PERU, ENTRE SISIFO Y PROCUSTO
Por Héctor Ñaupari
De acuerdo con la mitología griega, Danastes, el mítico
posadero de Eleusis, era apodado Procusto - que significa "el
estirador" - pues, deseoso de que sus huéspedes más
altos estuviesen cómodos en sus lechos, les cortaba la
porción sobresaliente de sus miembros hasta asegurarse
que éstos tuvieran su medida exacta; a los más bajos
les ataba grandes pesos a los pies hasta que alcanzaban la estatura
justa del lecho. Fue Teseo, el héroe, quien dio al singular
posadero el trato dispensado a sus clientes. Los griegos también
nos trajeron el mito de Sísifo, quien había sido
cruelmente condenado por los dioses por haberlos engañado
al escapar de los infiernos a empujar una enorme piedra con la
fuerza de sus brazos para ver, atardecer tras atardecer, como
la roca caía y volvía al mismo sitio, debiendo cada
mañana empezar nuevamente su labor.
Hemos traído estas leyendas a colación porque tal
parece que las perspectivas del Perú, con la asunción
del economista Alejandro Toledo a la Presidencia de la República,
son las de pendular entre los mitos de Sísifo y Procusto.
Es decir, entre padecer la enésima vuelta del populismo
- que toma ahora un rostro andino - y proseguir con la modelación
de las libertades económicas y políticas al lecho
procusteano del poder. El Perú que recibe Alejandro Toledo
y su gabinete "de todas las sangres" presidido por el
abogado Roberto Dañino, es un país al cual sus anteriores
gobiernos, como a los huéspedes del mítico posadero
griego, obligaron a adecuarse entre el estancamiento y el salto
al vacío. En lo económico, el Perú padece
desde 1997 una larga recesión con elevados índices
de desempleo debido al prolongado déficit fiscal - ocasionado
por el sobre gasto del Estado durante la última década
- que fue financiado con los fondos de la privatización,
y luego de la depredación de éstos por el gobierno
anterior, únicamente con impuestos. De acuerdo al Instituto
Nacional de Estadística e Informática (INEI), la
actividad productiva nacional registró una caída
de 1,7% durante el primer semestre de este año. Esa caída
se explica principalmente por la contracción de importantes
sectores productivos como el agropecuario (2,1%), pesca (1,2%),
manufacturas (1,8%) y comercio (1,1%). Sin embargo, el sector
que impulsó la caída del conocido producto bruto
interno (PBI) es el de la construcción, que acumuló
una contracción de 11,2% en los seis primeros meses del
año. En lo político, el Perú continúa
careciendo de un reconocimiento mínimo de derechos fundamentales
- como el derecho a la propiedad y a un sistema de justicia transparente
y eficiente, fundamentales para que una economía de mercado
germine y se desarrolle - los cuales, como toda la organización
política del país, han estado sujetos a los caprichos
de sus líderes. En ese sentido, cerca del 60% de los peruanos
tienen todavía sus viviendas sin sus respectivos títulos
de propiedad. Los costosos proyectos realizados por el gobierno
de Alberto Fujimori, la Comisión de Formalización
de la Propiedad - COFOPRI - y el Programa de Vivienda Familiar
- PROFAM - solo alentaron la especulación de los terrenos,
crearon nuevos tramites que encarecieron aun más los costes
de los títulos de propiedad y fueron utilizados políticamente,
con el fin de asegurar la ilegal tercera elección del hoy
prófugo ex mandatario. Un porcentaje aún mayor de
peruanos desconfía del Congreso de la República
y del Poder Judicial, desconfianza que se ha acentuado debido
sobre todo al corrupto manejo que de esos poderes hiciera el otrora
poderoso asesor presidencial Vladimiro Montesinos.
Con estos antecedentes, el nuevo gobierno del Perú enfrenta
dos círculos viciosos - el económico y el político
- los cuales le es preciso romper para salir de la pobreza y dar
los primeros pasos hacia la prosperidad. Sin embargo, las primeras
señales y medidas dadas a conocer por Alejandro Toledo
y sus ministros generan más de una suspicacia y reducen
el beneficio de la duda - la mentada "luna de miel"
entre el pueblo y el gobernante - que se da al primer gobierno
elegido a través de un proceso electoral intachable en
ocho años en el Perú. El Ministro de Economía,
el financista internacional Pedro Pablo Kuczinsky ha anunciado
que no habrá recorte de impuestos, y que tan sólo
se realizará el recorte de un 2% al impuesto a la renta,
de 18% a 16% durante el 2002, y que el 2003 se disminuirá
otro punto porcentual. También anunció que el Impuesto
Extraordinario a la Solidaridad y el Impuesto a los Activos serán
totalmente eliminados, pero sólo al término del
período gubernamental, en el 2006.
De otro lado, la anunciada desactivación del Ministerio
de la Presidencia - que fagocita el 25% del Presupuesto Nacional,
siete mil millones de soles - se realizará totalmente en
el 2003. Pero esta desactivación es sólo en el papel,
pues todos los programas del Ministerio de la Presidencia no serán
desactivados, sino que serían transferidos a los gobiernos
regionales y locales. En otras palabras, los ciudadanos seguirán
pagando los costos de esos programas, pero ya no al Estado, sino
a las regiones y municipios del Perú. Del mismo modo, el
anuncio hecho sobre lo que en apariencia significaría reducir
los Ministerios de Agricultura, Minería, Pesquería
e Industria, no resiste el menor análisis cuando el verdadero
objetivo es "unificar" esos Ministerios en un solo -
y enorme - Ministerio de la Producción.
Además, se sigue la vieja tradición populista de
encontrar la solución de cada uno de los problemas del
país - los que existen y los vendrán - con la creación
de un nuevo ente burocrático. De este modo, se ha anunciado
la creación de nuevas entidades públicas con rango
ministerial como el Consejo Nacional de la Descentralización,
el Consejo Nacional de la Juventud y el Consejo Nacional del Deporte,
todos ellos con presencia en el Gabinete y directamente dependientes
del Presidente, tal como mencionó en su Mensaje a la Nación.
Si en términos reales se mantiene el mismo nivel de gasto
publico, y aún más éste va a incrementarse
con las entidades que se irán creando, es lógico
pensar que las tímidas reducciones tributarias no sirvan
de nada y que el déficit fiscal no sólo no se reduzca
sino que se incremente. Esto resulta sumamente desalentador en
cuanto a expectativas de crecimiento, y refleja una grave irresponsabilidad,
sobre todo teniendo el cercano ejemplo de la crisis de Argentina,
debido justamente al mismo problema.
De otro lado, los problemas políticos del Perú siguen
sin resolverse debido a que los partidos y movimientos representados
en el Congreso ni siquiera son capaces de ponerse de acuerdo en
el número de comisiones parlamentarias que deben existir,
y mucho menos en quién debe presidir cada comisión.
Por el contrario, los representantes nacionales han estado más
interesados en disputarse oficinas y en exponerse al ridículo
y la figuración antes que atender los requerimientos de
la población. Según una reciente encuesta de APOYO,
la ciudadanía es favorable a la adopción de medidas
de apertura política y de reconocimiento de derechos. Por
ejemplo, el 82% de los peruanos piensa que el voto debe ser voluntario
y un 79% piensa que la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas
deben tener derecho al voto. Ninguna de estas medidas ha sido
expuesta en el mensaje presidencial del 28 de julio y no figura
en la agenda de ningún parlamentario.
Para romper esos círculos viciosos y enfrentar serena y
enérgicamente la crisis, se requieren un conjunto de indispensables
y valientes medidas que el gobierno peruano debería implementar
inmediatamente. En el campo económico, se debe cortar el
nudo gordiano del déficit fiscal. Ello requiere realizar
una inmediata y drástica reducción del aparato estatal
con la consecuente liquidación de, por lo menos, la mitad
de los ministerios actualmente existentes y, simultáneamente,
la eliminación de todos los impuestos con excepción
del impuesto a la renta. Una tercera medida en ese sentido es
la real desactivación del andamiaje burocrático
creado por la dictadura de Alberto Fujimori, liquidando para comenzar
todos los organismos paralelos a los democráticamente elegidos
y que fueron creados ex profeso para garantizar la permanencia
del régimen autoritario, centralizando su poder. Estas
medidas permitirían movilizar y recapitalizar la economía,
hoy recesada, crear nuevos empleos y generar ahorro entre la población,
el que actualmente no existe.
Asimismo, se debe liquidar el Banco Central de Reserva y reemplazarlo
por una Caja de Conversión de Monedas, que permita la competencia
entre las mismas y elimine la intervención del Estado en
los tipos de cambio y la inyección de dólares al
mercado, lo que durante la última década sirvió
al propósito político de inventar un crecimiento
cosmético, artificial e inexistente, y que era en realidad
administrar una aspirina para enfrentar un cáncer. Deben
eliminarse los aranceles y desactivar la Superintendencia Nacional
de Aduanas a fin de promover el comercio externo, otra de las
actividades económicas recesadas hasta el día de
hoy.
Del mismo modo, debe procederse a la privatización de las
empresas públicas que queden por privatizarse. A fin de
realizar una privatización transparente e incuestionable,
ésta debería llevarse a cabo mediante la modalidad
de la subasta pública y la participación de los
trabajadores de dichas empresas a través del sistema de
accionariado difundido. También podría concedérseles
un porcentaje de acciones proporcional al de sus años de
servicio, con la eventualidad de que podrían dirigir o,
cuando menos, participar en la gestión de la empresa privatizada.
En cuanto a los servicios públicos de salud y educación,
éstos deberían ser concesionados al sector privado,
permitiendo al mismo tiempo que amplios sectores de la población
puedan elegir el mejor servicio médico y educativo para
ellos y sus hijos. Estas medidas promoverían el empleo
y la competencia entre médicos y profesores, y no una medida
populista, como el artificial aumento de sus sueldos lo que sido
anunciado recientemente por el Presidente.
Las medidas políticas no deben detenerse en la tarea que
se ha fijado el jefe del Gabinete de "crear una estrategia
jurídica para someter a la justicia a Alberto Fujimori".
Es evidente que restablecer la confianza en un Poder Judicial
probo e independiente o en un Congreso que funcione en torno a
propuestas consensuadas toma tiempo. También, establecer
el voto voluntario y el de los militares y policías. Pero
sobre todo se debe realizar de una vez esa propuesta angular de
Mario Vargas Llosa pendiente desde 1990: hacer del Perú
un país de propietarios. En consecuencia, la reducción
de todos los costes de la legalidad, pero en particular los de
la titulación de la propiedad, debería ser la meta
del gobierno de Alejandro Toledo en el 2006.
Sin duda, todas estas medidas requieren una gran dosis de audacia,
valentía y decisión. La responsabilidad de Alejandro
Toledo y su gabinete es enorme. Pero si enfoca sus acciones en
que los derechos y expectativas de los peruanos no los resuelve
el Estado, sino la liberación de su energía creadora,
entonces habrá logrado un estupendo gobierno. Todavía
está a tiempo.
Héctor Ñaupari es abogado,
catedrático de Derecho en la Universidad Francisco Marroquín
de Guatemala, y miembro del Consejo Editorial de la Revista Electrónica
Libertaria ACRATA, y coordinador para Perú de International
Libertarian Network.