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VIENEN TIEMPOS DIFICILES
Por Porfirio Cristaldo Ayala
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Soplan vientos de infortunio en la región del Mercosur.
La Argentina ya sucumbió. De ser el país latinoamericano
más rico, ahora tiene a la mitad de su población en
la indigencia. Pero Argentina no contagió a sus vecinos.
Los gobernantes de la región originaron sus propias crisis.
Todos volvieron al proteccionismo y el gasto deficitario. Y los
pueblos tampoco están exentos de culpa. Los brasileños
alientan el ascenso de la izquierda al gobierno. Los uruguayos se
oponen a liberalizar la economía. Y los paraguayos rechazan
las privatizaciones. La situación es penosa y se pondrá
peor.
Existe un serio riesgo de que los brasileños, hartos de la
corrupción en el gobierno, elijan en las elecciones de octubre
próximo a Luiz Inacio "Lula" da Silva, candidato
del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), en lugar de José
Serra, de la alianza centrista encabezada por el presidente Fernando
Henrique Cardoso. Las encuestas que favorecen ampliamente al socialista
radical Lula ya originaron el pánico de los mercados financieros,
la disparada del riesgo país y la caída del real.
La economía de Brasil en el mejor de los casos no crecerá
este año. Los inversores se han acobardado ante la perspectiva
de un gobierno socialista.
Si Lula es electo presidente, aunque adopte una política
económica moderada y respete los derechos de propiedad y
compromisos del país, como ha prometido, el temor de los
inversores igual puede disparar las tasas de interés y derribar
los mercados. La fuga de capitales y devaluación del Real,
obligará al Brasil a la suspensión del pago de su
inmensa deuda externa, de más de 245 mil millones de dólares
(50% del PIB). Y como ocurrió en la Argentina, la cesación
de pagos quebrará los bancos, destruirá empresas y
empleos, paralizará la economía y hundirá al
país en la depresión y miseria. Y lo peor, todo el
Mercosur será atraído a la vorágine.
En la Argentina también puede resultar electo un populista.
Las elecciones presidenciales del 2003 posiblemente se tengan que
adelantar debido a la incapacidad y falta de liderazgo del presidente
Duhalde. Y los argentinos están cediendo al populismo de
los que prometen "refundar" la República en bases
socialistas. La terrible crisis no les ha enseñado sobre
las nefastas consecuencias de las soluciones estatistas. Las nuevas
propuestas representan una involución: la nacionalización
de las empresas privatizadas, la expansión de las regulaciones
y el proteccionismo.
Los pueblos latinoamericanos no aprendieron todavía que la
democracia por sí sola es incapaz de vencer al atraso. Continúan
sin ver que la prosperidad solo puede alcanzarse con derechos de
propiedad privada bien protegidos, mercados libres, bajos impuestos
y un gobierno limitado que garantice la ley y el orden. Siguen escuchando
los cantos de sirenas del socialismo pese a la manifiesta superioridad
del capitalismo democrático en el mundo. ¿Cómo
podrán salir entonces de la indigencia? ¿Qué
evitará que vuelvan al poder los populistas autoritarios
de izquierda y derecha? Los pueblos pueden elegir a quienes quieran
para sus gobernantes. Pueden votar por Lula, Alfonsín, Alan
García o Laíno. Tienen todo el derecho a hacerlo.
Eso es democracia. Pueden exigir a los gobiernos preservar las empresas
estatales deficitarias, proteger de la competencia y subsidiar a
los sectores ineficientes, aumentar las tarifas y trabas al comercio,
expandir los privilegios sindicales, incrementar las regulaciones,
impuestos y burocracia, expropiar la propiedad privada y seguir
agrandando el Estado hipertrofiado. Sin embargo, los pueblos no
deben llorar después sus desgracias, porque el estatismo
solo trae desventura y atraso.
En el mundo globalizado, muy distinto al de los años 60,
los capitales huyen pronto de las políticas socialistas.
Y los gobiernos no lo pueden frenar. En los nuevos regímenes
estatistas del Mercosur, la violación de la propiedad privada
y restricción de la libertad económica que propugnan
los populistas acarreará una rápida emigración
del capital humano, la falta de inversiones, pérdida de competitividad,
caída de la producción y desempleo. Ello sumirá
en la pobreza a sectores cada vez más grandes.
Pero la falta de libertad económica no solo traerá
escasez, injusticia y violencia a los pueblos, sino también
debilitará sus democracias. ¿Acaso el futuro de la
región está signado por el retorno al autoritarismo
y las luchas intestinas, como sucedió en África con
las nuevas democracias anticapitalistas?
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