|
LA LOGICA Y LA MORAL DE LOS TAKEOVERS*
Por Norman Barry
De todas las características del mercado, el proceso de
adquisición del control de una compañía es
aún el más ultrajado. Atacado por los moralistas
por fomentar la codicia y el individualismo antisocial y por quebrar
las comunidades estables; por algunos economistas por su alegado
corto placismo, especulación irracional del mercado de
acciones, y la compra de compañías con deudas; y
por los políticos que, ansiosos por no aparecer como opuestos
al capitalismo, buscan sacar al capital político de cualquier
rasgo apenas desacreditado. Vean a Alemania y Japón, dicen.
Esas economías rara vez utilizan takeovers, y les está
yendo bastante bien, a pesar de que la utilización del
tiempo presente en ambos casos en esta oración bien podría
ser cuestionado. El lenguaje utilizado para describir a los takeovers
es emotivo -aquellos que traen la reestructuración necesaria
para una corporación son llamados depredadores e invasores,
como si pertenecieran a la jungla o a la clase criminal.
Pero es sencillo demostrar que hacen algo que es intrínsecamente
parte de la búsqueda de eficiencia por parte de una economía
de mercado y que es bastante consistente con los altos estándares
de moralidad del mercado, por ejemplo, asegurándose que
los deberes fiduciarios a los dueños queden cubiertos,
algo que no es un rasgo destacable de los sistemas comerciales
de Alemania o Japón. Este fenómeno de adquisición
del control de empresas ha desarrollado su propio lenguaje exótico
-píldoras venenosas (poison pills*), paracaídas
de oro (golden parachutes*), greenmail*, y bonos basura son un
buen ejemplo. Todos suenan algo siniestros y son elementos sin
los cuales aparentemente el capitalismo respetable podría
vivir.
¿POR QUÉ TAKEOVERS?
Los takeovers nacen de algo endémico para el sistema de
mercado -el problema de la agencia. En una compañía
cotizada al público, caracterizada por la separación
entre propiedad y control, ¿cómo pueden los accionistas
dispersos protegerse del oportunismo de la administración?
¿Estos últimos no estarán tentados de gastar
las ganancias de la compañía en ellos mismos, sus
ambiciones personales (comúnmente disfrazadas como moralidad),
y edificios gigantescos, en lugar de pagar los dividendos más
altos posibles a los accionistas? Adam Smith sabía de este
problema y mantuvo una conocida hostilidad hacia las fusiones
accionarias de las compañías. Prefería a
las empresas administradas por sus dueños. En realidad,
en los 60 y 70, Estados Unidos de América experimentó
una versión de takeovers económicamente equivocados
y moralmente castigables. Compañías ricas en efectivo,
no devolvían el dinero a los accionistas sino que se embarcaban
en adquisiciones contraproducentes -la creación de pesadísimos
conglomerados que contribuían solamente al bienestar de
los gerentes. Fue el legendario raider de corporaciones, T. Boone
Pickens, quien, al estilo Israel Kirzner, notó que las
compañías petroleras no estaban extrayendo todo
el valor de las reservas sino que se embarcaban en investigaciones
bastante innecesarias, exploraciones y expansiones. De esta forma,
él fue de los primeros en llevar a cabo la estrategia económico
productiva de adquirir su control y luego quebrarlas -dejando
fuera las partes no deseadas y trabajando sobre las partes más
viables en forma más eficiente. Los temores de la izquierda,
de que los compradores siempre buscan absorber pequeñas
compañías y la concentración de la industria,
no tienen fundamento.
El proceso de takeover es parte de un sistema de mercado normal
-es el mercado del control corporativo. Aquellos que triunfan
en este mercado, tienen, en efecto, asegurado el mejor uso del
talento administrativo. Sin todo esto, la empresa moderna realmente
produciría "príncipes" industriales sobre
quienes los accionistas dispersos no tendrían ningún
control. Puede ser que otras economías, quizás aquellas
que se apoyan en la confianza en lugar de en los contratos, puedan
inducir al buen comportamiento de otra forma, pero mientras las
economías se hacen cada vez más anónimas
tienen que recurrir a este método. Nunca ha sido sin críticas.
Seguramente, ¿los grandes costos de los abogados y los
intermediarios financieros podrían ser evitados? ¿El
énfasis en el método de adquisición del control
no induciría a los administradores, mediante el miedo de
perder sus trabajos, a concentrarse más en el precio de
las acciones que en las investigaciones y desarrollos a largo
plazo? ¿Qué tiene que ver la mera manipulación
de papeles con el curso exitoso de la compañía?
Todas estas preguntas han sido decisivamente respondidas por investigaciones
serias. El método de takeover agrega valor en término
de aumentos del precio de las acciones, sin embargo es cierto
que los dueños de ciertas compañías hacen
más que los accionistas en el comprador. A los dueños
del mercado se les debe ofrecer un extra para persuadirlos de
que se vayan con su paquete accionario, pero la fluctuación
del precio de las acciones por el período fundamental luego
de la compra indica que casi todos ganan. El dinero ganado por
los intermediarios es simplemente el precio que pagamos por un
aumento en la eficiencia. Quizás los administradores están
interesados en provocar un takeover improductivo, pero el mercado
tiene su propia solución para tal oportunismo -aumentar
la vigilancia de los accionistas, aunque existe el problema de
la dispersión que tienen poco o nada de incentivo para
actuar.
El reclamo de que el proceso lleva a la manipulación de
papeles en detrimento de los desarrollos a largo plazo es regulado
por las investigaciones que demuestran que el precio de la acción
tiende a subir con el anuncio de futuras investigaciones y desarrollos.
Puede ser que un "capital humano firme y específico"
(labor apropiada para sólo una empresa) sea vulnerable
al interés del depredador sólo extrayendo valores
más o menos inmediatos, y esto puede llevar a una menor
inversión, pero todo tipo de contratos han sido desarrollados
para proteger dicha labor de las vicisitudes de la economía.
HIPOTESIS DE LOS MERCADOS EFICIENTES.
La "hipótesis de los mercados eficientes" parte
del razonamiento del proceso de takeover: el pedido de que en
cualquier punto el mercado de capitales refleja todas las oportunidades
de ganancia existentes. Pero la hipótesis no predice el
futuro; simplemente recuerda con seguridad el pasado. Las oportunidades
de negocios no pueden ser anunciadas por el mercado. ¿Alguien
realmente supone que alguien más, por ejemplo el gobierno,
puede mejorar en el mercado de las oportunidades destacando las
oportunidades de inversión?
En un mercado eficiente se suele decir que existe un "camino
azaroso", en el sentido de que cualquier inversor puede elegir
cualquier acción con la misma chance de ser exitoso. El
precio de la acción contiene toda la información
existente en el momento. En estas circunstancias la única
persona que le puede ganar al mercado es el negociador interno.
Sin embargo, el negociador interno no es ni ineficiente ni necesariamente
inmoral. Si esta persona no está atrapada por un contrato
de trabajo, está contribuyendo al rumbo eficiente del mercado,
acelerando el flujo de información.
Sin lugar a dudas, el actual éxito económico de
Estados Unidos es una función de la reorganización
corporativa masiva que se realizó como resultado de la
explosión de takeovers en los 80. Aún así
ha sido sujeto a la más severa, casi histérica,
crítica, como otras buenas películas de Hollywood.
En ese momento, la administración corporativa estaba fuertemente
inclinada hacia el management: era difícil organizar a
los accionistas; muchas grandes compañías eran virtualmente
puestas a prueba; y el proceso de préstamos era controlado
por bancos de inversión establecidos que se apoyaban sobre
calificadoras muy conservadoras (Moody´s y Standard and
Poor´s en Nueva York) agencias que le darían una
triple A sólo a corporaciones establecidas hace tiempo.
En realidad, la mayoría de las compañías
no podían lograr una calificación para sus bonos,
éste era el (innecesario) miedo al default. Luego, apareció
Michael Milken, quien financió algunos de los takeovers
más polémicos del momento mediante el uso del ineptamente
llamado "bono chatarra". El genio de Milken casi le
garantizó una sentencia en prisión.
Su olfato empresarial era notar que la tasa de default sobre la
deuda con non-investment grade era en realidad algo baja y que
mediante el ofrecimiento de altas tasas de interés para
compensar por lo que era originalmente un riesgo algo bajo podía
atraer grandes fondos para invertir. Sus primeras fusiones las
realizó en compañías nuevas que no tenían
registros financieros (CNN, por ejemplo, se hizo realidad gracias
a bonos chatarra), y sólo más tarde él comenzó
a financiar ofertas hostiles. Infundió miedo en las corporaciones
norteamericanas al devolverle el poder a los accionistas, y sus
métodos creativos representaban una seria amenaza al sector
bancario. Para utilizar el lenguaje pretencioso de la filosofía
científica: las calificadoras convencionales eran empiristas
crudos; sólo se dirigían hacia compañías
con registros antiguos y no tenían ningún don para
detectar a futuras empresas exitosas. Milken era, en términos
utilizados por Karl Popper, el innovador que descubrió
nuevas oportunidades para el avance del conocimiento. Pero no
hay nada inusual en todo esto. La historia financiera de Estados
Unidos es la historia de cómo los cambios perturban las
convenciones y amenazan al poder y la salud de una elite. Milken
causó una revolución en los bancos, similar a la
que lograra J. P. Morgan a principios de siglo y por los tan castigados
Barones del robo en los negocios. En realidad, los críticos
de Milken encuentran un aprecio sorpresivo hacia los Barones del
robo, quienes al menos, dicen, hacían cosas.
Como muchos innovadores anteriores que él, Milken tuvo
que pagar el precio del éxito. El y el banco de inversiones
que dirigía, Drexel Burnham Lambert, fueron sujeto de persecuciones
implacables por parte de la comisión de Seguridad y Cambio,
el Departamento de Justicia y los feroces medios de comunicación.
La figura principal del movimiento contra Wall Street (aunque
Milken trabajaba fuera de Los Angeles) fue el ícono del
Partido Republicano, Rudolph Giuliani, el fiscal estadounidense
que aspiraba a ser alcalde de Nueva York y obviamente vio una
ventaja política en enfrentarse a los financieros.
La persecución de Milken fue una ofensa hacia la ley. Originalmente
él enfrentó una acusación de 98 puntos (incluyendo
cargos por comercio ilegal), que el Departamento de Justicia sabía
que no servirían. Por lo tanto el departamento presionó
a Milken para que se declarara culpable de un grupo de seis puntos
que consistía en ofensas menores. Los comerciantes realmente
no conocen lo que es legal o ilegal, y las decisiones legales
pasadas no son una verdadera guía. Si te quieren, te atraparán.
El problema de Milken era su éxito: hizo U$S 550 millones
en 1987 (lo cual no es técnicamente ilegal y sólo
era el tercero con más ingresos ese año). Debidamente
recibió una sentencia de diez años de prisión,
que más tarde fue significativamente reducida una vez que
el juez, Kimba Wood, había adquirido algunos conocimientos
elementales de finanzas.
¿QUÉ SUCEDE CON LOS TAKEOVERS?
Si acaso existe algún punto fuerte en los cargos de inmoralidad,
se relacionan con algunas de las prácticas que se desarrollaron
en la conducta de los takeovers. Es recomendable observarlos punto
por punto, pero la mayor parte se relacionan con la batalla entre
los accionistas y la gerencia. Los análisis revelan que
las partes culpables no son los invasores sino los empleados de
la compañía. Tienen todos los incentivos para resistirse
a la reestructuración de la corporación -sus trabajos
están bajo la mira. Han iniciado todo tipo de dispositivos
para poner fin a los depredadores. La "poison pill"
es un método para hacer que las ofertas hostiles se hagan
extremadamente costosas. Los gerentes toman las reglas de una
compañía fragmentada públicamente y las cambian
para que, por ejemplo, los accionistas se refuercen votando derechos
y privilegios de vender sus acciones a precios inflados. Estos
son activados en caso de una oferta hostil y pueden prohibirlo.
Son utilizados por las gerencias para prevenir una venta genuina
de la compañía y luego para favorecer a un aspirante
más dócil. Fueron prohibidos por el Código
Británico de Takeover, pero fueron aprobados por las cortes
de Delaware (debido a una interpretación perversa de la
ley) en los 80 (Inicialmente, esto hizo posible la fusión
de Time y Warner, a pesar de que Paramount había hecho
una oferta mayor por las acciones de Time).
Podría haber lugar para las píldoras venenosas si
fuera aprobado por los accionistas, quienes podrían pensar
que un mejor valor a largo plazo puede asegurarse resistiendo
una posible quiebra. Existe evidencia de que estas poison pills
suelen ser dispositivos para permitir a la gerencia evadir sus
deberes fiduciarios a los dueños.
El "Greenmail" ocurre cuando un raider compra una porción
de las acciones y luego da marcha atrás del takeover sólo
si es comprado por una oferta de la acción que no está
disponible para los demás accionistas. Los malos aquí
no son los adquirentes; solamente están poniendo un aviso
de que la compañía está subvaluada y que
es negocio. Es la gerencia la responsable, porque ellos cargan
a la compañía con deudas para comprar al greenmailer
para que sus posiciones en la compañía estén
seguras. Si estuvieran actuando por los intereses de los accionistas,
no le pagarían al adquirente, sino simplemente esperarían
a ver qué pasa. Los gerentes también reciben ayuda
de los términos favorables de los paracaídas de
oro, si el negocio sale adelante (esto recuerda a James Garner
en la película "Barbarians at the Gate").
Puede haber una razón económica para los "golden
parachutes". Los gerentes ocupan posiciones clave dentro
de la compañía, y puede ser comercialmente viable
comprarlos. En realidad, muchos managers negocian este tipo de
contratos antes de aceptar sus puestos. Claro, podría estar
en los intereses del gerente provocar el takeover para asegurarse
el paracaídas. Pero aquí, como en tantas otras áreas,
depende de los accionistas vigilantes observar los oportunismos.
Los accionistas mayoritarios tienen la mayor responsabilidad porque
son menos vulnerables al problema del "free-rider" que
los accionistas pequeños.
LOS TAKEOVERS SON BUENOS PARA NOSOTROS.
A pesar de la ululación desesperada de los comunitaristas,
el proceso de takeover no ha llevado al colapso a las sociedades
caritativas y el triunfo de la codicia. Las donaciones corporativas
e individuales nunca han sido tan altas en Estados Unidos de América,
y la asociación de grupos voluntarios es tan alta como
cuando Tocqueville se dio cuenta por primera vez. Estados Unidos
es una sociedad muy cambiante y sus ciudadanos siempre han estado
preparados para ir hacia donde estaban sus trabajos. Las comunidades
están a salvo de las depredaciones del mercado porque emergen
de las condiciones del mercado en sí: libre elección
bajo el estado de derecho.
Incluso las economías introvertidas de Japón y Europa
están sucumbiendo a la tentación del refuerzo de
valores del takeover. T. Boone Pickens hizo una famosa y poco
exitosa incursión en Japón a fines de los 80. Pero
el último año, la empresa británica Cable
and Wireless se apoderó de la compañía de
telecomunicaciones privadas de Japón contra una oposición
local formidable. Incluso hasta la poderosa y hambrienta familia
Agnelli picó la trampa de acciones de un valor irresistible.
Alemania, hasta la actualidad, ha sido lenta en la adopción
de nuevas metodologías de reorganización industrial.
En realidad, la oferta originalmente hostil que realizó
Krupp a Thyssen se transformó en una fusión manejada
por una serie formidable de accionistas. Pero las cosas están
cambiando. Vodafone-Airtouch (una compañía mayoritariamente
británica) ha logrado el takeover más audaz de todos
los tiempos con su captura de Mannesmann en U$S 160 mil millones.
El valor nominado de las empresas es aproximadamente U$S 342 mil
millones (y aún más). Este takeover está
muy por encima de la fusión de Time-Warner y America On
Line. Nuevamente, el negocio casi es arruinado por los accionistas
(que incluían al Canciller alemán Gerhard Schroeder,
quien utilizando un lenguaje de fines de los 70, estaba preocupado
por la "cultura" de la compañía). Un factor
elemental en la batalla titánica (el evento más
excitante en la historia anglogermana luego del Mundial de fútbol
de 1966, donde también ganó Inglaterra) fue el movimiento
de algunos accionistas para lograr que una corte alemana forzara
los deberes fiduciarios de la gerencia de Mannesmann´s.
Pero no nos pongamos demasiado complacientes. El ánimo
contra los takeovers persiste. Era tan bueno que para fines de
los 80 casi todo estado norteamericano había vetado la
legislación restrictiva, como limitaciones a la pérdida
de empleo que podía resultar de compras mayoritarias para
reducir las invasiones corporativas. Estas leyes generalmente
estaban promovidas por gerentes y otros deseosos de protección
contra la competencia. Sería una ironía trágica
si Estados Unidos tuviera que adoptar medidas anti-takeover que
otros sistemas capitalistas están comenzando a abandonar.
Norman Barry es profesor de teoría
social y política de la Universidad de Buckingham en el
Reino Unido. Es el autor de "Business Ethics" (Etica
de Negocios, Macmillan, 1998).
Este artículo fue originalmente publicado en la revista
Ideas on Liberty. Permiso para traducir y publicar otorgado por
The Foundation for Economic Education (www.fee.org)
a la Fundación Atlas para una Sociedad Libre.
Traducción de Hernán Alberro.
Notas del Traductor
*Takeover: Este término
fue utilizado en inglés ya que no existe en español
una traducción directa. Un takeover es una persona o empresa
que adquiere más de la mitad de las acciones de una compañía,
tomando así el control de la misma. La palabra utilizada
en inglés hace tanto referencia a la persona que realiza
la compra como a la acción misma de comprar.
*Poison pills: otorga derechos
preferenciales para la compra de acciones a los actuales accionistas,
lo que eleva considerablemente el costo de un intento de adquisición.
*Paracaídas de oro: es
una acuerdo de otorgar una compensación elevada a los managers
en caso de perder su posición por una adquisición.
*Greenmail: si el potencial adquirente
ha obtenido un determinado porcentaje de las acciones de la empresa,
el management procede a comprarle esa parte con una prima sobre
el precio de la acción, en la práctica gastando
dinero de los accionistas para evitar perder el control de la
empresa.
|