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LOS PIES DE BARRO DEL REGIMEN CUBANO
Por Martín Simonetta
Por más de cuatro décadas, la viabilidad del régimen
cubano liderado por Fidel Castro estuvo basada en dos factores fundamentales:
a nivel internacional, el contexto de un mundo bipolar (Este/Oeste)
en el que el valor estratégico de la isla como bastión
del comunismo en el hemisferio occidental justificaba un fuerte
flujo de fondos desde de la Unión Soviética; a nivel
interno, el aislamiento del pueblo cubano del mundo exterior era
un requisito sine qua non para que el discurso oficial fuera creíble
y la represión sistemática justificable. Pero en los
últimos años, estas dos condiciones necesarias para
la continuidad del régimen experimentaron profundos cambios,
dejando al desnudo sus pies de barro.
EL MURO DE LA INFORMACION. El fin
del apoyo soviético obligó al régimen a reinventar
caminos que le dieran viabilidad económica y debió
pasar a depender inexorablemente de ingresos originados en el "mundo
capitalista". Tal es el caso del turismo que, según
datos extraoficiales, representa las tres cuartas partes de los
ingresos totales del gobierno. Un efecto no deseado de esta apertura
al turismo ha sido la perforación del muro de información
-construido y preservado por décadas- existente entre el
pueblo cubano y el mundo exterior. Este muro, más sutil y
duradero que el de Berlín, es imprescindible para que los
cubanos continúen creyendo los "logros" difundidos
sistemáticamente por el régimen.
La apertura al turismo ha puesto en evidencia ante los ojos del
pueblo cubano el abismo existente entre ellos y los extranjeros
en términos de nivel de vida, derechos civiles, económicos
y políticos.
La sustancial diferencia de poder adquisitivo, la ropa, las cámaras
de video, el desolador contraste en términos de nutrición
y especialmente la libertad de entrar y salir de sus respectivos
países son, ante los ojos del pueblo cubano, embajadores
silenciosos de los valores del mundo occidental que, a todas luces,
contradicen abiertamente la imagen vendida por Fidel sobre el "paraíso
cubano".
A pesar de todo, el régimen lucha por mantener el bloqueo
a la información a que accede el pueblo, a través
de innumerables medidas tales como: la existencia de un único
periódico -el oficial Granma-, la existencia de sólo
dos canales de televisión, obviamente oficiales, mientras
los turistas acceden a las grandes cadenas internacionales como
CNN, BBC, Deutsche Welle, RAI, etc.; las interferencias generadas
por el gobierno para bloquear las ondas de radio Martí, transmitida
desde Miami; el acceso restringido a libros y bibliografía
no oficial y a internet; y la prohibición expresa para los
cubanos de contactarse con turistas, entre otras.
Sólo con un muro de información entre los cubanos
y el exterior puede ser creíble el amplio listado de logros
del régimen que Fidel enuncia en cada uno de sus numerosos
actos públicos masivos (que recuerdan ineludiblemente a los
del régimen nazi) a través de interminables discursos
ante una audiencia que denota una generalizada mala nutrición
y cuya vida diaria no conoce otros productos como el arroz, el azúcar,
los frijoles, el aceite y los huevos, provistos en su libreta de
racionamiento.
Para el exterior, el régimen pretende mostrar una imagen
ideal de país. Desde los numerosos monitores instalados en
el mismo aeropuerto de La Habana se pueden observar las imágenes
de un pueblo "feliz", que se realiza a través de
los deportes, la medicina y la educación. Ante un escenario
caracterizado por un clima y una geografía inmejorables,
precios internos increíblemente más bajos que los
internacionales y la cordialidad de un pueblo que busca su salvación
en el turismo, no es difícil que los visitantes tiendan a
llevarse una imagen "ideal" de Cuba, sin considerar la
cara oculta de esa situación, a la que no tienen acceso.
Mientras tanto los cubanos se sienten ciudadanos de segunda clase
en su propio país.
VIENTOS DE CAMBIO. A lo largo de
la historia, la necesidad de financiamiento del sector público
ha sido uno de los factores fundamentales de cambio hacia regímenes
más abiertos. De este tipo fue el proceso que llevó
a Inglaterra a dejar de ser una monarquía absolutista pasando
a una constitucional en 1688, y en gran medida en este modelo se
pueden encuadrar los procesos de reforma económica acaecidos
en América Latina en la década de 1980 y 1990, como
el caso de la crisis de deuda externa de Chile y de México
y la hiperinflación Argentina y Bolivia, que obligaron a
los gobiernos a reorientar sus políticas en busca de fondos.
Sin dudas, la apertura al turismo y a las inversiones extranjeras
(con limitaciones) son indicadores claros de cómo la necesidad
de financiamiento obligó al régimen a flexibilizar
sus dogmas anticapitalistas. Pero estas contradicciones, día
a día, son más frecuentes y se verifican en cuestiones
tales como que en el paraíso comunista la economía
se halla absolutamente dolarizada, para locales y extranjeros, más
allá de la existencia de una envilecida moneda local.
Como se señaló anteriormente, la consecuencia principal
de este proceso limitado de apertura ha sido la existencia de un
parámetro para evaluar la verosimilitud de los logros del
régimen. A partir de ello, se ha observado un creciente despertar
de la sociedad civil y, en particular, de la oposición, una
generación que ha perdido el miedo y el respeto de sus progenitores
hacia el régimen y que cree que sin libertad su vida no tiene
sentido. En esta ecuación, la toma del alto riesgo de cruzar
hacia la Florida en una endeble balsa de neumáticos o arriesgar
la propia vida en la lucha contra el régimen resultan decisiones
absolutamente racionales. Sin lugar a dudas, el régimen esta
perdiendo el control que otrora ostentaba sobre la mente de sus
ciudadanos cubanos.
Más allá de la existencia de factores objetivos que
evidencian una creciente debilidad del régimen, es importante
señalar que difícilmente el sucesor de Fidel sea un
gobierno limitado y capitalista. Por el contrario, una de las claves
para entender lo que sucederá el "día después"
es prever las luchas por la sucesión de un "liderazgo
carismático", como lo definiría Max Weber, dentro
del oficialismo, así como comprender que la oposición,
tras más de cuarenta años de adoctrinamiento y formación
universitaria marxista-socialista, difícilmente proponga
alternativas republicanas y una economía de mercado, como
con algo de ingenuidad se podría esperar desde occidente.
En consecuencia, es fundamental tener en cuenta que la eventual
caída del régimen de Fidel Castro es sólo el
inicio de un nuevo y más arduo proceso por consolidar las
libertades básicas del pueblo cubano.
Martín Simonetta es Investigador
Asociado del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América
Latina y de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre.
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