25 de octubre de 2002
URUGUAY: LA TENTACIÓN DE LA SOLUCION POLITICA
Por Nelson Fernández
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El negocio bancario en
Uruguay se achicó mucho. Y este viernes 25 vence el plazo que dio el gobierno
para encontrar una solución a los bancos suspendidos en el feriado de fines de
julio. Se trata de la decisión más difícil que deberán tomar las autoridades:
sea por liquidar todos los bancos, o también por abrir uno o más de éstas
instituciones.
A fin del año pasado los
depósitos bancarios sumaban U$S
14.992,5 millones. Esto incluye a las colocaciones hechas tanto en dólares (u
otra moneda extranjera) como en pesos uruguayos, y tanto en bancos públicos y
privados, casas financieras y cooperativas de ahorro y crédito.
Entre enero y agosto, ese
monto se redujo –en principio– a casi la mitad. Las cancelaciones de plazos
fijos en dólares fueron por U$S 6.182 millones, lo que deja la cifra en U$S
8.810,5 millones.
Los retiros de depósitos en
pesos fueron por el equivalente a unos U$S 245,3 millones. Otros clientes
dejaron sus colocaciones en moneda nacional, pero por efecto de la devaluación
el saldo de esos depósitos –medido en dólares– se redujo en más de U$S 540
millones. De esa forma, el total de depósitos se redujo a U$S 8.022,8 millones.
Eso significa una caída de los depósitos, o sea del negocio bancario, de 46,5%.
Pero ese total es
mentiroso. Entre esos depósitos hay muchos otros que no pudieron ser retirados
y fundamentalmente, hay una cifra considerable que “está”, pero no está. Ha
quedado congelada, reprogramada, o en algunos casos incluso prometida para
“comprar” acciones de un banco.
Lo primero que debemos
restar son los U$S 1.200 millones del Banco Galicia. Tras la moratoria
judicial, mediante acuerdo con los ahorristas (que entendieron que no les
quedaba otra salida) se pagará en efectivo un 3% del total y el resto se
canjeará por certificados a nueve años con amortizaciones anticipadas. Eso ya
no son depósitos y como además ese dinero es en 97% de argentinos, es claro que
no quedará en el país (que no es visto por ellos como refugio seguro como lo
era hasta el verano).
Entonces, quedan U$S 6.823 millones.
Por otra parte, los
depósitos en dólares del Banco Hipotecario –que son U$S 776 millones– “pasan”
al Banco República. Pero no “pasa” el dinero sino el compromiso de pagarlos, lo
que es un problema para el BROU que espera que el Estado (que no tiene reservas
propias, es bueno recordar) le transfiera dinero para eso. Esos depósitos, más
los plazos fijos en dólares del BROU se canjean por tres certificados: uno a un
año por 25%, otro a dos años por 35% y otro a tres años por 40%. No es dinero
bancario disponible para la intermediación.
Restados éstos, quedan U$S
4.600 millones.
Además, hay cuatro bancos
suspendidos –con futuro poco claro– y una cooperativa en igual categoría. El
Banco Comercial tiene obligaciones por plazos fijos por U$S 344 millones, el De
Crédito por U$S 373 millones y el Montevideo-Caja Obrera (que estaban en
proceso de fusión) por U$S 366 millones. En Caycu hay unos U$S 9 millones. En
caso que el gobierno decida algún tipo de reapertura para éstos, los depósitos
serán reprogramados y una parte (según aceptan los ahorristas) volcados a una
capitalización contable.
Si al subtotal anterior, le
quitamos estos depósitos por U$S 1.092 millones –que no están disponibles en el
sistema– llegamos a un monto de U$S 3.508 millones.
Significa que la
contracción del negocio bancario ha sido de 76,6%.
Es posible que haya quienes
discrepen con este razonamiento, pero creemos que el ejercicio es bueno para
visualizar la crisis del sistema bancario uruguayo. Obviamente, no todo ese
dinero se fue del país. Los primeros que hicieron los retiros, los de mayores
montos, con asesoramiento o mejor manejo de la información, aprovecharon los
primeros meses (o cuando su vencimiento se lo permitió). Su dinero salió a
otras plazas y no es probable que vuelva rápido. Es gente que estaba atenta a
los vaivenes económicos y políticos y que ya pensaba en resguardarse del riesgo
de los años electorales, más cuando esta vez, el recambio de gobierno por una
fuerza que no ha estado en el poder, es de alta probabilidad.
Los que sacaron el dinero
después, fueron ahorristas más chicos, de poco monto en cada caso, pero mucho
al sumarse. En gran parte, “eso” está escondido en las casas, en efectivo y en
dólares. Eso es riesgoso por los robos a viviendas, pero deberán convencerse
que es más seguro llevarlo a un banco, para no seguir durmiendo encima del
dinero. Y eso no se logra con palabras, sino con hechos.
No está claro cuál es el
tamaño del sistema bancario uruguayo que quedará luego de esta crisis (que
incluso no ha terminado, porque queda ver la salida para los suspendidos y la
reacción del mercado). Aunque puede que no se acepte que la reducción del
negocio bancario es de 76,5%, es evidente que se ha achicado a más de la mitad.
Hace unos años, cuando el boom
de los “clubes de videos”, había más de un local en cada barrio. Pero luego
apareció la “TV cable” y la gente dejó de alquilar películas; no totalmente,
pero si en gran cantidad. Desaparecieron decenas de locales. Si el Estado
hubiera querido salvarlos, el esfuerzo habría sido en vano. Si la gente no
volvía a alquilar videos, la cuestión hubiera sido hasta cuándo el gobierno
gastaba plata en mantenerlos.
Evidentemente, el negocio
bancario es otra cosa. Pero la “lógica de los hechos” siempre es la misma. Se
puede nadar contra la corriente, pero pocas brazadas.
Si el negocio bancario se
achicó a la mitad –en realidad a mucho menos–, es claro que no hay lugar para
todas las instituciones.
Obviamente que es un gran
problema la situación de los 2.500 funcionarios, de la caja de jubilaciones
bancarias (con futuro complicado), de los ahorristas con U$S 1.092 millones de
depósitos, de los tenedores de bonos del Comercial y Montevideo por U$S 288 millones,
de las 23.000 empresas clientas de esos bancos.
Habrá que considerar que
hay otros bancos abiertos, que pagaron y pagan en tiempo y forma sus
compromisos, con muchos empleados y clientes. Si preocupa ese problema sin
solución a la vista, también hay que advertir que si por apelar a la “voluntad
política” se habilita una salida sin sustento técnico, el riesgo de contagio al
resto del sistema será grande, quizá tan grande como no imaginamos.
Habría que recordar que hay
una sociedad que ha hecho el sacrificio de enormes aportes de dinero, desde los
años ochenta hasta hoy, para sostener bancos que aún cuando fueron
“reprivatizados”, han vuelto a caer en los brazos del Estado, sin que haya un
inversor interesado en el negocio para ponerse al frente con un plan que
técnicamente sea sostenible.
En el Banco De Crédito,
donde no hubo fraudes como en otros casos, hay un grupo interesado en
mantenerlo y dirigirlo. Si su plan de negocios cumple los requisitos técnicos,
puede abrir. Si no satisface, habrá que ver hasta donde llega la voluntad
política para rehabilitarlo.
En el Comercial, lo único
claro es que los actuales accionistas privados (tres bancos mayoristas
internacionales) tienen una manifiesta intención: salirse del negocio. No se
conoce que haya un banquero dispuesto a reabrirlo. Para el Montevideo y el Caja
Obrera, tampoco. O sea que en estos tres bancos, sólo los ahorristas, los
funcionarios, y el gobierno, trabajan para una solución.
Los bancos suspendidos,
entre lo que deben al gobierno por asistencia (sea la vía que sea), los
compromisos por depósitos y créditos laborales, tienen un pasivo de U$S 2.700
millones. Y para hacer frente, cuentan con activos por U$S 1.600 millones.
Complicado.
Vencido el plazo que se
había dado, el gobierno debe tomar una decisión, para lo cual parece que se
tomará algunos días más de lo previsto. Es posible que las autoridades caigan
en la tentación de evitar altos costos en el presente. Pero a esta
administración, le queda la mitad del período.
Nelson Fernández es Subsecretario de Redacción de BÚSQUEDA (Montevideo-Uruguay)
y Corresponsal en Uruguay del diario LA NACIÓN de Buenos Aires (Argentina). Esta columna fue
publicada en Búsqueda el 24 de octubre de 2002.
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