en su impotencia para actuar y en
medio de una situación económica terrible, con nuevos
retrocesos económicos y una creciente inflación. Chávez
sabe perfectamente que ha perdido el apoyo popular que tuviera y
que, más tarde o más temprano, se verá obligado
a salir del poder.
Pero en Venezuela somos cada vez más los que entendemos que
él no lo hará pacíficamente, que apelará
a todos los recursos, incluso a los más brutales y dictatoriales,
para aferrarse a su cargo. El futuro, por lo tanto, sigue para nosotros
tan oscuro y lleno de presagios de violencia como cuando este aprendiz
de déspota llegara -por una insólita combinación
de circunstancias- a convertirse en presidente de la nación.
Carlos Sabino es Director Académico
de CEDICE en Venezuela y autor del libro “El fracaso del intervencionismo
en América Latina”.
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