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MÉXICO:
EL COMERCIO COMO FACTOR DE CAMBIO INSTITUCIONAL
Por Martín Simonetta
En los últimos años, México se ha convertido
en la gran estrella de América Latina en términos
de reforma económica e institucional. El hecho saliente ha
sido la victoria de Vicente Fox en las elecciones presidenciales
y la ruptura del dominio que por 71 años llevó adelante
en forma monopólica el Partido Revolucionario Institucional.
Esto significó el punto de inflexión más importante
en la historia moderna de este país, a tal punto que algunos
autores se refieren a la caída del "Muro de Berlín
Mexicano".
Pero este proceso de apertura política no apareció
de la noche a la mañana. Las sucesivas crisis económicas
mexicanas de 1982, 1988 y 1994, debido a insostenibles niveles de
deuda pública, incorrecta política monetaria y una
sobre confianza en las exportaciones de petróleo, parecían
demostrar que el país estaba inmerso en un círculo
vicioso del cual era imposible salir. Pero cuando las reformas parecían
agotadas, tras un estancamiento de las políticas del entonces
presidente Salinas de Gortari, la incorporación de México
al acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos y Canadá
(NAFTA) significó la incorporación de un nuevo factor
de dinamismo en el proceso de cambio hacia instituciones más
abiertas.
En las negociaciones previas, la oposición interna en cada
país pareció poner en peligro el éxito del
tratado. El hecho de que fuera uno de los pocos acuerdos de libre
comercio entre países desarrollados y subdesarrollados provocó
un especial desacuerdo por parte de los sindicatos del sur de los
Estados Unidos, quienes consideraban que el acuerdo incentivaría
el traslado de inversiones hacia México, país con
niveles salariales más bajos. Por su parte, quienes estaban
a favor sostenían que el acuerdo permitiría que México
"exporte bienes y no personas" ("export goods, not
people"), argumento que no convencía a los grupos anti-NAFTA.
A pesar de todo, el Tratado de Libre Comercio de América
del Norte, entró en vigencia el 1 de enero de 1994, tras
negociaciones que se iniciaron a principios de 1990, con el objetivo
de liberalizar las barreras al comercio y a la inversión
entre los socios, mientras que cada uno mantendría independencia
en la fijación de sus políticas para terceros países.
En pocos años, el NAFTA ha permitido un aumento sin precedente
en los flujos de comercio e inversión entre estos dos países.
El comercio bilateral, por ejemplo, ha aumentado a un promedio anual
de 16 por ciento. Asimismo, en el 2000 el comercio entre las dos
naciones, rebasó la cifra de más de 265 mil millones
de dólares; es decir, más de tres veces el monto registrado
en 1993. Una situación similar es la que se ha dado con Canadá.
Por esto, México ha consolidado su posición como el
segundo socio comercial de Estados Unidos. Asimismo, es el primer
socio comercial de Canadá en América Latina. Para
dar una idea de la magnitud del comercio exterior mexicano cabe
decir que en el año 2000, el comercio total (exportaciones
más importaciones) superó los 350 mil millones de
dólares (siete veces el de Argentina), y es la nación
número 8 del mundo en estos términos.
Los indicadores económicos reflejan el sostenido crecimiento
del PBI real desde 1996, crecimiento que no baja del 3.7% (1999)
y cuyo máximo es el 6.8% en 1997, en contraste con la pobre
performance de la mayor parte de las economías latinoamericanas
en este período. El analista del Cato Institute, Ian Vasquez,
sostiene que el presidente Fox tiene la oportunidad de iniciar una
serie de reformas que aceleren el proceso hacia el crecimiento económico,
tales como la eliminación del monopolio eléctrico
estatal, que enfrenta un déficit de inversión anual
de 5 mil millones de dólares y es un cuello de botella para
el desarrollo, y el monopolio petrolero, encarnado en la empresa
estatal Pemex. Asimismo, serían necesarias otras reformas
de fondo, tales como el establecimiento de derechos de propiedad
para los pobres, la reducción de la economía informal
y los costos de la mano de obra a través de la desregulación,
el fortalecimiento de la soberanía de la ley, la reforma
del sistema tributario, y la reducción del oneroso dilapido
que produce el gasto público actual - incrementarían
ampliamente la riqueza de México y mejorarían en forma
dramática el nivel de vida de los pobres.(1)
Tabla 1: Crecimiento de la economía
de Mexico
(Variación del PBI real, 1990-2001)
Año Crecimiento (%)
1990 5.1
1991 4.2
1992 3.6
1993 2.0
1994 4.4 Entra en vigencia el NAFTA el 1 de enero
1995 -6.2 Crisis Tequila. Devaluación del peso mexicano
1996 5.1
1997 6.8
1998 4.8
1999 3.7
2000 5.1 Asume Vicente Fox el 1 de diciembre
2001 1.9 (primer trimestre)
El camino de México hacia una economía más
abierta también se manifiesta en la adopción de un
sistema de pensiones privado. De este modo México es una
de las ocho naciones latinoamericanas que ha privatizado su sistema
de retiro, junto con Australia y cuatro naciones de Europa que también
han adoptado también sistemas privados. En el estudio In
Praise and Criticism of Mexico's Pension Reform, el analista Jacobo
Rodriguez afirma que México ha tomado pasos en la dirección
correcta aunque el éxito la privatización del sistema
público de pensiones está sujeta a otras reformas
que debe adoptar el gobierno mexicano. Un 93% de los trabajadores
se han adherido al nuevo régimen, constituyendo el más
grande sistema de pensiones del mundo.
Asimismo, la triste experiencia mexicana en materia monetaria y
las devaluaciones frecuentes ha llevado a que propuesta de "dolarización"
o que aten de algún modo la divisa local a la de los Estados
Unidos han tomado protagonismo. Inclusive, el gobierno ha manifestado
su interés en concretar algún tipo de unión
monetaria con los Estados Unidos. Una encuesta realizada el año
pasado en Ciudad de México entre 1.400 personas reveló
una preferencia de 6 contra 1 a favor de reemplazar el peso mexicano
por el dólar.
Sin dudas, el proceso de apertura al comercio y a las inversiones
de México con países con reglas de juego más
saludables, está logrando en un proceso lento, gradual y
continuo, modificar instituciones tradicionales que desincentivaron
el crecimiento económico, tal como ha sucedido en el terreno
político con la derrota del PRI y en el NAFTA con una apertura
comercial a pesar de la fuerte oposición de grupos que perderían
privilegios. En este sentido, el caso de México es un ejemplo
para América Latina en el sentido de cómo a través
de factores externos es posible cambiar reglas de juego que condenan
a la sociedad a la pobreza.
Sólo si estos cambios se profundizan, es posible que el siglo
XXI sea, como reitera Vicente Fox, sea el siglo de México
y el siglo de Las Américas.
(1) Ian Vasquez, Está la Economía Mexicana Preparada
Para Despegar?
Martín Simonetta es Investigador
Asociado del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América
Latina de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre.
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