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UN PAÍS SUPER-REGULADO
Por Franklin López Buenaño
Hace ya varios años leí un libro, cuyo título
se me olvida pero su contenido todavía me repica en la memoria.
El autor, Luis Hidalgo López, documentaba el exceso de leyes
y reglamentos que existían en el país y concluía
que un ecuatoriano violaba alguna ley, en promedio, diez veces al
día. Hoy me permito replicar más datos obtenidos por
el mismo Dr. Hidalgo, que me han llegado por esa maravilla que es
el correo electrónico. Hay que divulgarlos, es importante
conocer que la corrupción no es la causa de la inseguridad
jurídica, es el resultado de la superabundancia de reglas,
leyes, reglamentos, ordenanzas. Quizás algún día
lleguemos a tener conciencia de que el orden nace, no se hace. Si
las leyes no son el "encumbramiento" de la costumbre,
son inútiles, pocos las respetan y terminan por estimular
comportamientos perversos.
Según Hidalgo, "durante el año 2000, el sector
público ecuatoriano, incluido las tres Funciones del Estado,
el Sector Descentralizado y las entidades autónomas, han
promulgado en el Registro Oficial la nada despreciable cantidad
de 4826 Normas Legales entre normativa principal y secundaria y
sentencias de casación y apenas se han derogado 127 normas"
Si tomamos en cuenta el tiempo, esto equivale a una norma cada 24
minutos, 8 segundos laborables. En buen romance, cada media hora
algún organismo estatal nos dice qué podemos y qué
no podemos hacer.
Las consecuencias de esta proliferación de normas son funestas.
En primer lugar, supone que el sector privado está representado
una "cáfila de vivos a quienes hay que regular".
Supone que los ecuatorianos no tenemos conciencia ni valores morales,
ni espíritu de cooperación, ni nada por el estilo.
("Cada ladrón juzga según su convicción".)
En segundo lugar, cada una de ellas otorga más "ventajas
competitivas" a los burócratas, como aumenta su discrecionalidad
aumenta su poder de extorsión; el soborno, la coima, son
el precio que hay que pagar para reducir el impacto negativo de
la ley. Es definitiva, se ha vuelto un buen negocio aquello de "crear
dificultades para vender facilidades". Finalmente, no hay que
olvidar que los que promueven la emisión de una ley y los
que tienen el poder de emitirla obtienen "rentas" pecuniarias
o políticas, a costa de la mayoría de una ciudadanía
impávida e indefensa.
Continúa Hidalgo, es tal la abundancia de leyes que no hay
mente humana, inclusive con la ayuda de la informática, capaz
de manejar las más de cien mil (100 000) normas vigentes,
que han creado serios problemas en al administración de justicia
ordinaria o administrativa, "dejan en el aire principios tan
importantes como la jurisdicción y la competencia, lo cual
abochorna a los jueces que son acusados injustamente de negligencia
o corrupción; que la gestión de los propios servidores
públicos se ve afectada por las interpretaciones del Órgano
de Control Fiscal; que a las actividades productivas les es físicamente
imposible desarrollar una acción conservadora producto de
larga experiencia en el mercado; que los abogados asesores públicos
y privados no se animan a dar su "opinión jurídica"
en casos específicos por el temor al equívoco, etc."
Concluye el autor de tan importante nota postal, el resultado es
la INSEGURIDAD JURÍDICA. "Es lamentable evaluar la eficiencia
normativa del sector público. Nada soluciona. Se trata de
una eficiencia desperdiciada. Sus efectos complican el Laberinto
Legal y acrecienta la Inseguridad Jurídica en el País,
a la misma velocidad de la eficiencia desplegada."
Si a la maraña legal, añadimos lo que habíamos
calculado y presentado hace varias semanas, un sector público
que acapara el 71 por ciento del Producto Interno Bruto, nos lleva
a concluir que solo hay una alternativa: REDUCIR EL TAMAÑO
DEL ESTADO. Y esto significa, eliminar dependencias públicas,
suprimir erogaciones y gastos en asesorías nacionales e internacionales,
derogar leyes, reducir y simplificar impuestos, transferir responsabilidades
a instituciones de persuasión moral, consagrar los derechos
a la propiedad privada de los que viven de los recursos del mar.
Pero cada una de estas instancias tiene beneficiarios cuyos intereses
se verían afectados. ¿Quién le pone el cascabel
al gato?
Franklin López
Buenaño es Profesor en la Universidad de New Orleans.
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